Wola a todos!

Aquí estoy con el segundo capítulo de mi segundo fic, espero que les guste.

CAPITULO 2: OLVIDOS, CENA Y RECUERDOS

-¿Qué has preparado para cenar Unami?- preguntó Ruegi, el silencio se hizo en la habitación y tres rugidos sonaron rompiéndolo. Los chicos se sonrojaron visiblemente.

- Lo siento- dijo Yaboshi con una mano en la cabeza y otra frotándose el estómago- es que hemos estado entrenando toda la tarde sin parar, Ruegi no paraba de pedir la revancha.

-Pero, ¿Qué dices? Os he dado una paliza chicos- contestó Ruegi altanero.

- Ni en tus mejores sueños, Hokabi- contestó Kadono riéndose.

- Lamento interrumpir chicos, pero yo no he preparado nada para cenar- dijo Unami.

Todos- ¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeé?

Unami- No, no he hecho nada porque es viernes, le toca cocinar a Akemi.

Todos se giraron a mirarme. Se me había olvidado completamente.

Akemi: Eeeeehhhhh…verán, es que con las clases…pues, se me olvidó, pero en seguida me pongo a preparar algo si queréis- horror, aquello si que iría para largo, vi como Ruegi fruncía el ceño, como empezara como siempre…

Ruegi: Bien chicos, cojan las chaquetas, cenaremos fuera.

A: He dicho que puedo hacer la cena, sólo tardaré media hora.

R: Mira Akemi, los intentos de asesinato de la familia no importan, pero hoy hay invitados.

A: ¿Estás insinuando que cocino mal?

R: No lo insinúo, lo afirmo.

Unami: Vamos Ruegi, sabes que está mejorando, podemos hacer curry.

R: Ese es el único plato que se le da bien.

A: ¿Estás seguro, Ruegi?

R: Claro, el resto es veneno.

A: ¡Qué pena! Pensaba hacer tarta de cerezas para el postre, pero viendo que te podría envenenar la haré sólo para los invitados.

R: ¿Queeeeeeeeeeeeeé?- se tiró a mis piernas, lloriqueando como un niño- no seas mala Akemi, sabes que era broma, ¿me darás un poco de tarta?- puso su cara de niño bueno. Yo miré hacia otro lado haciendo como que lo pensaba. Miré las caras de los demás, todos estaban disfrutando con aquella comedia tan habitual entre nosotros.

A: Está bien, pero si friegas todos los platos- dije inclinándome hasta su altura, sonriéndole.

U: Yo te ayudo Akemi- se acercó a mí y me susurró al oído- tengo algo que contarte.

A: ¿Tiene algo que ver con cierta pelea de almohadas que vi cuando llegué?- le susurré con una sonrisa maliciosa. Su sonrojo me dio una respuesta.

Minako: Las ayudaré, no quiero quedarme a solas con estos tres, podrían hacerme cualquier cosa, incluso comerme- se ofreció con una sonrisa mirando a los tres chicos que la miraban ofendidos mientras Unami y yo nos echábamos a reír.

Y las tres nos fuimos a la cocina. Busqué los delantales y tendí uno a cada una. No aguantaba más, me giré a Unami y le pregunté:

A: ¿Entonces que ha pasado? Cuando llegué y me encontré uno encima del otro no sabía si interrumpir o coger la puerta y volver más tarde.

M: ¿De que estáis hablando?- la pobre no entendía nada pero al ver el sonrojo de Unami lo comprendió- ¿Te ha dicho algo Ruegi?

A: Espera un momento, ¿Todo el mundo sabe lo de estos dos excepto ellos?- la cara de Unami a punto de explotar.

M: Es que a Ruegi ya le cuesta, llevo un año oyendo a Kanata decir que un día de estos el tonto de Hokabi se declarará a Unami ¿Y todavía seguimos así? ¿No te has planteado…?

U: Le besé.

M y A: ¿Quuuuuuuueeeeeeeeeeé?- ¿Unami tomando la iniciativa? Esto sí que era bueno, empecé a trocear las cerezas para la tarta, sino tendríamos la cena para desayuno. Minako me imitó y empezó a sacar las hortalizas y lavarlas. Unami se quedó en medio sin moverse, mirándonos buscando una respuesta.

A: ¿Quieres mi opinión?- Unami afirmó con la cabeza, me giré y la apunté con el cuchillo- Tres días, yo le daba tres días para pensar en ello, si en ese tiempo no te responde, olvídale, no vale la pena. Sé que no es fácil, yo también quiero mucho a ese tonto que es tu proyecto de novio, pero no puedes seguir así, no me gusta verte sufrir por él.

M: Estoy con Totsuo, a veces una persona que no sabe decir lo que siente hace más daño que una que no te quiere.

Aquello me dio de lleno. Sabía perfectamente de qué hablaba, había pasado dos años por ello, duda, incertidumbre, miedo, celos, alegría, cariño… y dolor. Eso era lo que marcaba, lo que más costaba borrar, aparte del amor. Había que tomar el dolor, comprenderlo, utilizarlo, usarlo para curar un corazón ayudándole a olvidar el amor, y cuando el amor muere todo es mucho más fácil. Bueno, quizá fácil no sería la palabra.

U: Está bien, haré lo que decís, pero me da tanto…miedo…perderlo- estaba a punto de echarse a llorar, corrí a abrazarla- Tú no te preocupes, todo se solucionará-le susurré, hablaría con él, Ruegi tendría que decidir y le dejaría bien claro que se arriesgaba a perderla, él no sería tan tonto… ¿O sí?

M: Venga chicas, alégrense, que tenemos tres pedazo de hombres esperando para devorar lo que cocinen nuestras manitas- dijo mientras ponía una cazuela para empezar a hacer el curry- además, si Unami se queda con Ruegi, ¿Qué pasará con Totsuo?

Las dos se me quedaron mirando, seguí amasando el relleno sobre la mesa, como si aquella pregunta no se hubiese formulado.

U: ¿Akemi?- levanté la vista ante la llamada de mi amiga, o no, aquella sonrisa en sus caras no me gustaba nada.

A: ¿Qué?- puse cara de no saber de que me hablaban mientras intentaba quitar un mechón de la cara con el brazo porque tenía las manos pringadas de harina.

M: Totsuo, las chicas dicen que no tienes novio, ¿se puede saber a qué estas esperando? No me digas que no hay ningún chico que te guste aunque sea un poquito.

A: No- dije amasando con más fuerza aún el relleno. No me gustaban aquel tipo de preguntas, eran demasiado personales.

U: No mientas, me he fijado, es tu tipo- sin verla pude notar la sonrisa en su voz. Sabía perfectamente de quién hablaba. Entonces ella también lo había notado, después de todo ella le había querido casi tanto como yo. CASI.

M: ¿Entonces hay alguien? ¿Quién es? Seré como una tumba, Totsuo, creedme- dijo girándome para tenerme de frente.

A: No sé de qué está hablando- me giré de nuevo y coloqué la base, y el relleno encima. Al horno, 150ºC, 20min…

U: Akemi tiene debilidad por los chicos que practican las artes marciales, sobre todo por los que son morenos y tienen ojos azules. No se resiste ante unos bonitos ojos azules, pierde la conciencia, ya lo has visto antes- dijo sonriendo y levantando una ceja mostrándose triunfal, ¿el verme incómoda la hacia disfrutar?

M: Vaya Akemi, si estamos hablando de quien estoy pensando debo reconocer, que no tienes mal gusto- sonrió- todas sabemos que de esa habitación es el más guapo.

¿Cómo habíamos acabado hablando de esto? Odiaba este tipo de conversaciones.

A: No me interesa Kadono- respondí intentando aparentar una tranquilidad que no sentía, hablar de chicos si estaba relacionado conmigo siempre me hacía enrojecer, me gustase o no me gustase el chico, y eso siempre daba lugar a malos entendidos.

M: ¿Y quién ha dicho que estábamos hablando de él?- dijo con una sonrisa que no me inspiraba nada bueno. Se acercaba a mí, removí la salsa con las verduras, quizá con demasiada fuerza, debía tranquilizarme o no saldría de esa situación. Estaba a punto de intentar defenderme cuando una voz nos interrumpió.

Saôran: Siento interrumpir chicas, pero he pensado que podría ir poniendo la mesa, lo que pasa que no sé donde están las cosas, le he preguntado a Hokabi, pero está jugando a videojuegos con Yaboshi y no me hace ni caso.

¿Habría escuchado nuestra conversación? Seguramente no, se mostraba demasiado tranquilo, algo en su actitud me hacía sentir que no. Me había salvado, ahora esas pesadas se olvidarían de mí, a no ser que…

U: ¡Oh! Yo estoy muy ocupada con la salsa, Akemi, tú que ya has metido la tarta en el horno ¿Podrías enseñarle donde están las cosas a Kadono? Y de paso le ayudas a organizar la mesa, debemos ser unas buenas anfitrionas- dijo con una sonrisa. Se me había adelantado, la próxima vez debería ser más rápida.

A: Claro – dije quitándome el delantal, y bajando la vista, sabía que estaba sonrojada, aquellas situaciones siempre me resultaban tan incómodas…

Miré el horno, diez minutos, daba tiempo de sobra a preparar la mesa mientras aquellas dos se tranquilizaban. Kadono seguía en la puerta, ahora con su mirada puesta en mí. Sonreía. Aquello me puso más nerviosa. Me lavé las manos. Definitivamente ese chico no había oído nada de esa conversación porque sino no estaría ahí tan tranquilo dándoles más motivos a aquellas dos para murmurar.

S: Tú dirás Totsuo- dijo al acercarme a él, mientras se apartaba de la puerta para dejarme pasar.

Oí las risitas por detrás. Unami me las pagaría, ¡Oh, sí! Aquello no se me iba a olvidar tan fácilmente. Por fin salimos de la cocina hacia el salón donde encontramos a los dos chicos en el sofá mirando fijamente la televisión mientras agarraban los mandos de la play como si en ello les fuera la vida. Como críos.

S: ¿De qué se reían esas dos?

A: Unami, que es muy graciosa- dije entre dientes. No tenía ganas de hablar del tema. Él pareció darse cuenta porque no preguntó más. Llegamos a la estantería.

A: Mira, aquí están los platos y los cuencos- dije abriéndola, intenté cogerlos, su mano cogió la mía impidiendo que siguiera.

S: Pesan mucho, déjamelos a mí- dijo con suavidad. No había chulería en sus palabras, sólo mostraba lo obvio. Pero a veces, aun con palabras amables, la gente te hace sentir inútil, y yo, ante todo, soy una persona que sabe valerse por sí misma y que no necesita a ningún hombre que demostrase lo contrario. Ya había tenido demasiado a la sombra de un solo hombre.

A: Eres nuestro invitado, puedo yo sola, soy más fuerte de lo que parezco, creeme- dije retirando su mano, mientras me ponía de puntillas para alcanzar los platos del piso superior. Llegaba muy justa, pero era cuestión de tirar. Un tirón fuerte… y perdí el equilibrio, cayendo hacia atrás. Entonces noté sus manos sobre las mías agarrando los platos mientras su cuerpo frenaba mi caída.

S: ¿Estás bien?- noté su cabeza encima de la mía, su aliento rozando mi frente. El calor que emanaba su cuerpo me envolvía y el olor de su aroma invadía mis sentidos.

A: Sí, pero no creo que pueda moverme sin ayuda.

S: ¿Tienes los platos bien agarrados? – Moví la cabeza con gesto afirmativo- ten cuidado que los voy a soltar y te pondré recta.

Noté el peso real de los platos en mis brazos, mientras él me agarraba de los hombros hasta ponerme en posición vertical. El calor y el aroma se alejaron, aquello me tranquilizó notablemente.

S: Ya está, y ahora, ¿Me dejas que te ayude con esos platos?- dijo con una sonrisa, sin ninguna recriminación, sin ningún ya te lo dije. Raro, aquello se me hacía muy raro. Pero él ya había cogido los platos y se dirigía hacia la mesa.

A: Gracias- me quedé mirando a aquel muchacho. ¿Qué había de raro en él?

S: Era lo mínimo que podía hacer después de las molestias que os estamos causando- era BUENO. No había ninguna malicia en sus palabras, ningún doble sentido, era totalmente sincero. Bueno, quizá debía admitir que aún quedaban algunas personas sinceras en el mundo y había topado con una de ellas.

Cogí los cuencos y me dirigí con el a la mesa. Rápidamente estaban colocados. Le acompañé hasta donde los vasos y yo cogí los palillos. Los colocamos en la mesa y él se dirigió a la cocina a por algo de beber mientras que yo iba colocando las servilletas.

S: Totsuo, te reclaman en la cocina- dijo indicándome la puerta por la que acababa de aparecer.

¡La tarta! Entré rápidamente para casi chocarme con Unami y Minako delante del horno mientras mi tarta reposaba en la encimera, tenía una pinta estupenda. Y ellas tenían una sonrisa que daba miedo.

M: Totsuo…mmmm… me gusta tu estilo, sutil pero eficaz, esa actuación con los platos para caer en sus brazos ha sido sublime.

U: Hay que admitir Minako, que hacen buena pareja, él se ha comportado como un caballero, podía haberse aprovechado de la situación, y sin embargo te ha cogido suavemente por los hombros, mientras podía haberte abrazado por la cintura, eso significa…

A: Que no le intereso nada, tal como os he dicho desde un principio, os estáis imaginando cosas donde no las hay- cogí la bandeja del curry, la carne y las verduras mientras me dirigía al salón- así que por favor, no sigáis con eso durante la cena, resultaría incómodo.

U: Akemi…- susurró, me giré para verla, ¿qué era lo que intentaba decirme?

M: Bueno, chicas, ya me informaré yo por algunas fuentes, pero que sepáis que esta conversación queda en el aire- se acercó a mí y me cogió una de las bandejas- no sabía que esta cena sería tan entretenida, Akemi- primera vez que me llamaba por mi nombre, no sabía si eso sería un buen o mal presagio.

Entramos en la habitación, los tres se habían sentado en la mesa, dejando un hueco entre cada uno de ellos. Minako se sentó entre Yaboshi y Kadono, Unami corrió a sentarse entre Yaboshi y Ruegi. Otra vez se me había adelantado. Tomé asiento entre Ruegi y Kadono.

M: ¿Qué tal llevas la prueba Akemi? Te vi ayer ensayando con Honomoto, me extrañé mucho de que le eligieras a él, todas las chicas querían a Seiya.

A: Sabes que Honomoto es mejor, solo que todas esas locas no lo pueden ver porque les ciega las hormonas.

M: Me gustó lo que vi, me sorprendiste Akemi, no esperaba que eligieses un baile tan atrevido y con tanto contacto físico.

A: Bueno, hay que arriesgarse…

M: Esa es la verdadera cuestión por la que elegiste a Honomoto, ¿Verdad? Es verdad que es muy bueno, todo el mundo lo sabe, aunque también se sabe que no le gustan las chicas.

A: Acertaste, un baile tan físico…bastante tengo con concentrarme y hacerlo bien para estar pendiente de donde van las manos del bailarín mientras me muevo.

Minako se rió, sabía muy bien a lo que me refería.

M: Tienes razón, ese Seiya es realmente un peligro, pero igual te hubiese beneficiado en cierta manera. Te falta algo Akemi, la técnica y elaboración es casi perfecta, nunca pensé que pudieras moverte así- me sonrojé visiblemente, elogios viniendo de una de las mejores bailarinas de la escuela era algo a lo que no estaba acostumbrada- pero te falta algo.

Todos pararon de comer de golpe, prestando más atención a la conversación. Todos menos Ruegi, claro. Yo no había tocado la comida, al igual que Minako.

A: ¿Qué me falta? Siento la música llevar mi cuerpo como tú dices, los golpes de tambor son golpes en mis caderas, Honomoto se compenetra totalmente conmigo…

M: Pasión, Totsuo. Tienes que demostrar pasión. Aunque tu cuerpo lo transmite, parece que le pones un tope, que no la dejas salir del todo, y esta canción ante todo, es pasión, dos amantes que se necesitan pero se han hecho daño. No sé como puedes hacerlo, quizá tienes demasiados tabúes, quizás no encuentres inspiración, quizás no hayas experimentado la pasión, o quizás lo hayas hecho y te de miedo volver a hacerlo… no sé que es Akemi, pero o la sacas o perderás.

Así que era eso. Minako tenía razón, a pesar de sentir la canción, de bailarla, de dejarme llevar, intentaba evitar todos aquellos sentimientos que evocaba en mí, porque seguían doliendo, de alguna manera, casi tanto como el primer día. ¿Cómo podía liberarlos sin que doliese? Una inspiración nueva, distinta…pero ¿qué? O mejor dicho ¿quién? Honomoto era imposible, pero Seiya casi me daba asco, ¿Cómo me iba a hacer sentir pasión? Debía encontrar algo ese fin de semana. Y rápido. Llevaba casi dos años luchando por esto, meses enteros ensayando día y noche, sacrificando aquello que tanto tiempo había formado parte de mí. Las artes. Sé que en ellas sí mostraba mi pasión, pero habían muerto con Akane. Las artes, la pasión…todo aquello formaba parte de algo ya muerto que ahora necesitaba, pero ¿Cómo revivirlo? Un nombre sonó en mi cabeza de nuevo. Demasiado tarde.

R: Bueno, chicas, ¿Qué os parece? Se mudarían el domingo.

A: ¿Perdón? -Definitivamente me había perdido en mis pensamientos y no me había dado cuenta de que Ruegi seguía hablando, me miró enfurruñado.

R: ¿No haces caso cuando hablo Akemi? ¿Dónde tenías la cabeza? Pues resulta, que por un error informático Kanata se queda sin su apartamento tres semanas, y había pensado que organizándonos bien, podrían quedarse aquí con nosotros.

A: ¿Podrían? ¿Cuántos Ruegi?- ya me empezaba a imaginar la casa llena de tíos, todo el día comiendo, peleando, jugando a videojuegos…

R: ¿Se puede saber a dónde se había ido esa cabeza tuya? Pues Kanata, Kadono y su hermana.

¿Pero de qué iba todo aquello? ¿Compartir su apartamento con tres desconocidos cuando ellos todavía se estaban acostumbrando a esa nueva vida? Aquella idea no me motivaba en absoluto.

U: Por mí está bien, pero habrá que ver como nos organizamos.

A: ¿Esto no hubiera sido mejor que nos lo comentaras antes y a solas, Hokabi?

Ruegi me miró, había utilizado su apellido, sabía que eso no significaba nada bueno, pero ¿acaso había pensado que aceptaría sin más a aquella intrusión? Todavía me costaba ser quién era ahora, ocultar esas facetas que me delataban las diez horas al día que estaba fuera de casa, ¿Y ahora tendría que actuar 24h? Noté como me empezaba a marear, bebí agua.

Kanata: Totsuo, siento molestaros así, pero no sé a quién más pedirle ayuda, el resto de mis amigos viven en colegios mayores o con sus padres, Hokabi es el único que tiene piso y al contarle lo que pasaba se ofreció. No le culpes, nosotros le pusimos en este aprieto- me habló mirándome a los ojos, era sincero. Y mi corazón volvió a traicionarme, nunca había sido capaz de negar ayuda a nadie. Eso sí, Ruegi me las pagaría y empezaría ahora mismo.

A: ¿Y habéis pensado como organizarnos?- intenté esbozar una sonrisa. Aquello prometía ser divertido.

R: Habíamos pensado que Kanata durmiese en mi cuarto, Kadono con su hermana en la de Unami y ella contigo- dijo en un tono esperanzado. El pobre no sabía lo que se le venía encima.

A: No sé Ruegi, creo que podría haber opciones más interesantes, entre chicos y chicas siempre se pueden hacer parejas más…cómo decirlo, más reales.

R: ¿A qué…qué te refieres? ¿Tú acaso quieres…quieres…compartir la habitación con… alguno de nosotros?- balbuceó, completamente sonrojado, lanzándome miradas desde su atención en el suelo. Acerqué mi silla a la suya, me incliné casi rozándole…

A: ¿Te gustaría?- él se separó nervioso, cayendo sobre Unami. Sonreí. Les tenía justo donde quería.

U: Ruegi…- se oyó apenas en un susurro.

A: Sólo había pensado que esto te serviría para reconocer tus sentimientos Ruegi, y que podías intentarlo compartiendo la habitación… con Unami.

R y U: ¿Quuuueeeeeeeeeeé?- los dos completamente sonrojados, sin moverse, seguían uno encima del otro.

A: Vamos, es lo normal en una pareja, tenéis veinte años, ya habéis perdido suficiente el tiempo, ¿no?

M: Estoy de acuerdo, no veo el problema si los dos os gustáis- Minako para aliada era lo mejor.

R: Bueno… yo…- el chico balbuceaba y no paraba de agitar las manos mientras tapaba su rostro totalmente rojo. Unami debajo de él callaba.

A: Porque a ti te gusta Unami, ¿verdad Ruegi?

Todo quedó en silencio. Las miradas puestas en Ruegi. Le lancé la mirada de aviso. Se la estaba jugando.

S: Chicas, dejadles, ¿no veis como lo están pasando?- dijo agarrándonos a las dos del brazo. Él no los conocía, Ruegi necesitaba esa presión para exteriorizar los sentimientos. Me liberé de su mano y volví a lanzarme sobre Ruegi.

A: ¿Acaso me vas a decir que no estás enamorado de ella?- noté como Ruegi cambiaba, se tranquilizaba, su cuerpo se tensaba- ¿Vas a dejar que venga cualquiera y se la lleve? ¿Y lamentarte toda la vida por perderla, por haber sido un cobarde? ¿No eres un artista marcial? ¿Dónde están tu valor y tu honor?- sabía que no había hablado Akemi. Ukyo y Ryoga también lo sabían. Esto hizo que reaccionase.

R- ¡Claro que la quiero!- vi en sus ojos la misma pasión que cuando peleaba- ¡Es mía! ¡No dejaré que nadie se la lleve!

Todo quedo en silencio de nuevo. Unami en estado de shock. Sabía lo que sentía, había sentido lo mismo en cierta ocasión sobre una pista de hielo. Sabía que estaba feliz, pero le costaría reaccionar, hacía demasiado tiempo que esperaba escuchar esas palabras.

Los ojos de Ruegi se iban apagando poco a poco, pero en ellos seguía habiendo la misma determinación. Había echado todo al fuego, había sido sincero con él mismo y con Unami, todavía estaba alterado, pero estaba en las puertas de la felicidad. Los has hecho muy bien amigo, sabía que reaccionarías así. Minako y Kanata se miraban sonriendo, quizá les trajese recuerdos. Kadono miraba al vacío, parecía estar muy lejos de aquí.

A: Una vez aclarado este asunto, el reparto está claro, Kadono y Yaboshi, y yo y la chica, ¿Cómo se llama?- Minako y Kanata se miraban atontados mientras se cogían de la mano, Unami y Ruegi hacían algo parecido mientras que Kadono seguía mirando sin ver, ¿Dónde demonios estaba ese chico?- ¿Kadono?-nada- ¿Saôran?- dije agitando mi mano ante sus ojos.

S: Perdona, me había quedado en estado de shock- dijo sonriéndome- ¿Cómo sabías que…?

A: ¿Que funcionaría? Es sencillo, si sabes lo que sienten ambas partes, así es fácil hacer de Celestina- dije tomando un poco de agua.

S: Aún así me parece un poco arriesgado.

A: En la vida hay que arriesgarse, sino las oportunidades se escapan- bonita frase viniendo de alguien que nunca hace lo que dice.

S: Quizá…- volvió a ponerse pensativo, aquello me recordó lo que quería preguntarle.

A: ¿Cómo se llama tu hermana?

S: ¿Mi hermana?- puso cara de asombro, definitivamente no era eso en lo que estaba pensando- Matome.

A: ¿Y cómo es?- me encantaba imaginarme a la gente, y por alguna extraña razón era incapaz de generar una imagen de esa chica en la cabeza.

S: Físicamente…- me miró pensativo, quizá calculando medidas- es de tu altura, morena, pelo largo, ojos azules…de carácter…- suspiró haciendo que su flequillo se elevase- tiene un carácter muy temperamental, se enfada fácilmente, es mala perdedora, es una cotilla, se mete en todo aunque no la llames, es una mandona…

A: Hey, espera, espera, espera- dije sonriéndole- no puede ser tan mala.

S: Bueno, dicen que se parece a mí, aunque yo no veo el parecido. Siento si la he puesto tan mal, en realidad cuando la conoces se desvive contigo y es una de las personas más generosas y cariñosas que puedas conocer. Sólo quiero que no te asustes ante la primera impresión, no tiene nada que ver con la realidad- hablaba con cariño, casi como un padre. La debía querer mucho.

K: Vosotros dos, ¿De qué habláis?- dijo con una sonrisa mientras enarcaba una ceja, no nos habíamos dado cuenta de que el resto llevaban un rato mirándonos.

A: De mi compañera de cuarto, quería saber algo de ella.

U: Bueno, Akemi, en realidad…- empezó, sabía lo que iba a decir, de ninguna manera iba a dejar que aquellos dos se echaran atrás.

A: ¿Y que habéis hecho esta tarde chicos?

S: Hemos estado entrenando un par de horas, le hemos dado una paliza a Hokabi, le hemos tenido que llevar a rastras a las duchas o sino todavía estaríamos peleándonos- dijo riéndose, mientras cogía un trozo más de carne.

R: Eso no es cierto Kadono- murmuró muy sonrojado. Definitivamente aquellos dos le habían dado una paliza.

A: Deberías entrenar más Ruegi, últimamente te estás tomando tu entrenamiento a la ligera, ¿En dónde anda esa cabecita tuya?- no hubo respuesta, pero el sonrojo de mis "antiguos" compañeros de piso contestó mi pregunta, está bien, os salvaré por una vez, pero que no sirva de precedente- ¿Y qué hicisteis después?

K: Nos fuimos a ver dojos, tenía mucha curiosidad, verás, yo aprendí en un gimnasio y quería ver alguno, siempre he soñado con tener uno- su voz sonaba ilusionada.

Dojo. Compromiso. Matrimonio. Otra vez los mareos, bebí un poco de agua. Miré mi comida que seguía en mi plato intacta. Definitivamente se me había quitado el hambre.

A: Ah… ¿Y viste algo interesante?- pregunté intentando mantener la tranquilidad, intentaría salir rápido de ese tema, pero no podía hacerlo directamente.

K: Ya te digo- en esto vi el brillo de un niño el día de navidad en sus ojos ¿Tanto le había fascinado todo aquello?- En realidad, estábamos dando un paseo, pero todos parecían cerrados- su tono iba elevándose poco a poco- y de repente salió una pareja de uno de ellos, y no os lo vais a creer, ¡Pero Kadono los conocía! Resulta que es su medico y ese era el dojo de la familia de su prometida. Una chica preciosa, ¡y muy amable! Nos enseñó todas las instalaciones, ¡Qué pasada! Cuando pregunté si podía hablar con el sensei me dijo que era imposible, que el dojo estaba en desuso, que su padre ya estaba mayor para dar clase y que no había tenido hijos, así que nadie lo utilizaba. Cuando nos íbamos vi el nombre de dos alumnos anotados en la pared y le pregunté por ellos. Dijo que eran su hermana y su prometido, pero que hacía dos años que habían dejado el dojo. ¿Cómo alguien puede abandonar aquella maravilla? ¡Es el sueño de todo artista marcial! ¿Verdad, chicos?- dijo un sonriente Kanata al que cada vez veía más borroso.

Noté los conocidos pinchazos en la cabeza. Como si infinitas agujas fuesen perforando mi mente una a una, y alguien las moviese, o sí alguien que volvía a atormentarme desde lo más hondo de mi corazón. Cerré los ojos, intenté dejar la mente en blanco. Nada, todo seguía allí, las palabras…espadas que me desgarran de nuevo, el dolor…se estaba volviendo tan habitual, que me parece imposible que alguna vez no formase parte de mí. Sabía que era una pregunta estúpida, toda pregunta que ya tiene una respuesta no vale la pena preguntarla. Aunque a veces es necesario.

A: Y… ¿Cómo se llamaba el dojo?- abrí los ojos buscando una respuesta, esa respuesta que ya estaba contestada en mí, pero necesitaba oírla.

K: No me…

S: Tendo, era el dojo Tendo- dijo en un susurro ronco.

Noté como el dolor se apoderaba de mí, como se me cerraban los ojos, como perdía el control sobre mi cuerpo, no sentí nada. Fue como caer al vacío. Oía voces muy a lo lejos. Había abandonado mi cuerpo, sólo estaba mi alma, noté paz. Akane. ¿Por qué no me liberas de ti? Siempre estás ahí, me persigues. Déjame ser libre. Olvídate de mí.

Ya sabeis, para cualquier opinión, sugerencia... el proximo