·RIN·

-Rin...

Una suave voz me llamó cerca de mi oído, intentando así despertarme. Mas yo me rehusaba a reaccionar y seguí durmiendo mientras volteaba mi cuerpo hacia el otro lado de la cama.

-Rin, venga despierta...

Esta vez su tono era más insistente. Noté una mano zarandear delicadamente mi hombro, pero Morfeo se negaba a liberarme de su atadura. Pasaron unos segundos antes de que la voz volviera a hacer su aparición.

-Rin, me comí las últimas naranjas que quedaban.

Abrí mis ojos de golpe y me incorporé de un bote en el mullido colchón, creando así una exclamación ahogada por parte de mi hermano y el recibimiento de una mirada irradiando ira por mi parte.

-¡¿QUÉ ES ESO DE QUE TE COMISTE MIS ÚLTIMAS NARANJAS?! -grité levantándome de la cama y observando como Len retrocedía al contemplar mi inmensa furia-.

-Jeje... solo era una broma onee-chan -se excusó el chico para intentar calmarme-.

Dejé escapar un lento suspiro en lo que iba a abrir las cortinas de mi cuarto, dejando así que los rayos de Sol iluminaran la habitación.

-Mas te vale que mis naranjas estén en el cesto de la fruta -clavé mi celeste mirada cargada de rencor hacia un Len que me miraba apoyado en la pared junto a la puerta-, o sino mi próximo movimiento será tirar todos tus plátanos a la basura.

-Nee... yo solo quería despertarte -protestó el muchacho-, no hace falta que te pongas a amenazar a lo loco...

-¡Hay mejores formas de despertar a alguien! -dije algo molesta. Fui hacia el armario y lo abrí en busca de mi uniforme escolar- Ahora vete de aquí, necesito cambiarme.

-Entonces... ¿puedo quedarme a mirar? -comentó con una traviesa sonrisa mientras notaba como esos colores rojizos que tanto odiaba atacaban mis mejillas-.

-¡BAKA! -grité tirando una almohada en dirección a su cara, pero que fue detenida por la puerta que, en un rápido movimiento por parte del rubio, le había servido de escudo a Len-.

Miré con recelo hacia el pedazo de madera que separaba mi habitación del pasadizo, sintiendo la excesiva calidez sobre unas zonas concretas de mi rostro. "Estúpido Len, estúpido comentario, estúpido sonrojo...". Procedí a quitarme mi pijama para sustituirlo por la ropa obligatoria que debía vestir en el instituto. Una simple camisa blanca complementada con una chaqueta de vestir de una tonalidad entre beige y gris y una corbata de un color rojizo, añadiendo al conjunto una falda corta tableada del mismo color que la chaqueta, unas medias blancas unos centímetros por encima de la rodilla y unos zapatos de un color parecido al de la falda pero ligeramente más oscuro. Yo personalizaba mi vestimenta con un listón blanco adornando mi cabeza, como si de dos tiernas orejas de conejo se tratasen, y unas horquillas, blancas a su vez, recogiendo los rebeldes mechones de pelo rubio que se escapaban a un lado de mi rostro. Una vez lista salí de mi habitación y me encaminé hacia las escaleras para luego bajarlas y encontrarme con Len en la cocina comiendo un par de tostadas con mermelada.

-Ya era hora -protestó él aun mordisqueando su desayuno-. Creí que te habías vuelto a dormir.

-Algunos no somos tan perezosos como tú -dije en un tono cortante mientras iba hacia el refrigerador y sacaba de allí un envase con zumo de naranja dentro-.

-¿Sigues molesta? -no respondí- oh vamos Rin, ¡solo era una broma! -Len agarró una de las naranjas del cesto de fruta dispuesto en el centro de la mesa y la lanzó al aire para luego atraparla con una mano al descender- ¿Ves? Tus naranjas están a salvo.

Volví a permanecer en silencio, concentrada en servirme un vaso de zumo.

-¿Rin? -preguntó él a la vez que se acercaba a mi- ¿hice algo malo?

-Claro que no... -"Solo hiciste que me sonrojara y mi pulso se disparara por simples tonterías que debería olvidar"-.

-¿Entonces porque estás así conmigo? -protestó con un deje de tristeza en su voz. Eso me incitó a darme la vuelta para verle, pero al posar mis ojos sobre sus brillantes orbes celestes no pude evitar desviar la mirada. Bebí el contenido de mi vaso de un solo trago-.

-No ocurre nada Len -respondí cruzándome de brazos y apoyándome en la encimera, aun sin entrar en contacto con su visión-, solo que no me encuentro demasiado bien hoy y no estoy para bromas.

-Entiendo...

-Pero bueno, dejémonos de charla y termina de desayunar o llegaremos tarde -dije dejando el vaso vacío en el fregadero y caminando hacia el recibidor, donde se encontraba mi bolsa con los libros escolares-.

-¿No vas a comer nada más? -preguntó copiando mis acciones y recogiendo su bolsa-.

-Tomaré algo en la cafetería, ¡venga vamos! -respondí antes de tomar las llaves, cruzar la puerta y salir al exterior para empezar el camino hacia el instituto con Len a mi lado-.


-¡RIIIIIIIN!

Aquella chillona voz me asaltó nada más poner un pie en el salón, y seguida de la voz unos brazos me rodearon y me estrecharon contra el cuerpo de una chica de largas coletas verde-turquesas, la propietaria de ese agobiante abrazo y mi mejor amiga Hatsune Miku.

-¡Miku! Ya suéltame, me estás ahogando -me quejé haciendo un esfuerzo por apartarme de ella y a la vez tomar algo de aire-.

-Gomen ne Rin-chan -se disculpó ella apartándose de mi con una sonrisa-.

-¿Cuándo entenderás que no soy un peluche? -pregunté, no sin antes esbozar una divertida sonrisa-.

-Pero no te vi durante todo el fin de semana -protestó mi alocada amiga con un puchero en sus labios-. Además tengo cosas que contarte.

-¿Que cosas?

-En el descanso, ahora esta apunto de llegar Luka-sensei.

-Está bien.

Las dos nos dirigimos a nuestros asientos, el mío pegado a la ventana y el suyo delante de este. Los alumnos seguían hablando animadamente antes de que una mujer de cabello rosa pálido y de unos veinte años interfiriera en el salón con un envase de café en su mano y un bolso con unos libros.

-¡Silencio minna-san! -dijo con voz delicada la pelirosa a la vez que dejaba el café y los libros en la mesa del profesor y miraba a sus alumnos esperando a que acataran sus órdenes, sin lograr su propósito- ¡SILENCIO MALDITOS ADOLESCENTES! -gritó captando esta vez la atención de todos, quienes inmediatamente se sentaron en sus respectivos lugares- Bien, empezaremos la clase con un aviso importante.

En ese momento la puerta se abrió de golpe, revelando un muchacho rubio de ojos similares a los míos y la respiración agitada, supongo que por haber estado corriendo.

-Gomen nasai Luka-sensei -dijo Len con una reverencia hacia la tutora-.

-Llega tarde Kagamine-kun -reprochó ella dirigiéndole una mirada helada-, por esta vez lo pasaré por alto, ahora sientese.

Mi gemelo obedeció y camino hacia mí para sentarse en el lugar que estaba situado a mi lado. Con un gran disimulo dejó sobre mi mesa un pequeño paquete, una bolsa cerrada de papel marrón con el símbolo de la escuela, Vocaloid. Miré extrañada el obsequio, luego observé a Len, quien me sonreía desde su lugar y me incitaba a abrir el regalo. Hice lo que me pedía con los ojos y pude comprobar que dentro de este se encontraba un bento, compuesto por unos oniguiris y pollo teriyaki entre otros alimentos individuales. Junto a todo eso alcancé a leer una nota pegada en la tapa del desayuno. "Me debes un favor, nee-chan". Giré otra vez a ver a mi hermano, quien me deslumbraba con una perfecta sonrisa. "Maldición..." pensé girándome hacia la ventana, sintiendo como volvía a mí un ligero sonrojo.

·LEN·

-Como decía antes de la interrupción -prosiguió la profesora dirigiéndome en particular una mirada acusadora, a la qual yo solo reaccioné hundiéndome un tanto en mi asiento- tengo una noticia que dar. Este año la junta de profesores ha decidido organizar un baile de máscaras que tendrá lugar en el gimnasio dentro de dos semanas.

Inmediatamente la clase estalló en una serie de emocionados gritos y comentarios animados. Miré a Rin, quien había dejado de ocultarse su propio rostro para entablar una sonriente conversación con la chica de pelo verde-turquesa que se sentaba delante de ella, Miku. Todos esos gritos eufóricos cesaron al escuchar el estridente golpe de una mano contra una dura mesa. Al alzar todos la vista vimos a Luka-sensei con una mano estampada en la mesa y la otra sujetando su cadera, en señal de desaprobación. Todos nos callamos en un segundo y ya más calmados la tutora siguió con su discurso.

-El baile no será en parejas, sino que cada uno llevará su disfraz y una máscara para ocultar su rostro y hacerlo más interesante. Necesito un grupo de gente que ayude con la organización y la decoración. Si no salen voluntarios me veré obligada a elegir personas al azar, decídanse.

Un grupo de chicas del fondo de la clase alzaron la mano con una sonrisa, intentando así aplacar el carácter de la profesora, quien anotaba sus nombres en una lista.

-Bien, al final de la hora quédense para poder discutir el tema. Ahora comencemos la clase.


-No entiendo porque no sirven helado en la cafetería -refunfuñó el muchacho tumbado frente a mí, mientras yo dejaba sostener mi espalda contra el árbol y me cruzaba de brazos-.

-¿Quizás porque estamos en invierno? -pregunté con la ironía resaltando en mi tono-.

-Eso no es motivo para que lo quiten, yo como helado durante todo el año -aseguró cerrando los ojos, dejando que la ligera brisa azotara su cabello azul eléctrico-.

-Tu tienes una obsesión con los helados -imité su acción, acomodando mejor mis piernas sobre la fresca hierba del césped que decoraba los jardines del instituto-.

-No eres el más indicado para hablar, ya que tu obsesión son los plátanos -contraatacó Kaito sin permitir que sus ojos se abrieran-.

-Bueno a Rin con las naranjas le pasa lo mismo.

-Y a Miku con los puerros.

-¿Me lo parece a mí o todos tenemos una obsesión por algo? -pregunté dándome cuenta de la situación-.

-Ni idea, eso sería extraño...

-Ya... -giré mi cabeza hacia la derecha y abrí los ojos-.

Me encontré observando a dos chicas sentadas en un banco a unos metros de distancia de nosotros. Miku hablaba animadamente con Rin, quien no paraba de sonreír a su compañera. Las dos llevaban sus bentos, de los cuales comían al intercalar pausas en su conversa. Rin se veía radiante, con su deslumbrante sonrisa y su dorado cabello ondeando suavemente por el ligero viento. No pude evitar sonreír para mi mismo.

-¿Qué miras tanto?

-¿Eh? -giré rápidamente hacia Kaito, quien me dirigía una mirada acusadora desde su posición en el suelo- Nada en especial.

El chico peliazul observó el punto en el que habían caído mis ojos antes y luego volvió a clavarme la mirada.

-¿Estabas mirando a Miku? -acusó con sus ojos llameando ira-.

-¿Qué?

-Más te vale no volver a mirarla, ella es mía.

-¡C-claro que no! Yo solo... espera -lo miré algo sorprendido haciendo que Kaito se diera cuenta de lo que había dicho y un sonrojo apareciera adornando sus mejillas- ¿estás enamorado de Miku?

-¡Urusai!

No pude evitar sonreír ante su repentina actitud infantil.

-Así que sí lo estas, ¿eh? -dije con una mirada burlona-.

-¿Y que si lo estoy? -protestó haciendo un puchero- todo el mundo se enamora. Aunque claro, tú que vas a saber de eso, nunca te has enamorado...

-Siento mucho no haber encontrado a la chica ideal.

-O quizás sí la encontraste y no te das cuenta... -esta vez fue Kaito quién me miro con una sonrisa burlona-.

-No creo ser tan idiota -reproché desviando mis celestes ojos al suelo-.

-Te sorprenderías de lo idiota que puedes llegar a ser.

Golpeé amistosamente su hombro con mi puño y el sonrió ante esa acción. Definitivamente no podía encontrar amigos mejores que Kaito.

Ohayo chicos!

Nos giramos a la vez para encontrarnos a Miku ligeramente inclinada con sus manos en la espalda y una sonrisa victoriosa en su rostro. Venía seguida por Rin, quién se mantenía a su lado y miraba hacia el suelo.

-Ohayo Miku-chan, Rin-chan -contestó Kaito copiando la expresión de la peliaqua-.

-Venía a invitarlos este sábado a una fiesta de pijamas -dijo la de largas coletas y amante de los puerros-.

-¿Fiesta de pijamas? -pregunté alzando una ceja-.

-Si bueno, mis padres se van a ir todo el fin de semana y no quiero estar sola con mi hermano Mikuo.

-¿Tan malo es él?

-Tienes suerte de no conocerlo, es muy sobreprotector e infantil -se quejó Miku con una mueca desdibujando su sonrisa-.

-¿Tu irás Rin? -le pregunté a mi hermana, quién se atrevió a mirarme-.

-No me queda de otra -suspiró, para luego señalar a su amiga-, me amenazó con quitarme las llaves de la aplanadora.

-Si no lo hacía te ibas a negar -aseguró ella mirándola- y no pienso dejar que mi mejor amiga se pase el fin de semana muerta de aburrimiento en su casa.

-Bueno yo iré -dijo Kaito, a lo que Miku respondió mirándolo con una sonrisa-. ¿Tú que dices, Len?

-Por mí esta bien.

-Perfecto -la peliaqua volvió a sonreír una vez más-, entonces el sábado a las 20:00 aseguraros de estar en mi casa -Miku cogió el brazo de Rin, haciendo que esta soltara una exclamación por la sorpresa, y se la llevó hacia el banco en el que habían estado sentadas, no sin antes despedirse- ¡Mata ne!


Por fin la campana que marcaba el final del horario escolar había sonado, conllevando con eso que todos los alumnos empezaran a guardar sus libros y cuadernos ignorando la última frase de los apuntes que su profesor les dictaba. Recogí mis lápices y la libreta en la que estaba anotando lo que el tutor decía, aunque siempre terminaba distraído y mi atención se centraba en dibujar un pentagrama, colocando sobre él las notas de la melodía que resonaba en mi cabeza. Cuando quise darme cuenta Rin ya había salido del salón, seguramente acompañada de Miku ya que ella tampoco se encontraba allí. Decidí ir caminando solo hasta la salida del edificio, igualmente mi idéntica hermana debía esperarme para ir juntos a casa. Lo que no me esperé fue que, al salir del instituto, me encontrara a mi hermana en el patio hablando animadamente con otro chico. Tenía el cabello rubio, un tono más oscuro que el de Rin, de ojos dorados y ligeramente más alto que ella. Vi como mi gemela se reía con ganas ante uno de los comentarios que el chico le había hecho. Algo en mi floreció justo en ese momento. Yo era el único que hacía reír así a Rin, y debía seguir siéndolo. Un sentimiento que apuñalaba mi pecho y me incitaba a ir hasta donde ellos y llevarme a mi hermana lejos de ese tipo se adueñó de mi corazón. Mis piernas actuaron por si solas, moviendo mi cuerpo para que se aproximara a aquella indeseada pareja.

-¡Ah Len! -Rin me saludó con la mano al verme aproximarme a ellos-, mira, te presento a...

-Rin vamos ya -la corté antes de que pudiera seguir hablando-.

-¿Are? ¡Chotto Matte! -protestó intentando zafarse de mi mano, que agarraba su brazo y la arrastraba lejos de aquel chico, quien miraba la escena con confusión-.

Le eché una última mirada cargada de odio al rubio que acompañaba a mi hermana. Pero él, en lugar de intimidarse lo único que hizo fue esbozar una sonrisa maliciosa con los ojos entrecerrados. No pude evitar que una ira incontrolable se desencadenase en mi interior y, antes de cometer una estupidez, me largué de allí con Rin atada en la cárcel de mi desesperación.


¡Ohayo!

Aquí tienen el segundo capítulo, espero que les guste. Ya empiezan a aparecer los demás personajes como Hatsune Miku, Shion Kaito o Megurine Luka. Supongo que no hace falta aclarar que habrá MikuXKaito, con leer el cap ya quedó claro. ¡Nos leemos pronto!
·Onee-chan/nee-chan: hermana
·¡Nee!: ¡oye!
·Gomen ne/Gomen nasai: perdona/perdone
·-Chan: para las personas que les tienes cariño
·-Sensei: para maestros
·-Kun: para dirigirse a un chico menor que tú
·Minna-san: todos
·Bento: cajita para llevar el almuerzo o comida en general
·Oniguiris: bolas de arroz
·Ohayo: buenos días
·¡Mata ne!: ¡nos vemos!
·¿Are?: ¿Eh?
·¡Chotto Matte!: ¡espera un poco!

¡Sayonara minna!