Chapitre 2: L'invitation.

El sol se hallaba en el alba esa mañana ya no de madrugada. La posición del sol solo le advertía que su terrible encuentro con aquel hombre había sobrepasado más tiempo de lo que había pasado en realidad. Aturdido y confuso, mísero inclusive, Lian-chu se levantó de la cama sintiendo sus músculos tensarse y el dolor que había sentido se seguía manifestando entre sus viseras. Hacía mucho frío, ya era época donde las nevadas intensas se manifestaban en todo su alrededor, miro por la ventana, los copos comenzaban a caer apenas como agua nieve. Aún faltaban algunos días para que nevara de verdad, pero eso no era lo que realmente le preocupaba en esos instantes.

No se impresiono que Gwizdo y Héctor no siguieran en la habitación, pero esa ausencia solo le hacía pensar que lo de su sueño había sido una realidad a medias. Estar solo podía ayudarlo a reflexionar, a pensar sobre lo ocurrido y tratar de encontrarle una lógica como Gwizdo siempre hacía con todo.

"No hay nada en este mundo que no tenga algo de ciencia en él" le habría dicho. Pero Lian-chu no era tan inteligente como su amigo y la ciencia no era nada más que investigaciones que él no comprendía. Aun así, sintiendo que no podría darle una respuesta "lógica" a su sueño, trato con todas sus fuerzas encontrar una razón que fuera por lo menos convincente para él, para todos.

Pero no la hallo.

Amaba tanto a Gwizdo, lo amaba como un amigo, como su única familia y aún más, como hombre. No podía simplemente imaginarse a él en un arrebato de ira incontrolada y que a consecuencia de ello él hiciera algo como matar al estafador. Se había jurado desde niño que jamás haría algo para lastimarlo y hasta ese momento lo había logrado parcialmente. Sí, tenían sus disputas, cualquiera las tiene, pero se había empeñado en mantenerlo a salvo y eso era algo que hasta ese día había cumplido.

Eso solo le dejaba como respuesta el hombre de características particulares que había visto en su sueño. ¿Quién era? ¿Qué quería?... ¿Por qué el Gwizdo de su sueño, el mismo que en otros le profesaba el amor que siempre había deseado, esta vez, lo había ignorado y preferido ir a los brazos de otro hombre?

"Una premonición… ¿Qué era una premonición? " Gwizdo podría decírselo con más claridad si estuviera ahí, pero la soledad esa mañana era su única compañía y a la soledad nunca se le preguntan esa clase de cosas. Después de todo ella nunca contestaba a nada.

Lian-chu tiene una ligera idea de lo que se trata, como un sueño al futuro o algo parecido, pero quería sentirse seguro de que conocía esa palabra y no que la entendía a medias. Dejo que los segundos pasaran y cuando supo que no podía seguir ahí más tiempo, tomo su chaleco de lana y una bufanda para contrarrestar al frío que esa mañana se sentía ligeramente más que otros días.

Luego de ello, salió de su habitación y corrió escaleras abajo. El lugar estaba lleno, en épocas como esa más personas requerían de los servicios de la posada, hombres y algunas cuantas mujeres se hallaban en las diversas mesas merendando con la exquisita comida y con los tarros de cerveza, ninguno de ellos pareció prestarle atención al cazador que bajaba un poco más despacio, preferían seguir comiendo y brindando que desperdiciar su tiempo en otras cosas como esa.

—¡Lian-chu! —grito una vocecita desde un punto lejano, luego de aquello, un par de coletas pelirrojas se alzaron de entre la multitud y la Joven Zaza se hizo notar en el bar. Con una sonrisa y unos ojos llenos de brillo, como si Lian-chu hubiera desaparecido de su vida por un largo tiempo y no tan solo unas horas de más—. ¡Por fin despertaste! No quisimos despertarte más temprano porque te veías cansado desde la última misión, dime ¿Soñaste algo interesante?

Lian-chu le sonrió a la niña cuando paso a su lado más no respondió a la pregunta que se le había hecho. Pensar en lo ocurrido, en el terrible suceso y en la sensación que sentía al saberse culpable de todo, era algo que en definitiva no deseaba volver a expresar ni recordar. Giro su rostro buscando indicios del contratista, pero dentro de la posada el hombre no parecía existir. El corazón de Lian-chu retumbo en sus oídos y un mal augurio le seco la boca.

—¡Vamos, te traeré algo rico de comer —gimió la niña emocionada mientras jalaba uno de sus brazos hacía la mesa donde solo los que vivían ahí tomaban sus alimentos. Lian-chu no quiso admitir que la joven pelirroja casi le obligo a sentarse en la banca, pero así fue… como si quisiera que no notara la ausencia de su compañero…

—Zaza ¿Dónde está Gwizdo? —pregunto el cazador sintiendo un nudo en la garganta, tenía que descubrir ese dato antes de que se le quebraran los sesos de tanto pensar. La niña le miro un poco confundida y luego respondió como si estuviera ignorando a Lian-chu aunque por supuesto no lo hacía.

—¿Gwizdo? —repitió con desinterés mientras ponía una servilleta con cubiertos enfrente de su lugar—. ¡Ah! Sí, mamá le pidió que fuera por unos encargos al mercado vecino, no tardará nada en regresar. ¡Ahora espera, te traeré algo de comer!

Lian-chu asintió antes de que la infanta fuera a las cocinas del lugar por lo que le había prometido. La posada estaba ligeramente en silencio cuando de pronto la puerta de entrada se abrió con brusquedad. Todos giraron los rostros hacia donde el impacto les sorprendió, el cazador adopto una postura defensiva pero tras ver quien era la que entraba al lugar decidió no verse tan intimidante.

Una mujer de rasgos finos entro al lugar caminando con el mentón arriba, como pretendiendo hacer una distinción jerárquica entre todos los presentes y ella. Lian-chu no era del todo tonto, sabía que por aquella acción la mujer solo representaba ser un cliente para ellos y podía intuir lo decepcionado que se sentiría Gwizdo al regresar si no atendía a un cliente con la amabilidad que él regularmente ocupaba. Se levantó casi al mismo instante en el que Jeanneline hacía su aparición por primera vez en ese día.

—¿En qué le puedo ayudar, señora? —la posadera pregunto, con el ceño fruncido y una mueca de desagrado dibujada en los labios.

La misteriosa mujer solo miro a Jeanneline un par de segundos para luego desviar la vista y posarla en los ojos de Lian-chu. Y fue una vez que la tuvo cerca cuando el cazador se dio cuenta de los otros rasgos de aquella persona. Se trataba de una mujer alta y delgada. Con el cabello lacio amarrado por una delgada liga, negro y ligeramente sucio. Sus ojos eran rasgados como los suyos pero la única diferencia entre ambos era el tatuaje que adornaba su ojo derecho. Los tatuajes no eran comunes por donde Lian-chu y su familia vivían, aquella clase de moda se daba más allá de los confines de la Quinta Unión. Donde los dragones vivían en paz, en los terrenos de Huang Fei.

Y a decir por la apariencia de la mujer, solo se podría tratar de alguien de por esos rumbos. Bien decían que la gente de Huang Fei se trataban de hombres y mujeres bien entrenados e intimidantes y a juzgar por la espada que llevaba detrás suya Lian-chu podía intuir incluso que se trataba de una cazadora como ellos.

La mujer metió en aquel momento la mano dentro de una de sus bolsas del pantalón gris que llevaba puesto, y entonces el hombre pudo ver lo que de ella sacaba, una carta junto con unas delgadas agujas llamadas senbon, esa clase de arma era demasiado frágiles para ser usadas en dragones por lo que su primera impresión de que ella se tratará de una cazadora fue descartada tiempo después. Las agujas senbon eran utilizadas con venenos exclusivamente para humanos, eso querría decir que la mujer no era nada más que una cazadora de recompensas, gente como ella no se preocuparía en lastimar a seres humanos por su propio beneficio.

Volvió meter a las agujas en la bolsa y tendió la carta hacia Lian-chu, el delgado papel era suave y un sello adornaba una de las caras de dicho sobre. Un ligero aroma presintió entonces, dulzón, suave, conocía la flor porque tenía ese otro gusto. Cinamomo o Meliá, Una flor bella sin duda, pero cuya toxicidad era tal que a grandes cantidades podría ser fatal. ¿Sería esa clase de veneno del que llenaba las agujas?

Lian-chu no tuvo nada más que decir sobre el sello o sobre su contenido, después de todo él no sabía leer.

—Dásela a tu compañero.

Fue lo único que la mujer dijo, se dio la media vuelta y desapareció en la puerta dejando el lugar apestando de aquella planta tan peligrosa. Ninguno de los presentes hizo mención sobre la aparición de aquella misteriosa cazadora, por lo menos no hasta que la luz se ocultó y Gwizdo apareció.

Lian-chu le entrego la carta y el hombrecillo miro el escudo que estaba dibujado en el sello, tenía que examinarlo bien, asegurarse de que se trataba de un buen trabajo o si solo era un sello común y corriente, sin embargo para su fortuna conocía demasiado bien los sellos reales que eran ocupados en la Quinta Unión y fuera de ellos. Aquel sello se trataba de un dragón gruñendo, de casi la misma forma que tenía el dragón rojo, aquel ser mítico quien le había revelado los orígenes del universo. Sin embargo, la diferencia entre ambos radicaba en el color que se había usado. Negro con destellos azulados solo le decían de donde pertenecía la carta. Los confines de Huang Fei eran característicos por colores como ese.

Se puso bien los anteojos y saco de su bolsillo una pequeña navaja, sería una lástima tener que romper el sello, pero bueno, eso no importaba demasiado. Saco la la hoja que contenía el sobre, papel de buena calidad donde se había escrito con letra itálica el mensaje por el cual la señora de antes se había presentado, y en la esquina superior, el dibujo del sello volvía a hacerse presente. Gwizdo estaba emocionado, tanta ostentosidad solo podía significar que el contrato que haría sería magistral.

"Estimado señor Gwizdo..." leyó al principio. Siempre le resultó extraño que los clientes se comunicaran de esa manera tan informal con él, pero al estar registrado en el comité de cazadores de la quinta unión no podía esperar menos que la gente interesada en su trabajo conocieran de su nombre.

"Mi nombre es Huang Fei, rey de los confines de la quinta unión y me comunico ante usted por este medio ya que no tuve el gusto de ir directamente con usted. Mi condición no me lo permite, me temo que ahora mismo mi ceguera está controlando más mis actividades que antes, es por ello que envié a mi fiel subordinada.

Me han contado de maravillas sobre su trabajo es por eso que le escribo. Mi reinado está sufriendo la maldad de un dragón, mis soldados han muerto y mis buenos colegas de la quinta unión me han recomendado cazadores de su unión. El trabajo quizás no lo acepten por mi nombre, si no la cantidad, así que empecemos a hablar sobre los términos en un primer indició.

Le daré todo lo que su nave pueda cargar con la moneda nacional, mi moneda equivale a mil guineas, pero sé que a usted le gusta negociar y quizás podamos llegar a un acuerdo más fijo, aunque le juro que, mi oferta si bien es buena, quizás pueda ser mejor."

Gwizdo contuvo el aliento ¿Había leído bien? El mismísimo rey Huang Fei le había mandado una carta para despachar a un dragón y le pagaría con la moneda nacional, todas las que pudiera cargar en el Saint George. Todo era demasiado irreal ¡necesitaba un respiro o un buen trago! Se froto el rostro con las palmas de sus manos mientras todos sus amigos le miraban confundido, su corazón estaba latiendo tan rápido y el calor en sus mejillas solo podía advertir que todos los presentes se hallaban preocupados por su salud. Lian-chu fue quien se acercó primero con la intención de calmarlo, pero Gwizdo dentro de su euforia, se levantó con brusquedad de su asiento, corrió hacía su habitación y luego bajo una vez más con diversos libros en las manos. Héctor fue para ayudar al joven estafador, y cuando llegaron una vez más donde estaban, Gwizdo comenzó a hojear los libros que había bajado.

—¿Qué sucede Gwizdo? —pregunto preocupado el cazador.

—¡Seremos ricos Lian-chu! —Gwizdo exclamó mientras miraba a Lian-chu, quien tras ver los ojos de su amigo se llenó de la confianza que necesitaba para aceptar la invitación, aunque una parte suya le decía que eso sería más peligroso de lo usual.