Ep. 2:
Algo era distinto esa mañana. Deidara lo notó enseguida, ya que en lugar de tener medio cuerpo colgando fuera de la cama (XD), estaba bien arrebujado en la manta. Miró a la izquierda de la habitación, donde estaba la litera de su compañero, y vio la cabellera roja destacando sobre las sábanas color arena. Al parecer estaba dormido.
- ¿Sasori-danna? - le llamó bajito - ¿Estás despierto?
- No - dijo el mayor sin hacerle caso y con su habitual tono frío - Te acabas de callar por primera vez en toda la noche, así que déjame dormir.
- Lo siento - se disculpó él - ¿Pero no deberíamos ir a ducharnos? Se nos va a hacer tarde para ir a clase.
- Deidara, hazte un favor y cómprate alguna revista X - se giró a medias en la cama para mirarle, se le veía algo enfadado - Creo que soñar con tanto sexo y no practicarlo te está afectando a la cabeza. Por si no te acuerdas, hoy es domingo - y volvió a cerrar los ojos.
- ¿Eh? Pues es verdad, qué despiste - iba a decirle algo más, pero se quedó fascinado por la imagen de Sasori durmiendo - Verdaderamente, eres una obra de arte.
Apenas lo susurró, pero estaba seguro que su compañero lo había oído, ya que una mueca casi imperceptible frunció sus labios por un instante. ¡Y es que se veía tan bello...! Deidara no recordaba haberle visto nunca antes así, ya que Sasori dormía de cara a la pared, y eso que compartían habitación desde el curso pasado. Para no molestarle, el rubio bajó de la cama intentando no hacer ruido y se vistió (el baño no le motivaba si su danna no le acompañaba). Bajó al comedor para desayunar algo, y en una mesa vio a Itachi y Kisame; se sentó con ellos.
- Buenos días... - les dijo sin muchas ganas.
- Hola. ¿Cómo es que Sasori no está contigo hoy? - se extrañó Itachi.
- ¿Es que acaso habéis discutido? - preguntó Kisame.
- Tú siempre quieres que todo el mundo se pelee - con una mueca irritada - No, no nos ha pasado nada. Únicamente está cansado, dice que no le dejo descansar por las noches.
Itachi y Kisame pusieron cara de estar imaginándose cosas.
- ¿Eh? ¡No me miréis así, no es lo que estáis pensando! - se sonrojó - Al parecer... mis sueños no son todo lo privados que querría.
- Eso te pasa por no practicar - Itachi comprendió al momento - ¿Por qué no te vienes esta noche con nosotros a la ciudad? Con lo bonito que eres seguro que ligas, y si no, te puedo prestar a alguna de mis chicas que son todas unas expertas.
- ¿Q-que soy qué? - a Deidara no acababa de gustarle el adjetivo - Pero sí, no es mala idea. A fin de cuentas, estoy algo aburrido... necesito salir y divertirme un poco, o se me contagiará el carácter de Sasori. ¿Y cómo es eso de que me prestarías una de tus chicas? Yo solito puedo ligarme una cuando quiera.
- Tranquilo, tan sólo lo decía por ayudar - el Uchiha sonrió perversamente - A mí no me importa que sean infieles, porque siempre regresan conmigo... saben quién es el mejor. Aunque si las chicas no te interesan, pídele ayuda a Kisame.
- Pues a mí sí me molesta que se metan en mi territorio de caza - gruñó el aludido - Oye Deidara, si ves algún chico bonito como tú y te gusta, no dudes en pedirme consejo. Pero a los que son míos ni te acerques, ¿entendido?
- ¿Pero qué demonios os pasa a los dos? - su cara estaba como un tomate - Solamente he dicho que quiero distraerme un rato, no que vaya a tirarme a nadie.
- Lo siento, creí entender que ése era el problema con Sasori - se disculpó Kisame.
El rubio no se puso más rojo porque ya no era posible, pero aguantando las risitas mal disimuladas de sus amigos, se concentró en comerse su desayuno. Qué niñatos creídos, ¡hablarle así a él, que era un año mayor! Pero debía admitir que aunque fueran un año menores, ya parecían tener más experiencia de la vida que él. Iban por ahí haciendo lo que querían, divirtiéndose cuando les daba la gana y preocupándose sólo cuando había que hacerlo. Pero eso no hacía que fueran más maduros, en eso Deidara les ganaba. Y es que un amor no correspondido obligaba a madurar mucho...
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Sasori estaba ardiendo de furia. ¿Cómo se había atrevido a hacerle esto? Deidara se había ido de fiesta sin pedirle permiso, ¡y encima con los salidos de Itachi y Kisame! Pensaba en eso mientras cogía una cazadora y salía corriendo a la calle, decidido a plantarse en el local en el que estaban y sacar al rubio de allí aunque fuese a rastras. Pero en cuanto puso un pie en el exterior y sintió la brisa revolver sus cabellos de sangre, se detuvo de repente y pareció recuperar la cordura.
- ¿Pero qué demonios estoy haciendo? - se puso una mano en la frente - Esto es ridículo, Dei no me pertenece, puede hacer lo que quiera. No es de mi propiedad - se repitió a sí mismo.
Tal vez ése fuera el problema, que no lo era, pero Sasori quería que lo fuese. Adoraba esos cabellos robados al sol, ese rostro andrógino tan dulce, esos ojos tan claros... por no hablar del resto de su cuerpo. Él sabía que también le gustaba a Deidara, porque era igual de bello (no es que fuese presumido, era simplemente que no estaba ciego), pero no lograba descubrir si su compañero sentía algo más por él aparte de lujuria. No es que fuera un problema, Sasori se moría de ganas por poseer el cuerpo del rubio como había empezado a hacerlo tantas noches mientras él dormía, pero no era suficiente. Necesitaba que también le amase como le amaba él.
Decidió no volver al internado. Ya que había salido, daría un paseo para aclararse las ideas. ¿Por qué tenía que haberse enamorado, y precisamente de Deidara? No importaba que fuera un hombre o una mujer, de lo que se había enamorado era de su alma. Su alma cálida, amable, divertida; un alma como Sasori nunca había tenido. Su carácter infantil le irritaba, pero en el fondo (muy en el fondo) le hacía reír; su forma de comportarse, tan despreocupada, chocaba con la forma de ser de Sasori, tan fría y seria, pero eso le gustaba. Todos los fallos que normalmente le sacaba a Deidara a la cara, en su interior los valoraba. No había nada que quisiera cambiar en él.
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No se encontraba a gusto, echaba de menos a su compañero pelirrojo. Deidara miró alrededor y no vio más que un local repleto de gente bailando y divirtiéndose, y se preguntó por qué él no podía hacer lo mismo. Itachi estaba sentado en el reservado con cara de niño malo, recibiendo las atenciones de cuatro chicas que no dejaban de seducirle; Kisame estaba en una esquina medio oculto en la penumbra, lamiéndole el cuello a un muchacho que parecía a punto de desmayarse de gusto. Los dos habían intentado echarle una mano e integrarle en el ambiente, pero al ver que pronto Deidara conseguía compañía sin esfuerzo, le desearon suerte y se dedicaron a sus propios asuntos.
Deidara conversó con algunos chicos y chicas, bailó con ellos en la pista y por un rato todo fue bien. ¡Se estaba divirtiendo! Pero cuando el ambiente pasó a más y una chica le dio un mordisco juguetón en la oreja, decidió que ya era suficiente para él. Quería volver al internado, y así se lo hizo saber a Itachi y Kisame. Ellos le miraron con cara rara, medio apenados y medio extrañados, pero quizás comprendieron demasiado bien lo que pasaba por el corazón de su amigo y asintieron; Itachi incluso se ofreció a acompañarle de vuelta, porque no era seguro andar solo por las calles a esas horas. Deidara les agradeció la preocupación pero rechazó, lo último que quería era que se les estropeara la noche por su culpa.
Así que se despidieron. Afortunadamente el local no estaba muy lejos del internado, porque si no Deidara se habría perdido, fijo. A la ida habían tomado el camino del parque, y el rubio tomó ese mismo camino a la vuelta. Cuando llevaba caminando unos quince minutos y todavía le quedaban otros quince, un grupo de tres o cuatro muchachos le salió al paso. Él los ignoró, a pesar de que empezaron a silbarle y decirle cosas subidas de tono, y siguió como si nada. Pensó que habían pasado de largo, hasta que notó que alguien le agarraba de un brazo.
- Oye tú, eres bastante lindo - le dijo el primero como burlándose - Pero mis amigos y yo no nos aclaramos. ¿Eres un chico o una chica?
- ¿Y a ti qué te importa? - Deidara liberó su brazo y se dio la vuelta - Déjame en paz.
- Ya veis, yo tenía razón - se puso el segundo delante de él - Ésos no son buenos modales, niño bonito.
- Tampoco lo son molestar a la gente en plena calle.
- Pobrecito, le hemos molestado - un tercero se le colgó de un hombro, parecía bastante bebido - Venga, no te enfades y tómate algo con nosotros...
- No me interesa, gracias - se lo quitó de encima y retrocedió unos pasos, la cosa empezaba a pintar mal - Ya es muy tarde, debo volver a...
- No seas así, niño bonito - el cuarto le sujetó ansiosamente del brazo, parecía algo más sobrio que los otros - Vamos a divertirnos por ahí, seguro que lo pasamos bien... entre todos.
La respuesta de Deidara fue empujarle con todas sus fuerzas, tirándole al suelo arenoso, y salir corriendo. ¡Tenía miedo! El tono con el que se lo había dicho no fue amistoso precisamente, sino... avaricioso, casi dándole una orden, y él no tenía ganas de averiguar qué clase de diversión le proponía. Quería escapar, escapar y refugiarse en su habitación junto a su querido Sasori! Unos gritos detrás suyo le indicaron que le perseguían, y no tardó en sentir que alguien se abalanzaba sobre él, apartándole del camino y haciéndolos caer sobre la hierba. Deidara le dio un puñetazo en la cara al tipo, quitándoselo de encima, pero sus amigos llegaron también para ayudarle. Uno le dio una patada en el estómago, aprovechando que estaba en el suelo. El rubio rodó como pudo hasta un árbol y se levantó, pero no tuvo tiempo de esquivar el golpe que recibió en la mejilla y cayó contra el árbol. Un nuevo puñetazo fue a parar a su boca, pero fue el último.
- Vosotros, rezad lo que sepáis, porque os va a hacer falta - la voz de Sasori helaría el fuego del infierno.
Uno de los chicos estaba a punto de lanzarse contra Deidara, pero el pelirrojo le agarró de la ropa antes de que se le acercara y le mandó rodando bien lejos. Le dio un par de puñetazos bien dados en la cara al segundo, que empezó a lloriquear por el dolor. El que había recibido el golpe de Deidara estaba por levantarse, así que Sasori le dio unas cuantas patadas coléricas en el estómago y en la espalda, dejándolo incapaz de moverse. El último, al ver el panorama, decidió que era mejor largarse de allí, pero nada más se giró sintió un tremendo golpe en la base de su cuello, y cayó desmayado al suelo.
- Maldita escoria... - se dirigió hacia el que había quitado casi de encima de Deidara, dispuesto a machacarle por haber tocado a su compañero, pero una voz le distrajo.
- Da-danna... - llamó el chico, con una lágrima en la voz - Déjales ya, por favor. No lo hagas.
- Dei, ¿estás bien? - se acercó a él, y por primera vez el rubio le vio realmente angustiado - Dímelo, ¿no te han hecho nada? Porque si es así... - se le notaba la ira en la voz.
- No... no te preocupes, sólo estoy un poco magullado - quiso levantarse pero sus piernas no le sostuvieron, así que Sasori se lo apoyó en un hombro para ayudarle - Gracias. ¿Cómo es que estás aquí?
- Estaba dando una vuelta, y de casualidad te vi correr por el parque. Me extrañó, porque sé lo poco que te gusta. Y luego vi a esos cretinos detrás...
- ¿Te asustaste por mí? - sonrió un poco.
- ... - no respondió - Regresemos a la escuela. Tenemos que ver si te han herido.
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Una vez en la habitación Sasori ayudó a Deidara a quitarse la ropa sucia, porque todo el cuerpo le dolía. Luego le dejó un momento para bajar a la enfermería y tomar prestadas algunas cosas. También le ayudó a limpiarse las heridas mojando una toalla en agua caliente, pues se había hecho unos cuantos cortes durante la pelea. Por una vez, la preocupación de Sasori por el cuerpo del rubio no era física sino real.
- ¿Se puede saber qué hacías caminando solo a estas horas, Deidara? - aunque parecía enfadado, fue curando sus heridas con cuidado - ¿Es que no sabes que es peligroso?
- ... Lo siento - se le veía abatido por la regañina.
- ¿No se suponía que habías salido con Itachi y Kisame? - se acercó más a él para limpiarle la cara - En cuanto les vea se van a enterar.
- No fue culpa suya - aseguró - Ellos se ofrecieron a acompañarme, pero yo me negué. No quería cortarles la diversión...
- Entonces lo tienes merecido, por baka - volvió a humedecer la toalla y la pasó por su pecho - ¿No te das cuenta de lo bonito que eres? Resultas una tentación para cualquiera.
Otra vez me dicen "bonito", pensó Deidara acongojado. ¿Es que no existía otro adjetivo en el mundo? Claro que si lo decía Sasori no le molestaba... pero fue la otra cosa que dijo lo que atrajo su interés.
- ¿Soy una tentación para cualquiera? - sonrió divertido - ¿Incluso para ti, danna?
- ... No digas tonterías - dejó la toalla y le pegó una tirita en la mejilla.
El ánimo de Deidara se hundió por completo. Ya se lo imaginaba, que su compañero no tenía corazón, como le había dicho de broma tantas veces. Pero el suyo sufría terriblemente... Sasori pareció darse cuenta de su decaimiento y le acarició la cabeza como si fuera un niño, para sorpresa del rubio. Entonces le sujetó de la barbilla como otras veces.
- Abre la boca, Dei - él no entendió para qué - Tengo que ver si no te han roto nada.
Deidara obedeció y el pelirrojo miró atentamente, pero no vio nada. Sin embargo, cuando ya estaba cerrándola, notó de repente los labios de Sasori sobre los suyos. El rubio cerró los ojos, disfrutando plenamente del contacto a pesar de sus heridas, y pensando si no volvía a estar perdido en alguno de sus sueños nocturnos. La mano de Sasori le sujetó la cara con ternura, haciendo el beso más profundo, hasta que sus lenguas se encontraron y se acariciaron.
- Pues no, parece que todo está bien - dijo Sasori como si nada al terminar el beso - Me alegro de que no me hayas mentido.
- ¿Q-q-qué ha sido lo de ahora? - el escultor aún no sabía si creérselo.
- ¿Lo de ahora? - recogió las cosas del botiquín y se levantó - Pues yo diría que ha sido un beso, Dei. ¿Qué si no? - parecía tan calmado y frío como siempre.
El rubio tenía un gesto de asombro pintado en la cara, y al verlo Sasori suspiró profundamente. Dejó el botiquín sobre la mesa y volvió a agacharse junto a su compañero, mirándole fijamente.
- En algunas cosas, todavía pareces un niño - que no creer que era imposible, Deidara habría jurado que su danna quería reírse - Parece que tendré que decirlo yo primero. Te quiero, Deidara, te quiero desde hace tiempo ya.
- ¿Qué... qué has dicho? - no se atrevía a creérselo, que su querido pelirrojo le estaba diciendo aquellas palabras que tanto había anhelado.
- ¡He dicho que te quiero! - dijo alzando la voz, y esta vez sí que no pudo contener la risa - Ja ja ja, pues sí que... no esperaba que fueras tan difícil de convencer.
- Es... es que... - aquella risa tan angelical le había hechizado, era muy distinta a la sonrisa casi diabólica que le dirigía cuando le torturaba sin saberlo - Sasori, yo... yo también te quiero, casi desde que te conocí, pero siempre has sido tan calmado... parecías tan distante que no sabía...
- Pues no pienso cambiar, ni quiero que tú lo hagas - el mayor le volvió a besar, esta vez un beso suave e inocente - No me gusta que me hagan esperar, y por ti ya lo he hecho demasiado. Nuestra relación no cambiará a ojos de los demás. Pero a partir de ahora, cada vez que te mire impasible, sabrás que estoy deseando cumplir con todo lo que sueñas.
- ¿Literalmente? - el pelirrojo asintió, provocando que Deidara se sonrojara - Danna, eres como mi fantasía hecha realidad. El mito del escultor que se enamora de una obra de arte y ésta cobra vida...
- Eso me recuerda... - volvió a besarle con besos cortitos y húmedos por el cuello - Quiero que te deshagas de esa estatua mía. Rómpela, regálala, conviértela en otra cosa. No me importa lo que hagas, pero deshazte de ella.
- ¿Por qué? - puso voz triste - He trabajado tanto en ella para que fuese como tú...
- Precisamente por eso - parecía estar algo celoso - No quiero que haya otro yo, porque entonces tendría que compartirte, Dei. Además, ya no necesitas esa copia, porque a partir de ahora tienes al original.
Deidara sonrió con dulzura, sabiendo que era verdad. Sólo había un Sasori perfecto en el mundo, y ahora era todo suyo.
F I N
