II
''Confusión''
Volvió a posar la mirada en el espejo, devolviéndosela unos verdes orbes expectantes, inseguros y, estrictos.
Quizás ¿está exagerando con su atuendo? lo que menos deseaba en esos momentos era llamar la atención.
Resopló molesta consigo misma. Pese a la edad, algunas veces se sentía la misma niña frentona y vanidosa de hace algunos años; No era algo que le causara gracia en realidad. Su rubia amiga dice que es parte de la naturaleza femenina.
Colocándose dos mechones de rosado cabello por detrás de sus orejas de las cuales colgaban dos pendientes plateados, nuevamente se observó de pies a cabeza frente al espejo, posó sus manos sobre su blusa, por si alguna arruga imaginaria se le haya escapado a la plancha.
El ceño contrariado le creó un mohín, bufando nuevamente con molestia, aún no lograba estar contenta con su aspecto esa noche. El escoger el atuendo perfecto es más complejo aun que sus gruesos libros de medicina que usualmente lee, absurdo.
-¿Tal vez será por que soy plana?-. La pregunta le hizo sonreírse a si misma a través del espejo.
-Quizás sí-. Se respondió.
Acercándose a una mesita de noche que se encontraba al lado de su cama, Sakura rebuscó entre sus pertenencias, algo tan básico como arreglarse le estaba quitando más tiempo del que debía. Así que aferrándose a la idea de que se miraba decente cuando menos, encontró las llaves de su departamento y emprendió camino.
Aproximándose al elevador después de haber puesto bajo llave la puerta de su hogar, pasando obligatoriamente por el estrecho pasillo y las entradas de los departamentos de los lados, distraída y de descuidada manera chocó con una de las apreciadas plantas de su rechoncha vecina causando que se ladeara y golpeara contra la inflexible superficie, perpleja se disculpó mentalmente, agradecía que la anciana mujer no se encontrara en casa, así evitaría una riña y podría meter las manos al fuego que se lo cobraría con deliciosos impuestos, después de causar estragos en la fachada del departamento de vecino finalmente visualizó el ascensor a unos cuantos metros, y logró ver que la puerta tenía consigo unas cintas que exclamaban ''precaución'', parpadeó confundida, para entonces recordar que la mujer de la limpieza le había comentado esa mañana que estaría fuera de servicio por algunos días.
Tendría entonces que ir por la segunda opción, las escaleras. No me vendría nada mal tropezarme, caer y que me ocasione una lesión cerebral traumática. Por supuesto. Preferible a ser atacada por Ino y Tenten a causa de su demora.
Probablemente exageraba; Pero su dramática y voluble personalidad ansiaba farsa tragedia.
Bajando es zancadas cada escalón lo más rápido y apropiado posible, Sakura ya podía sentir los reproches de sus amigas con motivo de la hora, no sabía que un inesperado paciente en estado crítico le llevaría más tiempo del que se debía.
Repasando los acontecimientos de esa tarde, nuevamente la médico ninja volvía a hacer una revisión de sus recuerdos; trotando por el lobby saludó con pena a su robusta vecina que llegaba de sacar a pasear a su pomposo perro, solo rogaba que no supiera que fue ella la que pateó sin cuidado su maceta favorita. Algunas veces no hace medida al momento de utilizar su fuerza, como cuando da abrazos o estrecha la mano.
Ino fue estrictamente específica con el hecho de que por ninguna razón ninguna de ellas vaya vestida demasiado exagerada, ni llamativa, ni atractiva o cualquiera que se le parezca.
"Si veo que alguna de ustedes va en plan de soplar pollas esta noche, me aseguraré de arruinar su posible encuentro con el amor de sus vidas" Sus chillones gritos se mezclaban con notorios sollozos, y uno que otro sorbo de una nariz mocosa, poco después del momento de dedicarles esa frase de advertencia, la joven colgó la llamada.
La amenaza era clara como el agua, el mortífero tono fue suficiente para hacérselo saber, era una convocatoria para una reunión de emergencia.
Minutos después de aquel poco ortodoxo método de intimidación que su eterna rival empleó, el celular de Sakura vibró nuevamente, era un simple mensaje de texto con el nombre del lugar de encuentro.
Notoriamente es una urgente reunión de emergencia en un bar de muy mala muerte.
Entonces parpadeó confundida, su en secreto mejor amiga expuso totalmente que acaba de pasar por otra decepción amorosa.
Alejándose de su departamento con cada paso que daba, los hostales, hogares, personas, sonidos, olores, iban alterándose de poco en poco, era notorio que se aproximaba a las calles más ruines y desdichadas de la aldea, según su punto de vista.
Sin embargo, para otros el oscuro lado de Konoha no es más que gloria pura.
Una gloria en la cual el caos gobernaba. Sakura se cuestionaba si la Godaime se encontraba al tanto de estos lugares, recuerda que en algún momento Shizune comentó acerca de su gusto por visitar bares de esa calaña. De su alcohólica maestra, no le sorprendía en lo mas mínimo.
"Debe existir un balance en la aldea, Sakura-Chan" Siempre recibía esa respuesta cuando ponía en duda la legalidad de esos locales.
Repentinamente se sintió ligeramente aterrada, la idea de estar en un área que normalmente no visitaba por gusto propio, y además, desconocía en su mayoría, estaba comenzando a perturbarla de sobre manera. Presionó el agarre de su bolso por instinto, cuando pasó al lado de dos hombres que emanaban un fuerte olor a tabaco, alcohol y probablemente alguna droga destructiva.
Poco después, pudo experimentar el sentimiento de sentirse realmente estúpida, es ella quien puede destrozar el suelo sin mínimo esfuerzo, y la capacidad de romper huesos con solamente usar sus puños, probablemente no es Sakura quien correría peligro si llegará a existir algún tipo de atraco.
Con un refunfuño, se dijo así misma que abandonara la idea de juzgar a los hombres que solo deseaban pasar su noche de un viernes en unas calles de perdición en la aldea.
Caminó alrededor de quince minutos más, los usuales caminos cerca de su departamento actualmente solo eran recuerdos, ahora adentrándose a vías desconocidas, esa cantidad de tiempo fue suficiente para visualizar crudos aspectos que no deseaba ver realmente. Ignorando el hecho de que acaba de avanzar junto a una mujer prácticamente desnuda aprisionada bajo el cuerpo de un hombre, continuó su recorrido.
Podría aventurarse a mencionar ciertos estupefacientes específicos, y se encontraba en su totalidad seguridad que acertaría cada uno de ellos.
Tantos años laborando, y el ojo crítico de una de los mejores ninjas médicos no podía equivocarse en algo tan banal como eso, es palpable a kilómetros el estado en que se encuentra esa pareja, tendrán consigo sus razones y no se pondrá a cuestionarlas, no es quien.
Abandonando atrás los solitarios callejones con olores y sonidos de dudosa procedencia finalmente pegando a las calles principales, se detuvo a la entrada de un hostal en específico, alzó la mirada al llamativo, aun que, algo oxidado por el tiempo, cartel dorado, que ponía en letras grandes y oscuras el nombre.
-The snuggly duckling- Balbuceó Sakura.
Llevó sus ojos hacía ambos lados, buscando algún otro tipo de lugar con el mismo nombre, incluso siendo de noche, la vía se encontraba repleta de personas, algunos sacándole la vuelta, otros, empujándola groseramente para abrirse camino y pasar, cayó en cuenta que estorbaba allí parada embobada, francamente dudaba que existiera otro bar con el mismo ridículo nombre, notoriamente era el que estaba buscando.
Sin mas preámbulo, se acercó a las amplias puertas de madera, y las abrió lo suficiente como para dejar pasar el menudo cuerpo de la doctora, no había necesidad de hacer una entrada llamativa en un lugar así.
Cruzó el portal y paseó sus ojos curiosos por el espacio que se le permitía, notó que las mesas tenían un aspecto descuidado, el suelo se encontraba sucio, con algunas manchas que no deseaba ponerse a meditar sus raíces con profundidad, pero comúnmente habitaban en el hospital, eran gotas de sangre; sin contar un molesto olor cargado en el ambiente.
Continuó buscando, evitando observar directamente a los ojos a los que se encontraban allí, no se iba a meter en problemas innecesarios, le sorprendió un poco al darse cuenta que esa cantina no se encontraba particularmente vacía. Había una cantidad decente de clientela y unos cuantos meseros caminaban de prisa de una mesa, a la barra y de regreso a la misma mesa.
Para su alivio, al fin pudo encontrarse con un rostro conocido.
Era su amiga, Ino Yamanaka, con un entallado vestido rojo, un prominente escote y una mueca de desagrado muy contrariado a lo que les comentó esa misma tarde acerca de ir demasiado llamativas, a su lado, Hinata preocupada tomando la mano de la rubia brindándole algún tipo de apoyo, y por delante de ellas, una malhumorada Tenten notoriamente dándole un sermón.
Oh-oh.
-Uy, quizás debería irme, ya será en otro día...- Dio un paso en reversa y otro más, asegurándose que no sintieran su presencia, realmente no estaba de ánimo como para escuchar a personas con rabia a flor de piel, para eso mejor visitaba a su maestra en estado de resaca, en un acto arrebatado de huir lejos de riñas chocó con un mesero, llamando la atención de sus tres amigas, aún podía fingir demencia y salir disimuladamente del local pero no contaba con que su mejor amiga fuera lo suficientemente rápida como para acercarse y tomarla del brazo, Sakura se tensó de inmediato ante el tacto, le estaban clavando las uñas a presión y sus azules ojos estrechándola con desdén.
Frunció el ceño recelosa ante el impedimento.
-Favor de no salpicarme con tu mierda, cerda-.
-Ya la tienes hasta el cuello, frentona-
Evidentemente no se daría el lujo de escuchar el regaño de Tenten sola, se llevaría por el cuello a su costa, a Hinata, y a ella. Siempre que Ino pasaba por la etapa de "Todos los hombres son iguales" y comúnmente solía ser algo frecuente, ahí se encontraba la amorosa castaña para dar una lección de vida, acerca de lo importante que es escoger a un buen hombre y no cualquier tipo que se le ponga en frente.
-Puta Ino-.
Acercándose a la mesa a rastras, prestó atención al hecho de que ya habían comenzado a beber, sin ella; suspiró ante la derrota, así que patinó uno de los tarros llenos de la rubia hacía su lugar, y se soltó en una de las sillas sin mucha ceremonia; la noche será eterna si la morocha continuaba con la reprimenda, pero todas sabían que era necesaria.
-.-
-Siendo honesto, no me sorprende lo molesto que eres- Exclamó casual con su usual tono impersonal.
-Hmm...- Con la boca llena de fideos, el hombre ni si quiera se dignó en dirigirle una miserable mirada en respuesta, iba succionando sin ton ni son cada plato que se le colocaba frente a sus narices.
Shikamaru lanzó un fugaz vistazo a la puerta del restaurante, la única luz fuera, era la que le brindaba la luna que se alzaba orgullosa en el despejado cielo, colándose por la entrada. El acompañar a Naruto a comer en Ichiraku un viernes por la noche, no se encontraba en su lista mental de planes, menos aún cuando no es especialmente fan del ramen, no como el rubio, cuando menos.
Suspiró con aburrimiento palpable, y observó como su despreocupado amigo devoraba tal fiera un recipiente hondo de fideos, y por delante, una pila de otros más, vacíos.
Un aspecto que le parecía interesante y desconcertante era el hecho que ese día Uzumaki llevaba un aura radiante, una que le recordaba a un niño después de haber hecho una travesura y no haber sido descubierto, cerró los párpados de una manera pasmada.
Definitivamente algo le sabía mal. El manipulador de sombras posó su mano en su frente, asegurándose que no tenía fiebre, ¿Acaso estaba siendo demasiado paranoico?
Estrechó los ojos con suspicacia, dirigidos a su acompañante.
No, no lo está siendo, su mal presentimiento tenía suficiente base solida como para apoyarse, estaba casi seguro con quien relacionar sus sospechas iniciales. Shikamaru frunció los labios. -Que fastidio...-.
-.-
-¿Que parte de "nada extra" no comprendiste?, estúpida frentona- preguntó la florista en voz baja, cuidando que su castaña amiga, amante de armas pulso cortantes no la descubriera, colocó su bebida cerca de sus labios, impidiéndole la vista a Tenten, así no podrá leer sus labios pensó ella, haciendo creer que en realidad está bebiendo y no peleando.
Sakura clavó sus afilados ojos con cierto menosprecio.
La rubia continuó escupiendo veneno entre poco disimulados susurros. -¿Acaso lo que quieres es robarme terreno?-. Señaló con dedo acusatorio la coqueta prenda negra que la flor de cerezo llevaba encima, en su irónica frágil figura consideraba que se miraba bien, pero no iba a comentarlo. Esa noche se trataba de ella, y no permitiría que le robaran escena.
-Si serás desvergonzada-. Siseó. La mujer de rosado cabello le otorgó un par de codazos al brazo con el que sostenía el líquido, pero la otra fue más rápida y lo cambió de mano, cuando su intento de tirarle la bebida falló, esbozó una falsa mueca de mortificación. -¿Que no te rompieron el corazón solo hace algunas horas?, deberías estar chillando, no coqueteando a lo lejos al drogadicto de la mesa aquella-. Dijo entonces, a la defensiva.
Los azules ojos de Ino se abrieron escandalizados, ha sido descubierta en seguida, más veloz de lo que hubiera deseado, atinó una patada directamente hacia la espinilla de Haruno y agregó ofendida. -Para empezar, no es un drogadicto-. Su amiga la miró con incredulidad -Y para tu información, yo prefiero llamarle emprendedor, por si te importa-.
Sakura volteó horrorizada, disparando sus iris verdes dirigidos al susodicho. -Entonces, ¡¿Lo conoces en realidad?!-.
Azotando el tarro en contra de la mesa de antigua madera, se acercó a su rostro con ceño atemorizante, sellando sus labios con la mano en un movimiento de pánico agregó. -Cállate, frentona-.
Ya sospechaba ella, Yamanaka desde siempre ha sido una mujer bastante voluble, y además, independiente, ignorando su tendencia a invitarlas a extravagantes bares cuando pasaba por otra decepción, no necesitaba más que algunos tragos con sus amigas, una pelea con Sakura, un sermón de Tenten, y palabras de aliento de Hinata para estar como nueva.
Lo curioso que es que esta vez haya sido en el área oscura de la hoja, un lugar que no solía ni si quiera llamarle la atención. Lo cual le causó interés al momento de recibir el nombre de la taberna, la hizo cuestionarse por que clase de crisis estaba pasando la florista.
Sus desvaríos mentales se vieron opacados por un shuriken que se clavó en el respaldo de madera que se encontraba tras sus espaldas, pasando frente a sus narices, los ojos de Ino se abrieron con desmesura a la vez que su rostro se tornaba de un color azul, Tenten las ha cachado con las manos en la masa.
-¡Escúchenme! ¡Malditas sean!-.
Su respiración se estancó en su garganta, volvió a sentarse con la espalda recta, y moviendo su cuello de manera robótica hacia la morena mujer con bollos en la cabeza, cosa que no le dio oportunidad de cuestionar nuevamente a su eterna rival. Ya tendrá tiempo después.
Apartando sus pensamiento acerca de las razones de su invitación hacia Hinata que robó toda su atención al momento de removerse incómoda en su asiento con unos balbuceos de pánico, y con el rostro ligeramente rosado a causa del alcohol, notoriamente la pobre joven se andaba orinando.
Eso le ayudó a caer en cuenta que llevaban casi dos horas desde su llegada escuchando la lección de vida que Tenten le estaba brindando a Ino; a Hinata y a ella también, ya de paso. Por mas rebelde y desubicada que la florista se comporte algunas veces, podría asegurar que escuchó, prestó atención y consideró cada palabra que le dijeron, por algo las habrá llamado.
Pero lo que definitivamente no se encontraba entre sus anteriores pensamientos, era el hecho de que también las usó para ir a ese bar por alguien en específico, es lo suficientemente inteligente como para no ir sola, y a esa hora, ya que las peleas en las cantinas son muy comunes.
Le dio un vistazo al hombre por el que Ino deseaba reunirse allí. Su nueva presa no tenía nada de novedad, finta de criminal solamente, justo la especialidad de su amiga, así le gustan a ella.
-¿Será que hace trata de blancas o por qué te interesa tanto?-. Se aventuró nuevamente a murmurar, muy en contra de las protestas de la mamá del grupo. -¿Que tiene él de emprendedor?-. Cuestionó. Sarcástica.
Hinata que se encontraba al lado de Ino, agudizó el oído y asintió con la cabeza, estuvo al tanto de la conversación todo el rato, aun que sin mencionar nada, se encontraba demasiado distraída con su vejiga a punto de explotar como para formar parte de la plática.
Y además, no le parecía correcto hablar acerca de ese hombre, las paredes escuchan después de todo.
Ino le sonrió con sarna. -Un pajarito por ahí me contó que es el "mero mero"-.
La frase y el tono que empleó Yamanaka dejó anonadada a la flor de cerezo, portando una expresión cegada por el inconformismo respondió. -No comprendo, ¿Que tiene de interesante?-.
¿Es alguien tan especial e importante como para llamarlo "El mero mero"? ¿Que no acaso existen muchos así? Su antiguo equipo era constituido por varios de esos, para ella le parecía muy difícil dejarse impresionar por meras apariencias o chismes.
Después de haber sido una fiel admiradora de su ex compañero, Sasuke Uchiha, y superada su ensoñación, la idea de volver a la misma situación se había perdido con el paso de los años, el solo considerarlo le parecía ridículo, absurdo, una definitiva perdida de tiempo.
-A Ino no hay que comprenderla, solo hay que aceptarla y quererla así como es.- Tenten formuló la frase con tono señorial y burlesco, al darse cuenta que una riña de dos horas es más que suficiente decidió que unirse a la ya no tan disimulada conversación era más interesante. Hinata aprovechó la oportunidad y levantó la mano en alto a la vista de todas ellas, como si la usuaria de peligrosas armas fuera la maestra y ellas sus alumnas.
¿La adorable mujer estaba pidiendo permiso para ir al baño?
-Anda, ve-. Dijo entonces.
Dudaba que Tenten deseara comentar algo más, Sakura movió su entumecido trasero, colocó un codo en la mesa, y su barbilla sobre la palma de su mano, torció su cuello por ambos lados, izquierdo y derecho, en ese orden, reaccionando con un satisfactorio crujido de huesos, deleitándose en el proceso.
Ino parpadeó. -¡Al fin!-. Estirándose perezosa a sus anchas sin la necesidad de ponerse de pie, al momento de bajar los brazos, colocó su mano sobre la de Tenten, sonriéndole.
Le estaba agradeciendo silenciosamente por estar allí.
Presionando la mandíbula, ignoró la emotiva situación, esa idiota si que las iba a hacer llorar, así que volvió su vista hacía la mesa, cayendo en cuenta de la cantidad de tarros, botellas y caballitos que se encontraban en la superficie, quizás ella también debería ir a orinar.
Yendo detrás de Hinata, Haruno pasó muy cerca de la mesa en la que se encontraba el interés sexual de su rubia amiga, curiosamente, se encontraba solo, con un cigarro en mano, botella en mesa, luciendo sorpresivamente accesible; ¿Es realmente alguien tan importante como su rival presumía? Nadie lo vigilaba, no tenía guardaespaldas, o algo que se le parezca, ese tipo de sujetos nunca iban solos.
En el momento que caminaba directamente hacía el baño, vio con franqueza los ojos del hombre, sostuvo su mirada por algunos segundos, para después volver su vista al frente.
No, ese hombre no tiene nada de especial, y nada la hará cambiar de opinión.
-.-
-Me pregunto cómo estará Sakura-Chan-. El joven despatarrado sobre su asiento cuestionó rodando los ojos con hastío.
Su acompañante lo ignoró deliberadamente y continuó picando los fideos en su plato con un par de palillos de madera. Como si se encontrara solo, pero sabía perfectamente que notaba su presencia.
Naruto exclamó un gruñido de agotamiento y fastidio al ver la poca cooperación de su flojo amigo, después otro más, y entonces otro, imitando a un animal en agonía.
-Ino dijo que saldría hoy con ella-.
Dijo entonces, recordando el haberse topado a la flor de cerezo hace algunas semanas, en el chequeo obligatorio después de llegar de una misión, casualmente su médico fue Haruno.
-¡¿Qué?!-. Alzando su voz de una dramática forma recriminó. -¿Y por qué no me lo habías dicho?, podríamos acompañarlas-.
-Que molesto...-.
La personalidad simplona y despreocupada de Naruto, y de todos los de la aldea, rara vez le hacía gracia, ¿no podía esperar unas cuantas horas más?, lo que menos deseaba era meterse en líos, ese hombre tiene tendencia a ser un imán en problemas, menos aún esa noche que tiene los vellos del cuello crispados.
Definitivamente sucederá algo.
Miró el reloj colgado en la pulcra pared, dándose cuenta que el tiempo pasa deprisa. -Mejor me voy a casa, mi mamá causará un alboroto por la hora-. Y a Shikamaru, lo que menos le agradaba, son los alborotos, pero el vivir en casa de sus padres, es menos tedioso que el hacerlo solo.
Se levantó de su butaca de manera tranquila, haciéndole un ademán a Naruto de que lo imite, esa noche el pagará la cuenta, invitar al Uzumaki a comer era sinónimo de caer en bancarrota total, aún así se atrevía a seguir invitándolo.
-.-
-Sakura-San-. La aludida asintió, para que se diera cuenta de que la escuchaba fuerte y claro. Pasaron unos minutos más y se atrevió a volver a habla, carraspeó primero. -¿Lo viste?-. Hinata preguntó.
Lavando sus manos frente un enorme espejo del baño, a su lado la ninja médico rosada medía distraídamente su frente con sus manos.
Quizás los años le estaban haciendo ver su frente menos kilométrica. ¿O simplemente el alcohol ya estaba haciendo efecto en su organismo?.
Probablemente la segunda opción era la correcta.
-¿Eh?-. Por el reflejo observó los ojos sin pupila de la mujer con cabello negro. Confundida puso la mirada en blanco y ladeó la cabeza. -¿Que cosa Hinata-chan?-. Finalizó en una incógnita.
-El tatuaje-. Mencionó. -El tatuaje del hombre-. Repitió, aclarando.
Oh.
Sakura hizo memoria, repasando mentalmente la apariencia del susodicho, cabello marrón, complexión delgada, piel morena...
Repasó nuevamente, ahora más minuciosamente, pendiente en oreja derecha, vestimenta fatal, tatuaje en el cuello, una inexplicable cicatriz en su frente...
Bingo, allí está, tatuaje en el cuello con forma de algún tipo de ave.
-Oh, sí, la vi.-. Respondió por lo bajo. -Ahora que lo pienso, se me hace conocido...-.
La ultima frase formulada causó que la portadora del byakugan levantara los ojos, con un sentimiento tan veloz como apareció, de igual manera se volvió difuso, sin darle oportunidad de ubicarlo, Hinata sostuvo su mirada más de lo necesario, poco después cambió de tema, y la plática quedó allí, tan banal como inició; ninguna se atrevió a volver a mencionarlo.
-.-
-¡No puedo esperar a que sea mañana-dattebayo!-. La frenética y entusiasta voz de Naruto creó eco por las desoladas calles de la Hoja.
-Que fastidio...-.
-¿A tí que no te da molestia?, con razón no tienes novia-. Soltó entonces en un tono de reprocho. Por respuesta Shikamaru frunció el entrecejo, consternado.
Tener pareja actualmente no se encontraba entre sus planes en realidad, pero el hecho de que sea específicamente el rubio quien se lo comentara con mayor habitualidad que su propia madre, le indignada de cierta manera.
¿Acaso Naruto si tenía novia?.
Por supuesto que no.
El resto del camino lo continuaron en inesperado silencio, Shikamaru por poco extrañaba los comentarios poco ubicados de Uzumaki que constantemente convertía los viajes más amenos, con cada paso, se acercaban más a la calle por donde tomarían caminos separados, viviendo relativamente cerca.
Desde que se encontraron hace algunas horas, había algo que le causaba inconformismo y deseaba disipar.
-Hey, Naruto-.
No recibió respuesta.
Aún así continuó.
-¿Ustedes aún funcionan como equipo?-. Dijo entonces, sin necesidad de detenerse, formulando sus preocupaciones en una simple e informal pregunta, miró por el rabillo del ojo a su interlocutor.
-¿Hmm?-. Naruto pasó por completo de él, ¿Lo está ignorando o simplemente no lo escuchó?, las dos eran opciones creíbles. Ese hombre era una caja de sorpresas, su compleja y a la vez simplona personalidad te dejaba a la deriva, sin saber realmente con que novedad saldrá.
Bufó, al no verse por aludido incluso cuando mencionó a su equipo, era claro que no iba a recibir respuesta; su trayecto en pareja se iba acabando, se acercaban a la esquina donde se separarían.
Dudaba que pudiera volver a preguntarle nuevamente con anticipación, suspiró derrotado, ya solo quedaba ver como hacía sus movimientos el destino.
-Hasta luego-. No paró su caminar en ningún momento, dándole la espalda a su amigo de la infancia, solo levantó una mano en forma de despedida.
-¡Adiós-dattebayo!-. Moviendo frenéticamente la mano y con una sonrisa danzando en su rostro, esperó unos minutos, en lo que el otro avanzaba y finalmente respondió a sus dudas.
-Hey, Shikamaru-. La mención con un inesperado tono serio lo sobresaltó, parando en seco, volteó para verlo directamente al rostro.
-Claro que funcionamos como equipo, ¿no es algo obvio?-.
El manipulador de sombras abrió un poco los ojos ante la escueta respuesta, asintió un par de veces y pareció meditarlo por un momento.
Parpadeó perplejo y pudo sentir como sus propios labios se curvaban medianamente.
Sí, es algo obvio.
Levantó la mirada, lo observó y agregó -Cuídate y cuida a los tuyos-.
Prosiguió su camino hacía el hogar de sus padres, a esa distancia podía escuchar perfectamente los gritos de su progenitora.
Esa simple frase como respuesta fue suficiente como para dejar de carcomerse el cráneo, ese control tenía ese equipo sobre muchos, la seguridad que irradiaban solía mantener esperanzas, esperará ansioso por los resultados.
-.-
Los ojos le picaban, los parpados le pesaban, se pasó su mano por el rostro, tallando con mas fuerza requerida solo para asegurarse que no, su vista no enfocaba con la misma facilidad y velocidad que antes, revoloteó sus pestañas con lentitud, después de quince tarros de alcohol, esa cantina ya no le parecía tan horrorosa como cuando entró, la clientela incluso le parecía carismática y acogedora, como una familia, para ese momento ya se encontraba conversando animadamente con el anciano que hacía el trabajo de tabernero en ese local.
Inesperadamente el abuelito, era demasiado abuelito.
-Ustedes los jóvenes creen que son de goma, yo a tu edad ya estuviera en mi cama, pasando por mi quinto sueño después de tomarme un té para el estrés-.
No, yo a tu edad ya estuviera en mi cama, pasando por mi quinto sueño, pensó irónica, pero guardándose el comentario, no tenía la necesidad de mencionarlo, a los mayores se le respeta.
Jugueteando distraída con el corcho de una botella que se encontraba en la barra, preguntó casual. -¿Y qué hace trabajando aquí?-. Levantó un poco la cabeza para mirarle con gesto curioso. -Debe de llegar mucha gente problemática-. Señaló Sakura.
-¡Ah!-. El viejo hombre abrió los ojos, permitiéndole a la mujer médico darse cuenta a través de los cristales de sus anteojos que portaba un par de orbes verdes, justo como los suyos, tenía una mirada joven y suspicaz muy al contraste de su apariencia arrugada como una pasa. -Claro que vienen muchos chicos malos, aun que, llevo toda mi vida trabajando aquí, a decir verdad no me veo sirviendo en otro lugar-. Explicó el tabernero.
-Oh, ya veo-.
Sakura se preguntaba si el pobre anciano vivía en la ignorancia por mero gusto, con lo que llevaba conversando con él parecía que apenas y sabía lo que sucedía fuera de su colonia, igual, existía la posibilidad de que sea solo una fachada.
Escuchó unos pasos suaves sobre la madera del suelo, le tomó tres lentos pestañeos para ubicar a la persona causante de ellos, era Tenten que se dirigía a la barra junto a ella, y en su espalda gimoteo una noqueada Hinata.
La morena colocó unos billetes frente al anciano, Sakura admiraba la sobrehumana capacidad de su amiga para no caer realmente ebria nunca, en ningún solo momento le había tocado verla actuando de manera tonta a causa del alcohol. -Lo demás lo pagará aquella mujer-. Con un movimiento de cabeza señaló a Ino, que se encontraba en la misma mesa que el hombre al que llamó "el mero mero".
Volvió su vista hacia Sakura. -Iré a llevar a Hinata, ¿estarás bien?-. La kunoichi médico examinó sus ojos, no, ninguna señal profunda que muestre una común ingesta exagerada de alcohol. -Si deseas regreso por tí-. Ofreció. La voz de Tenten sonaba ligeramente ronca, Sakura se preguntaba si era a causa del hielo en las bebidas.
Observó como se acomodaba mejor a Hinata en su espalda, así que decidió quitarle importancia con un ademán de mano. -Descuida, pero a quien deberías preguntarle es a aquella-. Señaló a una rubia mujer.
-Ino no está tan borracha, y además, ella sabe como reparar su corazón-. Puntualizó.
Cierto.
-En fin-. En modo de despedida, Tenten besó la frente de la flor de cerezo y agitó con su mano libre hacia Ino a lo lejos, la rubia le giñó un azul ojo en respuesta. -Cuídense-.
El cantinero que estuvo presenciando la situación poco después de que la amante de las armas desapareciera por la entrada, cuestionó preocupado. -¿Segura que estarán bien?, las señoritas no deberían estar tan tarde solas por estas calles tan peligrosas.
-Descuide, nada les sucederá-.
Además, Sakura no podía marcharse con ellas, no antes que Ino, cuando menos, esa era su silencioso método para demostrarle apoyo, esta vez tocaba que la flor velara la noche de la florista, después de todo, aún existía la posibilidad de que se quede llorando sola, y en aquel lugar.
Pidió otro tarro.
Y después otro, entonces otro más, otro par más, e Ino no se marchaba aún o se ponía a llorar a causa de sus penas, así pasó el tiempo, tomando filas de alcohol, escuchando algunas anécdotas del arrugado viejo, yendo a orinar otras cuantas veces más, con cada tarro que se tomaba, le causaba más y mas dificultad no arrastrar las palabras, decir cosas coherentes y no reírse por absolutamente todo.
Hasta que finalmente su eterna rival se dignó en acercarse, lo único agradable, es que fue antes de tener un coma etílico.
La kunoichi en situaciones así realmente no sabía cuando parar. El auto control no se encuentra en su lista de virtudes.
-Hey frentona, me iré con...-.
Haruno interrumpió entre balbuceos. -El mero mero-.
-¡Sí!-. Gritó entusiasta, sacó su cartera y de ella, dinero, el suficiente como para pagar el resto de la cuenta, no sin antes amenazar a la mujer que ya no pidiera nada más. Levantó la mirada hacia su amiga -Sakura, estás muy ebria-. Sentenció.
Y la flor de cerezo no pudo evitar soltar una risita divertida.
Entornó los ojos. Amenazándola con que no haga ninguna estupidez, Ino se despidió, tronandole un beso en la mejilla.
Regresando con su ligue de esa noche, hizo ademán de salir del local, pero éste de detuvo, preguntó si deseaba dejar a Sakura en casa, o encaminarla cuando menos. A lo que Ino como respuesta fue una rotunda negativa, y quitándole importancia junto a una carcajada agregó un "estará bien".
Ella personalmente no se preocuparía por una mujer con mal carácter y fuerza sobrehumana, no en la misma aldea, cuando menos, ahí estará bien.
Así que terminaron saliendo de la taberna, Ino colgada del brazo del hombre.
Haruno suspiró, levantó la vista hacía el reloj por detrás del anciano, 03:45 de la madrugada.
La oscura idea de que su mujer amiga se haya ido con un criminal totalmente desconocido para ella le mortificó, pero no tanto como el no recordar como regresar a su casa.
Lo único que le causaba alivio, era que cada una de ellas era una ninja capacitada, no por estar bajo los efectos del alcohol no dejaban de serlo, además, la gente de real peligro en la aldea, normalmente son amigos o conocidos, Sakura tendría más miedo por sus ex compañeros de equipo, que de un joven en un bar con mala pinta, así que no existía realmente el problema de preocuparse por si llegaban a casa o no, muchos alcohólicos se quedaban dormidos en parques o en la acera, por ejemplo Naruto, que no tolera el alcohol en grandes cantidades.
Las misiones estaban para eso, para rezar por la salud de tus amigos, que entren por las puertas de la aldea con bien una vez más. Era parte de ser ninja, no saber si regresarás de una misión con vida o no.
Probablemente Tenten y Hinata se encuentran ya en casa.
Parándose, se estiró y agradeció al cantinero, éste que estuvo presente a sus tratos, antes de marcharse le preguntó, intrigado.
-¿Acaso son ninjas, Sakura-san?-.
-Sí-.
-¡Oh!, haberlo dicho antes, han de ser mujeres muy fuertes, todos los ninjas lo son-.
Sakura no respondió, pero la última frase le dejó un agradable sabor de boca, e inconscientemente una bobalicona sonrisa de quedó plasmada en su rostro.
La consideró alguien fuerte.
-.-
-Hola guapo, ¿deseas pasar y divertirte con nosotras?-. Una menuda mujer teñida de rubio que portaba una atrevida vestimenta que no dejaba nada a la imaginación, lo invitaba a entrar a una carpa morada, con interior oscuro, ofreciéndole compañía con una sonrisa sugerente, aun que, una mirada que carece de brillo.
Portaba consigo maquillaje barato que no le ayudaba a disimular sus pocos años de vida, era una niña en toda la palabra, pero se notaba que tenía los suficientes años de experiencia.
Demasiado amargo.
Sonriéndole apenado, continuó campante, el sentimentalismo y drama no formaban parte de sus preferencias, menos las niñas traumadas; y sus manos en los bolsillos del pantalón y cabello alborotado le daban un aspecto despreocupado.
Demasiado despreocupado como para que fueran las cuatro de la tarde y no de la madrugada. Sin embargo no estaba de ánimos para estar en casa, sin hacer nada de provecho, para ello, mejor la calle.
-¡Ah!-. Fue entonces que una reconocida voz llegó a sus oídos. -Que casualidad, ¡justo a quien buscaba!-. Y entonces volteó, para afrontar a quien le llamaba.
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Con sus zapatillas altas en mano y bolso al hombro, emprendió camino pasando nuevamente por el portal de la cantina, ahora de salida, lo que no sabía, era por donde tenía que caminar, se había reservado la mortificación para después, ignorando que el hecho de que las probabilidades que eso sucediera eran muy altas, por no decir totales bajó su mirada; observando sus pies, esperó unos segundos hasta que el suelo dejara de dar vueltas.
Agradeció mentalmente al tabernero por regalarle un par de comidas sandalias, era lo mínimo que podía hacer por ella, comentó el viejito al momento de verse incompetente por no conocer la colonia de la mujer, definitivamente tiene el cielo ganado con todo y calzado.
Esa noche acabó mejor de lo que esperaba, antes de irse, le prometió a su nuevo amigo que regresaría a tomarse unas copas y platicar con el anciano con más frecuencia, éste en un ocasional comentario mencionó la cantidad de tarros que tomó cada una, Hinata nueve, Ino catorce, Tenten veinte y tres, y Sakura arrasando definitivamente esa noche con la cantidad de veinte y siete tarros, asombroso.
Y mejor aún, totalmente gratis ya que Ino pagó el ochenta por ciento de la cuenta de todo ello, y Tenten el veinte restante. Ese fue un día de pura suerte.
Lo único malo ahora, es que no tenía la más mínima idea de como volver a su casa.
Apartó la idea de regresar y preguntarle al cantinero, ya que dudaba que supiera algo más allá de anécdotas de el bar, preparar bebidas y "la juventud alocada".
Ya se las ingeniaría. Siempre lo hace.
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Si no se daba prisa, probablemente no llegaría a tiempo para ser de ayuda, aun que sus pensamientos no coincidían para nada con sus relajadas acciones, ya que después de todo llevaba rato observando el como la situación se desenvolvía a lo lejos, siendo presente desde el inicio de los hechos.
A la distancia, visualizó una mata de cabello rosa de menudo tamaño, y dos hombres robustos, la primera con un pronunciado mohín de disgusto y a punto de proporcionarle un golpe directo al rostro a uno de los sujetos.
Más que una flor de cerezo, Sakura era una planta carnívora.
Recordó su tendencia a arrebatos en diferentes situaciones, esa joven era irónicamente meramente emocional. Y podría asegurar que bajo los efectos del alcohol, su desequilibrada actitud podría marcarse a niveles extremistas.
Esa inusual pelea callejera, inició a causa de que la mujer se acercó a preguntar sobre los nombres de unas calles, para lograr ubicarse, y en un intento de ese par de bribones en aprovecharse, hicieron enfurecer a la voluble chica.
El primer golpe lo dejaría pasar, pensó al momento de ver como uno de los tipos se estrelló su moreno rostro contra el pavimento de la entrada de un local, causando un sonido ensordecedor. Fue un golpe seco en su totalidad.
Ouch, eso debió doler.
Pero el segundo golpe definitivamente no lo permitiría.
-¡Sí serás zorra-. Bramó el otro hombre en pie, encolerizado, con la ira nublandole la vista, sacó una filosa navaja del interior de su chaqueta. Sus ojos se ensombrecieron peligrosos, podía adivinar lo que pretendía el grotesco señor.
Eso fue suficiente como para que Kakashi declarara su disgusto hacía esos sujetos aprovechados.
En una fracción de segundo, se encontraba en el centro del conflicto, sujetando con fuerza el brazo del hombre, finalmente el copy ninja se interpuso después de estar de espectador, desconcentrando a los presentes.
El fulano al verse detenido, parpadeó confundido, y su rostro se tornó rojo de ira, el enojo deformándola con una mueca.
-¡Muevase anciano!-. Escupió cual veneno. -No me haré cargo si sale herido-.
Kakashi arqueó una ceja, ¿Salir herido?.
Ser herido, ¿por él?.
Oh-Oh.
-Esas son palabras muy grandes para alguien de tu talla, señor-. Con un rápido pero eficaz movimiento, pateó al agresivo hombre al interior de un oscuro callejón cercano, cayendo en peso muerto, acercándose al otro, lo tomó en los hombros, e imitó el movimiento, escondiéndolos.
Sakura frunció el entrecejo, y parpadeó mareada, podía reconocer ese albino cabello dónde sea que vaya.
Y por su parte, el hombre se sentía ligeramente ofendido.
¡Le dijo anciano! Tuvo el atrevimiento de llamarlo así cuando notoriamente esos dos le superaban con creces, además solo tenía treinta y tres años, se encontraba aún en la flor de la juventud y su cabello carente de color le da un aspecto juvenil y fresco, no de un anciano. ¿O sí?.
Ignorando el dilema interno que ese encuentro ocasionó. Se dirigió hacía la confundida mujer. Se puso cara a cara con Sakura inclinandose, aun que su usual máscara tapaba su rostro, su ojo al aire libre era suficiente para dar a conocer que estaba sonriendo. -Yo-. Dijo entonces, con una mano al aire libre, en forma de saludo, por su parte, le correspondió con un hola mudo, estupefacto. -¿Verdad que todavía me veo joven, Sakura-chan?-. Agregó, mortificado.
Finalmente, Sakura le respondió con una prominente sonrisa, asintiendo a su abatida preguntas; sus esperanzas de volver a casa se renovaron, el cielo le ofreció un salvavidas, y no dudará en aprovecharlo. Que bonita y gratificante casualidad.
Por su parte, Kakashi es lo suficientemente mayor como para no creer en coincidencias.
Evaluó a Sakura de pies a cabeza, en busca de algún daño que no haya notado en la lejanía, pero no, no salió lastimada, lo único que tenía era un alto estado de ebriedad, Ino no estaba equivocada cuando dijo que estaba ahogada en alcohol, tuvo suerte de estar cerca y topar con ella, aun que no fuera muy grato el soportar a una Sakura fuera de sus cabales, era mejor y más interesante que estar en compañía de una prostituta, en ese día cuando menos.
De igual manera, confiar en cualquier hombre que se le aparezca por esas calles, y andar con la guardia baja, fue un total acto de imprudencia.
¿No confía demasiado en su fuerza sobrehumana?.
¿Que sería si no contara con ella?. Sus niños eran unos totales irresponsables.
Tiró el delgado brazo de la despreocupada doctora, al parecer, ignorante de la situación por la que acababa de pasar, sin considerar las consecuencias; al ver que tenía un rostro divertido con todo lo sucedido, ni si quiera intentó formular una lección de vida acerca de la común trata de blanca, secuestros y violaciones, ya que sería inútil en su totalidad; solamente se limitó a invitarla a seguirlo, y ella se dejó guiar, sin poner objeción alguna.
Sakura confía ciegamente en él, en estado de ebriedad cuando menos. Cosa que le causaba un conflicto eterno, ya que serían dos de tres de sus mocosos los que continuaban permitiendo que manejara la situación.
Caminando solo un par de metros a causa que las piernas de Sakura no reaccionaban como deberían, dando torpes tropezones con cada paso que daba.
La ninja médico que se encontraba inesperadamente seria, exclamó dichosa. -¿Viste Kakashi-sensei? ¡Maneje la situación como toda una adulta!-.
La expresión que el copy ninja demostraba era neutra, inexpresiva, e indiferente, justo como siempre, pero soltó un bufido cansado que la hizo caer en cuenta de algo.
¿Acaso está enojado con ella?.
Inesperadamente quedándose en su lugar, al estar quieto, causó que la joven chocara con su espalda, exclamó un respingo, dándose la vuelta, el hombre agachándose a la altura suficiente la tomó por las rodillas y la cargó sobre el hombro cual saco de papas, encaminándose hacía la casa de la irresponsable doctora.
En cuanto a Sakura tardó en comprender que lo que sus ebrios ojos veían, era el suelo.
Se quedó callada por un momento.
Un lado cuerdo de su subconsciente le decía que ese no era un encuentro digno con su ex maestro.
Se lo topó justo en una pelea callejera y le preocupaba que su imagen de mujer estricta y profesional se viera afectada.
E Inesperadamente comenzó a mortificarse.
-Sigues pesando muy poco, Sakura-Chan-. Sospechando las quimeras internas de la mujer, usó un tono suave para no causar pánico, llevaba meses que no la veía y no esperaba que así sería su primer conversación después de saber muy poco acerca de su ex alumna. Lo último de lo que se enteró, fue acerca del innovador proyecto del que estaba a cargo, siendo motivo de pleno orgullo para la hokage.
-Y eso que rompí récord con las bebidas, Kakashi-sensei-. Le respondió con una sonrisa que ella no alcanzó a ver.
Por su parte Sakura sospechaba que mentía, el último comentario respecto a su físico fue de una amargada enfermera que en un malicioso tono le dijo que su pan diario con su café ya estaba causando estragos en su abdomen, desde entonces solo come integral cuando sabe que esa señora se encuentra laborando cerca, probablemente su ex maestro lo dijo para aligerar el ambiente y no hacerla sentir culpable.
Con su rostro pegado a la espalda del hombre, adormilada aspiró profundo, continuaba con el mismo olor de cuando eran equipo y le tocó usar su bolsa para dormir a causa de que Naruto y Sasuke destruían la suya por una de sus tantas peleas, es el olor de un hombre libre, la esencia de la gente nunca cambia.
Cerró sus párpados, tras unos pocos segundos, dejándose llevar con la reconfortable presencia se encontró perdiendo la consciencia con facilidad.
Tras sentir la respiración acompasada y tranquila de la joven en su hombro, negó ligeramente con la cabeza, Sakura dormía plácidamente, así que no tuvo más remedio que acunarla entre sus brazos, encontrando comodidad en el hueco entre su cuello y hombro.
Incluso dormida, la mujer presentía el movimiento de las pisadas de Kakashi, el ruido que emiten los grillos en la noche, y el fresco aire azotando su desnudo vientre, también el como se encontraba en lugares conocidos, subiendo las escaleras de su apartamento.
Pudo sentir como le tiró del brazo, haciéndole caer sobre el colchón, parpadeó una, dos, tres veces, reconociendo el lugar, era su hogar, al parecer prácticamente se había teletransportado hacia allí.
El techo comenzó a darle vueltas y el olor a flores primaverales que brindaba una vela aromática le causaba nauseas.
-No volveré a tomar nunca más-. Prometió, arrastrando la frase, quejumbrosa.
-Probablemente en las próximas semanas no, Sakura-Chan-. La frase la sobresaltó, y la aterciopelada voz le causó cosquillas en su rostro a causa de la cercanía.
Cierto, no se teletransportó (ella no sabía teletransportarse), fue Hatake Kakashi quien la llevó a su departamento, casi lo olvidaba.
Bebiendo horas antes de trabajar, ella sí que tomaba al toro por los cuernos, pensó el copy ninja, asegurándose que la joven se encontraba sana y salva, volvió a evaluarla, se encontraba en perfectas condiciones, la arropó con la primer manta que se topó, una turquesa cobija, le quitó su par de sandalias, que peculiarmente no era exactamente su número sino más grandes, y finalmente se sentó en la orilla de la cama, viendo a Sakura, esta le sonrió en respuesta.
Ya era hora de despedirse.
-Nos vemos mañana, Sakura-Chan-. Dijo entonces, le besó la frente, ella no comprendía por qué todos lo hacían, pero sospechaba que estaba relacionado con lo extensa que era. -Y no llegues tarde-. Finalizó.
Levantándose cuidadosamente, Sakura lo perdió de vista, para escuchar después un débil click, era el copy ninja abandonando su departamento.
Suspiró y remoloneó perezosa entre sus sabanas, cubriéndose con ellas hasta el ultimo cabello, aspirando una bocanada de aire, pensó sobre lo que dijo Kakashi, ya que la última frase le causo cierto desconcierto.
"No llegues tarde"
Llegar tarde... ¿Llegar tarde a qué?.
Mañana era su día libre, así que decidió restarle importancia, y en un corto lapso de tiempo, pestañeó por última vez, y sin caer en cuenta cayó inconsciente, profundamente dormida.
N.A
Aliku, eternamente agradecida por tu comentario, pero justo ello estaba pensando hace unos días, que es bastante rebuscado y tedioso, y no vuelve la lectura más amena:(
Deseo agradecer de todo corazón a los que pusieron mi story en favs, incluso cuando el inicio ha sido algo confuso, me quiero disculpar si en algunos puntos de mi escritura no me doy bien a entender, deseo manejar mejor a los personajes en un futuro.
Besos
