Tras dejar la sala de juicio la soberana quiso dar un paseo por su reino. Admirando su obra mediante el dolor de aquellos a quienes había condenado, recorría su vasto territorio en un carruaje tirado por bestias con la forma de un caballo, alas de dragón y 3 serpientes en lugar de cola, su piel fría al tacto, sus ojos rojos como las mismas llamas que salían por doquier inspiraban terror incluso entre los demonios, sin embargo Lucifer dominaba su fuerza sobrenatural con sorprendente habilidad.

A su paso escuchaba lamentos, gritos, maldiciones, veía rostros desfigurados por el dolor y descarnados que imploraban por el perdón de su alma ante lo cual una sonrisa maliciosa cruzaba su hermoso rostro y la regocijaba de placer. Sin embargo era un placer incompleto, su duro corazón no le permitía sentir nada, había dejado incluso de latir desde hacía tiempo, por lo cual toda satisfacción solo era mental y por lo mismo vacía. Le molestaba el hecho de no disfrutar en plenitud y espoleaba a las bestias obligándolas a ir cada vez más rápido como si quisiera huir de algo

Huir…huir…huir… ¿pero de que?

De si misma, de su destino cruel, quería despertar de aquella detestable realidad como si fuera tan solo una pesadilla, la más horrible de todas azotando con su látigo todo aquello que se atravesara en su camino.

Las bestias corrían desbocadas ante el arrebato de cólera del ser que los guiaba, exhalando humo y relinchando de dolor.

Lucifer trataba de controlar su ira, mas en cada intento esta aumentaba al darse cuenta que solo estaba en su mente ya que su corazón estaba muerto.

Finalmente detuvo su carruaje en un paraje desierto, donde se formaban altos remolinos de arena, bajó dejándose caer pesadamente sobre el suelo y lanzó un grito desgarrador que retumbó a todo lo largo y ancho del infierno, golpeó el suelo con sus puños y exclamó

-¿Porqué? ¿Porque me hiciste esto? ¡A mi! La más hermosa y querida de Tus ángeles, yo que gozaba de protegerte y deleitarte…yo que no hacía más que alabar Tu Nombre…¡Yo! Que pelee por Ti y vencí… ¿Es así como pagas mis servicios y mi eterno amor por Ti?...Solo así, arrancando mi esperanza, relevándome de tu gran ejercito, ¡Arrojándome a las llamas del Infierno a suplir a quien vencí! Samael, antiguo Rey del inframundo a quien atravesé con mi espada en Tu Honor.

Esa fue mi condena… tomar el trono maldito del Infierno y ceñir sobre mi cabeza la Corona de la Amargura, pero ya es momento de que pagues por el daño que me has hecho, puesto que el odio, que es lo que me anima e inspira nace del mismo amor inmortal que un día sentí, arrodíllate pues ante la Reina del Infierno.

Y soltó a reír como una desquiciada con los brazos elevados hacia el cielo