Segundo capítulo arriba!, tardé por motivos personales y tal vez me tarde un poco de ahora en adelante por la universidad. Pero no las dejaré =)
Never tear us apart
Capítulo II
Cada cosa que ella hace es magia
Candy y sus amigos despertaron temprano. Ella y Annie prepararon bocadillos para un día de campo con los chicos y salieron tras desayunar, para aprovechar bien el día.
Llegaron a un parque amplio, lleno de árboles y áreas verdes aptas para el picnic, había muchas familias con niños jugando, perros paseando y vendedores de dulces, globos, remolinos y esas cosas. Stear y Archie fueron a comprar algodones de azúcar para todos, mientras Candy y Annie buscaban un buen lugar para instalarse.
-Dijeron que hoy habría fuegos artificiales, para conmemorar la llegada de la primavera- mencionó Annie cuando estuvieron sentadas en un buen lugar.
-Será hermoso- murmuró Candy buscando con la mirada a los chicos.
-Candice- una voz a su espalda la hizo sudar frío.
-Oh no…- murmuró la rubia suspirando. Se volteó deseando que no fuera ese jovencito. -Terrence…- dijo con algo de resentimiento al ver a un guapo joven de ojos azules y melena castaña parado junto a ellas. Él le sonrió de medio lado y le tendió la mano para que se levantara. Candy volteó la cara con desdén y lo rechazó, causando que Annie la mirara con toda la curiosidad del mundo. -He venido a pasar un día agradable con mis amigos- continuó la chica haciendo énfasis en 'amigos' -Y no tengo intenciones de estar cerca de ti- su aversión al joven era evidente.
-Candy, Annie- Archie llegó con un par de rosados algodones de azúcar seguido de su hermano, que traía dos más. -¿Y tú eres…?- preguntó dirigiéndose al castaño con aire altivo. Terrence lo miró hacia abajo y no se molestó en responder. Archie indignado miró a Candy y Annie.
-Chicos… mejor vámonos- murmuró Annie terriblemente incómoda, levantándose y recogiendo las cosas del suelo. Candy la ayudó y, sin mirar al castaño, comenzaron a caminar para salir del parque.
-Candice… Candy… quiero hablar contigo…- la llamó Terrence desde detrás, dándole alcance y tirándola del brazo para detenerla. Intentó sonreírle cuando la volteó pero Candy le plantó una cachetada que hizo estremecer a los que estaban cerca, de lo fuerte que sonó. El joven se tocó la mejilla, totalmente sorprendido.
-¡¿No entiendes que no te quiero ver?!- le gritó la rubia con pequeñas lágrimas en los ojos. Sus amigos se pararon tras ella por si necesitaba ayuda o el castaño reaccionaba mal. -Ya bastante me has arruinado la vida convenciendo a mis padres de comprometerme contigo… ¡todo por tu estúpido dinero!- continuó hiperventilando. Sus mejillas estaban rojas y su tono de voz se había puesto chillón por la rabia y la frustración. -¡¿Crees acaso que con eso vas a conseguir que yo te quiera?!... pues grábatelo en la cabeza… ¡Jamás te voy a querer!- le gritó para salir corriendo, dejando a todos sorprendidos tras ella.
Sus amigos trataron de seguirla pero fue demasiado tarde. Terrence había desaparecido también y los tres se quedaron parados sin saber bien cómo reaccionar.
oOoOoOo
Candy llegó a su casa y, tras tomar un papel dirigido a ella que estaba en una mesita auxiliar, subió las escaleras corriendo, para encerrarse en su habitación. Qué suerte, a ese muchachito se le había ocurrido regalar tan cortésmente a sus padres un crucero por el Caribe y no volvieran hasta dentro de dos semanas.
Podría ser libre, por ahora.
Se echó en su cama, abrazando la almohada y comenzó a llorar, sintiéndose horriblemente desdichada. El teléfono sonaba y sonaba pero no iba a contestarlo. Sería alguno de sus amigos o, en el peor de los casos, Terrence. Se puso de espaldas en la cama cuando ya no pudo seguir respirando en esa posición y notó que el teléfono había dejado de sonar. Comenzó a echar largos suspiros para intentar serenarse, curiosa de quién llamaría pero sin intenciones de averiguarlo.
-Albert…- murmuró entre sus suspiros. Su corazón comenzó a latir fuerte al recordar a aquel chico rubio que la acompañara unos minutos el día anterior. Recordar cómo la hacía sentir… Sonrió, sintiendo cómo le tiraba la piel de las mejillas por las lágrimas secas. Se levantó y comenzó a caminar por su habitación, en círculos. –Albert… Albert… quiero verte otra vez…- murmuró con un ligero tono de desesperación, preguntándose si sería él el que la sacara de su infeliz destino.
oOoOoOo
-¿Rose?- Albert llamó a la rubia chica, que estaba inmersa en una agenda, sacando cálculos y anotando cosas.
-Hm- se limitó a responder ella sin prestarle mucha atención.
-Rose… ¡Rose te estoy hablando!- llamó un poco exasperado el joven, bufando cuando ella se volteó.
-¿Qué quieres, querido hermano?- preguntó ella con un tono cariñosamente burlón. Por supuesto que había notado cómo su hermano se escabullía el día anterior tras esa chiquilla rubia y sentía que podía usar eso a su favor cuando quisiera conseguir algo de él. Albert volvió a bufar y la miró seriamente.
-Quiero conocer a esa chica… y tu amiga Patricia, creo, la conoce…- dijo él yendo directo al grano. Rose rió encantada.
-¿Y quieres que Patty te la presente?...- preguntó ella ampliando su sonrisa.
-Tú sabes cómo me llevo con tus amigas…- murmuró él hastiado. –La mayoría me habla sólo porque me encuentra atractivo y detesto eso… son unas mocosas odiosas…- dijo Albert sacudiendo la cabeza, intentando olvidar el fugaz recuerdo de la última vez que estuvo cerca de una de las amigas de Rose. Amelia, Amalia o algo así. La chica había fingido tropezarse para caer en sus brazos pero, como la detestaba, él se corrió y la dejó caer al suelo. Las risas no se hicieron esperar y el llanto de la chica había sido insoportable. Rose lo había obligado a disculparse y hacer méritos para conseguir el 'perdón' de la chica y desde ese entonces se reunía lo menos posible con su hermana cuando estaba con esas mocosas odiosas. –Hazte amiga de ella…- Propuso Albert. Rose lo escuchó con cuidado. -Ni siquiera puedo entrar a tu instituto si no es por tus eventos…- continuó él. Ella sonrió.
-¿Y qué gano yo?- preguntó con aires de triunfo. Sabía que cuando algo se le metía a su hermano en la cabeza nadie lo sacaría de ahí. Ella era igual.
-Participaré de tus eventos… Si lo consigues… por un par de meses…- dijo él, con convicción. A Rose le encantó la idea. Su hermano era tan llamativo que cuando él estaba en la banda había mucho más público. Femenino por supuesto.
-Está bien… me haré amiga de ella… pero no puedes evitar mis eventos, por dos meses al menos…- dijo Rose y Albert asintió.
-Es un trato- dijo el rubio dándole la mano a su hermana para zanjar el trato. Ella entonces se volteó y volvió a meterse de lleno en su agenda, anotando cosas por aquí y por allá, para luego hacer un par de llamadas.
Albert salió de la habitación suspirando, sabiendo que su hermana haría sus famosos eventos, al menos dos veces por semana, y lo metería a él en todos ellos. Pero el deseo de conocer más a esa linda chica de ojos verdes era tan fuerte que no le importó.
-Albert- lo llamó su hermana tras unos momentos, saliendo a reunirse con él en el comedor.
-Dime…- dijo él temiendo que ella quisiera cambiar las reglas del juego.
-Ve el lunes a la preparatoria- dijo ella mirándolo con una sonrisa cómplice. Él le devolvió la sonrisa.
Cada pequeña cosa que ella hacía parecía magia. Su hermana era tan hábil manejando contactos y situaciones que no dudaba que llegase a ser mánager de algún grupo o incluso iniciara su propia empresa algún día.
-¿Estás segura?- preguntó él probándola. -Espero que no me falles… no quisiera encontrarme con tu amiga Amelia…-
-Adele- dijo ella riéndose fuertemente. -Cómo olvidar ese incidente- dijo haciendo que Albert se pusiera rojo de vergüenza. -Verla caer fue como en cámara lenta… ohh pobrecita Adele… le dio tanta vergüenza…- continuó sin parar de reír.
-Sí… esa misma…- suspiró él algo irritado.
-Tranquilo, lo conseguiré… nunca dudes de tu hermana, querido Albert- Dijo ella guiñándole un ojo, para luego irse de vuelta a su habitación.
Albert sonrió para sus adentros.
-No lo hago, querida Rose- murmuró bajito.
oOoOoOo
Candy salió de su clase un poco cansada. Encargarse de su casa había resultado en un tedioso fin de semana, pero quería llegar a ella y olvidar todo por un rato. Sus padres le habían dejado como tarea ordenar y organizar la casa mientras ellos no estaban y en realidad era un chiquero.
A veces pensaba que sus padres no la querían. Rara vez le demostraban afecto y generalmente la trataban como si tuviese que darles las gracias por estar ahí, pero suponía que estaba bien mientras no la maltrataran. Al menos no la golpeaban ni le hablaban mal… Suspiró para serenarse un poco y concentrarse en las materias que cursaba. Tras años de esfuerzo estaba a punto de conseguir una beca y se iría pronto del lado de sus padres. Y olvidaría la pesadilla de Terrence. Sólo restaba cumplir la mayoría de edad, ganar la beca y salir de ahí.
Caminó hacia el patio del lugar y se sentó en una banca a esperar su siguiente clase. Ni Stear ni Archie parecían estar cerca y se sentía muy sola. Una chica castaña se le acercó y se sentó junto a ella.
-Hola Candy- la saludó amablemente, con una tierna sonrisa en los labios.
-¡Patty!- dijo ella sorprendida gratamente al levantar la cabeza y ver a la chica de la que estaba prendado Stear. No pensó que la chica la recordara y menos que fuera a saludarla. Patricia trataba de mantener bajo perfil pero era bastante popular por ser la vocalista del grupo que tocaba en la escuela. -¿Cómo estás?- preguntó feliz de tener a alguien para poder distraerse.
-Muy bien, gracias- respondió la castaña sonriendo con sus ojos brillando tras sus lentes. -¿Qué tal va todo?- preguntó tratando de animar una conversación.
-Bien…- dijo Candy intentando no titubear. -Estoy sorprendida… me siento halagada de que converses conmigo…- dijo sonrojándose un poco, siendo muy sincera y Patty le sonrió con cariño. Definitivamente, como le había dicho ese chico tan lindo, Stear, su amiga se daba a querer con una facilidad impresionante.
-Es que me has caído muy bien- dijo Patty pensando en algo más para decir. En ese momento llegó una rubia esbelta y guapa.
-¡Patty!... Hola- dijo con entusiasmo. -¿No me presentas a tu amiga?... estaba en el concierto el otro día, ¡estoy segura que era ella!- dijo animadamente la rubia de ojos azules sonriendo. Candy pensaba que las cosas estaban siendo muy agradables para ser verdad.
-Hola, soy Candice… pero puedes llamarme Candy- saludó la rubia pecosa con amabilidad, extendiendo su mano. La otra chica la tomó efusivamente y la estrechó con ganas.
-Soy Rosemary… Rose para los amigos- dijo riendo la chica de ojos azules.
Conversaron de trivialidades de la preparatoria, las clases y Rose se mostró muy entusiasmada para que se juntaran a la salida y fueran por un helado. Candy y Patty aceptaron de buena gana y decidieron juntarse más tarde. Las chicas siguieron conversando mientras Rose cuidadosamente tomaba su teléfono celular y con agilidad tecleaba para enviar un mensaje. Candy y Patty la miraron extrañadas cuando notaron que no estaba participando de la conversación y ella guardó el celular rápidamente, pidiendo disculpas y diciendo que era algo importante, sobre su familia.
A la salida se juntaron las tres chicas como habían convenido y cuando se dirigían hacia una tienda de helados cercana, Candy fue jalada de un brazo para chocar con un pecho amplio y fuerte.
Se recuperó de la impresión, buscando primero con la vista a sus nuevas amigas y ninguna se veía por el lugar. Comenzó a temblar de miedo pero un aroma a maderas la hizo relajarse.
-Hola Candy- murmuró en su oído esa exquisita voz.
oOoOoOo
Wiii por fin he podido darle forma a este capítulo… necesitaba un buen tiempo para pensar pero creo que ha quedado bastante bien. Ojalá les haya gustado.
Perdonen por no responder reviews pero mañana tengo un control tempranísimo y creo que no me da el tiempo para dormir lo suficiente jajajaja :P será para la próxima.
Besitos y saludos para todas! Gracias por leer n_n
Pauli
