EPILOGO


DM & NL

Era su última noche en la ciudad. Habían cenado y las luces de París brillaban en la ventana contra la oscuridad de la noche.

Neville había dicho que tenía frío y Draco había encendido todas las chimeneas de la suite y había lanzado un par de hechizos de calefacción. Y ahora ambos andaban desnudos por la estancia, sirviéndose los postres del suntuoso carrito lleno de dulces y frutas que les habían mandado desde las cocinas.

Neville había dicho que después de comer quería que se dieran un baño y Draco había puesto a llenar la enorme bañera del baño, tan grande como la del baño de prefectos de Hogwarts. Y para que no se resfriara el agua había echado otro hechizo de calefacción.

Neville había dicho que le apetecía helado de chocolate con la fruta y Draco había transformado en rico helado un pastel de chocolate belga que habían dejado a medias un rato antes. Y ahora veía a su esposo comer fresas con ese helado embelesado por la sensualidad inconsciente de cada gesto que hacía.

—Quiero que nos bañemos. Que te relajes. Hazte una paja si eso ha de ayudar en algo, Draco —dijo Neville lamiéndose los restos de chocolate de los labios y los ledos. El pene de Draco respondió al instante—. Sí. Te harás una paja para mí en el baño —concluyó Neville mirando con hambre la semi-erección que se estaba levantando entre sus piernas.

—Quieres matarme —gimió Draco cuando Neville se acarició a si mismo sin ningún tipo de pudor.

—Oh, sí. Después de bañarnos, limpiarnos y relajarnos. Paja, definitivamente incluida —dijo Neville tocando su propio miembro que también estaba despertando—. Te tumbarás en la cama y me dejarás hacerte un masaje. Me apetece mucho probar una…

Draco le vio dudar.

—¿Qué ocurre? —dijo preocupado Draco.

—Si no te gusta, me detendré. Claro que me detendré. Pero… pero quiero que no… quiero que me dejes probarlo durante un rato. Es un regalo de bodas para ti, pero si ha de hacerte-lo más fácil piensa en ello como un regalo par mí.

—¿Crees sinceramente que nada que puedas hacerme en la cama puede no gustarme?

—Tú prométeme que no te negarás enseguida a ello, que me dejarás probarlo y luego si no te gusta me lo dirás, no calles solo porque yo lo estés disfrutando.

—Vamos al baño.

—Prométemelo primero.

Draco rodó los ojos.

—Me harás perder la erección —masculló enfadado, pero luego añadió— lo prometo, te dejaré probar lo que sea que tengas en esa cabeza de chorlito y si no me gusta no me callaré solo para darte placer. Como si eso fuera a suceder nunca —añadió Draco entre dientes tirando de Neville en dirección al baño.

—No perderás la erección —le susurró Neville en el oído cuando estaban ya en la puerta—. Yo me encargaré de ello —Y le mordió el cuello. Lejos de donde tenía la marca, pero no por ello en una zona no erógena.

Las manos de Draco volaron hacia atrás a las caderas de Neville para apretarlo a su espalda. Y Neville rió.

—Con calma maestro, tenemos toda la noche por delante aún —y rió en su oído antes de separarse y adelantarle para meterse en la bañera sin dejar de bombearse la erección—. Juguemos a un juego.

Draco alzó una ceja. Y Neville rió.

—Se llama seguir al rey. El rey, que serás tú, hace lo que quiere, y el resto, es decir yo, ha de imitarle en todo.

—¿En todo?

—Absolutamente todo —dijo con una sonrisa radiante mientras le tendía una mano para que se metiera en el agua—. Ven, aquí hay una parte poco profunda en la que podremos tumbarnos.

—¿Qué no era yo el rey? —dijo Draco alzando de nuevo la ceja pero siguiendo a Neville.

—Sólo si quieres jugar —dijo Neville girándose para besarle profundamente.

—Sólo si es contigo —respondió

DM & NL

Draco estaba en una nube. Lo que acababan de hacer en el baño era la cosa más erótica que había vivido en su vida. Y ahora tenía debajo de él la cama más mullida y grande que uno pudiera imaginar y a su lado Neville estaba embadurnándose las manos con aceite corporal para darle un masaje.

—Creo que me dormiré —murmuró Draco cerrando los ojos mientras las manos grandes de Neville le escampaban aceite por la espalda.

—No creo. Pero no te preocupes, si te duermes será un buen cumplido —dijo Neville todo relajado.

Empezó por la parte baja de la espalda. Draco tenía la cintura pequeña y Neville las manos muy grandes. Cuando presionó y le crujió la espalda Draco gruñó, luego suspiró y se relajó aún más.

Draco esperaba que luego le masajeara los hombros, el cuello… solo de pensar en ello ya se sentía en la gloria, pero las manos de Neville tomaron la dirección opuesta. Sin tapujo alguno le acunó ambas nalgas con las manos y las masajeó. Un dedo travieso, embadurnado, le recorrió la raja, erizándole la piel. Instintivamente Draco levantó el culo hacia esa mano gimiendo.

—Merlín, después de lo del baño no debería ponerme así solo por esto —susurró Draco.

Neville le empujó el culo abajo, y le masajeó la zona en la que culo y piernas se unen.

Para poder manipular bien cada pierna Neville se las hizo separar. Y Draco volvió a subir el culo.

—Draco relájate —le riñó Neville.

—Es difícil con tus manos sobándome el culo.

Las manos de Neville se fueron alejando progresivamente del trasero de Draco, masajeando las piernas largas y esbeltas. Un verdadero masaje terapéutico que pilló a Draco desprevenido. En especial cuando Neville llegó a los pies, y eso no le detuvo.

—Merlín, Neville, ¿dónde has aprendido a hacer esto?

Neville rió y siguió masajeándole los pies.

—¿Eres consciente de que no dejaré de pedirte que me hagas esto?

—Si cuando termine opinas igual, ten por seguro que no me importará. ¿Draco, sabes lo agradable que es poder tocarte así, donde quiera, como quiera, cuanto quiera…?

Draco ronroneó.

—Voy a volver a subir —susurró Neville pasado un rato abandonando los pies.

Cuando pasó por el culo no pudo evitar volver a molestarle con un dedo, pero no se entretuvo. Draco gimió en protesta pero no tenía energía para quejarse. Las manos calientes y grandes de Neville en su espalda eran algo muy agradable, si bien menos sexual, en esos momentos se sentía saciado así que no insistió.

Pero entonces las manos de Neville llegaron a los hombros, donde inicialmente había esperado que avanzaran tras empezar en la parte baja de su espalda, y el roce de ellas con la marca le estremeció de cabeza a los pies.

—Shahz zahith sharaz. Tinhaz. Hazashin. Zinsah.

—¿Neville? —exhaló notando la extraña y ya conocida sensación de la serpiente de su marca empezar a moverse.

—Shhhhh —le susurró Neville al oído.

Draco respiraba aceleradamente. Asustado y excitado a partes iguales. Pero no se movió. Y los labios de Neville se cerraron contra su nuca y la respiración de Draco se le quedó atrapada en el pecho. La serpiente estaba allí, y la lengua de Neville no le daba tregua. Cuando los dientes de Neville mordieron levemente las vértebras de su nuca Draco gimió totalmente sobrepasado.

—Tinhaz. Hazashin. Sasaz zaz. Draco respira —de repente los pulmones de Draco se llenaron de aire y empezó a resoplar.

—¡Merlín, Morgana y todas las maldiciones de la Rectoría Borley, Neville! —exclamó Draco en cuanto pudo hablar.

La serpiente no se había detenido en su nuca, muy lentamente había empezado a descender vértebra a vértebra zigzagueando por su espalda.

—Sé que mi piel sobre la marca te estremece —susurró Neville besando la vértebra donde estaba la serpiente en ese memento—. Sé que a veces te molesta —añadió antes de besar la siguiente vértebra—. Y si es demasiado —otro beso—. Si usar la marca así —otro beso más y Draco estaba a punto de gritar—. Si es demasiado, puedo parar —la respiración de Draco volvió a quedar atascada en su pecho—. Shhhhh —le acarició el pelo—. Respira.

La serpiente estaba llegando a media espalda. No se había detenido pero Neville había cesado en besar cada vértebra y eso ayudaba a que la mente de Draco volviera a conectarse.

—Puedo detenerme si las sensaciones son demasiado…

—Son… no sé si es demasiado —resopló Draco—. Pero no aguantaré mucho—gimió cuando la mano de Neville aún viscosa del aceite corporal, tras acunar su culo había deslizado de nuevo un dedo travieso hasta su palpitante entrada.

—Si quieres seguir, puedo ayudarte con eso —susurró Neville alargando la mano más abajo hasta cogerle los huevos. Y Draco dio un brinco convencido que se correría de un momento a otro.

—¿Cómo? —gimió de nuevo Draco escondiendo la cara en el colchón totalmente avergonzado del estado en el que se encontraba.

—Date la vuelta —Neville le ayudó a girarse y sonrió al ver el estado de su erección.

Entonces hizo un accio y una cajita salió volando de su neceser hasta su mano. Era pequeña, negra y muy parecida a la que Draco le había dado el día de su boda con el anillo de su madre.

—Compré esto hace unos días —dijo entregándole la cajita.

Cuando Draco la abrió y vio lo que había dentro supo que se había puesto tan rojo como el pelo de los Weasley.

—Veo que sabes qué es —sonrió Neville.

—No esperaba que TÚ supieras lo que es —replicó Draco avergonzado.

—Yo esperaba que estuvieras dispuesto a usarlo —dijo Neville sin poder contener la risa tonta fruto de los nervios y la emoción.

Draco tragó, pero no dijo nada. Porque ese pequeño anillo podía ser la solución a su hipersensibilidad. Y lo de mover su serpiente por su cuerpo de ese modo era raro y algo espeluznante, pero no por ello menos excitante.

Las manos de Neville tomaron el pequeño anillo elástico de sus manos y luego le empujó el pecho hacia abajo para que se tumbara de nuevo en la cama. Apoyado sobre los codos para poder ver lo que hacía, Draco no apartó la vista de esas grandes manos untadas de aceite que le masajeaban el abdomen.

—¿Seguro? —preguntó Neville antes de seguir bajando. Y Draco sonrió, agradecido de que Neville, a pesar de todo, fuera alguien tan atento y bueno. Así que asintió con la cabeza y Neville le devolvió la sonrisa.

Cuando las manos de Neville agarraron su falo, Draco suspiró sin poder evitar que sus caderas se elevaran buscando más contacto. Y entonces lo notó. El anillo oprimiéndole la base del pene.

—No te aprieta demasiado ¿verdad?

—No. Tiene un tacto extraño. Está frío.

—Es un hechizo. Se puede modificar si te molesta.

—No. Está bien, supongo.

—Si en algún momento quieres que me detenga, dímelo.

Los ojos de Draco brillaron, asintió con la cabeza y Neville bajó la cabeza para besarle levemente la punta del pene. Draco suspiró, porque el roce había sido mínimo.

—No sufras luego volveré —rió Neville pasando a besos por su inguinal, y luego le lamió la base, luego los huevos, y luego, abriéndole de piernas con las manos, aguantándole los muslos alzados pasó por el perineo donde la cola de la serpiente se había alojado hacía ya unos minutos.

Todo su cuerpo se sacudió. Las piernas se estiraron involuntariamente en un latigazo que casi golpea la cabeza de Neville y con las manos agarrando las sábanas un grito se quedó atascado en su garganta.

—Creo que tendremos que cambiar de posición —dijo Neville esquivando las piernas de Draco y ayudándole a bajarlas de nuevo—. Ven —le dijo alargándole la mano.

Draco se dejó incorporar. Siguiendo las órdenes de las manos de Neville se alzó y se puso de rodillas y, cuando Neville se puso de rodillas detrás de él, dejó caer la cabeza en su hombro, ojos cerrados y respiración desacompasada.

Los brazos fuertes de Neville se abrazaron a su cuerpo, una mano en su pecho controlando sus latidos, la otra en su vientre. En su espalda Draco notaba la respiración de Neville, también afectada, y sus latidos, más serenos que los suyos, fuertes, constantes.

—Te quiero —susurró Neville en su oído.

La piel de Draco se erizó y un nudo le subió a la garganta. Las manos grandes y calientes de Neville acariciándole, su erección pulsando contra sus nalgas, sus labios en su cuello. Draco estaba en el cielo.

Lentamente, esos labios carnosos y ávidos pasaron a su nuca y luego recorrieron su columna como habían hecho un rato antes. Las manos de Neville fueron separándole de su cuerpo, ayudándole a doblarse hacia delante hasta terminar recostado sobre sus manos, cual animal de cuatro patas.

Cuando la mano de Neville le agarró el pene sus codos temblaron.

—Baja más. Ponte cómodo —le dijo Neville acariciándole suavemente la espalda sin dejar de bombearle con mucha suavidad mientras él bajaba un poco más y se recostaba sobre sus codos. Su culo totalmente expuesto hacia Neville—. Díos mío, Draco. Tienes el culo más perfecto —susurró bajando la mano de la espalda a las nalgas. Luego acercó los labios a ellas y a besos fue acercándose de nuevo, finalmente, a su entrada.

Draco protestó con un gemido cuando la mano de Neville en su polla paró y se alejó para ir a agarrarle la otra nalga. Pero entonces los labios de Neville llegaron por fin a su ano, y Draco supo a ciencia cierta dónde había terminado su serpiente tatuada.

Otra sacudida, más fuerte que la anterior le sobrecogió en cuanto la boca suave de Neville hizo contacto con ése tatuaje enroscado alrededor de su entrada.

Envalentonado por esa reacción Neville sacó la lengua y le lamió en un círculo perfecto que hizo gritar a Draco.

Otra lamida, otra sacudida de su cuerpo y sus rodillas cedieron, como mantequilla fundiéndose. Quedando totalmente postrado a los pies de Neville, solo que de culo a él.

Neville no se detuvo. Con las manos agarrándole las caderas para prevenir los movimientos espasmódicos del cuerpo de Draco, estiró la legua y penetró su entrada. La espalda de Draco se arqueó levemente y un leve gemido parecido a su nombre escapó de los labios de su rubio marido.

Totalmente fascinado por el poder de reducir a Draco de ese modo tan total y absoluto Neville siguió penetrándole con la lengua. Cerrando los labios sobre su entrada, besando, succionando, estimulando. Mientras el cuerpo de Draco temblaba literalmente bajo sus manos gimoteando incoherencias y convulsionando espasmódicamente.

Si hubo dedos, Draco no podía estar seguro. Porque los labios de Neville no abandonaron su tatuaje y su cuerpo no cesó de lanzar descargas de placer por su columna hacia el cerebro hasta derretirlo completamente.

—Shahz zahith sharaz. Hazashin. Sidish. Thish-hazz.

Draco lo notó pero su cerebro estaba demasiado sobre-estimulado como para ser realmente consciente de lo que sucedía. Poco a poco los labios de Neville en su entrada fueron volviendo a su tacto habitual, sensibles, erógenos pero sin provocarle espasmos de placer casi insoportable. Y el calor se enterró en él siguiendo la lengua ávida de Neville que volvía a estar enterrada en su entrada.

Luego esa lengua salió de él. Neville se incorporó y se dobló tan largo era sobre su espalda. Su erección de nuevo enterrada, pulsante y firme, entre sus nalgas. Su latido fuerte y constante en su espalda. Su respiración cálida y profunda en su oído.

—¿Quieres un poco de agua? —le ofreció Neville entonces.

Draco gimió. Incapaz de articular palabra.

—Ten, bebe un poco —le dijo Neville ayudándole a alzar la cara y sosteniendo un baso de agua delante de su boca.

Draco tembló cuando Neville le ayudó a incorporarse de nuevo, las manos firmes en su estómago sosteniéndolo. Draco bebió. Agradecido. Y suspiró cuando Neville empezó a derramar agua encima de su piel ardiente. Su pecho. Su nuca. Su cabello. Su espalda. Finalmente, su erección. Roja como nunca había estado. Totalmente rígida, casi dolorosa, constreñida por ese anillo, que se mantenía frío, evitando que se corriera antes de tiempo.

—No he terminado —susurró Neville tras darle de beber otro sorbo. El baso quedó abandonado en algún lugar entre las sábanas de esa enorme cama.

Entonces Neville separó sus nalgas, se ayudó con una mano sin soltar con la otra el cuerpo lánguido y sin fuerzas de Draco, y le penetró. Lentamente. Hasta el fondo.

Y Draco supo a ciencia cierta, de nuevo, dónde había ido a parar su tatuaje. En un orgasmo avasallador su mundo se volvió blanco y perdió todas sus fuerzas. El placer más intenso que había sentido nunca le desvaneció y cuando abrió los ojos de nuevo estaba tumbado de lado en esa gran cama y Neville estaba tumbado delante de él.

—¿Demasiado?

Draco asintió con la cabeza. Sonrió. Exhausto.

—Quiero terminar dentro de ti —susurró Neville.

Ávido por complacerle, totalmente sobrecargado de endorfinas Draco sintió rápidamente.

—¿Seguro? —rió Neville.

Y Draco cerró los ojos y acercó sus labios a los de Neville. Incapaz de hablar todavía, le besó. Y gimió.

Gimió y abrió los ojos desorbitadamente. Su erección seguía en pie. Roja. Tensa. Imposible tras el orgasmo que acababa de anularle.

—El anillo funciona —susurró Neville al ver como Draco se miraba totalmente anonadado—. Si crees que puedes con ello, hay más —añadió. Y Draco alzó la vista y gimió en un lamento suplicante.

—Tuyo —logró decir. La voz una octava por debajo de su registro normal. Rugosa y casi ininteligible.

—Mío —gruñó Neville, acercando su cuerpo a él.

Con movimientos precisos, casi si esfuerzo, levantó la pierna de Draco colocándola en su cintura, se posicionó correctamente y le penetró de nuevo. Lento y profundo.

Draco tembló, y su cuerpo dio espasmos incontrolados. Gimió y se arqueó. Y Neville empezó a bombear dentro de él. Lentas y largas estocadas que encendían el cerebro de Draco.

—Draco —gimió Neville—. Draco, Draco Draco —repitió su nombre.

Y las caderas de Neville vibraron, y perdieron el ritmo y Draco notó como el líquido caliente y viscoso de Neville se esparcía con presión dentro de él. Y se arqueó de placer y gritó con otro orgasmo blanco y surrealista.

—Te quiero, te quiero tanto —decía la voz de Neville en su oído.

Volvían a estar tumbados de lado, de cara. Neville le acariciaba el rostro y le daba pequeños besos. En los labios, en los párpados, en las mejillas.

—Te quiero —repetía una y otra vez.

Draco gimió. Y Neville le empujó levemente hasta dejarle tumbado de espaldas.

Sin decir nada Neville, bajó besándole el pecho. No se entretuvo ni en los pezones ni en el ombligo. Bajó hasta su erección y se la tragó de lleno.

Draco se arqueó.

—Shahz zahith sharaz. Thisshi. Sidish. Za-ha-zam.

Neville siguió con el pene de Draco en la boca un rato. Luego se apartó. Olió entre sus huevos. Se los metió en la boca. Succionó. Draco siguió gimiendo sin poder decir nada. Y cuando la boca de Neville volvió a engullirle Draco pensó que moría.

La serpiente estaba enrollada en su pene. Y el anillo seguía sin dejar que se corriera. Otra oleada de cegadora luz le inundó.

Esta vez cuando despertó estaba con las manos agarrando el cabello castaño de Neville, sus dedos enredados en sus rizos, y sus caderas se movían con frenesí haciendo entrar y salir su descomunal erección en la boca enrojecida de Neville.

—Nnnn…ille —logró suplicar Draco.

Notó perfectamente el momento en el que las manos de Neville, con ciertas dificultades, desataban el anillo de su pene, hinchado, rojo y dolorosamente inhiesto.

Las mejillas de Neville succionaron con fuerza y, instantes después, Draco se estaba corriendo finalmente. Todo su cuerpo tenso, sacudiéndose sin control una última vez, para terminar cayendo totalmente laxo.

Draco creyó que se ahogaba. Le costaba respirar. Su corazón seguía latiendo a mil por hora a pesar de que los latigazos de su último orgasmo ya habían sucumbido. Cerró los ojos sobrepasado por esa experiencia. Y cuando notó la mano de Neville acariciándole el rostro se abrazó a él con todas sus fuerzas.

Su cuerpo temblaba en los restos de un orgasmo que aún nublaba su cabeza.

Entonces Draco se dio cuenta de que Neville estaba murmurando algo.

—Está bien. Ya pasó. Draco. Respira. Así. Despacio. Respira. Te quiero. Te quiero tanto. Tanto. Respira. Ya está —la letanía de palabras susurradas en su oído acompañada de las manos de Neville dando círculos en su espalda le ayudó a recuperar el control de su cuerpo. A pesar de que no le quedaban fuerzas para hacer nada.

—Te quiero —musitó totalmente exhausto y entonces se durmió.

DM & NL

The End


NA: No estoy segura de haber acertado o de si los personajes me han quedado muy "out of character". Y el epílogo me mata (blush). Pero lo cierto es que me lo he pasado estupendamente jugando con ellos y escribiendo esto. Así que espero que te haya gustado. ¡Feliz SanFandomín!