¡Hola, lectores! Debo disculparme con ustedes por tenerles esperando, pero aquí está finalmente.

Este capítulo me llevó tiempo. Es triste e imaginar a Haru pasando por esta situación fue duro. Tuve que parar de escribir para llorar en un par de ocasiones jaja.

En fin, ¡espero que les guste!


Capítulo 2

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Aunque Haru había dicho que dejaría el hospital pronto, tomó alrededor de una semana para que los doctores le permitieran marcharse. Había demasiados estudios que realizar y sus heridas necesitaban cuidados que el hospital podía proveer mejor que nadie.

Fue un periodo bastante aburrido. La mayoría del tiempo todo le dolía. Culpaba a las enfermeras y doctores que entraban y salían de su habitación para cambiarle los vendajes, revisar su estado físico y bañarlo.
Había sido esa la razón por la que decidió forzar a Makoto a no estar ahí todo el día. Haruka odiaba el ver la cara de preocupación que ponía su amigo cada vez que él demostraba el dolor que sentía. Sin embargo, odiaba todavía más la insistencia en ayudar que el castaño tenía. No habría sido tan malo si no le tuviese revoloteando alrededor para ayudar en cada pequeña cosa pero, para como estaba la situación, esa actitud de su amigo solo le hacía sentir mucho más inútil.

Además, Makoto tenía que ir a la escuela. Al parecer, había estado faltando todos esos días sin siquiera preocuparse por obtener un permiso. La excusa del muchacho había sido que no quería dejar el lado de Haruka mientras este no despertara. Tras escuchar esa confesión, Haru le echó del hospital para que no siguiera acumulando inasistencias, aunque no podía hacer nada para impedir que el castaño volviera al hospital inmediatamente después de la escuela.

No era que le disgustara la presencia de Makoto, pero la mayoría del tiempo no tenía ganas de estar con nadie. Era difícil, mantener una expresión normal. Siempre había sido difícil para Haru mostrar alegría, pues le parecía molesto, pero ahora sentía que, si no lo hacía, los demás comenzarían a tenerle lástima.
Estar con los demás significaba, entonces, tener que fingir todo el rato.

Debía ser especialmente cuidadoso cuando de Nagisa se trataba. No le tomó demasiado tiempo el darse cuenta de que el chico se culpaba de lo que le había ocurrido. Era demasiado obvio en la manera en que se comportaba, como tratando de compensar a Haruka. Era increíblemente cansado para este seguir fingiendo que nada pasaba.

La cosa se dificultó todavía más gracias a que, en preparación para darle el alta, el médico ordenó que se le bajara gradualmente la dosis de analgésicos.

Tampoco ayudaba mucho que cada vez que intentaba mentirles a los demás diciendo que todo estaba bien, Rin le devolviera miradas asesinas. Ni Rin ni Makoto se creían el acto.

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—¿¡Cuánto tiempo más vas a seguir fingiendo que todo está bien cuando obviamente no lo está!?— gritó Rin un día, finalmente explotando después de que Haru repitiera aquella frase por décima vez aquella tarde.

No era culpa de Haru, en realidad. Nagisa había estado revoloteando a su alrededor, preguntando cada diez minutos si estaba bien o necesitaba algo.

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—¿¡Y qué si quiero fingir!? ¿En qué te afecta a ti, eh? No tienes nada que ver en esto— respondió Haru, perdiendo la paciencia rápidamente.

La enfermera apareció en la habitación tras escuchar gritos y rápidamente hizo que todos salieran para dejar a su paciente descansar. Él lo agradeció, pues el gritar le había hecho doler las costillas.

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-Al día siguiente-

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La mañana del accidente había sido lunes y ya era sábado. Parecería que muchísimo tiempo había pasado cuando, en realidad, era solo una semana.

Haruka estaba medio dormido cuando la puerta de su habitación se abrió. Creyó que era Makoto, así que fingió dormir, esperando que su amigo se fuera.
La persona no se fue, sin embargo, y sus pasos anunciaron que se acercaba a la cama.
Solo cuando la mano del recién llegado tocó su cabeza fue que Haru supo de quien se trataba.

Abrió los ojos y se volteó hacia ella. Observó a su madre por un momento. Estaba ahí, de pie, mirándole con una pequeña sonrisa triste en el rostro. Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas mientras le regresaba la mirada a su hijo.

Haru pudo verlo en sus ojos. Ella también se culpaba un poco.

Lo había dejado solo. Quizá si hubiese estado ahí para cuidar de él aquello no habría pasado… o si aun así el accidente sucediera, ella al menos podría haber estado con él todo el tiempo, desde el principio y no hasta cinco días después.

Mientras la observaba, sus propios ojos se llenaron de lágrimas. Era tan poco característico de Haruka el llorar, pero aun así lo hizo. Su madre lo acurruó y él se permitió, por una vez, mostrarse como se sentía en verdad. Las lágrimas salieron y los sollozos no tardaron en aparecer, haciendo su torso entero temblar.

Había estado mintiéndoles a todos desde el principio. Había mentido tanto que, de alguna manera, él mismo había comenzado a creerse su mentira; fue solo la presencia de su madre la que hizo que la verdad apareciera y le pegara con toda la fuerza. No pudo hacer más que llorar; llorar por el dolor físico y el mental, por el miedo que sentía y la desesperación que comenzaba a invadirle.

Fue así como Makoto le encontró al llegar. Recién había abierto la puerta cuando el sonido le llegó a los oídos y sus ojos captaron la triste escena.
Cerró la puerta nuevamente e intentó alejarse aprisa. Sintió como sus propias lágrimas resbalaban por sus mejillas. Sintió lástima por Haru y se detestó a si mismo por ello. Todo estaba hecho un caos…

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Aquella noche, cuando el sueño finalmente venció al llanto, Haru durmió con su mano sujetando la mano de su madre, como un pequeño niño asustado.

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-Al día siguiente-

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Hora de despertar, cariño, el desayuno está aquí— dijo una voz suave mientras una mano todavía más suave le acariciaba el cabello.
Abrió los ojos y encontró a su mamá ahí, sonriéndole mientras sostenía un plato en la otra mano.

Vamos, te alimentaré— le dijo ella, tomando la cuchara que descansaba sobre el plato.

Puedo comer solo— se apresuró a decir, desviando la vista hacia la ventana.
Se sentía un tanto avergonzado de lo ocurrido la noche anterior. No había llorado así desde su infancia.

Oh, vamos. ¡Deja que una madre cuide de su hijo de vez en cuando!— dijo ella, tomando algo de alimento con la cuchara para luego dirigirlo hacia él—. Abre grande. Vamos. Abre grande antes de que se tire.

No le dejó más opción que obedecer.

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Una vez terminó de comer, Haru volvió a mirar el mar. Quizá era su imaginación, pero parecía mucho más pacífico.

—Haruka, quiero que vengas a vivir con papá y conmigo— dijo su madre de repente, observando al muchacho con una expresión de preocupación.


¿Muy corto? Juro que cuando lo escribo en Word todo parece muchísimo más largo... En fin, intentaré escribir capítulos más largos con más frecuencia. ¡Gracias por leer mis historias aunque tiendan a tener capítulos cortos!

Un review siempre es bienvenido. ¡Compartir la historia si te gusta te hace una persona genial!

¡Hasta la próxima!