2001

En un año mucho había pasado. De alguna manera me resigne a la perdida de mis padres y había comenzado a olvidar el incidente de Emma. Encontré un trabajo administrando los establos de la ciudad, tenía citas con Graham, todo estaba cayendo en una rutina agradable. Así que cuando tocaron el timbre de mi casa en esa noche de tormenta no pensé en encontrarme de frente con la última persona que había traicionado mi confianza.

Era Emma quien estaba en mi puerta, con unas gafas que el año anterior no usaba, el cabello ahora ceniciento recogido en una coleta. Lo más impactante fue el pequeño bulto en sus brazos.

-No sabía a quién recurrir- fue lo que dijo apretando más al bebe en su pecho

-Emma… yo- estaba tan sorprendida que las palabras me fallaban

-¿Puedo pasar?- al no obtener respuesta insistió- Por favor, Regina- Sólo basto escuchar mi nombre saliendo de sus labios para que toda mi indignación cediera

-¿Qué sucedió?- pregunte apenas estábamos sentadas en los amplios sillones del despacho, Emma parecía nerviosa y un desastre mucho más grande de lo que era cuando la conocí

-Mucho a pasado- se levantó para sentarse a mi lado- Tuve un bebe, es un niño sano- lo último lo dijo como una ocurrencia tardía

-Puedo ver eso- afirme aunque apenas se notaba su carita entre las mantas en las que estaba envuelto

-¿Lo quieres cargar?- aún no había acabado su pregunta cuando paso el niño a mis inexpertos brazos

-Es muy hermoso- yo no podía creer la manera en que mi corazón se derritió al ver los delgados labios haciendo un movimiento de succión o los pequeños ojos que abría y cerraba de manera inconstante

-Sé que no debí irme de esa manera, sé que probablemente me odias. Pero Regina por favor necesito tu ayuda, mi vida no ha cambiado y él necesita algo mejor. Deja que me quede un par de días en lo que pongo mi mierda junta

-Emma yo no puedo hacer eso- con dolor recordaba la última vez en que le había abierto las puertas de mi casa

-Regina en verdad necesito tu ayuda. Si no es por mí, entonces por él, se merece algo mejor que lo que yo le puedo dar

-No es justo que me pongas en esa posición- pero al ver la cara del angelito en mis brazos, sabía que no podría abandonarlos a su suerte- Pero te ayudare, porque creo que puedes hacerlo bien con este bebe

-Te prometo que siempre hare lo mejor para él- sus palabras se quebraban por los sollozos que intentaba contener

-¿Tiene algún nombre?- apenas lo conocía y ya estaba enamorada de la perfecta criatura

-Su nombre es Henry- volví mi cabeza hacia ella tan rápido que mi cuello dolió- Reginal no parecía correcto para un niño, espero que no te importe

-Es el nombre de mi padre- logre susurrar- Creo que se adapta a él- era una sorpresa para mí no estar enojada

-¿Te molesta si descanso un momento? No he dormido en varios días

-Yo no estoy segura de que hacer con él- sentí que el pánico me invadía

-Lo estás haciendo bien, solo abrázalo y balancéalo si despierta. Él duerme mucho- ella misma se estaba perdiendo la batalla contra el sueño

-Emma no te duermas…- pero la súplica cayó en oídos sordos, además no quise insistir porque vi el cansancio marcado en su rostro, parecía haber envejecido cinco años en lugar de uno.

Henry gorgoteo en mis brazos exigiendo mi atención. Fue entonces cuando decidí que era mejor ir arriba en caso de que el bebé llorara, así que tome la pañalera que estaba en el piso junto al sillón y sosteniendo firmemente a Henry me dirigí a mi habitación.

Una vez en mi recamara lo coloque en la cama, acaricie su suave mejilla y coloque almohadas a su alrededor como precaución. Vacié el contenido de la pañalera. Solo había lo suficiente para un par de días, tal vez menos. La fórmula estaba por agotarse, un biberón aun lleno, una cobija extra, toallitas y seis pañales que parecían muy grandes. La situación de Emma había empeorado mucho por el hecho de que trajo a otro ser humano a la mezcla. Estaba furiosa con ella, entendía que no era su culpa las circunstancias por las que termino en la calle, pero ser tan irresponsable para embarazarse, eso no tenía excusa. Estaba a punto de bajar las escaleras, cuando Henry despertó, miro ciegamente a su alrededor y comenzó a llorar.

-No, no, no llores cariño- nunca antes tuve un bebé bajo mi cuidado, por lo que hice lo que Emma recomendó. Aunque funciono noté como su carita se enterraba en mi pecho. Solo me tomo veinte minutos lograr que tomará el biberón, superando con éxito su primera crisis. Me quede dormida con Henry en el pecho medio sentada contra la cabecera de la cama.

Sabía que un bebe lloraba mucho, lo que no sabía es lo mucho que me molestaría que lo hiciera con todas sus fuerzas cerca de las tres de la mañana. Me desperté apretando mi agarre sobre él, lo que pareció molestarlo aún más, encendí la luz con él en mis brazos, y sentí la humedad en la manta con la que estaba envuelto. Mi estómago se encogió al darme cuenta de que había hecho un lio con el pañal y yo tenía que limpiarlo. Me sentí tentada de llamar a Emma, pero al recordar lo cansada que estaba decidí manejar las cosas por mi cuenta.

El baño pareció relajarlo pero el llanto no se detenía por completo. Como no quiso coger el biberón la mejor solución era que Emma se encargara. Entré al despacho solo para encontrarlo vació, fui a la cocina, el baño, busque en la planta baja y en el primer piso, pero Emma se había ido de nuevo. Henry parecía aún más desconsolado que antes, yo solo quería ponerme a llorar junto con él. Me sentía tan perdida en la madrugada, con un niño llorando en mis brazos, intentaba razonar que ella volvería, pero nadie sale a hurtadillas en medio de la noche si va a regresar.

Fueron horas hasta que Henry se calmó, cuando sucedió mis lágrimas caían sin que yo pudiera hacer nada para detenerlas, sabía que Emma no regresaría. Aun así la espere todo ese día y parte del siguiente antes de llamar a la única persona que podía ser de ayuda. Gold era un hombre que aterrorizaba a la ciudad, pero era un antiguo amigo de la familia y mi padrino por lo que era la mejor opción. Cuando lo llame se ofreció a ir a mi casa, su mandíbula casi cae al suelo cuando me vio abrir la puerta al mismo tiempo que trataba de entretener a Henry, la escena hubiese sido graciosa de no sentirme tan agotada.

-¿De dónde salió ese bebé?- fue lo primero que dijo Gold- Es mejor que sea una buena explicación, porque a los niños no los deja la cigüeña en tu puerta

-No estoy en el estado de ánimo para soportar tus bromas

-Entonces te escucho- observo el desorden alrededor

-Emma, estoy segura que la recuerdas, regreso con este bebé hace dos noches- suspire pesadamente- Ella dijo que necesitaba un lugar para quedarse, organizar su vida y hacer lo mejor para su hijo, más tarde esa noche se fue y no ha regresado

-¿Cuándo aprenderás? Esta vez no se ha llevado nada de valor supongo- su mirada era escrutadora

-Honestamente no he tenido tiempo de revisar- me sonroje con la confesión- ahora me preocupa más lo que sucederá con él- dije mirando a Henry quien se había aburrido y decidió cerrar los ojos un rato

-Llamaremos a servicios infantiles y ellos se harán cargo- respondió despectivamente

-¿Qué pasara con él?

-Se harán cargo de él. Regina no es tu responsabilidad- puso los ojos en blanco antes de seguir explicando- Es una situación complicada, los padres no han renunciado a sus derechos, lo que significa que estará en el sistema hasta que regresen por él o alguien decida adoptarlo

-¿Y si no lo hacen?

-Es difícil que un niño sea adoptado en esa situación a muchos padres no les gusta la incertidumbre.

-No quiero que pase por eso. Su madre no tuvo suerte y nunca fue adoptada, por lo que me ha contado no es una experiencia agradable

-Regina ¿no estarás pensando en adoptarlo?- una mirada fue suficiente para que comprendiera- Eres muy joven, ni siquiera has aplicado para ser una madre adoptiva. Tienes una vida por delante, y un niño puede impedir que alcances tus objetivos a corto plazo, es una locura

-Su nombre es Henry, tal como papá. No puedo dejarlo a su suerte

-Vas a hacer esto sola, no es sencillo, ni un juego- se detuvo a mirarme un segundo luego una sonrisa torcida se dibujó en su rostro- Tienes la voluntad de tu madre y el corazón de tu padre. Si es lo que quieres te ayudare, pero más vale que entiendas que no hay vuelta atrás. También quiero que entiendas que si sus padres lo quieren de vuelta lo van a tener.

-Voy a cuidar bien de él- bese la pequeña cabeza de Henry, sintiéndome más segura que nunca

-No te olvides de cuidar de ti- coloco una mano en mi hombro antes de irse- Te llamare cuando tenga el papeleo listo.

Nunca pensé que podría ser madre, pero Henry se volvería mi mundo. Fue como si todo encajara.