Capítulo 2
Aquello lo intrigaba cada vez más conforme pasaban los días. Lo único que sabía de esa misteriosa humana era poco más que su nombre: Mary Alice Brandon.
Tenía 18 años, y llevaba cuatro de interna. Desconocía completamente cuales eran sus desordenes mentales y al parecer, no recibía nunca visitas de nadie.
Se preguntaba si era porque no tenía permitido tener compañía o porque su familia no deseaba hacerlo.
Todo era extraño. En sus años de médico nunca había experimentado tal curiosidad por algún paciente. Sabía que eso podía ser algo peligroso, no era bueno involucrarse demasiado con los humanos, pero aquello resultaba casi inevitable.
Lo más frustrante era que Albert rechazaba darle cualquier tipo de información, y cada vez que Thomas intentaba tocar el tema el joven fruncía el gesto con molestia.
El doctor Miller tenía que controlar sus impulsos para no abrir aquella puerta metálica cada vez que recorría el pasillo.
La única evidencia de la presencia de la chica que sus agudos sentidos podían captar era el olor de su sangre; tan tentadora como la de cualquier humano.
Suspiró derrotado decidido a dejar de lado esos pensamientos, prefiriendo concentrarse en su próxima cacería.
Resultaba fastidioso tener que salir de la cuidad para poder alimentarse, pero era necesario, y cada vez que eso sucedía tenía que inventarse una excusa para faltar a su trabajo en el hospital.
Tal vez esta ocasión podría alegar alguna enfermedad, después de todo, debido a su naturaleza su aspecto no era el de una persona saludable.
El doctor Miller perdió el hilo de sus ideas al darse cuenta de que había comenzado a llover. El ruido de los relámpagos y el viento azotando la ventana no se hicieron esperar.
Fue entonces cuando Thomas se levantó de su asiento para hacer su ronda de vigilancia, como acostumbraba todas las noches.
Tomó una vieja lámpara de su escritorio y comenzó a caminar por el pasillo con lentitud, considerando la velocidad con la que solía moverse, porque simplemente la silenciosa joven le intrigaba.
El hombre no contaba con escuchar algunos ruidos provenientes de la habitación. Eran muy tenues, pero lograba captarlos a la perfección con su audición tan fina. Alguien lloraba. Era ella, Alice.
El doctor dejó rápidamente la linterna en el suelo, deslizándose veloz entre la oscuridad del pasillo hasta su oficina. Recordaba a la perfección cuando Albert le había señalado una de las gavetas del viejo archivero, donde se guardaban las copias de seguridad de las llaves de todas las habitaciones del hospital.
Enseguida localizó el número de la llave y la tomó. Llegó hasta la puerta en pocos segundos. No habría resultado ninguna dificultad arrancar la puerta de su sitio y entrar, pero estaba claro que eso llamaría la atención de cualquiera y no necesitaba de aquello.
Avanzó cuidadosamente un par de pasos, observando entre la oscuridad como la chica se refugiaba en uno de los rincones de su habitación, justo detrás de su cama. Permanecía sentada en el suelo frío, abrazada a sus piernas mientras sollozaba ligeramente, hasta que percibió que la puerta se encontraba abierta y una misteriosa figura estaba de pie en el umbral.
Aun en la penumbra, el doctor Miller se dio cuenta de que la jovencita miraba en dirección a él completamente sorprendida. El miedo parecía haberse ido de sus ojos, pero aun así ella no pudo evitar un movimiento instintivo de protección al ver que el extraño comenzaba a acercarse.
-Todo está bien. No tengas miedo.- dijo Thomas en un susurro.
El doctor depositó la linterna a su lado mientras se arrodillaba a poco más de un metro de distancia de Alice, entonces ella pudo observarlo mejor.
Era un hombre alto, no muy corpulento, pero a pesar de eso aparentaba ser fuerte. Su cabello era castaño, con algunas evidencias de edad. Tal vez tendría 45 o más años, pero su rostro pálido era divino, aun a pesar de sus extraños ojos de color rojo.
La joven quedo embelesada mirándolo mientras el también la examinaba.
Aquella niña no parecía nada fuera de lo común. Su aspecto era casi como el de cualquier chica de su edad, exceptuando su cabello corto y desaliñado, y su rostro denotaba una peculiar inocencia.
Estaba algo pálida, al igual que él, muy posiblemente por la ausencia de exposición al sol.
El doctor Miller seguía preguntándose que hacía a esa paciente tan especial.
-¿Cómo… cómo es que no le he visto venir?- preguntó Alice con su voz baja y aguda sin dejar de mirar al médico.
Thomas hizo una mueca interrogativa, ignorando el sentido de la pregunta.
-Ahora entiendo… el porque de ese punto ciego que he tenido desde hace algunos días.- murmuró ella para sí misma, sin saber que él lograba escucharla.
-¿Puedo preguntar quien es usted?
-Soy el doctor Thomas Miller, el nuevo médico de guardia.- respondió el aludido casi de forma automática.
-Mi nombre es Alice, Mary Alice Brandon.
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Gracias a los que se toman la molestia de leer, y a Victoria Balck por su review.
Hasta el próximo capítulo.
