Capítulo 2
A la mañana siguiente, cuando me desperté, mi padre ya se había ido a trabajar. Esto de casi vivir solo era, por un lado bueno pero por otro era un aburrimiento. Era bueno, porque así podría estudiar y estar en paz y tranquilidad, sin muchos murmullos de fondo y cosas por el estilo. También era un aburrimiento cuando, por ejemplo, no tenía que estudiar y había terminado todos mis deberes y no tenía con quién hablar. Llamaba a Ángela, pero no podía quedarse mucho rato en el teléfono hablando conmigo por sus hermanos pequeños, le reclamaban su atención.
Esa mañana no fue la excepción a las otras. Era una rutina; ducha, desayuno, andar y clases.
―Buenos días, Bella ―Saludó Angela con una enérgica sonrisa en su rostro.
―Hola ―Contesté―. ¿Y esa sonrisa de tonta a que se debe?
―Ay, Bella, no te lo vas a creer.
―A ti te puede pasar de todo; hasta limpiar la caquita de tus hermanos hasta tocarte la lotería. Aunque no creo que le hayas limpiado la caquita de tu hermano y estés con esa sonrisa en la cara, la verdad ―Solté unas risas.
―Bueno, sí, tuve que limpiarlas, pero eso no viene al caso ―Meneó suavemente su cabeza en un gesto negativo, sin dejar de mostrar esa sonrisa―. No sé cómo, pero Ben se ha enterado que no puedo estudiar en mi casa tranquilamente, así que me ha dicho que si me parecía bien que fuera a su casa a estudiar ―Y a la sonrisa tonta, se le añadió un brillo especial en los ojos.
―Bueeeeeeeeno, entonces no me digas más ―Reí―. Al fin el chaval se va a lanzar después de un año. Hay que felicitarle.
―Eso es que no lo comprendes; si yo fuera él, también me habría costado lo míos ―Entramos en el aula de Español y nos sentamos en nuestros habituales asientos; no había casi nadie todavía.
―Cierto, a ti te ha costado dos años. Vais progresando ―Una de las cosas que me gustaba de Ángela era que se podía bromear fácilmente con ella y lo mejor que todo era que no se enfadaba.
―Haber lo que le cuesta a la señora dar el primer paso cuando le guste alguien ―Me siguió la broma, y en un gesto infantil, me sacó la lengua―. Y bueno, ¿qué vas a hacer con los Cullen y los Hale? Te recuerdo que nadie se encuentra con los Cullen-Hale y sale indemne.
―Sí, claro, ahora me van a pegar una paliza por verlos comiendo en un picnic privado mientras que los otros dos jugaban al baloncesto ―Rodé los ojos. Eso era lo que me faltaba, en serio. Ya mismo me veo con un guardaespaldas privado. ¡Era una estupidez!
―No me refería a eso, tonta. Me refiero a que cualquier persona que se encuentre con ellos o se une al grupo, o prácticamente lo destierran del instituto.
―Ay, Ángela, qué cosas dices que me haces reír. La verdad es que no voy a hacer nada. Sabes que yo no presto mucha atención a las caras y menos a las del instituto. Me dan igual todos los de aquí; total, cuando me gradúe el año que viene no me van a ver el pelo por Forks. Y creo que lo agradecerán, y yo también.
―Bella, eso ya lo sé. Pero si ha habido veces en la que ibas andando por la calle y te has cruzado conmigo y no me has saludado. Estás en tu mundo, y eso en parte puede ser bueno. Así no haces caso de las gilipolleces que dice Tanya. Pero también es malo cuando te metes en tu mundo de lleno y cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde y te has hecho un nuevo esguince.
―Siempre he sido así desde pequeña; mi madre me regañaba constantemente. De todas formas, volviendo al tema de los Cullen-Hale, voy a seguir en mi mundo y en mi mundo no hay lugar para pijos acostumbrados a tener todo lo que quieran.
Ángela no pudo poner objeción alguna, ya que llegó el profesor con un gran tocho de folios para el examen. Ángela me susurró un «suerte» a lo que yo le respondí con otro. Mediante que el profesor repartía las hojas, yo me cercioré de que mi bolígrafo tuviera tinta suficiente como para un examen entero. Dejé otro bolígrafo y el tipp-ex encima de mi pupitre.
El examen no tenía nada del otro mundo, así que me resulto bastante fácil hacerlo sin complicaciones. Lo repasé una y otra vez, preocupándome por si algo lo había escrito mal o algo por el estilo. Cuando el profesor pidió que los fuéramos entregando, fui una de las primeras. Me despedí de Ángela con un gesto de mano y salí a mi próxima clase que no compartía con ella.
…
Salí feliz del aula de matemáticas por la nota que había sacado en el examen de ayer. La profesora me había felicitado cuando dejó mi examen encima de mi mesa. Me dirigí a la cafetería, deseando contárselo a Ángela y de paso comer algo para aplacar el hambre que tenía. Fijé la mirada en nuestra mesa habitual, pero Ángela no estaba. Seguramente no había llegado todavía de su clase o se había encontrado con Ben a mitad del camino. Si era el caso de la última opción, tardaría en llegar.
Ángela ha sido mi mejor y única amiga que tuve cuando llegué a Forks. Desde ese momento, me apoyó en todo, y aunque si timidez le hacía imposible enfrentarle cara a Tanya, hacía lo posible para animarme mientras que la chica esta venia en camino. Era dulce, cariñosa, buena amiga, guapa e inteligente. Si es que no se puede pedir más de una chica. Ben tenía mucha suerte de haberse topado con ella. La verdad es que a ella le gustaba Ben desde siempre, pues se habían criado juntos y como me decía mi madre «El roce hace el cariño». Eso mismo le habían pasado a ellos, aunque todavía no tuvieran nada oficial. Ben era tímido como Ángela y eso dificultaba la relación a la hora de expresar sus sentimientos, y a la hora de pedirle que sea su novia. A Ángela, le había dado el típico pensamiento de «Nunca lo va a hacer, ¿por qué dejar todo esto y olvidarme de él», pero luego estaba yo que siempre era la optimista de nuestro mini grupo, y le decía «La mayoría de las chicas no hubiesen soportado el tiempo que llevas esperando para que te lo pida oficialmente, así que ¿por qué tirarlo todo por la borda y no seguir luchando?». Sí, esa era yo; la voz de la experiencia.
Era irónico que yo diese los consejos de amor, pues nunca había tenido mi primer beso, ni un novio, ni una cita, e incluso no me ha gustado nadie. Eso mucha gente lo veía raro cuando estaba en la secundaria con mi madre y me preguntaban si me gustaba alguien. Mi respuesta era rotundamente no. Y se quedaban extrañadas al ver que ellas tenía un chico cada día diferente de la semana por el cual suspirar mientras que yo no. Siempre he vivido en mi mundo de fantasía, donde sólo existían los novios ideales y vidas de en sueño. Conforme me hacía mayor, iba descubriendo que no todo es color de rosa y que no se te aparecía un chico de la noche a la mañana, del cual enamorarte y tener tu ansiada familia. Así que decidí centrarme en mis estudios, seguir en mi mundo ―sólo por placer y porque me di cuenta de que en el mundo solamente hay falsedad y superficialidad―y que si me tenía que enamorar de alguien, que el destino me lo pusiera en mi camino cuando fuera el momento apropiado. Tenía claro que no me le iba a decir al primero que viese que me gustaba para ver si con ese tenía un futuro.
Cuando llegué allí, ya era demasiado tarde; mis pies me habían vuelto a llevar hacia el gimnasio y sin premeditarlo, mi mano fue hacia la puerta y la empujé. Y lo que vieron mis ojos no tenía precio. Los dos chicos del picnic, el hermano mellizo de Rosalie y la chica Cullen estaban allí, en medio de la cancha de baloncesto. Él tenía las manos entrelazadas con las de ellas y las tenía entre medio de sus pechos, como queriendo dar énfasis a algo de lo que estaban diciendo. Él la miraba con una intensidad mágica y ella con los ojos aguados, a punto de llorar, pero a la vez con el mismo brillo que tenía él. Era algo como de película, sin embargo con una diferencia palpable: esto no era ficción, era la realidad. El momento fue tan asombroso, que me di pena de mí misma al ver que había interrumpido una escena tan tierna y dulce.
Pero el momento en el que la puerta se cierro, llegó. Nada más hacer «Clic», los dos volvieron la vista hacia mí, queriendo mandar a la mierda a quien hubiese interrumpido. Mi nivel del sonrojo era tanto que parecía que estaba en verano en pleno desierto. Mi sangre se había acumulado toda en mis mejillas. Esto era mucho peor que pillarlos en un picnic secreto o jugando al baloncesto. ¡Esto era pasarse de la raya, Bella! Nota mental: la próxima vez, te cercioras de que haya alguien antes de abrir la puerta sin previo aviso.
―P-perdón ―Musité con cierto trabajo al hablar. Cuando estaba en situaciones incómodas o en las que mi estrés me superaba, el asma se hacía presente. Mierda, necesitaba un chute de aerosoles.
―No pasa nada ―Contestó la chica, con una sonrisa agradable en los labios. Necesitaba salir de allí cuanto antes―. Oye, ¿te encuentras bien?
―S-sí, estaré bien. Lo siento, de verdad ―Y con eso, salí pitando de allí, para introducirme de nuevo en los baños. Después de ponerme los aerosoles, salí de allí y me dirigí hacia Lengua.
Durante las siguientes dos horas de clase, desconecté totalmente. Cada vez que mandaba prestar atención a mi cerebro, sin ton ni son volvía a rememorar el accidente que tuve en el gimnasio. Entré en los probadores, rogando interiormente que ninguna de las dos chicas con las que me había topado en estos días se encontrasen en el vestuario. No sabía cómo las trataría una vez que ellas me hablasen ―aunque sabiendo los rumores de «nerd» que soy dudo mucho que se me acercaran― o en un tal caso a insultarme. Haría lo de siempre en el peor de los casos; usar la indiferencia como mejor arma. Lamentablemente, Ángela no se encontraba allí, así que debería estar fuera, en las canchas, o no había llegado todavía a los vestidores. Por lo que salí de los vestidores y eché una vista rápida de quiénes se encontraban ya en el gimnasio. Me senté en el mismo sitio del día anterior y me dediqué a mirar las decoraciones que había en las paredes.
―Hola ―Dos voces cantarinas, ligeramente familiares, me saludaron. Las voces me resultaban familiares, pero mi cerebro no estaba dispuesto a revelarme qué voz era de quién. Miré hacia donde prevenía la voz. Rosalie Hale y la chica con la que me había topado esta mañana en el descanso se hallaban frente a mí con sendas sonrisas amistosas.
―H-hola ―Les dije, sin saber muy bien cómo continuar para que el ambiente no se tornase tenso.
―Perdona por molestarte, pero nos pareció que las pocas veces que nos hemos encontrado, no dio la sensación de que no estabas bien. Parecías asustada y acalorada ―Comentó la más bajita, Alice Cullen. Fue ella a quien pillé en el gimnasio con Jasper Hale. Los colores subieron a mis mejillas de nuevo. Fatiga. Ningún adjetivo me identificaba mejor en esos momentos.
―Por eso queríamos saber si te encontrabas bien ―Añadió Rosalie Hale.
―No teníais por qué molestaros; estoy bien ―Contesté, intentando mostrar una sonrisa que no quedase muy falsa. Sonreír sin ganas me hacía sentir mal, pero no sonreír a una persona por «educación» era peor.
―¡Vale! Por cierto, yo soy Alice Cullen y ella Rosalie Hale.
―Yo soy Bella Swan.
―Es un gusto poder hablar contigo ―Rosalie alzó una de sus manos, como queriendo decir que ya era hora―. Cuando entraste al gimnasio, la verdad, es que nos dejaste a todos petrificados.
―Respecto a eso, cuando me choqué contigo y cuando te he interrumpido, Alice, lo siento mucho de verdad ―Me disculpé. Más roja no podía estar.
Reafirmo; fatiga: cuando una persona siente reparos, miramientos o escrúpulos.
―Eso ya es agua pasada, no te preocupes. Jasper me va a recompensar llevándome a una cita ―Repuso Alice alegremente.
―Me alegro ―Contesté; puede que a veces mis respuestas suenen como si las dijera con sarcasmo o ironía, como esta vez, pero esa no era mi intención―. Perdonadme; estoy acostumbrada a tratar con gente desagradable que siempre uso un tono sarcástico. A penas trato con personas amables.
―Nada. Sí, ya vemos que alguna gente puede ser bastante arpía. Pero tú no te preocupes ―Comentó Rosalie, como no queriendo la cosa.
―En fin, si tienes algún problema, no dudes en contactar con nosotras ―Dijo Alice.
―Si quieres, claro ―Agregó Rosalie.
―Gracias ―Sonreí; esta vez con un poco menos de falsedad.
―No hay por qué ―Dijeron y con un «¡Nos vemos!» se fueron.
Yo seguí a lo mío, esperando a Ángela, mientras que algunas chicas que estaban a mi alrededor, me miraban con envidia por hablar con ―posiblemente― las dos personas más populares del instituto de Forks. Por mi parte, eran dos chicas más de esta escuela; como si me hubiese hablado el chico que se sienta a mi lado en cualquier clase o una chica preguntándome los deberes. En mi pequeño mundo interior, no había espacio para fachadas y máscaras falsas. Vamos, como si fueran las personas más famosas del mundo. Que hubiese estado frente a mí Pierre Bouvier; seguro que iba a hablar tan tranquila. En ese momento, mi cerebro estaba dividido en dos; pensando en por qué lo habían hecho, que era el dos por ciento y la otra parte, el noventa y ocho restante, seguía a su bola. Sabiendo los rumores que había pro todo el instituto de lo friki que era, seguro que lo habían hecho para después clavarme la puñalada por la espalda. Sinceramente, yo prefería que me insultasen y estar sola con esos insultos, a estar rodeada de gente superficial que no trata contigo por cómo eres. Así que intentaría cruzarme lo menos posible con Rosalie o con Alice; cuanto menos trato tenga con ellas, mucho mejor. Ya de por sí, se veían que eran gente de dinero ―todo lo opuesto a lo mío― y un poco altivas con su cuerpo; a Rosalie la veía más superficial que a Alice. A pesar de sus sonrisas amistosas, detrás de esa máscara, estaban ocultando algo. Que Rosalie Hale tenga el título oficial de «La reina del Hielo» y que me tratara con amabilidad, eran dos cosas totalmente opuestas.
Moraleja: Intentar acercarme lo menos posible a los Cullen-Hale, porque en cuanto menos te lo esperes, te dan la pulla por la espalda.
―¿Ya estás de nuevo en tu mundo? ―La voz de Ángela me sacó del trance en el que me hallaba.
De todas formas, ellas y yo no tendríamos nada en común, ni si quiera la cosa más trivial del mundo.
―Y lo vuelves a hacer ―Dijo Ángela con voz jocosa.
―Perdón, estaba perdida en mis pensamientos ―Contesté.
Yo, al igual que los Cullen y los Hale, también fui nueva. Causé revuelo, ya que era la hija del Jefe de Policía de Forks y una nueva estudiante. Algunos chicos fijaron la mirada en mí. Yo, en mi mundo, no estaba al tanto de eso. El primer día conocí a Ángela, callada y tímida y hablaba sólo en los momentos justos. Éramos bastante parecidas. En cuanto vieron que sólo hablaba con Ángela ―después de tener una revelación interior en contra de las superficiales―, dejaron de tener esa «ansia» de conquistar a la chica nueva.
En cambio, con los Cullen ―por lo que me han contado mi padre y Ángela, puesto que yo todavía no estaba en Forks― fue totalmente distinto. Eran tres y fue un milagro, pues que se mudara alguien nuevo con un hijo era un milagro, pero con tres ya era una bendición, imaginaros cómo se pusieron los pueblerinos. Ángela me contó que más de la mitad de los alumnos estaban babeando por Alice Cullen; se los había ganado con esa sonrisa suya tan amistosa. Y todavía conservaba algunos si no fuera por Tanya y Rosalie. Con sus hermanos, pasó más de lo mismo, o incluso peor que con su hermana. Las chicas suspiraban por ellos dos sin pretender ocultarlo o algo por el estilo. A día de hoy, mantienen el número de fans.
Con la llegada de los Hale fue ídem de ídem. Jasper, al ser tan callado y «silencioso», le daba un toque de maldad que los otros dos Cullen no tenían. El caso es que las chicas se derritieron por él y todavía lo siguen haciendo. Rosalie ya fue el boom de los booms. No hace falta decir nada más. Ni que los chicos se ponen malos cada vez que la ven.
―Te traigo un cotilleo ―Comentó Ángela como si estuviéramos en Navidades, ante la expectativa de los regalos.
―Sabes que me dan igual los cotilleos. Como si es del mismísimo Travis Caldwell(*).
―Y a mí me da igual quién sea ese tío ―Puse una mueca de infinito desprecio y solté una exclamación de horror. ¡Qué barbaridad que no supiera quién es ese hombre!
―Ángela, te he dicho mil veces que… ―Comencé, pero no me dejó terminar. Continuó como si no hubiese abierto la boca.
―Hay rumores de que uno de los Cullen ha dejado a su novia ―Solté una exclamación de horror fingido.
―Me trae sin cuidado.
―Los rumores han comenzado hoy, pero no se sabe exactamente cuando pasó o quién fue el que rompió con su novia.
―¿Te lo repito? ―Le pregunté retóricamente.
―Uh, cómo se ha puesto la chica. ¿Te ha pasado algo? Sólo te lo he contado porque pensé que te interesaría saberlo después de lo que ocurrió en el gimnasio en otro día ―Mi respuesta fue rodar los ojos.
―Primero, no me he puesto de ninguna forma; sabes que no me gustan los cotilleos. Segundo, no me ha pasado nada y si hubiera ocurrido, sabes que me da igual lo que digan sobre mí. Y tercero, sólo me iba a dar un síncope ―Reímos ante lo último.
―En serio, ¿te ha pasado algo? ―Preguntó ahora más seria.
―Puedes estudiar esta tarde en mi casa, si quieres ―Le dije para que supiera que esta tarde se lo contaría. Sabía que Ángela me iba a decir que hablase más con ellas y tal, pero yo no quería sufrir; bastante tenía ya con mis esguinces.
…
Ángela se acababa de ir hacía unos minutos de mi casa y mi padre aún no había vuelto. Era un buen plan para pasar la noche: cenar y dormir, sin hablar ni nada.
Cuando le conté a Ángela lo que me había pasado con las misses, no terminó por creérselo. Se lo relaté un par de veces, pues no daba crédito a lo que oía. A mi parecer, no era mucho; pero sabía que a Ángela le gustaba saber todo lo que me ocurría durante el día, y que a mí me gustaba saber lo que le sucedía a ella, así podríamos apoyarnos la una a la otra. Una relación ―tanto de amistad como sentimental― no tiene futuro si está llena de secretos. Me aconsejó hacer lo que yo quisiera; «No te voy a decir lo que tienes que hacer, Bella. Además, por mucho que yo te diga, siempre acabas haciendo lo que crees que es mejor para todos», ésas fueron sus palabras. La verdad es que llevaba mucha razón, y eso demostraba que me conocía lo suficiente para saber lo que haría; hablarles cuando me hablen, saludarlas por educación y no hay más.
Después de un rato mirando las musarañas de mi cuarto, decidí llamar a mi madre para conversar con alguien. A penas eran las diez de la noche, tenía tiempo de sobra para charlar con ella. De todas maneras, la extrañaba a ella y a sus comentarios sin sentidos.
―¡Hola, cariño! ―Contestó a través del auricular cuando descolgó.
―Hola, mamá ―Saludé―. ¿Cómo te ha ido por España?
―¡Muy bien, Bella! Deberíamos repetir en verano, pero tú te tienes que venir. ¡Las paellas están de muerte! Por no decir el calorcito agradable que hace a pesar de estar a principios de Mayo. Y las playas son magníficas.
Siguió relatando las aventuras que habían pasado por España. Al parecer, quería que volviésemos otra vez, tal y como había dicho. Yo prefería ir a otros sitios, como Toronto o Nueva York. Pero en cuanto tuviese unos años más y un trabajo, podría darme todos los caprichos que quisiera. Y entre ellos, por supuesto, se encontraba un viaje a Londres. Parloteó, hasta que la pelota cayó en mi tejado, entonces fue mi turno de contarle todo lo que había sucedido en el breve tiempo que no hablábamos.
―¿Ningún chico por ahí, Bella? ―Preguntó bromeando.
―Mamá… ―Empecé con tono de reproche.
―De mamá nada, Bella. Tienes dieciséis años, ni que tuvieras cincuenta para no poder divertirte o vestirte a la moda. ¡Que la vida son tres días y vamos por el segundo! Cuando menos te lo esperes, estarás casada, con hijos e incluso tendrás algún nieto. Y no te lo digo en broma, Bella. Debes disfrutar y dejar que la gente entre en tu corazón. Y no empieces con que la carrera, con que tu mundo o con que fulanito, que te veo venir.
―Mamá, ¿cómo quieres que me relacione con gente superficial? Sabes que eso no lo soporto.
―Déjame decirte, cariño, que no todas las personas son así. Algunas tienen ese aire para darse más confianza, para llamar la atención o porque tienen problemas familiares. Yo qué sé, podría ser por cualquier cosa. El caso es que no debes juzgar a la gente. ¿Es que nunca has visto a tu tocaya o qué? ―Esto era lo que más me impresionaba; podía estar regañándome, y de buenas a primeras, me suelta una cosa como esta.
―¿A quién? ¿A «La Bella y la Bestia»?
―¿Quién si no?
―¿A qué viene esta mujer aquí?
―Pues viene a una canción que hay en la película. «Bella y Bestia sooooooooooooon» ―Cantó.
―Sí, sé cuál es la canción. Pero qué tiene que ver la canción aquí. No estamos hablando de una canción de Disney, estamos hablando de la superficialidad o algo por el estilo ―Fruncí el entrecejo; ya no sabía de lo que estábamos hablando.
―¿No te suena nada eso de «Antes de juzgar tienes que llegar hasta el corazón» o «Cierto como el sol, que nos da calor, no hay mayor verdad, la belleza está en el interior»?
―Claro que sí, la canción del baile.
―Pues reflexiona, Bella. No tienes que juzgar sin conocer a la persona antes, y da igual su apariencia. ¿Está bien?
―Sí, mamá. Me tengo que ir.
―Oye, ¿está tu padre por ahí?
―No, todavía no ha llegado.
―Cuando lo veas, si es que lo ves, dile que me llame, ¿vale?
―Entendido. Adiós, mamá; te quiero.
―Y yo a ti, cariño.
El característico «pi, pi, pi» que hace el teléfono cuando una conversación se termina, sonó y yo me fui corriendo a mi cuarto para dormir en mi cómoda cama.
Travis Caldwell: Actor que hace de Charlie en "The Gates. Ciudad de Vampiros." (¿Alguien la ve? ¡Está genial! *-*) http: /www. imdb ./name/ nm2062691/ Por si queréis saber quién es o dónde ha actuado, ahí tenéis una página. Es genial, en serio. De ahí a que Bella reaccioné así, pues Angela no sabe quién es. Dato adiccional: Es guapísimo! *_*
¡Hola!
¿Qué os ha parecido? ¿Bueno, malo, horroroso? haha aquí hay de todo. Lamento no haber subido antes; quería subir ayer, pero tuve unos problemas y me fui al hospital ._. pero como veis, estoy aquí! :D
Espero que os haya gustado; el tercero y el cuarto ya están escritos y buaaf, os puedo decir que son sorprendentes (al menos para mí) y el cinco creo que incluso más.
Comentaros que he empezado las clases y estoy ya en 4º de la Eso! haha estoy muy emocionada ante mi graduación y mi paso a bachiller (aunque todavía queda todo un año escolar) :) ¿Sabéis que he hecho lo que hicieron Bella y Edward en Biología? hahahahaha! me emocioné mucho :$
Espero vuestras opiniones; no me dejéis solita que estoy falta de cariño ahora que mi hermano se va a Nueva York por tres semanas y encima va a Canadá. Y ¿sabéis donde está ahora Robert? En Toronto. Si es que yo estoy hecha de buena suerte (?) Le he dicho que me traiga una bandera de Canadá y una piedra de Central Park JAJAJAJAJAJA XDDDD mis paranoias (8
¡Gracias por vuestro apoyo!
Robert Ashley Cullen Swan (:
