Disclaimer´s applied.

Beta Reader: Katte Turner

Quiero agradecer a las personas que le dieron Follow o Fav, a la historia. Lo aprecio mucho, pero por otro lado, me encantaría que me dejaran su opinión/observación del fic. Sería un hermoso detalle para mí. Sin más que decir, lxs dejó leer.


Los lazos que tejimos

Capítulo II: Parte 1

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"La lealtad tiene un corazón tranquilo" — William Shakespeare

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Si lloraba, tú me agarrabas en brazos hasta que mis lágrimas secaran.

Si me lastimaba, tú siempre estabas preparado para vendarme las heridas.

Si me portaba mal, tú estabas ahí, firme y decidido, para defenderme.

Si me encaprichaba con algún juguete y mis padres no querían comprármelo, tú les insistías para que lo hicieran.

Si necesitaba ayuda con las tareas del colegio, tú estabas dispuesto a dejar tus cosas de lado para explicarme el tiempo que hiciera falta.

Si me sucedía algo y no tenía a nadie a quien contarle, tú me prestabas tu oído y me escuchabas paciente hasta que acabara. Siempre guardaste los secretos.

Si necesitaba un consejo, tú tenías el correcto a la espera de que lo pidiera.

Por todo eso era que confiaba ciegamente en ti. Estuviste presente desde que nací para mí. Mi confianza, mi amor, mi admiración, mi orgullo, mi lealtad… te habías ganado todo de mi persona.

Pero…

Cuando estuve a un paso del paraíso y a un paso del abismo, no dudaste ni un solo segundo; me diste un empujón para avanzar sin titubeos.

Aún sigo cayendo, y no sé si me duele más estar consciente y descendiendo, que sentir por fin el seco golpe contra el final y quedar inconsciente.

Duele recordar quién fuiste, y aún duele aún más recordar qué me hiciste.

Nadie es perfecto, todos cometemos errores. Pero de todas las personas que existen en este mundo, nunca creí que fueras tú el que me traicionaría, querido hermano.

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[Pasado]

IV

Hay personas que dicen: hoy fue un mal día, pero ya verás que mañana todo estará mejor. Pues es mentira, el día a pesar de regalar a la humanidad un sol reluciente, sin nubes que tapen los rayos que chocan contra la tierra. A pesar de que la brisa es tibia, como un roce placentero contra la piel del rostro. Aunque las flores, y el refrescante color verde del pasto cubran cada rincón del paisaje. Todo, absolutamente todo era un completo asco para Sasuke. ¿Que al otro día todo estaría mejor? Ni una mierda. Todo era peor. Insoportable.

El solo haberse despertado era una porquería. Y que los rayos del sol, aquellos que se adentraban por la ventana de su habitación, los cuales le estaban pegando directamente en sus pupilas sin compasión, lo irritaba aun más si era posible.

¡Joder! —escupió con ira. Agarró con ambas manos las mantas que cubrían su cuerpo y las llevó hasta arriba, cubriendo por completo su anatomía de los horrorosos rayos del sol. Del mundo en sí.

Inhaló profundo una y otra vez, soltando, luego, muy despacio el aire que se acumulaba en sus pulmones. Lo que menos quería era recordar los sucesos transcurridos el día anterior, en especifico, un suceso. Era inevitable que aquella escena no se repitiera una, y otra, y otra vez en su mente. Sasuke deseaba tener la capacidad de adentrarse en su cabeza y sacar a patadas aquella odiosa escena. Pero le era imposible.

Resignado, y con rapidez, apartó las mantas y se encaminó al lavado. Necesitaba urgente una ducha de agua fría para calmar sus pensamientos.

Observó su rostro en el espejo del baño. Ojos algo irritados, unas grandes ojeras adornando la parte inferior de estos, y el labio lastimado al contener el grito de impotencia que horas atrás lo había invadido. Demacrado, eso definía su aspecto en ese momento. "Nunca creí verme en este estado", pensó. Apartó la mirada del cristal, abrió la ducha, y con una fingida tranquilidad comenzó a desvestirse. En serio necesitaba enfriar su mente, o no se haría responsable de sus acciones venideras.

Aquel era su último año de secundario. Y como desde que eran mejores e inseparables amigos con Sakura, ella pasaba a buscarlo cada mañana para ir al colegio juntos.

Levantarse de la cama le había costado horrores —pues si era por él se habría quedado a vivir allí, en la fortaleza de mantas, cual niño escondiéndose de los monstruos por la noche—, pero decidió hacerlo, después de todo no podía dejarse deprimir por aquella estúpida escena que había presenciado la tarde anterior. Era un Uchiha y un Uchiha es fuerte, decía su padre cada vez que tenía la oportunidad, o más bien, cada vez que paraba en la residencia Uchiha. El señor Fugaku vivía de viaje en viaje, el trabajo parecía ser lo único en la vida para aquel hombre de porte en extremo serio.

Dejarse ver destruido por… por… amor, era una patada en su orgullo. Estaba dolido, pero no permitiría que nadie se mofara de él, mucho menos que ellos rieran con el espectáculo que era mirarlo a él. No quería verle ni un pelo a ninguno. Por tal motivo era que ahora se encontraba tomando su desayuno a solas en la cocina; terminaría su taza de café bien negro y sin pizca de azúcar, y saldría tan deprisa de su casa como si la misma muerte le pisara los talones.

Del piso de arriba se oían ruidos, al parecer Itachi se había despertado. Sasuke agarró su mochila; los pasos de Itachi bajando por la escalera se escuchaban cada vez más cerca de él. Dejó su taza a medio tomar sobre el desayunador, y antes de escuchar el saludo de buenos días de su hermano mayor, cerró la puerta tras de sí para empezar a caminar.

Alejarse era lo que más quería en esos momentos.

Itachi quedó con su buen día en la boca. Sin dar importancia a aquella acción de su pequeño hermano; lo tomó como algo normal y pintó una sonrisa ante el nuevo día. El sol se encontraba en todo su esplendor para él. Todo era maravilloso, era como flotar entre las esponjosas nubes.

Alegría, esa era la emoción que lo envolvía. Una felicidad plena, pero una felicidad a costa del sufrimiento de alguien más. De la sangre de su sangre. Traición a cambio de una efímera sensación de calidez. Por el costo de sentirse en la cima de la montaña, lazarse desde allí arriba y desplegar las alas mientras el suave viento lo baña.

Por experimentar algo como el amor.

El precio de sentir calor nunca fue tan frío… aquel lazo que parecía indestructible entre los hermanos, empezaba a rasgarse de a poco.

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Durante dos semanas Sasuke se levantó temprano, desayunaba a la velocidad de un relámpago, huía de su hermano y, por último, evitaba encontrarse con Sakura Haruno. Dos semanas había llevado evitando encontrarse con ambos, y a pesar de estar en el mismo curso que Sakura, procuraba que Karin —aquella pelirroja chillona, pero que si llegabas a conocer un poco, resultaba ser una grata compañía— ocupara el asiento que se encontraba a su costado.

Para evitar aquel par de ojos esmeralda que la mayor parte del tiempo lo buscaba en silencio, su vista se centraba en el profesor que impartía la materia en esa hora o simplemente, sus ojos negros, se fijaban en el horizonte que estaba tras el vidrio de la ventana a su derecha.

Los ojos negros estaban apagados, el fuego que antes habitaba en ellos se había extinguido. Alguien había hecho correr agua sobre aquel manto obsidiana sin estrellas. Unos ojos cargados de dolor, pero curiosamente, más vacíos que nunca.

Aquella mañana, Sasuke obtuvo otra victoria al poder escabullirse de la feliz pareja de enamorados. Faltaban solo unos minutos para el comienzo de las clases; había estado perdiendo el tiempo bajo un árbol que se encontraba cerca de las grandes puertas de la institución. Los minutos habían pasado volando. Sasuke sentía cómo la presión iba cada vez más en aumento, la tentación de romperle la cara a golpes a Itachi era más grande cada segundo trascurrido. Su sangre burbujeaba con furia cada instante que pensaba en su, desgraciadamente, hermano mayor.

Respiró hondo es busca de oxígeno puro, sus parpados habían bajado y ahora se levantaban para luego soltar el aire de sus pulmones. La exhalación nunca fue tan lenta y dolorosa. Frente a las pupilas de Uchiha Sasuke, a tan solo unos cuantos metros de distancia, dos personas se encontraban tomadas de las manos. Enlazadas, una mano con la otra. La distancia entre Itachi y Sakura era nula, al menos a ojos del único espectador que los observaba detenidamente. Pero como aquellas personas que no se rigen por límites, que vienen solo a romper toda clase de reglas, Itachi tomó con su mano desocupada el mentón de la chica y poco a poco sus bocas se fueron acercando más y más.

Como si al destino le gustara oír cómo los corazones rotos se pueden quebrar aún un poco más. Como en una habitación a oscuras y fría, los vidrios chocan contra el suelo y se comienzan a fragmentar en segundos. Sí, una melodía morbosamente placentera. Hasta presenciar cómo a una persona le empieza a faltar el oxígeno —como a alguien claustrofóbico atrapado en un ascensor—, a pesar de estar en un lugar espacioso. Ver cómo una mezcla entre el dolor y el terror va marcándose en el rostro de uno cruelmente. Así el destino jugó una vez más, repitió aquel beso entre la chica que amaba y la persona que más había admirado toda su vida frente a sus ojos. Sakura e Itachi. Una vez más se besaban dulcemente frente a sus pupilas.

Desde ese segundo beso que tuvo el disgusto de presenciar, la sonrisa arrogante de lado, pero que si observabas de cerca y con detenimiento, no era más que una sonrisa de resignación; comenzó a aparecer continuamente en los labios del Uchiha menor. Como una pobre fortaleza ante la adversidad.

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Una tarde, cuando Sasuke recién entraba a la residencia Uchiha, la voz de su madre se hizo escuchar desde el living.

Sasuke, cariño, ven —llamó con dulzura la mujer.

La señora Mikoto estaba sentada en el sillón grande que se encontraba en la sala. Con su delicada mano palmeó su costado para que el chico tomara asiento. Sasuke pasó de largo y optó por sentarse en uno de los sillones individuales.

¿Qué sucede, madre? —preguntó desganado.

Espera, ahora vuelvo. —Mikoto sonrió con dulzura y se dirigió a la cocina. Cuando regreso traía en sus manos una elegante bandeja con dos tazas de té y galletas. Posó la bandeja en la pequeña mesa, y empezó a servir con tranquilidad el té—.Ten. —Su mano se estiró en la dirección donde se hallaba su hijo menor.

Gracias. —Tomó la taza, más por no despreciarle a su madre que por gusto—. Y bien…

La mujer lo miró un minuto en silencio. Con aquellos ojos de madres cuando saben que algo está sucediendo, pero desconocen el "qué" de la situación. Intentan adentrarse en la mente de sus hijos y desentrañar el secreto. Eso mismo hacía Mikoto: analizaba a su hijo, intentando descubrir qué le estaba sucediendo.

Mikoto suspiró y decidió hablar.

Últimamente te he notado muy extraño, cariño —murmuró. Sus ojos seguían fijos en el muchacho—. ¿Hay algo que te tenga preocupado? Sabes que puedes decirme todo, Sasuke. Soy tu madre, puedes confiar en mí.

Ante la última frase de su madre, Sasuke formó en su rostro una sonrisa amarga e irónica. Por un tenso momento parecía que iba a reírse con fuerza, pero no lo hizo. La amargura era un nudo en su garganta que quemaba como la lava. "Otra vez no", pensó Sasuke. "No otra traición".

No hay nada que debas saber, madre —dijo con voz seca el Uchiha—. Si era solo eso, me voy a mi habitación. Tengo que estudiar.

No, espera. Siéntate solo unos minutos.

¿Qué?

Itachi, tu hermano me ha dicho-

Sasuke se paró de golpe, lo que menos quería era hablar de esa escoria.

No me interesa que le suceda a Itachi. —Sasuke agarró con brusquedad su mochila, caminó con rapidez fuera de la sala. Empezó a subir con prisa por la escalera. Huía.

¿Qué ha pasado entre ustedes dos? ¿Por qué ya no se hablan? ¿Se han peleado, verdad? ¡Son hermanos, por Dios! —gritó la mujer. Sus manos acomodaron su cabello color negro detrás de las orejas en un acto de nerviosismo—. ¿Y con Sakura? Ella también ha estado preguntando qué te sucede. Me dijo que estás actuando extraño, que ni siquiera la saludas cuando la ves, y tu hermano ha dicho lo mismo. Los evades. ¿En que estas metido, Sasuke? —Al ver la expresión de ira en el blanco rostro del chico, una alerta se encendió en la cabeza de la mujer, pero cuando estás cegada no importa cuántas señales hayan, no te detienes hasta quedar satisfecha. Grave error, cuando eres consciente ya es demasiado tarde para detenerse—. ¡Quiero que me lo digas ahora!

Sasuke mordió con rudeza su labio inferior hasta hacerlo sangrar, y sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos, las cuales estaban hechas puños. Los gritos de su madre seguían haciendo eco en el comedor; lo estaba llevando a tal punto de fastidio que creía no se capaz de callar luego. Ella no tenía la culpa de que aquellos dos idiotas le hayan llenado la cabeza en su contra. Si Itachi no había contado nada, él no tenía por qué estar dando explicaciones de sus acciones.

Estoy empezando a cansarme, Sasuke. Vas a quedarte callado o vas a decirme qué te sucede. Si no me lo dices no puedo ayudarte. ¡¿En que estas metido?! ¡Quiero escucharlo de tu propia boca, de los labios de mi hijo! —Las manos de Mikoto hacían ademanes a cada palabra, y su tono de voz iba en aumento con cada sílaba.

Al Uchiha le pareció como si un balde de agua helada le cayera encima. Ahí estaba empezando a comprender lo que su madre quería escuchar, lo que estaba insinuando.

¿Qué te ha dicho? ¡¿Qué mierda se ha inventado de mí?! Fue Itachi ,¿verdad? Él siempre esta metiéndose donde nadie lo llama —escupió con rabia. Sus puños se tornaron aún más blancos, si era posible, por la fuerza contenida.

Él solo esta preocupado por ti. —Mikoto lo miraba atenta, la preocupación se reflejaba en sus pupilas.

¿Está preocupado? —Pronunció con burla—. Así que Itachi esta preocupado, y la mejor forma de intentar solucionar el supuesto problema… —recalcó con irritación—, es inventar mierdas sobre mí. ¡Vaya hermano confiable que tengo!

Basta, Sasuke, tu hermano no tiene la culpa de nada. Siempre estuvo para ti. ¿Cómo eres capaz de pagarle de esta manera? Te desconozco —expresó dolida su madre.

Siempre sería igual, no importaba cuánto intentara estar a la altura de su hermano, Itachi siempre estaba por encima de él. Para qué gastar saliva, daba igual qué dijera, el hermano mayor siempre cargaba con la voz de la razón.

Recogió la mochila que con anterioridad había arrojado al suelo y dirigió su mirada hasta posarla en su madre. Los ojos negros de Sasuke miraban fijo a los de su madre.

Como mencioné antes, no tengo nada que decir. Lo que piense Itachi me tiene sin importancia. —Sasuke se giró y comenzó a caminar hacia su habitación—. Ah, y para que sepas, no estoy metido en nada extraño. No te preocupes por eso, madre.

"Mejor deberías de preocuparte por lo que Itachi esta ocasionando". Guardó aquel pensamiento solo para él.

Una lágrima descendió por la mejilla de Mikoto, a esa les siguieron muchas otras. Había sido desconsiderada, lo sabía, pero ella estaba preocupada por su hijo. Tal vez, solo tendría que haberlo dejado marchar la primera vez. Ahora no se sentiría culpable por los gritos que le había pegado al menor de sus hijos, y las acusaciones horribles que había declarado al aire como si fueran la verdad absoluta.

Sasuke entró hecho una fiera a su habitación, cerró la puerta con fuerza. Arrojó su mochila a algún rincón del suelo, desajustó la corbata del uniforme escolar. Se sentía ahogado. Sin medir la fuerza ni el peligro, cerró su mano derecha en un puño y lo estampó contra la pared. Un golpe no fue suficiente para quitarse la rabia e impotencia de encima, así que continúo chocando sus nudillos contra la dura pared de color azul marino de su habitación.

Esa tarde, mientras las lágrimas de Mikoto se rompían al estamparse contra el suelo del comedor, los nudillos de Sasuke se pelaban y emanaban sangre, al contacto una y otra vez con la pared.

Sencillamente hay relaciones que terminan por afectar el entorno, y a más de una persona.

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CONTINUARÁ.


¡Hola! ¿Cómo estas? Si te ha gustado el capítulo o puede que no, de todas maneras estaré encantada de recibir un review con tu opinión/observación del fic.

Un review es un estimulo para el que escribe, no se olviden de ello lectores.

Saludos.

Enigma07