TU MEJOR AMIGA
A ver, una pequeña introducción. Espero no haber actualizado con mucha separación de tiempo, solo estaba esperando conseguir una cierta cantidad de reviews para publicar. Con lo cual, cuanto más rápido consiga esa cantidad de reviews más rápido actualizo. (Si, es parecido al chantaje, lo se).
Gracias a Dramione Black, franny, Javiera Malfoy, katelau, Lucia, ImPoSsIbLeS, brinitonks, San Juan de Weasley y sujey por sus reviews. Este capítulo va dedicado para ellos.
Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen en su mayoría a J.K.Rowling.
CAPÍTULO II: Mi nombre es Alex
-¿Estás enfermo? ¿Pretendes que te bese?-comencé a reír con nerviosismo. Esto no podía estar ocurriendo. Quien estaba frente a mí era Draco Malfoy, uno de los seres más crueles, fríos, discriminadores y despreciables que había conocido. No podía reprimir los nervios que sentía, su mirada tan decisiva me molestaba, sentía que podía ver que me ponía muy nerviosa.
-Claro. He besado a tantas chicas que conozco el gusto del amor.
-Fanfarronerías tuyas. Vete a revisar el cerebro Malfoy. Yo me voy de aquí-dije dándome vuelta. Pero ni bien di un paso, sentí que me tomaba de la muñeca y con una rapidez increíble me daba vuelta y me besaba.
Fue tanta la sorpresa que no atiné a reaccionar. Sus labios eran carnosos y violentos, se movían ligeramente y estaban tibios. Tenía una mano sosteniendo mi muñeca y sentí que la otra recorría sutilmente mi cintura hasta rodearla por completo. Era fascinante: mi cuerpo entraba en sus brazos perfectamente. Abrió un poco la boca obligándome a mí a abrirla y profundizó el beso con candor y sutileza, mientras sus labios comenzaban un ritual de movimientos acompasados que poco a poco destruía cualquier capacidad de razonar lo que hacía. Besaba bien, debía admitirlo; besaba muy bien. No sentía realmente que estaba haciendo, no me daba cuenta a quien estaba besando. Solo estaba disfrutando de aquel momento que terminó siendo lo mejor. Ahora entendía porqué a Sam le gustaba tanto y… Abrí de pronto los ojos. Me había olvidado de Sam y de cuanto le gustaba. Maldición, estaba besando a Draco Malfoy.
Lo empujé un poco hasta separarlo.
-Aléjate Malfoy. ¿No ves que te odio?
-Si, por eso correspondiste a mi beso, ¿No es así?-dijo levantando una ceja.
-Lo hice porque me sorprendió. Además, no te tengo que dar explicaciones-dije molesta dándome vuelta dispuesta a irme. Tuve una extraña sensación en mi pecho. ¿Qué le diría a Sam cuando la viera? Destruiría su corazón. Y todo fue culpa de ese estúpido. No debí haberlo besado tanto tiempo. Caminé medio perdida en mis pensamientos durante lo que quedó del camino hacia mi cuarto. Allí, por fin, logré tranquilizarme. Suspiré y casi me agarra un ataque cuando vi a Sam haciendo una poción con un caldero en la habitación.
-¿Qué estás haciendo? ¿Te volviste loca?-dije acercándome a ella.
-Se me ocurrió una idea. ¿Sabes que es eso?
-Si, un castigo seguro si McGonagall nos descubre haciendo esto-le grité con ironía.
-Tranquila Ginny, yo se que esto te pone nerviosa, pero descubrí una forma de lograr conquistar a Malfoy.
-¿Haciendo una poción de amor?-contesté ingenua.
-No, de hecho, la idea me la diste tú-me dijo sonriendo.
-¿De que estás hablando?
-Esta es una poción que cambia a las personas el color de su pelo, de sus ojos y generalmente distorsiona la forma de su piel. Yo creo que a ti se te irán las pecas.
-¿Y para qué quiero yo eso?-le pregunté levantando una ceja.
-Bueno, ya que yo no me atrevo a hablarle a Malfoy, podrías ir tú.
-¿Qué?
-Ya lo sabes, ponte una peluca, actúa como estúpida arrogante y ya eres una de ellos-murmuró Sam tan convencida que me dejó totalmente estupefacta-Estuve averiguando y hoy habrá una fiesta en la Sala Común de Slytherin, seguro puedes encontrarlo allí.
-Estás demente. No lo haré.
Me senté en la cama mientras ella se acercaba hacia mí.
-Ginny, no sabes cuantos días perdí el sueño pensando en algo útil. No quiero perder la oportunidad de lograr que al menos me vea. Y se que yo lo arruinaré, porque ni siquiera tengo el coraje de acercarme a él. Además mírate, tú tienes las agallas y la belleza para hacerlo.
Iba a replicar pero su mirada me detuvo.
"Has hecho algo que no debías, se lo debes".
Maldita conciencia. ¿Por qué solo acude cuando tiene que reprocharte algo? La miré a los ojos y me sonrió. Odiaba conmoverme por eso nada más.
-De acuerdo. Lo haré. Pero no prometo lograr mucho, ya sabes como me desespera.
Sam saltó por todas partes y me explicó muy bien el plan a seguir. Había conseguido un uniforme de Slytherin más o menos de mi talla y quería que cambiara el color de mi pelo por un color negro medio azulado y necesitaba luego un alisador. Los ojos serían de un verde esmeralda, parecidos a los de Harry y una pomada que había comprado en una revista conocida me sacaría las pecas de gran parte del cuerpo.
-Con sacarte las pecas en los hombros y en la cara es suficiente-dijo ella mientras yo asentía.
-¿Qué me voy a poner?-le dije.
-Tengo lo perfecto, tu no te preocupes-y empezó a revolver su armario.
Nueve y media de la noche mi pelo había quedado negro y mis ojos verdes. El alisador no lo utilice porque así con los bucles estaba mejor y me quedaba bien. Llevaba puesta una pollera corta negra con pequeños toques rojos y una remera con los hombros descubiertos. Según Sam era la moda. Yo no tenía idea de esas cosas porque no me interesaban.
-Ahora ponte la capa verde con el símbolo de Slytherin cuando salgamos de la Sala Común. Yo te guiaré a la de ellos. Vamos a pedirle a Harry la capa de invisibilidad. Quizás hasta logres cambiársela por algo que te convenga-me dijo guiñándome un ojo.
Bajamos a la Sala Común y me sentí bastante observada. Todos se daban vuelta para observarme. Maldición, debí haberme puesto algo arriba.
Harry estaba sentado en uno de los sillones mirando aburrido como Hermione y Ron peleaban.
-No me interesa como sea. Me dijiste que ibas a entrenar. Me mentiste-gritaba ella.
-No fue así. Solo fue una media mentira, de verdad. Pasé antes por las cocinas y me encontré con ella y decidió acompañarme al campo, nada más.
-No me mientas de nuevo Ronald. Ya sabes que odio que esté cerca de ti. ¿No viste como te hace ojitos y se te cuelga a propósito?
Si seguían así no podría irme ni en quince días. Estas peleas eran tan comunes que ya nadie se daba vuelta para saber que pasaba.
-Dios mio, ¿Ustedes se aman o que? Si así es el amor, no sé que nos queda a los solteros.
Harry y Sam sonrieron ante mi comentario y los miré agradecida.
-No te metas hermanita-me dijo Ron.
-Tengo que meterme porque parecen casados discutiendo así. Es sencillo Ron, a ella no le gusta que andes con no sé quien. Si quieres hacerla feliz y la amas debes hacer ciertos sacrificios. Habla con ella y dile que deje de colgarse y todo eso porque tienes novia. Es sencillo. Y tu Hermione, deberías confiar un poco en mi hermano. Ahora yo no vine a hacer terapia de pareja-me di vuelta y mientras Ron y Hermione se besaban apasionadamente como reconciliación, lo miré a Harry y le pedí la capa de invisibilidad.
Sam llevaba la capa de Slytherin envuelta para que nadie me viera salir con ella de la mía. Me guió hacia las escaleras de abajo y terminamos en las mazmorras. Yo iba intentando recordar la historia de mi nueva vida y rememorando todo lo que inventé.
-Ginny, la fiesta es ahí. Esa es la sala común. Cuídate y recuerda. El efecto se va cuando te tiran agua. No dejes que eso suceda.
-Claro, seguro a algún borracho se le va a ocurrir conjurar Aguamenti.-dije con ironía.
-Dobla por el pasillo y ahí está. Buena suerte Ginny.
Seguí las instrucciones de mi mejor amiga y llegué con rapidez hasta allí. Caminé viendo que no había nadie y me paré en seco. Sam no me había dicho la contraseña de la Sala Común y me iba a ser imposible entrar. Me quedé estática pensando.
-¿Piensas decirme la contraseña o quedarte ahí?
-Oh, ahora entiendo por qué te han puesto en Slytherin, tienes el malhumor de ellos.
Me quedé unos minutos pensando en cual podría ser la contraseña hasta que de pronto escuché voces intentando salir. Di tres pasos hacia atrás asustada y me di media vuelta rápido antes que pudieran verme, solo que en el apuro choqué con alguien.
-Maldición-dije bien fuerte intentando levantarme.
-Oye, ¿Qué no ves por donde vas?-dijo Draco Malfoy levantándose del piso.
Me miró mejor de arriba hacia abajo y sonrió. Yo lo miré horrorizada.
-No te conozco, ¿de que año eres?
-De… emh… sexto.
-Pues te ves demasiado bonita para tener 16-me dijo levantando las cejas de forma sugestiva.
Me quedé mirándolo muda. No era precisamente eso lo que quería. Tenía que hacerme su amiga, no que me mirara con ganas de llevarme a su cama.
-Eh, no, no tanto, si te fijas, tengo mis defectos, por ejemplo, soy muy menuda, y tengo esta mancha aquí en la nariz-dije intentando mirármela-Y puede que necesite anteojos. ¿Tu como me ves con anteojos?
Draco sonrió y yo suspiré aliviada. Le sonreí inocentemente y pensé que lo mejor era seguir hablando y diciendo estupideces.
-Además es mejor ser humilde.
Él me miró bajando una ceja haciendo una mueca de extrañeza.
-¿Seguro eres Slytherin?
-Claro, déjame mostrarte-dije pensando en una maldad.
Conjuré una soga, un ratoncito y lo transformé en un pastel. Armé con agilidad una pequeña trampa y dejé el pastelito en el piso, cerca de la entrada de la Sala Común.
-Ven conmigo-dije tirando de su manga y escondiéndome con él detrás del pasillo.
Por suerte, quien salió de allí era Goyle con una botella de Whisky. Al ver el pastelito tiró la botella y se agachó para agarrarla. Ahí saqué la varita y con un suave movimiento le crecieron patitas que hizo que Goyle se pusiera a correrla. Ahí apunté a la soga y sosteniéndose con un nudo invisible, logró atrapar al mastodonte y dejarlo patas arriba.
Draco rió cálidamente y yo me sorprendí al verlo así. Era algo realmente extraño. ¿Malfoy con sentido del humor y sentimientos? ¿Eso acaso era una broma?
-¿Ves? No porque sea Slytherin no soy un ser humano.
-Si, claro.-respondió él sin prestarme mucha atención.-¿Entras a la fiesta?
-Si, vamos-dije sonriéndole.
Dijo la contraseña y entramos a una sala totalmente diferente a como la imaginaba. Los sillones, las mesas, los reflejos, el fuego, todo estaba dispuesto contrariamente a como estaba en Gryffindor. Había además algunos hombres y mujeres bailando, otros tomando y algunos sentados en los sillones charlando o besándose.
-¿Quieres tomar algo?
-Seguro-le respondí.
Nos acercamos a una mesa y él me dio una botella de cerveza de manteca, mientras él tomaba whisky de fuego.
-Así que eres de los que creen que por ser menor soy estúpida.
-¿Lo dices por la bebida?-me preguntó.-No creo que puedas con ella.
-Claro que puedo con ella-dije estúpidamente, sin darme cuenta que precisamente estaba con Draco Malfoy.
-Pruébalo-me retó estirando su mano con la botella.
Yo la tomé por el pico algo asustada. "Rayos, en que me metí." Pensé. Pero para mi sorpresa, una persona totalmente indeseable apareció, salvándome de la prueba.
-Draquito-dijo Pansy Parkinson colgándose de su cuello. Se notaba que había tomado, pero no lo suficiente para perder la consciencia.
-¿Qué quieres ahora Pansy?-su voz denotaba fastidio, para mi placer.
-¿Qué no puedo venir a verte? ¿Y quien es ella?
-Soy Alex Cassidy-dije tendiendo mi mano. Mejor tenerla de amiga que de enemiga.
Sin embargo, bajé la mano al instante cuando su mirada despreciable se posó en ella como toda respuesta a mi presentación.
-¿Sabes? Es de mala educación no saludar a la gente-le dije.
-¿Quién te crees que eres?-dijo soltando a Malfoy.
-También es de mala educación perjudicar la audición de las demás personas. ¿Te has ido a revisar la voz con algún medimago?-le dije bruscamente.
Ella me miró con odio.
-Vamos Draco, no la necesitas a ella porque me tienes a mí-dijo tomando su mano y caminando, pero él se quedó estático.
-Lo siento Pansy, tengo otros planes en mente-me dijo tomándome a mi de la mano y arrastrándome hacia unas escaleras. No me di cuenta hacia donde me llevaba hasta que terminamos de subir y nos enfrentábamos a una enorme puerta caoba que decía: Habitación de séptimo.
-Ven, entra- me dijo con confianza.
Abrí la puerta y me encontré con una escena muy peculiar. Blaise Zabini estaba quitándole la ropa a una chica que parecía de su año.
-Fuera Zabini-dijo con tono autoritario y él y la muchacha salieron para quien sabe donde.
-Linda habitación-exclamé sorprendida. Su cuarto era mucho más lujoso que el nuestro, incluso más grande y mejor distribuido.
-Yo creo que es una decoración exquisita, porque la hice yo- y se hinchó de orgullo-Así que Alex… lindo nombre. Suena misterioso.
Y comenzó a acercarse a mí. Yo estaba fascinada con las sábanas de seda verdes que tenía en su cama y el mullido colchón. ¿Cómo rayos lograba esto? ¿Sería exclusivo de él o todos los slytherins tendrían ese lujo?
-Puede ser. A mi no me gusta demasiado-dije acariciándolas nuevamente e incorporándome. Mi distracción me había costado nuevamente otro acercamiento.
Draco estaba casi encima mío, y yo retrocedía lentamente hasta que quedé acorralada contra la pared.
-¿Eres muy hermosa sabes?-dijo posando sus manos en mis hombros descubiertos.
-Emhh… Malfoy… yo…
-Dime Draco-me dijo acercando su cara a la mía.
-Draco, yo quiero decirte que…quiero decirte que me gustaría ser tu… amiga-dije cerrando los ojos por la cercanía de sus labios.
No sé realmente como sucedió muy bien, él me sujeto del cuello y me atrajo lentamente. Yo me dejé perder ante todos mis más oscuros delirios, y desde hacía quizás medio día, sentí que ese sería una de esas adicciones que no puedes obviar en tu vida, pues te dejan marcado para siempre. Draco besaba muy bien, yo lo sabía. Había tenido la suerte y la desgracia de saberlo, pero ese beso fue demasiado impactante. Sus labios rozaron los míos con calidez, tibios, húmedos, con deseo en ellos, pero se entrelazaron en los míos delicadamente, con suma ternura y cuidado, como intentando aprovechar cada centímetro carnoso de mi piel. Me besó con suavidad y destreza propia de él, como lo había hecho antes, pero no profundizó mucho más el beso.
Fue tan extraño y tan relajante que cuando se alejó y abrí mis ojos, sonreí. Sin embargo, su cara denotaba contrariedad.
-¿Sabes? Yo conozco esos labios. Se me hacen muy conocidos…-dijo mirándome de arriba abajo.
Mi sonrisa se desvaneció. ¿Y si me descubría?
