PLANETA PRAGA, 25 DICIEMBRE, AÑO 1804. ACUDE CARIÑO, ES UNA EMERGENCIA X
El Doctor leyó el papel psíquico varias veces antes de decidir si debía acudir a esa llamada; nadie se despedía de él con un beso cuando se comunicaban por este medio, excepto una persona y era imposible que fuese ella.
Sin embargo, era demasiado curioso para quedarse así y si había alguien en peligro no se lo perdonaría jamás, por lo tanto puso rumbo de inmediato hacia el lugar indicado. Viajaba solo; Donna se había quedado en su casa muy a su pesar porque su madre tenía gripe, dejarla con Wilfred en ese estado no era buena idea.
Cuando la TARDIS llegó a su destino, no vio nada extraordinario que lo hiciese correr, los turistas caminaban de un lado para otro, igual que lo hacían siempre en ese planeta para no perderse detalle de los monumentos, que eran una réplica exacta de los de la ciudad de la Tierra con el mismo nombre: el castillo de Praga, la catedral de San Vito,…y los mercadillos de Navidad. Incluso la nieve lo era, pero era una copia demasiado buena para que los visitantes pudiesen apreciarlo.
Esas no eran las únicas copias que se iba encontrar en ese planeta, descubrió algo que le llamó la atención: una cabina azul que se parecía mucho a la suya. De hecho, cuando se aproximó a verla se dio cuenta de que lo era, la podría reconocer en cualquier parte, aunque sospechaba que se trataba de una TARDIS futura debido a su aspecto exterior. Tenía un tono más intenso y una pegatina redonda en la puerta.
La puerta estaba entornada, así que decidió entrar.
El interior había cambiado por completo y no le gustaba, estaba iluminada por una luz mortecina que le impedía ver con claridad, alguien las había bajado, era posible que fuese la propia nave.
Encendió el destornillador sónico para ver mejor y en ese instante distinguió la figura dos mujeres junto a la consola que tenían unos rostros muy familiares, además no eran hologramas, eran de carne y hueso.
Sus dos corazones comenzaron a latir con violencia al reconocer a Jenny ¡Estaba viva! No podía creerlo, su hija había sobrevivido al disparo en el pecho y él no lo sabía.
La otra era la misteriosa arqueóloga que había conocido en la biblioteca, también la creía muerta. Murió para salvarle la vida. No obstante, estaba ahí delante, esperándole en pie, con su sonrisa desafiante.
— ¡Jenny!—Gritó el Doctor— ¡Oh! No puedo creerlo, estás aquí, pero ¿cómo?
Ambos se abrazaron.
— ¡Oh! Fue cosa de ella—aseguró, señalando a River, cuando le dejó respirar. Era una joven muy efusiva, se parecía a él.
El Doctor miró a la profesora buscando su respuesta.
—Spoilers, chico guapo—contestó ella, guiñando un ojo.
—No te esperábamos tan pronto—añadió Jenny—River dijo que vendrías, pero te has adelantado…
—Por una vez…—intervino la profesora.
—Leí la nota—aseguró mostrando el papel que guardaba en su bolsillo.
—Te dije que funcionaría—añadió River giñando el ojo a Jenny.
El Doctor las miró desconcertado.
—¡No habéis cambiando nada!—exclamó a continuación el Doctor—aunque yo no puedo decir lo mismo ¿dónde está mi futuro yo?
—No tardará mucho en venir. Nosotras somos parte de la sorpresa, aún no sabe que estamos aquí…—prosiguió Jenny.
—En su TARDIS—terminó de decir el Doctor.
Ambas asintieron.
—¿Una sorpresa?—inquirió arqueando la ceja.
—Sí, no te he hecho venir para nada—contestó River.
—Eso tiene sentido—susurró el Doctor rascándose la cabeza.
A continuación River Song se marchó a la cocina a por unas tazas de té y una copa de champange para ella. Cuando regresó, los tres se sentaron en las escaleras para continuar conversando.
