¿Qué era ese cielo gris, casi negro, a plena tarde un diez de mayo? Lo que no era, era un obstáculo para que Harry estuviera sentado en un banco de madera, mirando el hueco entre el número once y el trece de Grimmauld Place, donde se escondía el número doce, su casa. La casa de Sirius. Su casa...

¿De verdad tendría que mudarse a esa casa? No quería, no tenía ganas, ni fuerzas. Desde que la guerra terminó estuvo en Hogwarts, solo, acompañado pero solo. Pero no podía quedarse allí más tiempo, Minerva McGonagall estaba decidida a abrir el colegio en septiembre y tenía que empezar a reconstruir el castillo. Así que se marchó de allí y su primer destino fue ese, al fin y al cabo Sirius se lo había dejado y no tenía otro sitio a donde ir... Todos los difuntos estaban ya enterrados y habían recibido su merecido homenaje. Fred, Remus, Tonks, Snape... Todos. Todos estaban muertos.

Notó una fina mano sobre su hombro. Primero se puso tenso, pero no se movió. Y luego olió el dulce frescor a las flores que la Señora Weasley cuidaba. Y luego los labios de Ginny sobre su cabeza. Cerró los ojos, sentía que si la miraba se iba a echar a llorar. Ella, por su culpa, había perdido a Fred, su hermano; a Tonks, su amiga...

-Mamá quiere que vengas a casa. No quiere que pases todo el tiempo solo en esa casa. Nadie lo quiere. Yo no lo quiero. -dijo suavemente Ginny.- Te espero en La Madriguera, cuando estés listo. -notó como se alejaba un paso, pero su mano seguía en su hombro y rápidamente cogió la mano de Ginny. Ella se la apretó y Harry tiró un poco de ella. Ginny bufó, dio la vuelta al banco y se sentó sobre sus rodillas, abrazándolo. Harry enterró la cabeza entre su cuello y su hombro, cerrando los ojos.- Vuelve a casa, por favor. -le susurró Ginny. Él tomó aire, aspirando todo su olor y asintió levemente. Ginny se levantó y la pudo ver sonreír. Le ofreció su mano de nuevo, pero entonces Harry fijó la mirada en dos figuras que se acercaban por la espalda de Ginny, dos personas que él conocía muy bien, pero a las que no estaba acostumbrado ver de la mano.

-Vamos, Harry. -le dijo Hermione, con una sonrisa reconfortante. Harry sonrió y asintió, mirándolos. Ron desvió la mirada al cielo.

-Parece que se va a echar a llover. Y ya sabes como se pone mamá si nos mojamos... se pone toda histérica con que nos vamos a enfermar y todo eso... -dijo Ron. Harry asintió de nuevo, lo conocía, sabía lo que aquella frase quería decir. Quería decir lo que el pelirrojo no se atrevía a decir en voz alta.

-Esa es mi casa. -dijo Harry, señalando la invisible casa de la Familia Black.

-Esa no es tu casa. -interrumpió Ron, mirándolo a los ojos.- Puede que algún día lo sea, pero no lo es. Ahora, vamos a casa, por favor. Me muero de hambre.

-Seguro que mamá tiene comida hecha. Por favor... -le suplicó Ginny, ofreciéndole la mano a Harry de nuevo. Él se la cogió y se levantó. Pero antes de desaparecerse se abalanzó hacia Hermione y la abrazó. Ella primero sorprendida no reaccionó y luego lo abrazó frotando su espalda. Harry luego abrazó a Ron y las dos chicas los miraron sonrientes. Ron le dio unas palmadas en la espalda y los dos apretaron los labios para no llorar.

-Venga, vamos. -dijo Harry, tomando aire y soltando a Ron. Ron y Hermione volvieron a cogerse la mano, Ginny y Harry también. Los cuatro se aparecieron en el jardín de La Madriguera. Caminaron con lentitud hacia la puerta de la cocina y en cuanto entraron notaron el riquísimo olor a comida de la Señora Weasley, que al ver a Harry corrió a abrazarlo.

-Me alegro tanto de verte, cariño. -le dijo cogiéndolo de las mejillas.- Ron, mi vida, ¿subes a buscar a George, por favor?

-Sí, mami. -dijo Ron, soltando la mano de Hermione y caminando hacia las escaleras.

-Ginny, Percy está en el granero, con papá. Diles que vengan a comer. -dijo Molly. Ginny asintió y caminó de vuelta al jardín.- ¿Ponéis la mesa, hijos?

-Sí, Señora Weasley. -dijo Hermione, sonriendo. En ese momento se echó a llover y un trueno aterrizó a unos kilómetros de la casa.

-¡Más les vale no mojarse que se van a enfermar! -gritó la Señora Weasley por la ventana de la cocina, mirando a Ginny, Arthur y Percy correr hacia la casa. Harry y Hermione intercambiaron una mirada cómplice y sonrieron. Ron bajó empujando a George en pijama. Bill y Fleur no tardaron en aparecer por la chimenea de la casa. Todos se pusieron contentos de ver a Harry y él, al fin, después de una semana de la Guerra, se sintió un poco mejor.- La habitación de Ron ya está lista para que te quedes, Harry. Hermione también se está quedando hasta que encuentre a sus padres. -dijo la mujer, mientras todos ya comían.

-El Ministerio de Magia me está ayudando. -añadió Hermione.

-Y la Academia de Aurores quiere que te incorpores cuanto antes. -dijo Arthur.- Creo que tendrás un buen compañero...

-¿Quién? -preguntó Harry, sorprendido.

-¡Yo! -gritó Ron, ofendido. Todos se rieron.- Si pensabas que iba a volver a Hogwarts estabas muy equivocado. Hermione sí, pero yo no.

-Bien... -dijo Harry, sonriendo.

-Harry, estás escuálido, calla y come. -le pidió la Señora Weasley.