Previously, on "the young master of the Empire".
—¿Te has perdido?
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—Taita es el jefe de todos los pueblos, familias y casas. ¡Me van a creer a mí y no a ti!
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—Yo nunca seré parte de tu territorio.
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—Entonces la próxima vez que te vea será en un duelo.
—¡Pues te voy a ganar! —Chile ni siquiera sabe a qué clase de duelo se refiere. El estómago le gruñe, se escucha el murmullo de las mujeres hablando. Le mira feo, todo lo feo que puede mirarle—. Feo —agrega tarde y como el gran insulto.
Perú se voltea, ignorándole, porque Inca le ha enseñado que no debe responder cuando la gente está sulfurada. Espera entretenerse caminando a buscar comida. Sin despedirse.
A Chile le revienta que no le conteste y bufa. Pero como se dirigen en la misma dirección, camina detracito suyo. Una señora (madre de tres hijos, sea dicho) se les acerca con una sonrisa al verlos. Se dirige primero a Perú, culpa de las joyas.
Chile va pensando en lo feo que es Perú y en lo desagradable y altivo que es y que nunca le va a preguntar nada... Casi con la nariz pegada a su espalda.
Perú sigue caminando, un poco fastidiado por lo irrespetuoso que fue su «invitado». Se abanica con las manos por el calor. A este paso va a tener que bañarse en la laguna más cercana que encuentre. Le sonríe a la señora que se acerca, en toda su omnipotencia... Pequeñita.
—Buen día, que los apus estén con usted —saluda.
—Awww —ella le encuentra adorable. Chile choca con la espalda de Perú, cortando sus murmullos—. ¿Desea comer, señorito? —le ofrece, acuclillándose para hablarle desde su altura. A Chile ni lo ve. Loooooseeeeer.
Perú se emociona porque se arrodilla ante su grandeza y sonríe más amplio. Asintiendo a lo de la comida.
—Iba en busca de almuerzo, pero si usted se ofrece... —acepta, con ese quechua de marcado acento cusqueño.
—Está al punto, por favor, acomódese donde más le guste —le pide ella y le sonríe queriendo apretarle los cachetes, mientras el otro niño mira por encima del hombro de Perú, aún con la cara manchada. Ella ve esa cara neeeeegra y levanta las cejas sin saber qué hacer con ese... ¿Niño?
—Gracias —accede Perú sin dejar la sonrisa y camina para acomodarse en alguna roca, ya que la mesa es del mismo material. A los pies de un árbol—. Uy, que rico —elogia al oler y observar la comida frente a él. Papas, camotes, habas cocidas, carne...
La mujer le sigue con la mirada y se levanta. Mira hacia el otro niño sin saber bien qué hacer con él. Chile se queda mirando a Perú desde lejos con cara de haaambreee. La mesa está dispuesta para todo el que quiera, pero no le parece bien la idea de comer codo a codo con el que le acaba de discutir.
Perú roba un poco de camote con el dedo y se lo mete a la boca.
—Mmm —Perú mira fijamente al niño raro ése, ¿empezando la venganza?
Chile se cruza de brazos y mira en otra dirección, pero con los ojitos de reojo en Perú. La mujer se acerca a otra, que debe ser una amiga.
—¿Habías visto a ese niño antes? —le pregunta, señalándole disimuladamente a Chile.
La mujer en cuestión sale de su embobamiento por ver a Perú comer y voltea a ver a Chile, arruga la nariz.
—No... ¿será de alguna tribu? —de la Selva.
—¿Por qué no se sienta? —cuchichea—. Mírale la cara toda sucia —desaprueba.
El pequeño Perú con la boca toda repleta de comida, cual barril sin fondo, ya arrasó con tres cuartos de la comida que estaba dispuesta en la mesa. Manteniendo contacto visual con Chile para alardear lo delicioso que se encuentran los alimentos, en especial la carne. Se relame y traga.
—¿Por qué no te sientas? —le pregunta Perú a Chile, ya que piensa que negarle la comida a alguien es excederse y él no es de esos.
—Por eso creo que es de alguna tribu... Desde hace cuántos soles no se lavará —contesta la otra mujer y le mira apenadita porque es un niño al fin y al cabo.
—Porque estás sentado tú —Chile le saca la lengua otra vez—. Además, no tengo hambre —miente descaradamente mientras se le hace agua la boca.
—Preguntémosle al señorito qué hacer con él —sugiere la primera mujer—, quizás es su amigo... —agrega dudándolo muuuchooo.
—Te voy a chupar la lengua si no te sientas —ordena Perú con un pedazo de papa en la mano, repitiendo lo que le oyó decir ayer Inca a una chica, algo «rebelde» y vio que funcionó (pero no exactamente como se lo imagina en su inocencia).
—Pero... ¿vino con él? Quizá trabaja para el señorito —siguen cuchicheando las mujeres.
Chile le mira con cara de terror imaginándose que le chupa la lengua y lo deja mudo. Se apresura hacia la mesa:
—Me siento, pero no me chupes la lengua —pide, pero haciéndose el que no tiene miedo en el tono.
—¿Será un compañero de juegos? —agrega la primera mujer a las posibilidades, y al ver que Chile se acerca asiente—. Ambos, seguramente.
Perú sonríe como los padres cuando le quitan la rabieta a sus hijos y terminan comportándose sumisos.
—Come. Todo esto es regalo de mi madre, come —refiriéndose a la Madre Tierra, no a su madre real. Aunque… Bueno, tiene serias contradicciones con eso de su origen. Le junta las cosas más ricas a su lado, ya que no hay platos. Chile las mira y lo mira a él.
—No tengo hambre —repite terco, teeeeerco y el estómago le reclama tan fuerte que hasta las mujeres escuchan. Se sonroja y le tiembla el labio.
Perú vuelve a agarrar un tubérculo y se lo lleva él a la boca de Chile, ya que se pone terco. Nadie en su corta vida se le ha negado tanto, Dios mío. Aunque lo va a dominar, porque eso lo fortalecerá a él y al imperio y su Taita estará tan orgulloso que él será el descendiente y gobernará hasta el fin del mundo.
—Cómetelo. Es de mi mamá —vuelve a repetir, restregándosela en la boca.
Chile hace ruiditos intentando quitar la boca, y le sujeta el brazo a Perú, las dos mujeres miran escandalizadas la escena.
—¿Pero qué ocurre aquí? —se acerca una de ellas a detenerlos... Y a regañar a Chile por no obedecer a Perú—. ¡Deberías agradecer que el señorito le ofrezca comida de su propia mano! —le da una palmada en la suya. Todos odian a Chile desde el inicio de los tiempos.
Perú se molesta y sigue restregándole la papa en la boca.
—Ábrela —hasta frunce el ceño. Y como el otro sigue sin ceder se sube a la mesa. Chile termina por abrir la boca a regañadientes y si alguien se descuida va a morder.
La mujer le suelta. Perú sigue ejerciendo presión.
—Acepta tu destino. Acepta a tu Inca —dice mientras está de rodillas en la mesa y sobre la comida le empuja la papa.
Chile muerde la papa... Y está buena. Mira a Perú con odio, la mujer se inclina.
—¿Le sirvo más? —le pregunta a Perú. Chile traga y se relame.
—Sírvame todas las reservas que haya preparado, este niño tiene que comer. Está todo flacucho y necesita energía para trabajar en la mina —comunica faaaaalsamente, mirando a Chile a los ojos—. Yo volveré para pagárselo, con el doble —promete sonriéndole a la señora.
(—Qué hijo de putaaaaaaaaaa —exclama Argentina, a medio destornillarse de la risa. Bolivia come palomitas en la butaca de al lado).
—Como usted diga —con voz de enamorada, maldita sea con estas mujeres que adoran a Perú. Chile le mira con terror (otra vez) y luego todos se preguntan por qué es un hombre tan arisco.
—¿Me vas a enviar a las minas? —se limpia la boca con el brazo—. ¡No puedes! ¿No puedes? ¡No puedes!
(Ecuador piensa que Perú es una mierda asquerosa de persona, mientras toma Inca Kola en un vaso que dice Fanta, porque él está a favor de Chile siempre, uh, man).
Perú se ríe angelicalmente… y se muerde un labio. Asiente.
—Ahí aprenderás a domar ese demonio tuyo —afirma, creyéndose con la autoridad para llevar a cabo su fin. Coge un camote.
(Uruguay se ríe sinceramente de todo, y comenta a quien tenga la mala suerte de estar a su lado que hay un error en la toma, viteh, que la decoración podría haber sido mejor).
—No quiero ir a una mina —asegura Chile y mira las papas—, voy a comer, pero no me envíes a las minas —hay un elemento de recompensa en todo esto de dulce y castigo, ¿no? Creo que Chile merece un cariñito. Uy, ya verán cómo Chile será recompensado. Perú come el camote en silencio, señalándole las papas para que coma. Se sienta más cerca a Chile y estira una piernita para estar más cómodo. El vestido se le debe levantar por algún lado, obviamente. Mirándolo fijamente.
—¿Por qué me sigues? —pregunta después de pasar la comida, más sereno.
—Mmm... —Chile mira la comida y toma una papa, desganado—. Porque brillas.
(Colombia y Venezuela están chillando de lo cachetes tan gorditos que tenía Perú a esa edad y quieren abrazarlos a los dos entre sus graaaaandes pechooooos).
Chile come lentito, y se le aguan los ojos porque hoy ha sido un día horrible y va a ir a parar a las minas cuando lo único que quiere es irse a su casa ya, y eso que recién llegaron hoy.
(Brasil comenta a modo de broma que en la sala deberían arrestar a varios por pedofilia. Nadie se ríe de su chiste... Salvo Uruguay por lo bajito, pensando en algunos en específico).
Perú se limpia los dedos en algún espacio de la roca, y le arregla a Chile un mechón de cabello que está cerca de su boca porque sino se lo va a tragar. Mirándole la piel, a ver si tiene algún tatuaje con el que pueda reconocer a qué tribu pertenece o algo.
—¿Y te gusta? —Chile le mira en silencio a los ojos y asiente con la cabeza una vez, porque Perú se ve como un semidiós con tanto dorado, debería usarlo más a menudo de adulto. Obviamente no tiene ningún tatuaje... Además que es muy niño todavía cómo para que le hicieran alguno. Perú sonríe.
—¿Cuál de todas mis joyas te gusta más? —apoya las dos manitos en cada costado de la mesa para que lo pueda ver mejor. Sin dejar de mirarle a los ojos—. Quizá te puedo regalar una, o varias —agrega. Chile mira las manos de reojo, y al oír que le puede regalar una, le mira sorprendido.
—¿Eso está bien? —le pregunta con absoluto asombro.
—Si haces lo que yo te ordeno, sí —no se imaginan la cara tan inocente que tiene Perucito ahora. Parece un ángel. Juega con sus pies colgando de la roca.
(Paraguay se sonroja porque quiere un hijito como Perú y darle de comer y sacarlo a pasear en bicicleta y darle mimos y... un hijo. Le hace ilusión).
—No quiero ser parte del imperio —dice Chile con la boca chiquitita—. Quiero volver a mi casa —se mete una papa entera en la boca.
(—¿Vos que opinás, Pari? —sigue Uruguay sin notarlo en la oscuridad
—She, no sé yo. Que se ven muy chulinas —contesta sonriendo).
—Oh, está bien —asiente Perú, porque quiere dejarlo tranquilo para que coma bien—. Qué pena, yo quería compartir mis riquezas con alguien —se lamenta, con la cabecita gacha.
Chile le mira y le incomoda verlo apenado. Busca otra papa (no ha tocado la carne) y habla con ella en la boca, por lo que no se le entiende nada, y le palmotea el hombro a Perú.
Y lo que ha dicho ha sido muy... Chile. De alguna forma. Muy una parte de Chile.
—¿Qué dices? —pregunta Perú bajito, mirando el piso y meciendo los pies. Con chapitas en las mejillas desde siempre porque el sol no cesa.
—Las puedes compartir conmigo... Pero no quiero formar parte del imperio —y al mismo tiempo que Chile dice eso, Inca despide a los recién llegados para que se vayan a descansar, feliz de haberse evitado una guerra (más con el pueblo en sí que por el motivo) tras las negociaciones... Esperen a ver la cara de Chile cuando se entere.
Perú se relame los labios y busca la carne de llama con sus deditos, siempre llenando el vacío de amor con comida, pequeño. Mira a Chile un poco esperanzado con eso de compartirlas con él, ¡nuevo esclavo!
Chile se siente mejor al verle el gesto, y cuando la mujer se acerca con más comida, toma otra papa (tiene una fascinación por las papas al parecer) y se la extiende a Perú hacia los labios.
—Come —le pide, como si estuvieran cerrando un trato. Perú abre la boca grande y lo mira con ojitos brillantes. Mastica todo el gran pedazo que ha logrado morder y lo traga.
—Agradece a la intermediaria —refiriéndose a la señora que les sirvió, obviously. Posa sus deditos encima de los de Chile.
Chile mira a la papa.
—Gracias, papa.
Gracias por sus comentarios y favoritos :D ¡nos leemos el jueves!
