Ok, aquí con el segundo capítulo. Agradezco a todos quienes se dieron el tiempo de leer este extraño proyecto que me vino a la mente.

Muy tarde de lo usual, pero mí cabeza se secó a la mitad del capítulo, y quedo bastante corto, todavía le falta más, así que lo dividí en dos capítulos (este y el próximo).

Espero que les guste, gracias a mis 2 reviews (va para ustedes chicas), que me hicieron seguir adelante y ver que si tengo esperanzas con esto.

Sin Más…

Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece.


Glosario:

Kōkan: Reemplazo en japonés.

Ishoku: Implante en japonés.


El Cielo se conforma por cuatro cilindros; uno dentro del otro, conocidos como Autopistas. Estos se separan en Claros, 2 en cada uno. Los primeros 4 Claros, son centros de investigaciones, donde trabajan tanto científicos, técnicos, ingenieros, doctores, hasta los Kōkan con sus respectivos entrenadores. El resto de los Claros, son el habitad de los seres humanos. El Claro 2, es el más reconocido, ya que en este se encuentran los laboratorios de los principales directivos del Cielo. En la 4 Autopista, en el Claro 8, es un lugar donde la "naturaleza" y vegetación predomina. Las plataformas y satélites la contrastan; es el lugar donde los Kōkan llevan a cabo su trabajo.

Hace alrededor de 10 años, un grupo de personas se levantaron en diferencia a los residentes del Cielo, estos eran mejor conocidos como los Ishoku, ya que empleaban la moda de los implantes humanos. Defendían que el ser humano podría habitar en cualquier terreno, si aplicaban este tipo de tecnología al cuerpo. Muchos investigadores empezaron a considerar la idea, y se presentaron ante los Ishoku para saber más al respecto.

Sus esperanzas de un nuevo mundo se desbancaron al adentrarse en el territorio que les pertenecía. Los Ishoku estaban muertos. Prácticamente, para hacer realidad el sueño de una nueva Tierra, toda la anatomía humana cambiaba drásticamente: los tejidos y órganos, eran reemplazados con imitaciones en polietileno y resina, se implantaban tanto circuitos como cables en la piel, conectados directamente a lo que era su "sistema respiratorio" que podía albergar cualquier aire en el ambiente. La nariz y pulmones ya no les servían, así que las agallas fue su nueva salvación. Los dientes cambiaban, y se implantaban caninos, la moda seguía con cicatrices y tatuajes. Fue entonces que los científicos descartaron por completo a los Ishoku y su visión de la nueva humanidad.

Los problemas surgieron, y los Ishoku se levantaron en una revuelta contra los mandatos del Cielo, provocando destrucción en las instalaciones. Se vieron como una amenaza al Cielo, y tras la decisión del señor Kidou, que en ese momento era el director del Cielo: fueron exiliados a la Tierra.

Pasados los años, no se volvió a saber mucho de los Ishoku, solo que se habían adaptado a los nuevos ambientes de la difunta Tierra, sobreviviendo con el recurso del terreno, haciendo sus propias investigaciones, su propia cultura, lejos del Cielo.

My Little Star Of Orion

II

Fragmentos De Un Corazón De Cristal

Las luces del pasillo no dejaban huecos oscuros alrededor, los muros impecables, de la tonalidad más pura: blanco. Mis botas rechinaban a cada paso. Estaba lista para lo que me deparaba. Los elevadores del Cielo te conducen directamente a tu destino, si no es muy lejos. Uno de ellos, planea llevarme a la Tierra, y jamás regresarme.

He tomado unas cuantas sesiones con el psiquiatra Saginuma, para aceptar y comprender lo que será mi misión, sin reproches. Y con la doctora Raimon, que me ha hecho todo el tratamiento y ayudado a sobrellevarlo. Aun así, no me entra en la cabeza lo que estoy a punto de hacer.

Doble a la izquierda en la esquina, y me tope de frente con Ichirouta, que venía muy apurado.

-Haruna…- apenas controlaba su respiración –Ya… ¿te vas? ¿De verdad te marchas?

-Es lo que han decidido- baje la cabeza, aunque la combinación de cristal en mi organismo, ahora sintético, mi cerebro tiene una ligera capa de polietileno, que me guarda las emociones, el pensamiento, los sentimientos. Así que estoy triste, resignada, dolida. Mi hermano ha decidido sin mi consentimiento, todo este show. Me ha convertido en una Ishoku. Las llegadas de naves extranjeras, dadas por muertas, generaron mucha controversia, y necesitan a uno del equipo para hacer investigaciones, y que mejor, a la hermana del nuevo director del Cielo, investigadora planetaria y traductora de los Kōkan. Me han hecho sintética, estoy muerta. Recorreré toda la Tierra en busca de algún indicio de tales. Y si se puede, me mezclare con los verdaderos Ishoku. Aunque es un excelente trabajo, y sé que seré reconocida por años, no me satisface la fama si muerta estoy. Siquiera pensó en que estoy comprometida. Porque lo estoy. Ichirouta y yo pensábamos casarnos en 2 meses, cuando me informaron del trabajo. Él es un ingeniero especializado en satélites de comunicación de la 4 Autopista. Y cuando se enteró, provoco un problema con mi hermano, y fue suspendido de su trabajo por 3 semanas, pero aun no acepta la realidad de mi muerte. Ni yo tampoco.

Lo pase de largo, y me siguió el paso. Al final del pasillo, se encontraba la compuerta del elevador, y ahí, el encargado que me llevaría a mi orca. Cruzamos miradas, e introdujo el código en el tablero, para que se abriera y me dejara pasar. Di unos pasos, y me jalo de la muñeca.

-Haruna.

-Lo lamento, Ichirouta; ya está decidido. Me iré a la Tierra, y ya no volveré- le trate de sonreír para tranquilizarlo, y solo logre una mueca de melancolía. Sus ojos se aguaron, note como entristecía cada vez, retenía las lágrimas, y mi corazón se estrujo, a pesar de que estuviese hecho de resina.

-Por favor- me abrazo. Jamás olvidare ese momento: no sentí nada, su calor, su intenso calor sobre mi piel, ya no estaba, mi sistema nervioso fue apagado.

-No hagas más dura la despedida…

-¿Cómo no quieres que lo sea? Te vas, te marchas, jamás te volveré a ver…- guardo un momento de silencio y se limpió las lágrimas –Tu hermano es un desgraciado. Como te pudo hacer esto.

-Basta por favor. No quiero que tengas más problemas con él- baje la vista, y este me levanto el rostro por el mentón, besándome. Uno de los tantos apasionados que teníamos, pero esta vez, todo era diferente; se me volvió a estrujar el corazón. Nos separamos, y pego su frente a la mía.

-Tendré el satélite 7 para ti…- con disimulo, dejo un transmisor en mi bolsillo. Entrelazo su mano derecha con la mía, y miro el anillo en mi dedo.

-Siempre estaré comprometida contigo- separe mi mano y estreche ambas a mi pecho, sonriéndole. Por el silencio emitido del encargado, supuse que ya debía marcharme. En un rápido movimiento, abrace a Ichirouta del cuello, y le susurre al oído, para separarme y entrar en la pequeña cabina. El encargado cerro con el código, y a través del cristal, mire a Ichirouta, derramando lágrimas amargas. Pegue mi mano al vidrio, y él me imito. Bajando poco a poco, desapareció de mi campo de visión. Lloraría, lloraría hasta cansarme, hasta que mis ojos se secaran, pero no puedo; no tengo lágrimas. Abandone el Cielo, y me marche a mi próximo destino: el infierno.

El espacio es oscuro, como siempre, las estrellas brillan, como siempre, y yo me marcho, por primera vez. El elevador del Cielo es conducido por un cable metálico, hasta el destino antes indicado. Te deja, y no vuelve a bajar, por eso es que los astronautas que van de exploración a otros planetas no lo usan, no hay reversa para este.

Me senté en la pequeña banca de la cabina, esperando con miedo mi llegada. Se detuvo.

En cuanto se abrió la puerta y aspire el aire seco de la Tierra muerta, me desplome al suelo. No reaccionaba, y sentía como me convulsionaba. Miraba borroso, tenía conciencia, pero no voluntad propia. Observe que alguien se me acercaba, y me llevaba consigo en un extraño vehículo.

Llegamos a una tienda, me dejaron recostada sobre una plataforma. Quería hablar, pero no podía. Mire que era una chica la que me atendía, pareciese que me quisiera salvar, si es que estoy sufriendo alguna falla en mi sistema. Ella gritaba, que le trajeran algo; una bandeja, en la que solo divise que salía vapor.

Saco una jeringa, y tomo un líquido de la bandeja. Me abrió la chaqueta, y lo último que vi y recuerdo, es que la clavo en mi pecho.

"Estoy perdiendo fuerzas, me estoy rompiendo, aun así quiero seguir… respirando… respirando…"

No sé por qué, mi subconsciente me traicionaba, ¿Por qué me hacía recordar esas palabras? Esas notas musicales en mi cabeza.

La luz brillaba demasiado, me hizo cerrar los ojos de nueva cuenta. Me removí un poco en la plataforma. Me di la vuelta, y caí al suelo frio. Sentía mi cuerpo pesado, me dolía todo, como si estuviese cargada de peso que me comprimía y no me dejaba levantar. Moví mis ojos alrededor del lugar en el que me encontraba: una vieja tienda. Como de acampar. Había mesas, llenas de objetos que no reconocí, plataformas que servían de cama.

Pegue las palmas al suelo, y con fuerza me levante. Tambalee un poco, me sentía mareada. Di unos pasos, y caí otra vez, pero a tiempo me sostuve de una esquina, y me levante de nuevo. El suelo era terroso, congelado. Levante una de las mantas que conformaban la puerta de la tienda; el cielo estaba en penumbras. Me encontraba en la Tierra, el clima estaba helado, se iluminaba el terreno como si estuviese en un amanecer gris. Mire a unos cuantos metros a una mujer, parada, cruzada de brazos, dándome la espalda. Con dificulto empecé a dar pasos, hasta que pude controlar mis movimientos y logrando un caminar decente. Llegue hasta su lado.

-Parece que si sobreviviste al Nitrógeno líquido*- articulo, sin mirarme. Fruncí el ceño con confusión.

-Discúlpame, pero ¿Quién…?

-Eres una mandada del Cielo, me sorprende que hayan aprendido algo de las enseñanzas de mi padre, pero jamás podrán igualarlo; eres una completa defectuosa- hizo mueca de asco, observándome de pies a cabeza. Me sentí intimidada, con su mirar sobre mí, debajo de aquellas gafas de cristal. No supe que decir, y un hombre en un auto llego junto a nosotras.

-Con que la cristalina del Cielo despertó. ¡Milagro! Sobrevivió- se escuchó como reía a carcajadas. La ira me estaba subiendo. No entendía porque, pero a estos dos, no les agradaba para nada el Cielo, supuse: Ishoku.

-No entiendo nada de lo que dicen- articule.

-Parece que ya se les seco el cerebro por tanta gravedad cero- dijo ella, y soltaron a reír en mi cara. El hombre traía una máscara, y la retiro, dejando ver unos colmillos caninos, que tras haberse carcajeado, no podía controlar la saliva que derramaba. No imaginaba como podría cerrar la boca -¿Qué hacen aquí los del Cielo? Pensé que habíamos quedado en que ni ellos ni nosotros.

-Me enviaron para revisar la superficie, en busca de algún indicio sobre las naves.

-Les dijimos todo lo que sabíamos, no es necesario que manden maniquís- y otras risas insoportables. Me ardía la cabeza, me harte de tanta burla. Me arme de valor y les grite.

-¡Basta! Yo soy una especialista, no un maniquí, si estoy aquí, es porque…

-No encontraron a alguien mejor- las risas de nuevo. Tome mi cabeza con ambas manos, y la baje.

-Pues eso no es lo que dice un tal Ichirouta- levante la cabeza de inmediato, y mire como él, sostenía con sus manos agrietadas, el transmisor que apenas ayer Ichirouta me dio para comunicarme.

-Devuélvemelo- trate de arrebatárselo, y se lo lanzo a la chica, empezando con el clásico juego del "gatito". Lo aventaban de un lado a otro, hasta el punto que me desespere, y le di una bofetada al hombre, que lo hizo escupir. Ambos dejaron las risas, y me miraron con seriedad.

-Diviértete con tu estúpido transmisor- dijo este, y lo lanzo al suelo, destrozándose en cientos de pedazos. Me quede sin habla, y ellos soltaron las risas, subiéndose al auto –Yo pienso que debiste haberla dejado morir- levante la vista desde el suelo, tomando los trozos del aparato.

-¿Qué me hicieron?

-Te inyectamos Nitrógeno líquido*, ahora si estas completa, defectuosa, ahora si estas hecha de cristal- sonrió la chica, dejando ver sus dientes blancos.

-Por qué… no lo entiendo, ¿porque me salvaron? si me están tratando de esta manera. Realmente, ¿los Ishoku son así?

-¿Qué? ¿Pensaste que por ser sintética, serias parte de nosotros?- baje la cabeza con decepción –Eres patética, cristalina del Cielo, eres un maniquí- empezaron a reír y se marcharon, dejándome sola sobre aquel frio suelo, con mis ilusiones echas pedazos.

Entonces vinieron de nuevo aquellas palabras: "Estoy perdiendo fuerzas, me estoy rompiendo, aun así quiero seguir… respirando… respirando…" y comprendí que los Ishoku son unos viles desgraciados, sin corazón, unos malditos imbéciles que disfrutan del sufrimiento; jamás seré como ellos, jamás me mezclare.

Mis emociones se unieron al Nitrógeno en mí, y llena de odio, ira, me levante y entre a su tienda, revisando que nadie estuviese cerca. Busque entre los extraños utensilios, algo que me pudiera ayudar a reparar el transmisor, Ichirouta me había enseñado poco sobre ingeniería y tecnología. Tome un bolso y revise por doquier; tome herramientas, un tubo de neón, y un extraño localizador, que seguro me ayudaría a encontrar a los Ishoku donde estuvieran. Me apresure y note por la entrada si no había nadie, y salí huyendo, corriendo a toda prisa lejos del lugar, de la vista de ellos.

Mi carrera termino hasta que mis ojos me dejaron ver un punto oscuro que era la tienda. Me acerque a una roca, a un meteoro. Saque las cosas del bolso y trate de arreglar el transmisor. Pasaron los minutos y cada vez estaba más cerca de recibir alguna señal.

-Satélite 7… ¿Me escucha? Ichirouta- escuche estática, y por fin la voz del que tanto anhelaba escuchar.

-¿Haruna, eres tú? ¡Estás bien! ¿Cierto?

-Un poco…- guarde silencio, escuchando su respiración -¿Qué escuchaste hace poco?

-Pues… la voz de un hombre. No le entendí, como si estuviese hablando en otro idioma, dialecto. Entonces pensé que ya te habías mezclado con los Ishoku.

-No, claro que no.

-¿Qué sucedió? ¿Te encuentras realmente bien?

-Ichirouta, no lo sé, ya no se ni que pensar…

-¿A qué te refieres…?- no escuche lo demás, pues un sonoro ruido me saco de mi conversación; era el auto de los Ishoku. Los observe llegar hasta donde me encontraba.

Mi corazón se agito, no comprendí porque. Se bajó la chica del asiento del pasajero, se me acerco y planto un duro puñetazo a mi cara, haciéndome caer pocos centímetros atrás. La mire estupefacta, llena de temor. Su puño. Sus nudillos estaban descarapelados, y lo que dejaban ver bajo la piel, era metal. El hombre se bajó también, se acercó a las cosas en la roca, tomo el transmisor, haciendo lo mismo que antes; botándolo al suelo, rompiéndose.

-¡No!- grite colérica, incorporándome un poco, para regresar al suelo, fruto de otro golpe en el rostro. Puse la mano en mi mejilla, y los mire inquietante, preguntándome mentalmente, porque hacían esto con migo.

-Haber si con eso aprendes a no robarle a los Ishoku, y menos a nosotros.

-Y te recomendamos alejarte- me dieron la espalda –Que aquí los Ishoku buscamos alimento- carcajearon, unas risas siniestras, llenas de veneno. Me recorrió la espina un escalofrió. Subieron al auto y se marcharon lejos, llevándose consigo, mis últimas esperanzas.

Azul, rojo y blanco están mezclándose. Estoy gritándole al mundo, ¿Qué fue lo que yo deseaba? Me cansé de perseguirlo después de todo. ¿Cuándo será el final?

Y de nueva cuenta me traiciona. Camino sin rumbo fijo, perdida en aquella roca fría que antes era caliente. Mis esperanzas de comunicarme con Ichirouta se esfumaron, ya no me queda nada más que cumplir con el trabajo. Mi destino está más allá del horizonte, más allá de las piedras lunares, las estrellas, las constelaciones, el universo entero. Inhalo profundo, y me pierdo en imágenes borrosas, sin control alguno; soy el desperdicio del Cielo, un defectuoso maniquí, y ahora que me doy cuenta. Mis piernas empiezan a pesarme, y me tumbo de rodillas en la áspera tierra, la miro y denoto cada grumo, cada pedazo y piedra, encuentro uno que otro fragmento de metal, seguramente de las naves. Inhalo de nuevo, y levanto la vista, a lo lejos observo como unos cuantos Ishoku se reúnen, y preparan algo. Muerta de la curiosidad, me recargo en una roca, a esperar que la estrella de la luz deje el brillo del atardecer y nos muestre la calidez de una perdida noche oscura, y descubrir al fin, que tanto hacen aquellos viles seres.

No evite voltear varias veces a donde se encontraban, analizando cada una de sus expresiones. La moda Ishoku no solo son los implantes, sino también tatuajes y cicatrices, caninos en lugar de dientes, aunque no todos tenían esta última. Apunte todo en una pequeña libreta, y me dispuse de nueva cuenta a esperar.

Observe el claro oscuro, era muy bello, las estrellas brillaban, y la brisa helada acariciaba tu rostro, pero yo no podía sentirlo. Sentí de pronto un cansancio horrible, el cuerpo pesado, mis parpados ya no resistían, y me tumbe a la tierra fría, inconsciente.

Cuando mis ojos abrieron por si solos, todo lo que mire eran penumbras, y unas cuantas estrellas decorando el cielo. Gire hacia atrás, y note una enorme llamarada; los Ishoku alrededor de una fogata, danzaban, brincaban, reían, sentados en la fría tierra, convivían como toda una comunidad. El auto de ambos Kudou se encontraba en la zona, y los divise sentados, hablando con otro Ishoku. Notando su complexión, era alto, grande de musculatura, intimidante a primera vista, sus brazos y pecho estaban repletos de tatuajes y marcas, al igual que unos cuantos circuitos. Sus caninos brillaban con la luz rojiza del fuego, y sus ojos deslumbraban de un verde podrido, junto con su cabello castaño con un mechón naranja.

Regrese a mi escondite detrás de la roca. Mi cabeza no procesaba nada, no sabía qué hacer, solo ver esas siluetas danzando, me revolvían el estómago. Sentí unas enormes ganas de acercarme, pero me retracte en cuanto recordé mi primera conversación con los Ishoku. ¿Todos serán así? No lo sé, y temo intentar de nuevo.

Cada que las penumbras abrazaban el cielo y la fría Tierra, los Ishoku se reunían en el mismo lugar siempre, hacían una fogata, y pasaban una divertida velada. Cada vez que lo hacían, yo aguardaba tras la roca y observaba. Cada movimiento, comportamiento, platicas, todo lo escribía en mi libreta, los llegue a conocer tanto con esas simples observación, que ya me creía una de ellos, y eso quería, ser una de ellos.

No me había comunicado con el Cielo desde hace más de una semana, a lo que mi cabeza pensaba que habían pasado 7 días.

Mi deseo de acercarme a ellos y pertenecer a su cultura era tanto, que me decidí.

Con pasos firmes, las rodillas temblorosas, y el miedo recorriéndome la espina, me acerque.


Nitrógeno Líquido*: se utiliza para congelar cosas al instante.


¿Y bien?

Hasta aquí la primera parte del segundo capítulo. En el próximo capitulo: seguiré adentrándome en el mundo Ishoku y cómo será el encuentro con Haruna.

Adelanto, en el capítulo 4; continuare la historia de Ryuuji, ¿Qué hizo después de su encuentro con Reina? Hiroto no se encuentra muy bien, y una escena fuerte entre ambos chicos (no diré nada más). Marte guarda muchos misterios, y posiblemente Reina los pueda revelar, así como la cura para el cáncer. No solo invade el Cielo, la vida del Kōkan y de una nueva Ishoku.

Un pequeño adelantito X)

Oh, otra cosa: les pido visiten mi perfil, y echen un vistaso a mis proyectos, y diganme cual les gustaria ver plasmado aqui, porque aviso que este Fic no tendra mas de 10 capitulos X/

Así que nos leemos pronto…