Bueno, me emocioné y escribí otro capítulo. Cortito, pero capítulo.
Disclaimer: Hetalia no me pertenece, sino a Hidekaz Himaruya.
Cuando Natalia despertó se encontró en una mullida cama. Aún sentía sus manos un poco entumidas y los pies fríos. Notó que no llevaba el mismo vestido de antes, sino una camisón que le quedaba enorme.
Sintió un golpe de pánico.
¿Dónde mierda estaba? Hace un momento estaba en casa de su hermano y ahora despierta en un lugar desconocido. Parece el inicio de una película de terror o una leyenda urbana. ¿Tuvo un accidente o la drogaron?
Analizó la habitación lo poco que podía en lo que se adaptaba a la luz. Paredes de un añil claro con cuadros de paisajes. Varios muebles como un ropero, una mesa de noche y la cama en la que estaba. Dos ventanas con cortinas grises. Todo parecía limpio y pulcro, pero no le calmaba ni un poquito. Era una puta habitación de hospital ¿no? Joder le pudieron haber quitado los riñones.
Se sentó con pesar en el borde de las sabanas con un poco más de trabajo del que ella esperaba. Se sentía cansadísima y sin ganas de hacer otra cosa más que dormirse otro rato, pero tenía miedo y tenía que saber qué hacía allí y cómo había llegado. Ese lugar le incomodaba a horrores.
Se puso unas pantuflas que estaban tan acomodadas ahí como si hubieran sido dejadas para ella y se dirigió una de las dos puertas que había ahí, que resultó dar hacia un pasillo. El calzado y el mareo de levantarse demasiado rápido le dificultaba caminar. Salió con mucha precaución agudizando su oído y amortiguando sus pasos lo más que podía.
Un olor dulzón a especias le llenó las fosas nasales. Guiada por su olfato llegó a una especie de sala-comedor-cocina y vio a alguien calentando algo en la estufa. Era un hombre, joven, rubio. Sin embargo estaba de espaldas, y ese cabello suyo no le dejaba verle la cara. Se iba a acercar, pero antes de dar un paso, él se volteó en dirección al pasillo.
Regresó apresurada al cuarto donde estaba, cobijándose hasta la cabeza, fingiendo estar dormida. Maldijo en un susurro cuando oyó a la puerta abrirse. Se calmó y esperó a que se fuera. El hombre solamente dejó algo en la mesa de noche y se fue. Esperó al sonido de la puerta cerrarse para destaparse cuando vio la bandeja con galletas. Se veían deliciosas.
No habían pasado diez segundos cuando el hombre regresó de nuevo, como si hubiera olvidado algo. Se paró en el umbral de la puerta con dos tazas en las manos, viéndose un poco sorprendido.
-Despertaste –comentó en tono monocorde, sin la actitud de una pregunta, pero señalando lo obvio.
Natalia sólo asintió. Él se extrañó por la penetrante mirada de Natalia, pero de todos modos pasó y se sentó en una silla al lado de la cama con toda la naturalidad del mundo.
Dejó una de las bebidas junto a las galletas, cerca de Natalia, ofreciéndosela en silencio. Tantos olores acanelados y finos le recordaron el hambre que tenía. Pero todo se veía demasiado rico y bueno para ser verdad.
-¿Vas a tomártelo o no? Se va a enfriar pronto -dijo él, pero Natalia estaba demasiado alterada para no sospechar de que había alguna intención detrás -No te preocupes, es-
-¿Qué quieres de mí? -le cortó.
-Que te tomes ese glögg, necesitas algo caliente-
-¡No digas idioteces, joder! ¡¿Qué es esto?!
-Ya lo dije: glögg.
Natalia se le quedó viendo fijamente con los labios fruncidos, frustrada.
-¿Qué es lo que quieres de mí? -preguntó de nuevo lentamente y en voz baja, inyectando veneno en cada sílaba mientras empuñaba las manos bajo las cobijas.
Hubo un intercambio de miradas gélidas en el momento en el que ella se silencio. Los ojos de Natalia volaban sobre la cara de él, examinando todas sus facciones y tomando notas mentales en todo lo que ella veía de importancia, esperando una reacción. Pero mantenía una impasible cara de póquer, perpetuamente calma. No parecía que se inmutara ni un poquito con la agresividad de Natalia.
- Soy Lukas -soltó de buenas a primeras, como si se presentaran para ser amigos.
- ¡Contesta mi maldita pregunta! -gritó aventando las sábanas coléricamente.
Lukas tomó la otra taza y le dio un sorbo como si estuviera tomando el té a las tres.
-Lukas Bondevik – levantó la vista de su taza y cogió una galleta –Es una lástima que no logres recordarlo.
Natalia le miró extrañada. ¿Se suponía que debía recordarlo? ¿Quién putas era este tipo?
-Ah, muy interesante, Lukas -contestó imprimiéndole el sarcasmo posible.
-Sólo quiero ayudarte -afirmó par después de dejar de nuevo su glögg en la mesa, irguiéndose en aire ofendido.
-¿¡En serio?!
El eco de su voz no había regresado todavía cuando Lukas se le había acercado súbitamente. Acorraló a Natalia con sus manos a cada uno de sus costados. Su proximidad estaba empezado a dejar de ser incómoda a ser atemorizante.
-Mira me estoy cansando de tratar contigo para que seas tan malagradecida -espetaba aburrido, pero su indiferente fachada le hacía ver severo -¿Me crees tan cruel como para dejarte morir ahogada o de hipotermia?
Natalia todavía no sabía de que iba todo y el miedo regresó. Oyó sus latidos en su cráneo y se percató de que no traía su cuchillo. Claro, siempre lo llevaba escondido bajo sus vestidos, pero ahora llevaba esa enorme pijama que ocultaba su respiración agitada. Tenía que pensar en cómo usar sus uñas y dientes en conjunto como sustituto...
Casi iba a caer en su juego cuando cayó en cuenta de algo. Si ella había estado inconsciente, ¡eso significa que él la tuvo que desvestir y ponerle eso! ¡Qué jodido pervertido!
Con el asco todavía en la boca y la adrenalina animándola, Natalia le soltó un puñetazo en el rostro, despertándolo de su trance. Y antes de que se pudiera recuperar, le lanzó una patada que lo tiró de la cama.
Apenas y soltó un sonido o quejido, como si fuera algo totalmente normal que casi le rompieran las costillas. Se levantó con dificultad y agarró la mandíbula.
- ¡Natalia! -le regañó maternalmente y se fue a la puerta que daba a un baño.
Natalia se detuvo, pensando. De hecho, no se había acordado de que se había caído al lago. Y creía ya saber quién era él.
Lukas volvía con un algodón sobre su boca, que se quitó para hablar.
- No toda la gente quiere hacerte daño ¿sabías? -soltó casualmente, haciendo que Natalia sintiera culpable -No te quiero hacer nada.
Lukas dejó pasar la grosera sospecha de Natalia para tratarse su labio roto y ella relajó sus instintos para disfrutar del tentempié que él había dejado y aliviar el hambre voraz que le dejó estar desmayada. Le tenía menos desconfianza y ya tendría fuerzas para arrancarle los testículos si trataba de hacer algo contra ella.
Pero él no lo intentó. Estaba tranquilo y en silencio. Y ahora que lo veía bien Natalia, no parecía alguien que fuera capaz de hacerle daño. Tenía un aire de superficialidad como el de alguien de la nobleza. Y aunque no se veía debilucho, no se asemejaba a una persona que disfrutara de agresiones y disputas, sino todo lo contrario, que aborrecía la suciedad de estas.
-Tienes una buena derecha -le aplaudió Lukas -y una magnífica patada.
Él no se había enojado con ella por darle una paliza y mucho menos trató de desquitarse. O de verdad era muy amable o no le importaba un culo.
-Lo sé -reconoció -pero según yo, trataba de noquear a un violador.
Lukas soltó una risita ronca.
-Créeme, que en definitiva, no tengo ninguna intención de ese tipo para contigo -admitió burlón.
Ja, está bien. No parecía mal tipo, pero la patada la tenía bien merecida.
Escuchó a Lukas reprochar algo en voz baja. ¿Estaba diciendo algo malo de ella cuando por fin se empezaba a formar una opinión buena de él?
-¿Qué rayos susurras?
-Yo no dije nada.
A pesar de estar mintiendo, lo decía con el mismo tono monótono desganado.
-Si lo hacías. Decías algo en voz baja…
Eso Natalia ya lo había visto antes. Creía ahora recordarlo. ¡Sí! Era ese chico raro de Noruega que tenía amigos imaginarios. Sí, siempre los ponían juntos en los trabajos. Nunca aportaba nada de recalcar. Probablemente fuera por eso que se acordara muy poco de él. Hasta se empezó a sentir mal de lo dura que había sido con él.
-Ya recuerdo quien eres.
El noruego enarcó levemente, pero muy poco, una ceja.
- ¿En serio? -preguntó con fingido interés, recargándose en el respaldo a la ligera.
-¿Eres Lukas? ¿El de la preparatoria? -preguntó dudosa.
No le respondió, pero sonrió satisfecho.
-Me voy a quedar aquí hoy –declaró de pronto Natalia, rompiendo el silencio que Lukas dejó detrás de sí.
Viendo la creciente tempestad que se sobrevenía allá afuera, y que ya sabía que se encontraba con alguien que conocía, se tomó la libertad de invitarse, que a él no se le veía ni la mínima voluntad de hacerlo él mismo.
-A menos que quieras enfrentarte a la tormenta que hay allá afuera, que te vuelvas a enfriar y yo vuelva a salvarte, te tienes que quedar.
¿Qué se creía él? ¿Un idiota americano con complejo de superhéroe? Era lo más lógico que podía hacer. No le estaba haciendo ningún favor ni era un santo, simplemente no estaba siendo un hijo de puta, que es muy diferente.
- Te lo he querido ofrecer pero estabas muy ocupada siendo escéptica acerca de toda mi amabilidad ¿verdad?
- Por supuesto. Hubiera sido una tonta si no lo fuera.
Bueno, Lukas no podía contradecir eso. Era verdad. Aunque le hería un poco el recelo ante el hecho de que sea cortés.
- ¿Eso es un sí? -inquirió Natalia, expectante de la respuesta.
Lukas bufó haciendo un ademán que señalaba a su alrededor.
- Bueno, ésta es mi habitación, así que si te quedas, te quedas en la pieza de mi hermano.
-¿No importa que me quede allí?
Natalia no esperaba tanta hospitalidad. Ella se conformaba con un sillón o incluso con una silla molesta con tal de poder pasar la noche bajo techo. Pero la cordialidad se sentía tan familiar y afable que no lo iba a negar. No recordaba mucho de él, pero era un viejo amigo.
-¿Ah? -masculló, más como un latiguillo que por no haber entendido- Él... él ya no vive aquí desde hace un tiempo, y esa habitación ha quedado abandonada.
Lukas cambió su semblante completamente. Desvió la mirada. Dejó caer su desinterés y se vio ausente, vagando en otros pensamientos lejos de ahí. No se veía triste ni nada, sólo... ausente. No había otra forma de describirlo. Simplemente era como si ignorara a Natalia y a todo lo demás, discurriendo en cosas en las que posiblemente no quería. Natalia no resistió mucho de esa demostración de vulnerabilidad tan pronta y prefirió desviar el hilo de la conversación.
-Entonces ¿dónde está?
Se levantó de su silla como si se hubiera sacudido lo anterior y Natalia le siguió después, con la taza en las manos. Salieron al pasillo y se dirigieron a una puerta color celeste. La habitación era similar a la otra, sólo que en vez de cuadros de paisajes, había fotos. Pero antes de irse, Natalia tenía que comprobarle algo a Lukas.
-Sí sé quién eres- dijo con la seguridad de que él pensaba lo contrario- Eres el loco de los amigos imaginarios –soltó así sin más, sin preocuparse en cómo lo vería al otro. E inmediatamente quiso tragarse sus palabras de vuelta a su garganta.
Lukas sólo mantuvo el gesto reservado perpetuo en su rostro y asintió sutilmente con la cabeza. Ella se sorprendió de la facilidad con la que él sabía manejar su desconsideración y frases no pensadas. Se iba a llevar bien con él.
-Si necesitas algo, estaré allí –dijo al mismo tiempo que señalaba con la cabeza otra puerta atrás de él.
Natalia tomó el último trago de su bebida, ya fría. Lukas tendió las manos para que le diera el recipiente vacío
Y antes de cerrar la puerta, se detuvo.
-Amm... ¿Qué es esta cosa? -farfulló señalando la taza que traía Lukas.
-Glögg -contestó de nuevo, consciente de que ella lo sabía perfectamente.
-Oh, bueno, gracias -dijo, sin agradecer nada en específico pero sentía que era lo correcto.
Después cada uno se fue a lo suyo. Natalia a dormir y Lukas al cuarto señalado.
Qué loco. Por un rato se había olvidado de su hermano y de su estúpido novio.
Bueno, no se dejen engañar que si actualicé luego, luego después de empezarlo no significa que vaya a ser así. Lo que pasa es que estoy en exámenes y pues la tentación de escribir en vez de estudiar fue muy fuerte. Ya saben, cualquier cosa que quieran preguntar, sugerir o criticar pónganla en un review.
