Como siempre digo ni la historia, ni los personajes me pertenecen. La Historia pertenece a Abbie Glines y los personajes a la gran Stephanie Meyer, (aunque tengo secuestrado a Emmet y nadie lo sabe.) Que disfruten
Capítulo 2
Edward
Algo no andaba bien esta noche. No sabía qué, pero algo no se sentía bien. Jasper parecía nervioso. Al parecía ansiosa, y no podía concentrarme en ninguno de los dos porque Bella parecía retraída. Tomé otro sorbo de mi cerveza mientras me encontraba sentado en el sofá, escuchando a Alec parlotear sobre el juego de la próxima semana. Luchaba contra el impulso de tomar a Bella de la cocina y arrastrarla a otra habitación para averiguar qué es lo que pasaba.
Desde que me desperté de nuestra siesta más temprano este día, y me di cuenta que desapareció, sabía que algo no estaba bien. Bella sonreía mientras me hablaba de la visita de Al y la invitación para esta noche, pero se encontraba preocupada por algo. Quería saber por qué. Tenía que arreglar esta mierda. No la quería perturbada.
—¿Edward? —La voz de Alec interrumpió mis pensamientos. Aparté mi mirada de la puerta de la cocina y miré a Alec. Era diferente ahora que salía con la hermana de Jasper, Jane. Solía ser un mujeriego que era conocido por dormir con más de una chica en una noche. Por eso establecimos un vínculo. Una vez también fui ese chico.
—¿Qué? —pregunté con un tono más borde en mi voz de lo que pretendía.
—¿Viste ese juego de entrenamiento de los Bucaneros la semana pasada? Su lanzador es locamente bueno. —Jugaríamos contra los Bucaneros la próxima semana. Alec hacía hincapié acerca de perder por primera vez en la temporada contra ellos. Tenía problemas más grandes.
—Sí, lo sabemos —le informé, luego dejé mi cerveza y me levanté. Tenía que hablar con Bella. Esto me volvía loco.
—¿A dónde vas? —gritó Alec. No respondí. Escuché a Jasper decir algo, pero los ignoré a ambos y me dirigí a la cocina.
Cuando abrí la puerta, mis ojos escanearon la habitación hasta que encontré a Bella de pie ante el fregadero, lavando sus manos, mientras Jane burbujeaba de alegría sobre algo que les decía.
Bella sonrió, pero pude ver que su sonrisa no era real. Su mente se hallaba en otra parte.
—Hola, Edward. —Jane me miró, y la cabeza de Bella se giró rápidamente, sus ojos se encontraron con los míos.
—¿Puedo robarte a Bella por un minuto? —pregunté, sin apartar los ojos de ella.
Bella secó sus manos en la toalla al lado del fregadero y regresó su mirada hacia Al y Jane. —Volveré a revisar las galletas en un minuto —les dijo, luego caminó hacia mí. Le tendí mi mano hasta que deslizó la suya en la mía y la llevé a la puerta trasera de la cocina. No quería regresar y atravesar la sala. Alec hacía demasiadas malditas preguntas.
—¿Estás bien? —preguntó mientras cerraba la puerta detrás de nosotros. Me giré para mirarla.
—Dime tú, porque no siento que estés bien. Algo está mal, nena, y necesito saber qué es —dije sin soltar su mano.
Bella comenzó a decir algo, luego se detuvo. Cerró sus ojos con fuerza y dejó escapar un suspiro de frustración. Tenía razón en que algo andaba mal. Me acerqué, dispuesto a protegerla de lo que fuera que la molestara. Odiaba no saber cuándo necesitaba algo.
—¿Qué pasa, cariño? Dímelo, así puedo arreglar esta mierda —susurré, dejé ir su mano para agarrar su cintura y acercarla aún más a mí.
Abrió sus ojos y me miró con tristeza. —No quería preocuparte. No iba a decir nada sobre esto. Pero me lees demasiado bien o soy muy mala en ocultar mis sentimientos.
No me gustó lo que escuchaba.
—Hablaré con papá el jueves sobre el pago de la matrícula del año que viene. No soy optimista sobre lo que dirá. Tennessee es un largo camino desde aquí, y no estoy segura de que confíe en ti lo suficiente como para dejar que me vaya tan lejos de él de buena gana. Sé que simplemente me puedo ir sin su bendición y lo haré… pero necesito el dinero. Lo necesito para que la pague. —Un pequeño sollozo escapó de su boca, y la cerró, murmurando una maldición. Eso era tan lindo, sonreiría si no me encontrara tan molesto por ser el motivo de su preocupación.
—Si no la paga, entonces haré que eso suceda, maldición. No te preocupes. Puedo vender el apartamento y utilizar ese dinero para tu matrícula. Está bien. No quiero que te preocupes por esto. No te dejaré atrás, Bella.
Grandes lágrimas brotaron de sus ojos. —Justo por eso, Edward. Tienes que ir. Ese es tu futuro. Es tu sueño. También me rehúso a dejar que vendas tu herencia para pagar mi matrícula universitaria. Ese apartamento es tu seguridad. No lo haré. Simplemente no.
Tomé su rostro entre mis manos y limpié las lágrimas con mis pulgares. —Entonces, no venderé el apartamento si no quieres que lo haga, e iré porque es nuestro futuro. Mi sueño es una vida contigo, Bella. Esta beca sólo asegura ese futuro. Nada más. Ambos iremos con o sin el dinero de tu papá. Eso te lo prometo. Ahora, deja de preocuparte. Haré que suceda.
—Está bien —susurró.
—Confía en mí —supliqué. Necesitaba que dejara de agobiarse.
—Lo hago. Con mi vida —respondió.
Eran momentos como este que me dejaban asombrado de que esta mujer me amara tanto. Nunca imaginé a alguien como ella en mi vida. El hecho de que se encontraba ahí, de que me amaba y que no tenía que temer que me dejara, hacía que todo en mi vida estuviera bien. Ella lo arreglaba todo.
Bajé mi boca a la suya y mordisqueé su suave labio inferior, antes de deslizar mi lengua en su boca para saborearla. Mi mundo siempre se centraba cuando la sostenía en mis brazos.
Bella se hizo hacia atrás tan pronto como mis manos se deslizaron bajo su blusa. La sonrisa en su rostro era de verdad. —Edward, se supone que debemos allá con nuestros amigos. No aquí besándonos —dijo.
—¿Por qué no? Besarse es mucho más divertido que hablar con esos payasos —contesté antes de besar la comisura de su boca y ahuecar uno de sus pechos en mi mano.
—Edward, detente —dijo con voz ronca, la cual me dijo que estaba encendiéndose. Demonios, ahora me quería ir—. Tenemos que comer con ellos. Creo que Al quiere decirnos algo. Está muy emocionada.
Al y Jasper estuvieron actuando demasiado extraño. Lo recordé en este momento. De mala gana dejé que mi mano se deslizara fuera de la blusa de Bella y la llevé hacia abajo para entrelazar mis dedos con los suyos. —Está bien, regresemos ahí, pero pensaré en ese pequeño coño apretado tuyo durante toda la cena —contesté con un guiño.
Bella
Tenía un momento difícil en la comida. Edward continuaba deslizando su mano entre mis muslos, y empecé a pensar que esta falda fue una mala idea. Cada vez que quitaba su mano, me dirigía una malvada sonrisa que era tan ridículamente sexy, era un milagro que pudiera decirle no.
—Sabes qué quieres abrirlos para mí —susurró Edward en mi oído, haciéndome temblar. Maldito.
Un dedo solitario se arrastró por mi pierna y se deslizó bajo mi falda. Realmente era un chico malo. No quería que esa parte de él cambiara. —Déjame entrar en esas bragas húmedas —susurró, de hecho hacía que mi ropa interior se humedeciera. Terminaría dejando que me tuviera en el baño antes de que la cena finalizara.
—¿Qué le haces, hombre? Demonios, está de todos los tonos de rojo posibles —dijo Alec desde el otro lado de la mesa. La cabeza de Edward se giró rápidamente en dirección a Alec, me encontraba dividida entre la humillación por el hecho de que ahora todos sabían lo que sucedía, y temiendo que Edward lo lastimara.
—No sé de qué demonios hablas, pero sé que no avergüenzas a mi chica. Porque si lo haces, patearé tu trasero.
Alec sólo se rió entre dientes, pero pude ver la mirada de pánico en los ojos de Jane.
—Está bien, ustedes dos. Eso es suficiente. Alec, cierra la boca, y Edward, cálmate. Condenados psicópatas —dijo Jasper desde la cabecera de la mesa.
Por lo menos ya no me hallaba lista para agarrar a Edward e ir a follarlo en el baño.
—Antes de que Edward y Alec se líen a golpes sobre la mesa, quiero decir algo —dijo Al, sonriendo hacia Jasper. Esa mirada de adoración delató lo que diría antes de que pudiera decirlo. Ahora sabía de qué se trataba. Estiré la mano y apreté la mano de Edward.
—Fui al médico ayer. Tendremos un bebé —dijo Alice con la sonrisa más grande que nunca vi en su rostro.
Alec dejó escapar un alarido. —Maldición, ustedes dos. Eso es asombroso.
Jane saltó de su asiento y corrió a abrazar a Al, luego se lanzó a los brazos de su hermano. Vi como Jasper le sonrió a su hermana, riéndose de sus lágrimas de felicidad. Cuando se enteró de que salía con su mejor amigo, se puso furioso. Todos ellos se llevaban bien ahora. Ayudó que Alec besaba el suelo por donde pisaba. A Jasper le gustaba eso.
Al miró hacia Edward por primera vez. Me pregunté cómo tomaría esto él. Sabía que me amaba, pero a ella también. Mucho, pero diferente. Apretó mi mano, luego la soltó antes de levantarse y caminar alrededor de la mesa para tirar de Al en sus brazos y abrazarla. Lo vi susurrarle algo al oído, y ella se rio. No entendí su relación al inicio. Era difícil de entender. Con el tiempo comprendí que aunque ellos no eran parientes, en sus corazones lo eran. Eso era algo que podía entender. Sentía lo mismo por Seth. Crecí con Seth y Jacob Black. Aunque mi corazón siempre perteneció a Jacob, amaba a Seth como si fuera mi familia. Cuando Jacob murió, lloré con Seth. Tuvimos ese vínculo. Así que, lo de Alice y Edward tenía sentido completamente. No quisieron a la misma persona y lo perdieron, pero lucharon para vivir y sobrevivir juntos. Él abandono de sus familias, a medida que crecían, era más fácil porque se tenían el uno al otro. Perder a Jacob me rompió, pero también rompió a Seth. Jacob fue su hermano gemelo. Su otra mitad. Nos aferramos el uno al otro para sobrevivir.
Mi corazón se encontraba lleno. Edward tenía amigos tan maravillosos. Cada uno de ellos me aceptó como parte de su grupo con los brazos abiertos.
Al verlos ser tan felices por Al y Jasper hizo que mi corazón se inflamara.
Me puse en pie y me acerqué a felicitar a Jasper, luego me giré hacia Al mientras Edward la dejaba ir.
—Felicitaciones —le dije y la abracé—. Serás una madre maravillosa. —Ya era una tía maravillosa. La vi con Larissa, su sobrina.
—Gracias. Estoy tan contenta de que Edward te tenga ahora —susurró.
Esto era el por qué se preocupaba por nosotros. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar drásticamente, y ya no podía ser el hombro en el que Edward se apoyara. Él me necesitaba.
Los brazos de Edward se deslizaron alrededor de mi cintura y me atrajo a su lado. Me acurruqué contra él mientras Alec le daba palmadas en la espalda a Jasper y lo llamaba papá. Jane ya le preguntaba a Al sobre los nombres para el bebé, y disfrutaba observando todo. Esta era la felicidad. Ser parte de ella era una experiencia asombrosa.
—¿Eres feliz? —le pregunté a Edward mientras miraba su rostro.
Bajó la vista hacia mí. —Completamente. Cuando éramos niños, siempre pensé que todo lo que tendríamos era el uno al otro. Pero tuvimos suerte. Al encontró a Jasper, y yo te encontré a ti.
Presioné un beso en su pecho y volví a mirar a los demás en la habitación. Incluso si mi padre no me ayudaba a ir a Tennessee, encontraríamos una manera. Jasper y Al superaron algo mucho más difícil que el dinero y la ubicación, y míralos ahora.
Capítulo 3
Bella
Me quedé en el pórtico de la casa de mi papá, mirando el familiar terreno que crecí amando. Tantos recuerdos bailaban en mi cabeza. Una vez, esos recuerdos trataban solo de Jacob, mi amor de la infancia, prometido y ahora un soldado caído. Él fue mi mundo incluso después de su muerte, hasta que Edward Cullen llegó caminando a mi vida con arrogancia y una boca traviesa.
No era para nada como Jacob, pero me enamoré de él de todos modos. Sonriendo, agarré mi vaso de té dulce y tomé un sorbo. Esperaba que papá volviera de su viaje al corral. Íbamos a almorzar juntos hoy, pero su nuevo peón se reportó enfermo esta mañana. Casi llegaba aquí cuando papá me llamó para cancelar, así que decidí venir y simplemente disfrutar de la paz y la tranquilidad por un tiempo.
Quería quedarme y ver a papá hoy. Al principio, fue duro dejarlo. Cuando mi madre murió, yo seguía siendo tan joven. A través de la pena y el dolor, papá y yo nos hicimos más fuertes juntos. Dejarlo me hizo sentir culpable, pero ya había el tiempo. No podía quedarme con él para siempre.
—Me pareció reconocer ese Jeep estacionado enfrente —llamó la voz de Seth desde el patio delantero. Giré la cabeza para ver al hermano gemelo de Jacob bajo el arce, con las manos en sus bolsillos delanteros, sonriéndome. No lo veía desde su receso de invierno de la universidad.
Puse mi vaso sobre el borde de madera de la barandilla del pórtico y bajé corriendo las escaleras. Seth abrió los brazos para que me lanzara. Él fue una parte tan importante en mi vida mientras crecía como lo fue Jacob. Los tres éramos inseparables. Cuando Jacob murió, Seth y yo nos acercamos. Habíamos pasado por eso permaneciendo cerca. No me di cuenta de que Seth se encontraba listo para seguir adelante con su vida hasta que Edward entró en la mía. En cierto modo, Edward nos salvó a ambos.
Los brazos de Seth se envolvieron a mí alrededor y me levantaron del suelo. —¡Estás en casa! ¡No sabía que vendrías a casa esta semana! Pensé que te quedaba otra semana antes de que volvieras —dije, apretándolo con fuerza.
Lo había extrañado. Ver su rostro siempre era agridulce. Se parecía tanto a Jacob.
—El semestre terminó. Es momento de disfrutar mis vacaciones de verano. ¿Qué haces aquí? —preguntó, poniéndome en el suelo delante de él.
—Vine a almorzar con papá. Sin embargo, se ha ido al corral. Su ayudante se reportó enfermo esta mañana.
Seth movió las cejas provocativamente. —¿Por qué no almuerzas conmigo en su lugar?
—Me encantaría. Tengo un poco de ensalada de pollo en la nevera, mazorca de maíz y frijoles negros, y bizcochos en la cocina, manteniéndolos calientes. Más que suficiente para mí y papá. Ven y comeremos, y me puedes contar sobre todas las chicas a las que les rompiste el corazón este año.
Hubo un destello de inquietud en los ojos de Seth que la mayoría de las personas no notarían, pero la mayoría de la gente no creció pasando cada día de su vida con él. Lo conocía demasiado bien. Y porque lo conocía tan bien, decidí dejarlo pasar por ahora. Él protegía algo y lo iba a dejar.
—¿Tu ensalada de pollo casera? —preguntó con una mirada de satisfacción en su rostro.
—Síp.
—Demonios, sí —respondió, y subió las escaleras sin esperarme.
Esto era agradable. Últimamente extrañaba la casa… papá… Seth… el pasado. No porque no fuera feliz con Edward, porque sí lo era, muy delirantemente. Era sólo que no sentía que pudiera hablar con él de mi casa. Edward y papá aún no se hablaban entre sí. Cuando estaban juntos, era incómodo. A pesar de que Edward no lo mencionaba, sabía que seguía preocupado de no estar a la altura de Jacob. Si alguna vez mencionaba a Jacob, la mirada en el rostro de Edward lo decía todo. Simplemente no podía ser abierta con él sobre todo.
Nos arreglé un plato a ambos y me senté a la mesa frente a Seth. Habíamos comido juntos en esta mesa desde que yo era una niña. Se sentía bien aún tener momentos así. —Háblame de la universidad. ¿Aún no estás locamente enamorado?
Seth me miró y luego a su plato, entonces puso el tenedor con guisantes en su boca. Supongo que no era algo de lo que quería hablar. Lo que significaba que teníamos que hablar sobre ello. Siempre fue el trabajo de Jacob conseguir que Seth hablara cuando tenía un problema. Había visto su dinámica por años. Conocía a Seth tan bien como conocí a Jacob.
—Habla, Seth —dije, bajando mi propio tenedor y mirándolo.
Dejó escapar un suspiro y sacudió la cabeza. —No hay nada de qué hablar.
—Sí, y lo sé mejor que eso. No puedes mentirme —contesté.
Seth se recostó en su asiento y niveló su mirada con mis ojos. —Está bien. No creo que la vida universitaria sea para mí. Pensé que era lo que quería. No podía esperar para salir de aquí… ya sabes, lejos de este pequeño pueblo. Pero lo extraño. Jodidamente mucho. Extraño despertarme temprano y salir antes de que el rocío se haya secado. Extraño el olor de la tierra y trabajar con el sol en mi espalda mientras realizo algo. Por tanto maldito tiempo quise dejar esta vida, y ahora sé que es mi hogar. Es lo que soy.
Entendía algo de eso. También extrañaba la tierra. Tal vez no tanto como él, pero era una parte de ambos. —Entonces múdate a casa. Si esta es la vida que quieres, ven a casa.
Podía ver la expresión desgarrada en sus ojos. —Quiero hacerlo… pero mamá está tan malditamente orgullosa de mí. Por primera vez en mi vida, actúa tan orgullosa de mí como lo estuvo por Jacob. Amaba a mi hermano, lo sabes, Bella, pero nunca fui tan bueno como Jacob a los ojos de mamá. Ella lo adoraba. Él era a quien todos amaban. —Hizo una pausa y sus ojos bajaron, lejos de mí—. Entiendo por qué. También lo amaba. Pero es agradable sentir por una vez que estoy haciendo algo de lo que está orgullosa, a pesar de que al principio no quería que me fuera. Está contenta de haberlo hecho ahora.
Me incliné sobre la mesa y miré duro a Seth hasta que tuvo que levantar su mirada para encontrar la mía. —Seth Black, escúchame, y me refiero a que me escuches bien. Tu mamá piensa que caminas sobre el agua. Te adora tanto como adoraba a Jacob. ¿Cómo no podría hacerlo? Después de todo, fuiste la razón por la que todos, yo, tu mamá, tu papá, todos, superamos la muerte de Jacob, y estuviste allí en el vacío. Cuando deberías haber estado de duelo y desmoronándote, nos mantuviste a todos juntos. Tú, Seth. Tú. Si decides que quieres volver a casa y vivir aquí y tener esta vida, tu mamá estará encantada. Ella te quiere cerca, Seth. Pero más que nada, quiere que seas feliz. ¿Acaso no lo ves? Quiere que tengas una oportunidad en la vida. Quiere que llegues a vivir la vida que tu hermano no tuvo.
Una pequeña sonrisa tiró de las esquinas de sus labios. Era una sonrisa torcida que me recordó mucho a la de Jacob. —Me alegro de que estuvieras aquí hoy. Necesitaba que me enderezaras. Siempre fuiste buena para eso —bromeó Seth.
—Todos tenemos nuestros talentos —contesté, y le guiñé un ojo antes de recoger mi bizcocho.
—¿Cómo van las cosas contigo y Edward? —preguntó Seth antes de tomar otro bocado de su comida.
—Bien… no, genial. Consiguió una beca completa de béisbol para Hill Estate en Tennessee. Estoy tan orgullosa de él.
Seth frunció el ceño. —¿Cómo va a funcionar? No me puedo imaginar a Cullen alejándose y dejándote atrás. La última vez que estuve aquí, él estaba malditamente unido a ti.
El miedo devorándome volvió. Quería creer lo mejor, pero la verdad era que existía una posibilidad de que papá pudiera decir que no. ¿Y si decía que no? —Me voy con él —contesté, decidiendo que hablarlo podría hacerlo cierto.
—Vaya, ¿en serio? No pensé que tu papá estaría realmente entusiasmado contigo yéndote con Edward.
No era lo que necesitaba escuchar en ese momento. Me las arreglé para encogerme de hombros con indiferencia. —Tal vez no, pero lo amo.
—Y cuando Bella ama a alguien, los ama con fuerza y con todo su corazón. Sé eso. Lo he visto en acción —dijo Seth con una sonrisa triste que no entendí y no quería excavar más profundo y averiguarlo. Era extraño.
Edward
Le eché un vistazo a mi teléfono de nuevo por tercera vez en diez minutos. Se hacía tarde. Bella me envió un mensaje que venía de regreso de casa de su padre hace más de una hora. No quería mandarle uno y comprobarla mientras conducía, por miedo a que bajara la vista a su teléfono y despegara sus ojos del camino. Si no llegaba aquí en los próximos diez minutos, iba a ir por ella.
—Relájate. Maldición, finalmente te tengo a solas por más de diez malditos minutos, y todo lo que haces es sentarte por ahí malhumorado y comprobar tu teléfono. Amo a Jane como un loco, pero aun así tenemos que tomar descansos el uno del otro. Tienes que aprender a respirar sin ella bajo el brazo todo el tiempo. —Alec me fruncía el ceño desde el otro lado de la mesa en Live Bay, donde me encontré con él y Marco para escuchar el juego de Jackdown. Bella sabía dónde me encontraba y venía directamente hacia acá.
—Cállate —le gruñí a Alec. Se metió un poco de su largo pelo oscuro detrás de la oreja, y juro que dos chicas se acercaron a la mesa sólo por eso. El tipo y su pelo eran un maldito imán para las chicas. Era molesto como el infierno, ya que la mayoría de ellas venían en parejas y siempre había una mirándome. No estaba interesado. Nunca lo estaré.
—Oye, Alec, ¿estás solo esta noche? —dijo una de ellas, apoyándose en él con sus pechos doble D presionados en su rostro.
—Mi chica podría no estar aquí, pero aun así no estoy disponible. Vayan a olfatear a otra parte —respondió con un movimiento de su mano. Ni siquiera hice contacto visual con ellos. Mis ojos se encontraban fijos en la puerta, esperando que Bella entrara.
—La próxima vez manda a una en mi dirección —dijo Marco mientras ponía su cerveza en la mesa y se sentaba a mi lado—. Me voy por tres jodidos minutos y me pierdo eso. Necesito una maldita distracción. Ellas lo habrían conseguido. Ambas.
—Ve tras ellas. Estoy seguro de que estarían al cien por ese estilo tatuado, con rastas, aro en el labio y pulsera de cuero que conseguiste. Eres aterrador como el infierno, M. Hace falta más que una Barbie de Malibú para aceptarte. —Alec resumió bien a Marco. El tipo era rudo. A las mujeres les gustaba, pero entonces él gruñiría y ellas salían corriendo.
—Tienes razón. Esas dos no habrían sido capaces de manejarme. Incluso aunque fuera con ambas.
No era una imagen mental que necesitara. ¿Dónde demonios se encontraba Bella?
La puerta se abrió y ella entró como si la hubiera convocado con mi desesperación. Su largo cabello oscuro se hallaba suelto y al viento, encrespándose alrededor de sus hombros. Los pantalones cortos que llevaba una vez habían sido un par de sus vaqueros favoritos. Los había cortado, y aunque se veía jodidamente increíble, los cortó demasiado. La camiseta ajustada que tenía puesta era la que compró para usar en mis juegos el año pasado. Tenía mi número escrito en ella.
Marco dejó escapar un silbido. —Maldición, Cullen, cuando decides jodidamente establecerte, seguro que escoges algo de primera selección porque…
—No. Termines. Ese. Pensamiento —lo interrumpí antes de que pudiera molestarme por completo. Marco la miraba, al igual que cada hombre en el maldito bar. Me levanté y fui a buscar lo que era mío.
—¡Ve por ella! —gritó Alec con una gran carcajada. El idiota sabía lo que se sentía que tu chica fuera observada. Él lidiaba con eso tan bien como yo. Sólo era un imbécil cuando quería serlo.
—Hola. —Los ojos de Bella se iluminaron cuando me vio caminar a través de la multitud para alcanzarla.
No le respondí. La necesitaba primero. Tirándola contra mí, lamí su labio inferior antes de deslizar mi lengua con avidez en su boca. Extrañé su sabor hoy. Se había ido por demasiado tiempo. Riendo, Bella se apartó antes de que me olvidara por completo en dónde estábamos, y me sonrió.
—También te extrañé —dijo.
—Como un loco —le aseguré. No pensé en otra cosa mientras ella no estaba.
—Papá dijo que pagaría por ello.
Tenía la intención de decirle que no me iría a Tennessee sin ella. Había estado preparado para hacer que sucediera o no ir. Pero escucharla decir que no tendríamos que superar ese obstáculo fue como si la maldita pared de mierda acabara de ser levantada de mi jodido pecho. Podría tomar una respiración profunda.
—Caliente infierno —gruñí, y la tiré más duro contra mí—. Te necesito. Ahora.
Me encontraba listo para llevarla afuera y celebrar. Bella, sin embargo, me agitó sus pestañas, lo que significaba que quería hacer otra cosa y estaba siendo adorable para poder salirse con la suya.
—Vamos a bailar primero —dijo, agarrando mi brazo y tirándome hacia la pista de baile cubierta con cuerpos sudorosos. El DJ se encargaba de la música. "Hot In Herre" de Nelly comenzó a sonar, y Bella me miró con una sonrisa maliciosa. Me encontraba en problemas. Podríamos terminar follando en el maldito Mustang.
Dejé que me tirara en medio de los cuerpos moviéndose y la miré mientras pasaba sus manos por mi pecho, deteniéndose para jugar con mis pezones perforados antes de que comenzara a moverse de una manera que sólo quería que lo hiciera en la intimidad de nuestro apartamento. Maldita sea.
Cuando comenzó a deslizar su cuerpo hacia abajo hasta que se encontraba en cuclillas con su boca al nivel de mi cremallera, decidí que no llegaríamos hasta la siguiente canción. Bajando la mano, la levanté, y ella tiró la cabeza hacia atrás y se rio a carcajadas. Mi chica traviesa quería jugar. Bien. Jugaríamos.
Deslicé una pierna entre las suyas, presionando entre esos pequeños pantalones que usaba, luego agarré su pequeño culo apretado, tirándolo contra mí antes de balancear mis caderas con la música. El fuego en sus ojos fue instantáneo. Bella puso las palmas contra mi pecho y cerró los ojos. Cuando su boca estuvo floja y se abrió lentamente, sabía que había tenido suficiente. Agarré su mano y la saqué de la pista de baile, directo hacia la puerta.
Cuando salimos a la cálida brisa de la noche, mi pulso golpeó más alto. La llevaba al Mustang. No sería capaz de esperar.
—¿A dónde vamos? —preguntó Bella sin aliento.
—Mi auto —contesté, tirándola hacia el estacionamiento oscuro—. Estuve caliente apenas entraste, chica. No necesitaba más estímulo.
Abrí de un tirón la puerta del pasajero. Deslicé el asiento hacia atrás tanto como se podía, luego retrocedí y me senté, jalándola a mi regazo antes de cerrar la puerta.
—En mi auto, nena —gruñí, agarrando su cabeza y tirando de su sorprendida boca para poder invadirla con mi lengua de la forma en que estaba a punto de invadir su cuerpo—. Jodidos pantalones. Tan malditamente cortos —murmuré contra sus labios.
Se sentó a horcajadas, poniendo sus rodillas a cada lado de mis piernas, y presionó su calor en mi contra. Incluso a través de los pantalones podía sentir cuán lista se encontraba ya. Deslicé mis manos bajo su camiseta y desabroché el sujetador, dejando su camiseta puesta en caso de que alguien caminara por allí. No quería que nadie viera sus pechos. Esos eran míos. Sólo míos. Tomé pequeños mordiscos de su cuello y hombros. Bella siempre sabía tan bien. En todas partes.
—Cuando lleguemos a casa, voy a disfrutarte. Cada parte. Pero en este momento, necesito estar en tu interior. Sácate esos pantalones.
Bella se retiró y sus ojos estaban cubiertos con deseo. La observé mientras desabrochaba sus pantalones cortos y comenzó a menearse fuera de ellos y sus bragas mientras se sentaba en mi regazo.
Estiré la mano y le bajé el resto. —Recuéstate —susurré, acomodándola en mi regazo para que su espalda estuviera contra mi pecho. Abrí sus piernas y pasé las manos por el interior de sus muslos. Su piel era tan suave, siempre me fascinó.
—Por favor, Edward —rogó mientras mis dedos recorrían el pliegue de su pierna apenas rozando su centro.
—¿Por favor, qué, nena? Dime —dije mientras su cabeza caía en mi hombro y dejó escapar un suspiro de frustración, haciéndome sonreír.
—Tócame.
—Mi jodido placer —contesté, deslizando un dedo entre sus pliegues húmedos y haciéndola saltar en mi regazo. Se encontraba más que lista para mí. Deslicé mi dedo en su calor un par de veces y la dejé disfrutar de mi toque juguetón antes de que no pudiera soportarlo más. Mi cremallera retenía mi maldita polla. Tenía que conseguir algo de alivio.
Envolví un brazo alrededor de su cintura y la levanté mientras abría mis pantalones y los bajaba con la otra mano hasta que estuve libre de mi encierro. No tenía un condón, pero no lo necesitábamos. Me habían revisado y me dieron un certificado de buena salud, y Bella tomaba la píldora. —Extiéndelas más —dije mientras se acomodaba en mi regazo.
Me dirigí al calor húmedo que sabía que iba a enviarme al cielo con un solo empuje. —Baja sobre mí, Bella —instruí, y Bella bajó sus caderas con fuerza. Ambos gemimos de placer mientras su cuerpo se ajustó para adaptarse a mí.
—Maldición —gruñí, no esperaba que fuera tan ansiosa—. ¿Lo quieres duro esta noche? —pregunté.
—Sí. Quiero ser follada duro —susurró, agarrando mis muslos mientras se levantaba de nuevo.
—Me hablas así y me voy a correr malditamente rápido —gruñí mientras Bella volvía a bajar. No bromeaba cuando dijo que lo quería duro esta noche. Se lo daría a mi nena traviesa si eso era lo que quería.
Deslizando mi mano entre sus piernas, di golpecitos en su clítoris, provocándole un grito sorprendido. —Oh, sí —gimió.
—Monta mi polla, nena, y mantendré este bonito coño feliz —dije, sintiéndola temblar contra mí.
—Dios, Edward. Me voy a correr rápido si me tocas.
Me reí contra su oído. —Eso es algo bueno, porque si sigues golpeando mi polla así me voy a correr jodidamente rápido. Especialmente si me hablas sucio.
Giró la cabeza para mirarme. Podía ver el brillo en su mirada. Estaba excitada. Acababa de pedirlo y ella estaba a punto de probarlo. Maldición. Levantó su culo de nuevo y apreté su clítoris justo cuando volvió a caer sobre mí. Su fuerte grito de placer me hizo sonreír. —Me voy a correr. Joder, te sientes bien. Tan bien dentro de mí. Quiero sentirte terminar en mi interior. Córrete conmigo, Edward —rogó. Estaba tan cerca. Pasé mi pulgar sobre su clítoris un par de veces más y su cuerpo comenzó a temblar. Alcanzando su cintura, la levanté y empecé a controlar el ritmo. Cuando su orgasmo comenzó, la apretada compresión ordeñó el mío mientras la seguía en la liberación.
Envolviendo mis brazos alrededor de su cintura, la sostuve contra mí mientras su cuerpo se sacudía con cada ola que la invadía. Lentamente empezó a relajarse en mi contra. Seguía enterrado dentro de ella. No quería salirme aún. Me gustaba sentir su calidez.
—Te amo —dijo jadeando.
Ella era mi hogar.
#####################################################################################################
¿No son lindos? Están tan enamorados...
Espero que les haya gustado. Ya saben, cualquier pregunta, amenaza, queja, etc, solo dejen review...
Hasta el próximo capítulo
Besos
Elisse CG
