Este, como podrán notar, es el único y sensual primer capítulo. Él anterior era el prólogo. Verán que la actitud de Miya...bueno, cambia radicalmente a una que, yo creo, es completamente opuesta a la dulce y tierna que conocemos.

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen.


[Miyakɵ GɵƗɵkuji.]

Lo hice… ¡Lo hice, madre santa! ¡Le gané a Momoko en el concurso de baile! ¡Joder, esto no se puede poner mejor!

Ignoren mi grito de chiquilla presumida, ¡pero por supuesto que puede volverse aún mejor! Y eso hizo al momento que noté la cara atónita y desencajada de la pelirroja. ¡Por dios! ¿Todo este tiempo siendo la sombra de Momoko, sin saber que yo podía incluso superarla? ¡Jodida mierda!

¿Pero por qué lo estoy pensando?

— ¡Jodida mierda! —Sí, así está mejor. — ¡No puedo creerlo!

—Créalo, señorita Miyako. Usted está dentro de la mejor academia de artes de este país.

Subamos de nivel. Que se joda la versión idiota de mí, la que seguía a Momoko como si fuera un estúpido y repulsivo perro faldero, siempre detrás de su trasero. Sí, sí; rima, no se aloquen.

Me acerqué a ella con toda la paciencia del mismísimo Peeta, luciendo una recién descubierta sonrisa de superioridad pegada a mi rostro. Detuve el paso justo a su lado, felicitándome desde antes por mi próxima hazaña.

—Deberías ver tu puta expresión en este mismo momento, es digna de una película de Hollywood, y en HD. Desde hoy, no seré nunca más tu puta marioneta; que te quede bien grabado en esa puta cara de estúpida. ¿Me oíste, puta?

Muy bien, decir tantas «puta» en la misma oración me dejó una amarga sensación en la boca. Pero, ¡vamos! Lo era de pies a cabeza. Y yo que de tonta no me había dado cuenta. Que estúpida.

Y seguí caminando como si nunca en mi vida la hubiese siquiera visto a lo lejos. Desde este momento, Miyako Gotokuji jamás en su vida ha cruzado palabra con esa a la que llaman Momoko.

Y sí, se ha vuelto tan loca que habla en tercera persona.


[Mɵmɵkɵ AkaƗsuƗsumi.]

"No puede ser, esto no está pasándome" Sí, claro, como si la mierda esa me fuera a convencer. ¡Pero por supuesto que ha sucedido frente a mis narices! La estúpida esa a quien consideraba una especie de "amiga" me acababa de dar una muy certera puñalada por la espalda. Sí, justo bajo el tórax y junto a mi gruñón estómago que no dejaba de joder a estas alturas.

No, esto no se iba a quedar así. ¿Has querido rebelarte, Miyako? Bien, pues lo vas a pagar, y muy caro.

—De esta no te salvas, maldita oxigenada de mierda —susurré por lo bajo con la mirada puesta en la mesa de jurado.

Pero primero me iban a escuchar esos idiotas tras el escritorio carcomido; fuerte y claro. Me fui acercando con los puños apretados a cada lado de mi cuerpo, empujando a un par de candidatas que empezaban a realizar su rutina.

— ¡Escúchenme bien, estúpidos engreídos! —Golpeé bestialmente aquel trozo de madera. — ¡Están chiflados si creen que era mejor aceptar a esa que a mí! ¿Es que acaso no tienen idea de quién soy yo? Mi nombre es Momoko Akatsutsumi y soy la mejor, escúchenme, ¡la mejor! De todo el instituto. Já, ahora que saben eso, ¿en verdad me van a negar la entrada?

—Precisamente.

—Ya sabía yo que… ¡¿Pero qué carajos acaba de salir de sus repulsivas y podridas bocas?! ¡En verdad que están viviendo en la jodida fantasía, con haditas y toda esa mierda alrededor!

El juez central hizo un ademán con la mano, el cual no comprendí sino hasta que un mastodonte con cabeza de condón se me acercó y me levantó de la cintura, dejándome pataleando en el aire.

— ¡Bájame! ¡Bájame, jodido rinoceronte homosexual! ¡Juro que te clavaré cincuenta estacas en esa cabeza de globo desinflado si no me bajas en este instante, joder! ¡Suéltame, por amor a…!

Continué pataleando hasta que me di cuenta que el tipo era prácticamente una especie de robot sin alma al cual no se le podía noquear así por así. Me crucé de brazos, metiendo lo que me quedaba de orgullo dentro de una caja de metal, y lo último que vi antes de ser lanzada brutalmente fuera de la cabina fue un cabello muy pelirrojo, unos ojos divertidos y una ceja alzada.

— ¡Te vas a ir al infierno, Walter!

— ¡Mi nombre es Albert! —reclamó este, ya aburrido de mis chillidos.

— ¡La mierda que sea, tu alma se pudrirá como unas estúpidas entrañas jodidamente arrancadas!

Me miró fulminante una última vez y luego el rinoceronte que tenía por cuerpo fue desapareciendo de mi vista al tiempo que la puerta se cerraba con recelo, dejándome a la merced del muy oportuno —sí, claro—atardecer.

¡Que se jodan todos esos imbéciles que no saben apreciar el talento cuando lo tienen frente a sus estúpidos penes de mierda! Sí, sí; "¡Momoko, no utilices esa clase de palabras!" Que se joda la sociedad, si yo quiero decir algo, lo diré orgullosamente, incluso frente al perro de mi vecina.

¡Ash!

Me cago en la pu…

—Vaya show que montaste allí dentro, princesita.

¿Pero que mier…? Ah, claro; ese tarado desconocido. ¿Cómo carajos salió de la sala antes que yo?

—Lo diré una estúpida y única vez, ¿de acuerdo? —Resoplé por lo bajo, ya completamente erguida y sacudiendo la parte trasera de mi jeans — ¿Quién mierda eres tú?

—Dado que soy el macho alfa —Rodé los ojos con ironía y sus labios se curvaron en una media sonrisa calculadora—, me presentaré como debe ser. Mi nombre es Brick y…no, nada; eso es suficiente.

Un poco más y le daba un buen golpe en la cabeza con esa escoba que acababa de ver en una esquina. Ganas no me faltan, eso de seguro. Bufé lo suficientemente alto como para que él se diese cuenta de que su presencia me enferma, y ni siquiera me molesté en extenderle la mano.

—Momoko Akatsutsumi, punto final.

Su sonrisa se ensanchó. ¿Es idea mía o se ve jodidamente sexy con esa mueca en su rostro? Prefiero enterarme de que nada de esto existe y que unos monos controlan nuestras vidas desde el sótano de la casa de su mamá, a que me digan que la respuesta es sí.

— ¿No «punto y coma»?

—No, punto final.

— ¿Qué diferencia hay entre «punto y coma» y «punto final»?

— ¡Punto final es punto final, por la madre patria!

De acuerdo, cojan una roca—la más grande que encuentren en el camino— y golpéenme en la cabeza hasta que todos estos pensamientos sobre lo tiernos y cautivadores que se notan sus pequeños hoyuelos al sonreír, o aquellos excitantes ojos carmesí que me han estado viendo directamente a los ojos sin ninguna vergüenza, desparezcan de la faz de la tierra más rápido que las mascotas de Kaoru.

¡Basta, Momoko! Por dios, ya entendí eso de que uno se ama mucho a sí mismo, y eso era precisamente lo que estoy haciendo con él, destacando aquellas cosas en las que nos parecemos y volviéndolo perfecto.

¿O no es eso?


[Miyakɵ GɵƗɵkuji.]

Oh, por favor. Alguien dígame que no acabo de ver lo que acabo de ver, valga la redundancia.

—Mierda —maldije por lo bajo y con los ojos desorbitados. —Esto es un sueño.

Pues sí, un príncipe en su caballo blanco—más bien en un Mustang rojo—salía con una sonrisa de victoria de la zona de la audición. De seguro ha pasado, ¡y estudiará conmigo! ¡Mierda, mierda y más mierda! ¡Esto no podía estar yendo mejor!

Alto; contrólate, Miyako. Ya no eres la misma, sé indiferente y algo— ¡sólo algo! —seductora.

—Muy bien, aho…

¡Joder! El muy imbécil desapareció. Bueno, ¡a la mierda! Ya lo veré en la academia esa. Ahora tengo que decirle oficialmente adiós a mi yo buena e ingenua.

Ajá, porque con mi apariencia de niña que no rompe un plato no voy a llegar lejos. Flequillo de lado, laceado permanente y mechas azabaches; perfección del cambio, aunque no drástico. Suficiente para empezar desde cero.

¡Maldita sea el folleto! ¡El muy maldito me había mentido! Ese lugar era jodidamente más grande que lo que se mostraba en la imagen provisional.

— ¡Por la mierda!

Juro que creí que la mandíbula se me había dislocado. Aquel lugar—del tamaño de un parque…por cinco— es estúpidamente enorme, y en plena luz de la mañana, se ve aún más.

La curiosidad había podido conmigo, por lo que el primer día —una semana después de la audición—llegué dos horas antes de las necesarias. Sí, queridos lectores, son las mismísimas seis de la mañana, y tengo hambre.

Pasé las siguiente hora y media explorando el lugar como niña en dulcería. Y sí, lo admito, robando algunos postres de la cafetería que aún no abría.

Respirando tu aire, soñando tus sueños, hoy quiero que sepas que tú estás en ellos.

Esa es una magnífica voz masculina. Tal y como lo veo, mi yo curiosa sigue dando saltitos hacia la información, en tanto seguía escuchándose aquella canción que se me hacía familiar.

Pensando que buscaba alguien que me quisiera, y que al fin encontré alguien que vale la pena.

¡Yo me la sé, yo me la sé!

—Y hoy quiero confesarte que mi vida eres tú, el ángel de la guarda que me entrega su luz, la que ilumina el callejón sin salida, la que le ha dado una esperanza a mi vida.

El chico que se encontraba ahí me dirigió una mirada sorprendida, con una cucharada de "¿Y esta loca de dónde mierda salió?".

— ¿Hola? —dijo levantándose y dejando su guitarra acústica sobre su soporte.

— ¿Por qué preguntas? Saluda y ya.

Bien hecho, Miyako. Vas bien con la fase "¡nunca vuelvas a mostrarte tímida e inocente!".

El chico que traía en frente se mostró algo avergonzado, pero esa tierna mueca no duró mucho.

—Tranquila, rubiecita. ¿Qué te trae por aquí a esta hora?

¿Rubiecita? ¿Es que acaso no se ha visto la cabeza? Mierda, y eso que tenía pinta de buenito.

—Muy gracioso. —Rodé los ojos— ¿Qué otra mierda haría en este lugar un lunes? ¿Cantar ópera en la esquina?

Pude notar su gran esfuerzo por no poner los ojos en blanco, ahorrándose un bufido.

—Muy graciosa — ¿El maldito me la acaba de devolver?—. Nunca te había visto por aquí. ¿Especialidad?

Alcé una ceja.

— ¿Qué?

Ahora sí que hizo una mueca de fastidio, se cruzó de brazos y frunció la boca.

— ¿Canto, baile o actuación?

Ah, ¿eso? Podía habérmelo dicho en ese idioma desde un principio. Maldito rubito.

—Baile. —Él asintió—Me muero por saber en qué es bueno este principito azul.

Rió con ironía y algo de diversión, hay que decir. ¿Me parece o se está burlando de mí?

—En todo. —Reí sarcásticamente—Pero mi especialidad es el canto.

De maravilla, Miyako, lo conoces al picar tu chispa de curiosidad por esa preciosa voz, y se te ocurre preguntarle. Pero, bueno, en teoría no lo he hecho en sí.

Antes de probablemente joder mi nueva imagen y decir alguna tontería y media, apareció por la puerta un chico que caminaba con su mano enfrente y la otra sobre sus ojos.

—Boomer, hermano, dime que tú y esa aún están vestidos, por el pastel que más quieras. —Él alzó una ceja y curvó sus labios en una sonrisa divertida.

¿Hermano? ¿Son hermanos? No, rubia; fíjate que ni se conocen. ¡Vuelve a la caja, Miyako sarcástica!

— ¿De qué hablas, estúpido? —Le dio un zape, haciendo que él baje la mano—Que te den.

¡Madre mía, el príncipe —no el principito— del Mustang rojo!

—Anda, pero si esta es linda. Después de verte con la tal Himeko, perdí las esperanzas. Vas mejorando tus gustos, bebito.

—No me jodas, idiota. Ella sólo es…es…—Se rascó la nuca.

—Mi nombre es Miyako, Miyako Gotokuji.

Él empujó a su hermano y se acercó a mí con una sonrisa de "Y ni siquiera tuve que intentarlo".

—Tú eres la que fue a la audición con la escandalosa pelirroja, ¿no es así?

¿Momoko? ¿Está hablando de Momoko?

Miyako, no seas tarada y di las cosas en voz alta. ¡Curiosa, ven y devuelve a la jaula a la gruñona!

— ¿Te refieres a Momoko?

—Sí, esa, la Akatsu…no sé qué mierda. —Sonrió de oreja a oreja.

¡Joder, la maldita se me adelantó! Ah, no, perra. Esta batalla la gano yo, y si para eso tengo que hacer de esto la tercera guerra mundial…, que así sea.

— ¿Qué hay con ella?

— ¿Tienes idea de por qué actúa de esa jodida manera? Cuando saliste, casi mata a dos concursantes y prácticamente se lanzó a ahorcar a los jueces.

— ¿Se lanzó a…?

Mierda. Curiosa, saca a todas las Miyakos, es hora de party hard.

—Sí, eso. Tuvieron que cargarla hasta la salida para que no peleara con uñas y dientes por su, según ella, muy merecida entrada a la academia.

No, cambio de planes, Curiosa. ¡Vamos al bus parrandero! Esperen, primero lo primero.

—Muy bien, sí. Me encantaría seguir chismeando contigo y todo eso, pero… ¿quién mierda eres tú?

Sí, creo que Momoko le había dado la misma pregunta, ya que él sacudió la cabeza con una sonrisa y masculló algo de "igualitas".

— ¿De qué mierda te ríes, hermano? —lo miró como si acabase de alegrarse por un insuficiente en su prueba final.

—Nada, no es nada importante. —Me dirigió la mirada—Me llamo Brick y…

— «No, nada; eso es suficiente.» Eso ibas a decir, ¿o me equivoco?

Su boca se cerró con seriedad, se irguió completamente y caminó más a mí.

— ¿Qué acabas de soltar, muñeca plástica?

¿En serio cree que me va a intimidar?...Pues sí, pero acabo de aprender a mentir, y déjenme decirles que es sumamente útil. Me acerqué con la cabeza en alto, literalmente, ya que el muy jodido me llevaba una cabeza y media.

—Dije: «E-so ibas a de-cir, ¿o me equivo-co

Ajá, acabo de responderle de esa forma al chico más cautivante de la tierra. Él alzó una ceja al oírme hablar, pero luego sonrió satisfecho, haciendo que lo imitara involuntariamente

Así que de esa forma funciona su cerebro…Muy interesante.

—Me agradas, oxigenada de mierda.

—Tú igual, tomate con patas.

Sí, y vaya que me había agradado.

Oí una tos forzada.

— ¿Y yo qué mierda pinto aquí?

—Ya te he dicho, matraca, tú eres el principito azul.

—Tu color favorito, hermano —me siguió Brick, ambos riéndonos de la mueca de "Sí, pero mira como me encanta" del rubio.

Al parecer alguien más aquí tenía mini yos fugitivos revoloteando en su interior.


Les dije, ¿o no? Miyako está rara...pero así es necesario. No sé si alguien se habrá dado cuenta, pero la idea salió de un lindo Drama Koreano que pasaban en mi país. Aún así, casi no tiene nada que ver.

Bien, no suelo decir esto, pero...Déjenme un review si les gustó, por favor, ¡a mí me encantan! ¡Y muchas gracias a las que me dejaron uno en el prólogo!

¡Nos leemos!

¡Chao, chao!

—Somos la B, B, clase B; queriendo convertirse en A