Habían pasado 15 minutos desde que me obligaron a subirme a la moto y salir corriendo del bar de mi padre, el sonido de las balas aún retumbaba en mis oidos. Aferrada al cuero de la chaqueta de Sasuke sólo podía pensar en mi padre, si le pasaba algo no podría perdonarmelo. Sólo nos teniamos el uno al otro desde que mi madre murió en un accidente.

Las lágrimas no dudaron en hacer acto de presencia. Empapando el cuero que rozaba mi mejilla, y algún que otro sollozo espontáneo, llamando la atención del joven.

- ¿Estás llorando? -dijo con un deje de burla en la voz.

- ¡No! No estoy llorando, solo enfatizo con tonos mas agudos con alguna lágrima esporádica... -respondí.

- Es la definición de llorar más rara que he escuchado nunca... -soltó sin más.

- ¿A donde me llevas? ¡Quiero volver con mi padre! -exigí golpeando su espalda suavemente para no perder el equilibrio.

- No. -

- ¡¿Qué?! ¿Por qué? -grité al borde de un ataque de nervios.

No respondió, ni tan sólo giró la cabeza para mirarme, haciendo que me sintiera completamente insignificante, y haciendome ver en la situación en la que me encontraba, huyendo de una banda de moteros, con otra banda de moteros de la que no sé nada.

Temblando arrugué la cara intentando evitar que las lágrimas continuaran cayendo, debía ser fuerte, era lo que mi padre me había enseñado, no podía defraudarle.

En cuanto parasen, podía salir corriendo... Pero, teniendo en cuenta que no sé a dónde vamos, ni tengo ningún vehículo a mi disposición, no parece la decisión más acertada. Poco a poco ví como el resto de su banda nos alcanzaban, ¿mataron a los otros? Pensé asustada.

- No volverán a molestarnos en una temporada, sólo consiguió escapar Pain... Esa rata escurridiza... -gritó Itachi desde su moto a nuestro lado. Esa frase me heló la sangre, estaba en una moto rodeada de asesinos.

- Bien... -dijo Sasuke sin más.

Cuando nos encontrabamos a kilómetros de lo sucedido, redujeron la velocidad, hasta parar en una gasolinera. Sentí una mano grande sujetarme del brazo y tirar, obligando a mi petrificado cuerpo a bajar de la moto y caminar hasta el callejón de al lado.

Todo el grupo nos seguía mientras me arrastraban, y de un empujón me golpearon contra la pared haciendome gemir de dolor.

- ¿Qué hacemos con ella? Sabe nuestros nombres, y no podemos correr el riesgo de que nos vuelvan a involucrar en un tiroteo.

- ¡No diré nada lo juro! Tan sólo dejadme ir... -imploré sollozando.

- No es tan facil muñequita... -inervino Itachi- La gente te ha visto subir en nuestras motos... y aunque no dijeras nada, acabarías en la carcel por incubrimiento... Y nadie quiere eso.

- P-pero vuestras cazadoras... llevan el logo de la banda, ¡ya saben quienes sois! -grité.

- Cariño, nuestra banda tiene más de 500 miembros... y algunos de ellos con influencias... -respondió Sasuke apoyado contra la pared.

- E-entonces que... ¿Qué será de mí? -susurré temblando de pánico.

- A mí se me ocurre algo... -susurro Suigetsu relamiendose con la mirada clavada en mi cuerpo.

Abrí los ojos, el pánico me invadió, ¿no serán capaces, verdad?

- De momento la llevaremos al club... Ahí decidiremos, aqui estamos demasiado expuestos... -intervino Itachi, ignorando el comentario de Suigetsu.

Todos asintieron, y yo tan sólo dejé escapar el aire que contenian mis pulmones, dejandome llevar como una muñeca de trapo hasta su Harley Davidson 883 Iron.

Tenía la mente en blanco, todo a mi al rededor se movía a cámara lenta, había llegado a mi límite de tensión.

No sé por cuanto tiempo estuve en ese estado, ni el momento en el que Sasuke me cogió al hombro, sólo veía detrás de él al resto charlando animadamente y una entrada plagada de motos.

- ¿D-dónde estoy? -dije aturdida.

- Bienvenida a Sam Crow... nuestro club. -Escuché tras el hombro que me sostenía.

Al entrar por la pesada puerta de metal que había en la entrada, mis pies tocaron el suelo, y con el shock del momento me tambaleé ligeramente, siendo sostenida por Itachi para que no cayera al suelo.

- Cuidado muñequita, no queremos que te rompas... -dijo éste susurrandome al oido, erizando todos y cada uno de lo vellos de mi cuerpo.

- ¡Madara! Hemos tenido un... altercado con Akatsuki, pero siguen siendo malísimos disparando, no dan ni una... -dijo entre risas Suigetsu.

El tal Madara, que estaba tumbado boca abajo con un hombre detrás tatuando su espalda. Éste, levantó la cabeza con una sonrisa y una ceja enarcada. Iba a decir algo cuando se percató de mi presencia, obligando al tatuador a parar, pues se había levantado y se dirigía en mi dirección.

Me sentía pequeñita, me miraba desafiante, y tenía la tentación de esconderme tras la enorme espalda de Sasuke o Itachi, que tan sólo observaban la escena, como quien zapea un domingo por la tarde.

- ¿Quién es ésta joven encantadora? -dijo con una voz fuerte y por que no admitirlo, algo tenebrosa.

- Era la camarera e hija del dueño del bar, dónde ocurrió todo. No podíamos arriesgarnos a que nos delatara, conoce nuestros nombres... Y no sabemos que hacer con ella. -intervino Itachi.

- Ahá... Esto es un problema... Subidla a una de las habitaciones, ya pensaré en algo para ella... -dijo Madara dandole un trago a una cerveza y volviendo a colocarse bajo el tatuador.

- ¿Qué? ¡No soy un Yorkshire perdido, soy una persona! ¡Soltadme! -pataleé mientras me llevaban a rastras escaleras arriba.

Me empujaron dentro de una habitación enorme, cama doble, armario empotrado, cómoda... Dieron un portazo y escuché una llave atrancando la puerta, grité frustrada.

Pasé las siguientes horas mirando por la ventana, con rejas cabe decir, caminando de un lado a otro, pensando en algún metodo de escape a lo David Copperfield, pero nada útil.

El sónido de la cerradura me sobresaltó, y ví como la puerta daba paso a Itachi, que llevaba en sus manos una bandeja y ropa en el brazo.

- Servicio de habitacion para la señorita Sakura... -entonó divertido mientras dejaba la bandeja sobre la cama. - Y una camiseta mía, te servirá de pijama.

- G-gracias... -susurré mientras me incorporaba y veía la bandeja surtida de dulces. Agarré un crepe con el tenedor de fresa y nata y lo devoré de un bocado, estaba hambrienta y eso estaba buenisimo.

Ví como Itachi me observaba atentamente, y sonrojada pregunté -¿P-pasa algo?

- Ven un momento... -dijo muy serio.

Yo me acerqué dudosa y ví como con su mano agarró mi nuca y acercando su boca lamió la comisura de la mia, dejandome totalmente estupefacta.

- Tenías un poco de nata... -Se levantó y antes de salir se giró y con una sonrisa. - Luego volveré a por... la bandeja...

La puerta se cerró.