Disclaimer: los personajes son propiedad de J.K, yo sólo tengo algo de tiempo libre y los tomo prestados mientras tanto.

Notas de la autora: muchísimas gracias a todos los que me dejaron review (LunaPotter, a ti que no te pude contestar, gracias por tu apoyo). Y bueno, bienvenidos una vez más. Tal vez esta historia se sienta un poco abrupta de entrada, pero confíen en mí, todo tiene un propósito. Ahora sí, hora de leer.


Parte II. Pecados

3. La segunda noche

No llegó al día siguiente, ni al que sucedió a ese. Aunque para Harry todo era un ciclo incomprensible de sonidos, formas y olores. El mundo estaba desprovisto de matices y la realidad era una capa brumosa sobre dos ojos que ya no querían ver.

Licencia de Duelo. Así le llamaba el Ministerio de Magia a un permiso para zambullirse de cabeza en el dolor.

Fase de negación. Así le llamaba Hermione cuando él salía de la habitación.

Tiempo de sanación. Así le llamaba Ginevra, que fingía entender mucho al respecto.

Las palabras no dichas se enredaban por su cuerpo como hiedra venenosa, como un pinchazo certero en el pecho. Se iba a la cama, convivía y alimentaba a su peor enemigo. Deseaba su destrucción y de hora en hora se reprochaba haber saltado en la dirección equivocada.

Había roto tres espejos esa semana. Y ella lo justificaba diciendo que estaba distraído. Y él no decía nada, porque quería inundarse de palabras hasta que fueran tantas que lo convirtieran en un mar de tinta.

-Estoy por servir la cena, cariño.

-Comeré afuera.

-Eh… No me dijiste que quedaste con los chicos. ¿Alguien del cuartel o…?

-Llegaré tarde.

-Oh. Abrígate bien.

No hubo beso de despedida y agradecimiento por la consideración. Ya nada se sentía correcto. Todo sobraba y nada le hacía falta. No necesita nada alguien que ya ha perdido todo, incluido a sí mismo.

-¿Se te cayó algo?

La voz llegó volando como la primera noche, sólo que esa vez no la recibió desde arriba de la baranda.

-Quién sabe.

-¿Vas a hablar o vas a escuchar?

-¿Intercambiaremos desgracias?

-No, algo más interesante.

-¿Y eso sería…?

-Intercambiaremos pecados. Los apilaremos en la balanza invisible y veremos quien lleva la delantera.

-¿Estás seguro de poder competir?

-Oh, ponme a prueba.

-Empieza.

-Mi pecado inaugural lo cometí a los dieciséis. No creo que valga la pena decir más al respecto.

-Qué casualidad, el mío también fue ese año.

-¿En serio? ¿También empezaste a ser el lacayo de un maniático?

-No. Lancé mi primer hechizo de magia negra.

-Bah. No cuenta si no lo hiciste con intención.

La brisa gélida penetró su abrigo y las palabras descuidadas su corazón.

-Quizás los mayores pecados son los que cometes sin intención alguna.

-No, esas son mierdas. Deslices por omisión o llana estupidez.

-Estoy en desacuerdo.

-¿No lo hemos estado siempre?

Harry apreciaba no haberse perdido el gesto que escoltó a la pregunta. Malfoy había arrugado la nariz, ladeando el rostro mínimamente.

-Al menos algo en este mundo sigue siendo igual.

-Sí, porque tú y yo hablando en un puente es el hito de la normalidad.

-No recuerdo que fueras tan sarcástico.

-No recuerdo que fueras tan apagado.

-Apagado -la palabra sonaba distinta proviniendo de sus labios, como una nota discordante.

-Los siguientes cinco pecados fueron ese mismo año.

-¿Llevas una cuenta pormenorizada?

-Tengo mucho tiempo libre.

-¿Acaso no trabajas?

-No, sólo paso rascándome los huevos mientras pienso en lo malparida que ha sido la vida conmigo. Vaya, Potter. Te llevas el galardón a las preguntas estúpidas.

-Quince minutos.

-¿Qué?

-Te tardaste quince minutos para insultarme.

-¿Llevas un control obsesivo del tiempo?

-Es una forma de distraerme.

-Cada quien y sus vicios, ¿no?

-¿Qué hay de los tuyos?

-Evadir mi destino. Ese fue siempre mi peor vicio.

-¿Crees en esa mierda? ¿Que todos estamos predestinados para algo?

-Creo en el destino, en la suerte y el resto de barbaridades.

-No es muy alentador pensar que sólo eres un peón en el juego de una fuerza invisible.

-No, pero aligera un poco tus culpas.

-No necesito descargar mis culpas.

-Sí, claro. Lo dices porque no tienes ninguna demasiado pesada o porque te gusta sufrir.

-¿Por qué me gustaría sufrir?

-No sé, por algún retorcido complejo de héroe.

Harry Potter dejó de nadar contra la corriente de sus embravecidas emociones y se ancló a la mirada gris cromado.

-¿Qué dijiste?

-Que no eres un maldito héroe. Eres un ser humano, con todas las desventajas que eso implica.

-Gracias.

-¿Por qué? ¿Por bajarte del pedestal? Cuando gustes.

-¿Qué tal mañana? Quizás en una cafetería, como la gente normal.

-Hay un problema en eso. Nosotros no somos gente normal.

Contra el viento, la noche, el buen juicio y su permanente autocastigo, Harry sonrió.

-¿Entonces cuando?

-Cuando tengas ganas de hablarme de tus demonios.

-Sigue siendo mañana.

-Estás lleno de mierda, ¿verdad?

-Saturado hasta los bordes.

-Qué asco.

-¿Qué hay de ti?

-Ya estoy más allá de eso.

-¿Cómo lo conseguiste?

-Di un salto de fe.

-¿Me saldrás con palabras trilladas de "ahora creo en mí mismo"?

-No, ahora creo que la vida ya no tiene nada bueno que ofrecerme.

-Eso no suena como algo consolador.

-Piensa un poco. Si ya sólo crees que estás por recibir golpe tras golpe, con el tiempo dejan de doler.

-¿Así que ser insensible es algo bueno? Confía en mí, estoy bastante cerca de eso.

-No, tienes razón. No lo es.

-¿Entonces qué me recomiendas?

-¿Y yo desde cuando soy tu consejero?

-No lo eres.

-Bien, porque en tu vida podrías pagar los honorarios. Veamos, ¿qué te recomiendo? Sigue hundiéndote, déjate llevar por el dolor, sumérgete hasta el cuello. Abraza la ira, el desprecio y todo lo demás. Después despedázala.

-Me está yendo bien con lo primero, pero no entiendo cómo quieres que haga lo último.

-Tendrás que hallar la forma, porque es un juego de dos. La destruyes tú o ella a ti.

-¿Y si ya ganó?

-Aun estás aquí preguntando estupideces, es obvio que sigues luchando con ella.

-No temblaste ni un poco cuando me viste a punto de saltar.

-¡Ah! Así que sí ibas a saltar.

-No, sólo probaba la resistencia de la baranda.

La risa de Malfoy se mezcló con la noche, como algo espeso que se quedó flotando entre ambos.

-Te odio, siempre superándome. Hasta en los chistes estúpidos.

-Tampoco intentaste hacerme desistir. Sólo te quedaste mirando si saltaba o no.

-Soy un encanto de persona, ¿no?

-¿Por qué?

-No sé, quizás no quería interferir con el destino.

-¿Entonces piensas que debí saltar?

-No, pienso que el destino no es algo fijo o inamovible.

-Dijiste que creías en él.

-Exacto, no dije que siempre hay que seguirlo.

-¿Qué?

-La vida es un viaje por carretera, en que de vez en cuando hay bifurcaciones. El destino y la suerte te empujan, pero el timón sigue estando en tus manos.

-¿Qué hay si lo sueltas?

-Te estrellas.

-Creo que ya lo hice.

-No, me parece que no. Aunque estás dejando que se escape de tus manos.

-Me mandas señales contradictorias, Malfoy. Ya no sé si quieres ayudarme o sólo contemplar mi desgracia.

-¿Cuándo dije que quería ayudarte?

-¿Entonces es lo segundo?

-No. En realidad es lo contrario. No siento ningún oscuro placer al ver tu desgracia, no desde mi condición.

-¿Y cuál es tu condición?

-Ser una maldita esponja, lo he sido siempre. Absorber los problemas de los demás y tragarme los propios. Lo hacía con mi familia, con mis amigos, con mi novio…

-¿Novio?

-Ah, claro. Eso fue lo que llamó tu atención entre todo lo que dije.

-No, es que… No sabía que tú…

-¿Qué me gusta chupar penes? Ya, supéralo.

-A veces en realidad eres retorcido.

-¿A veces?

-Bueno…

-Creí que lo era siempre.

-También estoy en una relación.

-Desde hace tiempo, ¿no?

-Diez años.

-¿Y han valido la pena?

-¿Qué clase de pregunta es esa?

Harry buscó el origen de esa voz contenida que le arrojaba dudas y afirmaciones con tanta cruda honestidad.

-Una importante, Potter. Yo estuve durante meses con alguien me trataba como basura. Sabes, como ese trozo de mierda que se queda atascado en la suela del zapato. Eso era yo para él.

-¿Por qué no lo dejabas?

-Por la misma razón que mi abuela Casiopea jamás dejó la bebida.

-¿Sentías que lo necesitabas?

-No, es que uno se hace adicto a la autodestrucción. Entras en un círculo vicioso de miseria y vas de una fase a otra sin poder romperlo.

-Creo que en esta situación es ella la que ocupa ese lugar.

-Jamás sentí aprecio por esa chica, pero ahora me obligas a defenderla. Si piensas seguir en este ciclo nocivo, no la arrastres contigo. No es correcto romper el espíritu de alguien que te ama sólo por tu maldito egoísmo.

-Yo no…

-¿No lo haces a propósito?

-Ella estaría mejor sin mí, ¿no?

La noche estaba realmente fría, lo notó cuando Malfoy chocó sus manos contra la escarcha de la barandilla.

-Sin importar como lo veas, sigues siendo la víctima. Igual que él. ¿Sabes cuál es el problema con las personas como ustedes, Potter? Que se creen más importantes que los demás. Oh, sí. Su dolor siempre es más fuerte y nadie, nunca jamás, puede comprenderlos. Tampoco se dejan ayudar y se revuelcan en su autocompasión. Esperan que alguien más sea fuerte por ustedes y viven rodeados de esta negatividad. ¿Qué es lo que consiguen? Ser tóxicos para las personas que los aman. Porque tienes a alguien tratando de ser fuerte por sí mismo y por ti, mientras que tú pierdes el tiempo lloriqueando por ahí. La vida nos golpea a todos, idiota. Todos enfrentamos algo que parece más fuerte que nosotros, todos tenemos penas, culpas y remordimientos. No eres una maldita victima ni tampoco un verdugo, sólo tienes que hacerte cargo de tus jodidos errores.

-¡Yo no soy tu novio, así que deja de escupir todo eso que no es para mí! Sé que otros también sufren, sólo no quiero ser quien agrave eso. ¡Y no estoy aplastado por cualquier error o por una maldita relación toxica! ¡Estoy destrozado porque maté a mi mejor amigo!


4. Abreacción

Es una descarga emocional mediante la cual la persona libera el afecto que está vinculado a una vivencia traumática. Puede ser espontanea o provocada, generalmente por psicoterapia catártica o liberadora. Es revivir, hablar de aquello que suele no verbalizarse por el peso emocional que implica. En una noche como boca de lobo e inundada de niebla, el espíritu finalmente cede ante la desesperación.

-¿…Weasley?

-Tienes que estar al corriente de ello, ¿no?

-En realidad yo no…

-Sí, Ron.

El héroe sólo alcanza su punto de quiebre cuando su enemigo lo mira con lástima. Cuando su dolor es tan palpable que sacude la noche y el frío asume la forma de un chiquillo ante su impavidez.

-¿Qué pasó?

-Caos. Una situación de emergencia.

Desprovista de calidez, como el barítono que nadie escucha y deja de escucharse a sí mismo. En eso se había convertido la voz de Harry Potter.

-Un operativo como cualquier otro, pero era una emboscada. Nos ganaban en número y en experiencia. Por eso di la orden para… Jamás debí pronunciar ese hechizo. ¿Cómo se supone que seamos mejores que ellos si también nos empapamos de sangre? -Escupió sus dudas a la corriente embravecida, aunque no equiparaba a su turbulenta consciencia-. Fue un cruce de hechizos, me golpearon mientras lanzaba la maldición.

-Entonces fue un accidente.

-¿Importan las circunstancias? Yo no lo creo. Lo que cuenta es el resultado.

-Weasley sabía que era un trabajo peligroso.

-¿Weasley sabía…? ¡Él confiaba en mí! ¡Yo tenía que cuidar su espalda, no cometer un error tan estúpido! ¡Imperdonable!

-¡No puedes controlar todo lo que pasa a tu alrededor!

-Eso ya no importa. Soy un vil asesino. No lo digo sólo por él, es que ahora lo reconozco… ¿Sabes la cantidad de cadáveres fríos que he dejado atrás? "En el cumplimiento del deber". Soy como cualquiera de esos homicidas pero con disfraz de héroe -la niebla se arremolinaba sobre ambos y el aliento de Harry salía en dolorosas bocanadas, materializando su pesar-. Aparece uno de ellos y se gira una orden, se le considera peligroso y todos se esconden. Hace unos meses atrapamos a un asesino en serie. ¿Sabe a cuantas personas había matado? Tres. ¿Sabes a cuántas maté yo? Cinco. A él le dieron cadena perpetua y a mí una medalla. Una maldita medalla. Ahora te pregunto, ¿qué nos diferencia? Ambos le arrebatamos la vida a seres humanos. ¿Por qué él es un asesino y yo soy un héroe?

-Por el objetivo detrás de las acciones, Potter.

-Un homicidio es un homicidio, sin importar de quien sea el cadáver. Y yo tengo un sequito de fantasmas pegados a los talones.

-Sólo buscas excusas para sentirte culpable. ¿Por qué nunca antes te cuestionaste esto?

-Por hipócrita, supongo. Por aferrarme a la idea de que servía a un bien más grande que yo. Esa era la verdadera excusa para ocultar mi naturaleza, era un escudo entre quien soy y entre quien creía ser. No ayudaba a nadie, sólo saciaba mi sed de sangre.

Malfoy dio espacio al silencio, quebrantándolo con una sonora carcajada. Cedió a tal ataque que cualquiera creería que estaba pasando por el mejor momento de su vida.

-Lo siento, Potter. Es que el papel de verdugo no te queda. Le va a personas como Voldemort, Fenrir Greyback, Bellatrix… El verdadero homicida se regodea en sus actos, drena cada gota de sangre y chapotea en ella. El verdadero homicida no se pierde en pensamientos de culpabilidad o remordimiento, mucho menos acude a un lugar solitario en la noche para huir de sí mismo. Porque eso es lo que pretendías, ¿no? Acallar los fantasmas, despojarte de toda emoción. Dijiste estar cerca de la insensibilidad, pero es todo lo contrario. Todo lo que llega a ti te aplasta. Caminas sobre brasas ardientes, respirar es como una recarga de veneno y cada latido causa hematomas en tu pecho. Estás desbordado, justo como ese río. Todo está amplificado y necesitas un dique, necesitas desesperadamente poner un obstáculo a la corriente.

-Malfoy…

-No creo que seas un homicida, tú tampoco lo crees, no en tu corazón. Quieres creerlo, es eso. Quieres creer lo peor de ti. Todas estas mierdas ya me las sé, Potter. Es una ironía que vengas a mí con todo eso. Necesitas convencerte a ti mismo de ello, cuando la única verdad es que estás herido.

-¡Por supuesto que lo estoy!

-No me interrumpas, bestia desagradecida. ¿Así que la vida fue una perra contigo? Bu, no eres el primero al que arrastra del cabello. ¿Has hecho cosas terribles e irremediables? ¡Aprende a vivir con ellas! No eres perfecto. Nadie antes de ti lo ha sido, y nadie después lo será. Lo que pasó con Ronald fue un accidente y renunciar a tu vida no lo traerá de regreso.

-¡No se trata de…!

-¡Sí se trata de eso! ¿Alguna vez escuchaste lo que pasó con mi madre, Potter?

-La atacaron después que dictaran su sentencia.

-La vi morir sin siquiera poder sostenerla, mucho menos podría haber hecho algo por ella. ¿Crees que no me habría gustado poder traerla de vuelta o unirme a ella lejos de este mundo que sólo me escupía en la cara? Pero, ¿qué cambiaba con eso? Aún si yo me dejaba consumir con la culpa, ella seguía muerta. Tienes que afrontar eso. No importa que tan fuerte sea tu dolor o si decides saltar de un puente, la verdad es que Ronald seguirá muerto. Lo único que cambiará es que tus amigos estarán más solos. Si eso es lo que quieres, ¡adelante! -una parte de la escarcha sucumbió por la vibración en la baranda-. ¡Sigue sembrando dolor mientras tú huyes de él!

La humedad estaba por doquier en esa solitaria parte de la ciudad. En la acera, expuesta a la lluvia de esa tarde. En sus ropajes, atacados por el rocío y la niebla. Y en su rostro, ahogado en catárticas gotas saladas. Su vendaval interior se manifestaba, revelando la tormenta que lo acompañaba desde ese día.

-¿Cómo se vive después de algo así? ¿Cómo te perdonas a ti mismo cuando ves todo el dolor que provocaste?

-Tienes que aprender a convivir con el dolor.

-Lo veo una y otra vez. Escucho mi voz y la del enmascarado, el maldito color verde y de pronto estoy en el suelo. Ron también lo está, pero sólo yo respiro. Y todo lo demás viene como una avalancha, estoy a su merced y me sepulta una y otra vez. Lo veo en el andén, en el dormitorio de Hogwarts, peleando a mi lado. Veo su sonrisa, su cara de amargura en el peor día.

-No debes permitir que los recuerdos te consuman. Ni el pasado ni tus memorias deben afectarte, tú tienes que ser quien las afecte a ellas.

-No estoy seguro de entender lo que quieres decir.

-Yo tampoco estoy seguro de lo que significa. Quizás no es necesario entender algo para sentirlo.

-No sé cómo sacar esto de mí. Me está despedazando y sólo quisiera poder arrojarlo lejos.

-No va a parar, Harry. No será hoy, ni mañana.

-Estabas haciendo un buen trabajo aconsejándome, pero…

-Pero lo importante es que haya un mañana.

Harry Potter tenía antecedentes en conseguir cosas grandiosas e incomparables, pero jamás pensó que conseguiría que Draco Malfoy se sentara a su lado en la fría acera.

-Mientras haya un mañana, te queda esperanza. No tienes que levantar la cabeza cada día, no tienes que sonreír cada día, no finjas fortaleza que no tienes. La vas a construir poco a poco. Vendrán más días malos, asquerosos y pesados. Ya sabes lo que dicen. Siempre se pone peor antes de mejorar.

-¿Tú lo conseguiste?

-Yo nunca he sido un ejemplo a seguir.

-No me voy a oponer a eso.

-Creo que ahora lo entiendo.

-¿El qué?

-Porqué te encontré precisamente esa noche. Ese era en realidad el propósito.

-No importa lo que hayamos hablado antes, sigo sin creer en el destino.

-No es necesario que lo hagas.

-Bien.

-Deberías volver, ella se preocupará por ti.

-Sí, es posible. Por una vez deberíamos ponernos de acuerdo para la próxima reunión.

-Tengo la sensación de que volveremos a encontrarnos pronto.

-Tú y tu absurda creencia en el destino.

-Llámala como quieras.

Malfoy dejó de desafiar a sus enseñanzas, incorporándose y poniendo sus ropajes en su sitio.

-Me parece que hay algo que es el inicio, antes de todo lo que quieres lograr, Harry.

-¿Qué sería eso?

-Creer.

-¿Creer en mí mismo? ¿Esa es tu propuesta?

-Táchalo de consejo barato si te place, pero eso puede marcar la diferencia sobre el lado de la baranda en que estarás.

-¿Qué pasa si ni siquiera tengo fuerza para eso?

-Quizás por primera vez puedo hacer algo por ti.

-¿Con que intención?

-Ajustar cuentas con el universo.

-¿Y qué harás exactamente?

-Decirte que yo sí confío en que lo lograrás. Yo creo en ti.


Notas finales: hoy no tengo mucho que decir, sólo que espero que hayan disfrutado de la lectura. Nos leemos la próxima semana.

En la parte III: Redención.

Allyselle