Caminaban de regreso a la casa, Seika renqueaba sostenida del musculoso brazo del fénix, en silencio como anteriormente habían recorrido la playa se acercaron al corredor, con delicadeza Ikki ayudó a la castaña a sentarse en las gradas mientras el abría la puerta, pero justo antes de que colocará sus dedos en la manija, esta cedió revelando la figura de un intrigado y confundido pegaso.

— ¿Qué rayos haces con mi hermana?—preguntó mientras observaba de uno a otro de los mayores.

—Seiya … Ikki solo…me ayudaba a…—se excusaba su hermana mientras trataba de ponerse de pie.

—Está bien Seika… ¿puedes caminar? ¿O le digo a este cavernícola alado que te lleve hasta tu habitación? —dijo el peliazul entrecerrando sus ojos.

—No, está bien yo puedo sola.

—Seika… p p p pero ¿estas herida?—cuestionó el castaño mientras veía a su hermana cojear.

—No es nada enserio…

— ¿Ikki qué le hiciste a mi hermana?—preguntó el joven pegaso ignorando las palabras de Seika y observando al fénix que se cruzaba de brazos y cerraba sus ojos perdiendo su poca paciencia.

Inhaló, exhaló y ya fastidiado Ikki lo tomó del cuello de su camisa y lo acorraló en la pared.

—Ya se me está acabando la pa…

— ¡Basta!—grito Seika mientras caminaba hacia dentro de la casa—dejalo Ikki—dijo con suavidad brindándole una sonrisa al peliazul—por favor…

Sorprendentemente el fénix soltó junto a un bufido al castaño sin replicar ni una sola palabra mas, cosa que dejó más que extrañados y asombrados a Seiya y Shun—este último se había acercado al escuchar el alboroto en la puerta de su casa—ambos se inmutaron mientras la figura del peliazul se adentraba en la casa hasta perderse en su habitación tras un sonoro portazo.

— ¿Pero qué demonios… le pasa?—preguntó Seiya a su amigo— ¿Vistes eso? … solo una orden de… ¿sabes una cosa? mantén a tu hermano alejado de mi hermana—dijo mientras se alejaba y rápidamente ayudaba a Seika a llegar hasta su cuarto.

Shun levantó una ceja y volteó hacia la habitación de su hermano, él conocía a Ikki, y ya estaba casi seguro que tener que recurrir a un par de compresas frías para su amigo, pero luego de ver su actitud con solo una orden de la hermana de Seiya… había quedado sorprendido, esas cosas no se veían a diario. Se dio media vuelta y se dirigió justo a su habitación.


Saori caminaba veloz, tras de ella June y Shunrei trataban de seguirle el paso, por momentos hasta tenían que correr, pero en fin, la diosa de la sabiduría maquinaba ideas mientras regresaban a la casa.

— ¡Ya lo sé!—exclamó frenando en seco y haciendo que las otras dos chicas casi le cayeran encima— llamaré a uno de mis mejores cómplices—dijo girando hacia las chicas con sus enormes orbes brillando— ¡Kiki! —sonrió triunfante.

Ambas suspiraron hondamente, la cosa se ponía cada vez peor.

—Pero señorita Saori—decía june—Kiki es tan…

— ¿Audaz?

—Algo… hiperactivo a decir verdad—interrumpió Shunrei.

—Hay vamos chicas, por favor... acaso ¿no confían en mí? Y además el ya no tiene ocho años, es todo un adolecente—ambas chicas se observaron y fruncieron sus bocas— ¿y no soy acaso Palas Atenea la diosa de la sabiduría?—preguntó levantando brevemente una ceja.

—Eso es exactamente lo que nos preocupa—ambas suspiraron—debería dejarle esas cosas a cupido… ¿no lo cree?—musito la rubia.

—Vamos chicas…—continuó mientras ignoraba los desalentadores comentarios— se me acaba de ocurrir otra idea.


Tras unos breves toques en la puerta y sin recibir respuesta alguna de su malhumorado hermano, el joven Shun se adentró con un sigilo casi gatuno hasta la cama donde este se había tirado a dormir, con delicadeza se le colocó a un lado y se arrimó a su oído.

— ¿Hermano?... ¿Hermano?... Ikki… ¿ya estas dormido?—preguntó casi en un susurro.

— no… ¿Qué deseas Shun? …—contestó mientras se giraba y encendía la lámpara cerca de la cama, levantó una ceja cuando observó esa sonrisa tan conocida de su hermano cuando algo lo emocionaba e hizo un ademan con su cabeza para permitirle continuar.

— ¿Pasó algo con Seika? —preguntó casi con temor.

— ¿Habría de?—cuestionó con una expresión de cinismo en su cara.

—Es que tu… ya sabes… te fuiste apenas ella te dijo que… y yo pensé…pero tú…

— ¡Shun!... ¡SHUN!—exclamó exasperado entre tanto balbuceo— ¿Qué pasa con Seika?

— ¿Te gusta?...—preguntó mordiendo su labio.

—Buenas noches hermano—dijo apagando la luz.

— ¿Eso es un sí?—preguntó el peliverde mientras ensanchaba la enorme sonrisa en su rostro—Ikki eso es un si ¿verdad?

—Eso es un… ¿no tienes nada mejor que hacer?—contestó colocando su almohada en la cabeza—basta Shun… deja de imaginar cosas raras.

El peliverde salió de la habitación con una enrome sonrisa, cabía en la posibilidad, ¿que su hermano encontrase el amor de su vida en la hermana de su más querido amigo?, ¿sería tan caprichoso el destino? sonrió y negó con su cabeza, Seiya se iba a morir, si sus suposiciones eran tan certeras.


Esperó que su hermano saliera y se recostó de nuevo en la cama con sus brazos como almohada, dejó su mirada en el techo por unos instantes, ¿Qué de malo había hecho? Solo fue cortes, si, lo admitía, algo raro en el también, pero eso no le daba derecho a su hermano para armar una novela de romance— que me gusta Seika…—musitó y de repente una poco común sonrisa adornó su rostro recordando que mientras le vendaba la rodilla a esa mujer se había perdido en sus ojos, solo por un breve momento olvidó que hacía y por qué lo hacía, negó con suavidad y alborotó sus cortos cabellos, ¿Cómo una chica tan dulce podía ser hermana de esa mula alada?, ¿pero que estaba pensando? Que importa de quien es hermana, no ha pasado nada… aun, suspiró y cerró sus ojos para buscar el sueño que tanta falta le hacía y que ahora por culpa de su querido hermanito le costaría conciliar.


En la otra habitación Seika se liberaba con delicadeza de la improvisada venda en su rodilla, sonrió y con suavidad acaricio el raspón, en realidad ya no dolía tanto como al principio, y le había valido para lograr cruzar un par de palabras con ese hombre tan misterioso, tan lleno de secretos, y aunque fueran unas y muy tontas por cierto, eran suficientes para darse cuenta que su corazón latía con fuerza por él cada vez que estaba a su lado, algo que desde las últimas visitas a la mansión para las actividades de Saori se había vuelto muy común, suspiró mientras su hermano entraba con agua limpia y unas gasas para ayudarle.

—Espero que ese suspiro no tenga un nombre que comience con "I"—soltó el menor mientras se sentaba y observaba el tono carmín de las mejillas de su hermana—Seika… por favor dime que esa gallina flameada no te gusta… solo…

—Basta Seiya… ¿Qué sucede contigo?—dijo quitándole las gasas y secándose la herida por sí misma.

—Solo quiero que tengas cuidado—respondió tomando de nuevo la gasa— algunas veces él suele ser algo…

—Ikki solo me ayudaba… ¿podrías de dejar la paranoia?—interrumpió la castaña tomando su mano.

Seiya suspiró y asintió, no muy convencido pero igual se encargaría que su hermana no cruzara más palabras con el peliazul, no después de lo que había visto en la entrada de la casa. Terminó de colocar un par de vendas y en silencio se quedaron observándose por un largo rato.


Llenas de bolsas las tres jóvenes regresaban atareadas a la casa, con la lengua fuera tanto la amazona como la joven china corrieron al lado de sus amados.

— ¡Volvimos!—exclamó la diosa entrando de último y dejándose caer en el sillón en medio de Shiryu y Shunrei —y mientras hacia las compras junto a las chicas, tuvimos o mejor dicho tuve, una hermosa idea, espero no se molesten—dijo observando a June y a Shunrei que negaban con su ceño fruncido—que les parece si … celebramos tu cumpleaños—dijo señalando a un extrañado peliverde — y la boda de estos dos—exclamo tomándoles de la mano— ¿el fin de semana y no mañana como lo habíamos planeado?.

Todos abrieron los ojos como plato, sorprendidos pero no extrañados de las extravagantes ideas de Saori.

—Pero Saori yo…—trató de hablar el dragón.

—Que no se diga más Shiryu…— interrumpió Shun rodeando con sus brazos a la rubia—yo propongo que celebremos solo tu boda amigo, mi cumpleaños está bien con la reunión de hoy en la tarde—June sonrió y asintió mientras se dejaba abrazar.

—Pero Shun yo…

—Hay vamos Shiryu no te hagas el rogado—dijo Saori cruzando sus brazos— el mismo Shun te lo está pidiendo ¿y?... ¿entonces aceptan?

—Si Shunrei dice que si…—contesto resignado el dragón mientras le dedicaba una mirada de ayuda a su futura esposa.

Que por cierto en ese momento todos observaban y que con timidez y bajo la presión que le ejercían suavemente asintió.

—Listo…pero también tengo otro idea—soltó con orgullo la joven deidad—nos iremos a Japón mañana mismo y se casaran en la mansión, yo me encargaré de la boda, la música y los invitados—dijo contando con sus dedos—awww ¡será de película!—exclamo mientras sujetaba del cuello a ambos asiáticos—pero ¿qué hacen aquí?...a empacar… todos se hospedarán en la mansión como los viejos tiempos—replicó mientras ella misma se adentraba en la habitación tras una sonora carcajada.

Todos se observaban de uno a otro, pero nadie se atrevió a contradecir a Saori, de todas formas nadie la haría cambiar de opinión.

— ¿De qué me perdí?—preguntó el pegaso al observar los desconcertados rostros de sus amigos y las chicas.

— Saori quiere que nos casemos en Japón—contó el dragón.

—Dentro de tres días…—continuó el rubio—y ademas quiere que nos quedemos TODOS en la mansión como los viejos tiempos.

— ¿Qué?... ¿TODOS?... con Ikki cerca de mi hermana—pensó— que bueno, digo… me alegro demasiado, wiii… pero ¿y la fiesta de Shun?—comentó para no amargarse más el momento.

—Suficiente con tenerlos a todos acá… además la unión de nuestro amigo, es algo más importante ¿no lo creen?-preguntó a sus camaradas que lentamente asintieron.

Todos rieron de pensar cómo sería compartir de nuevo aquellas numerosas habitaciones una vez más, mientras, en su cuarto la joven diosa contactaba con cierto pelirrojo.


El día siguiente fue de locos, equipajes, personas corriendo de acá para allá, Shun casi llorando para que su hermano se decidiera a acompañarlos, gritos y al final casi doce horas después, cinco bronceados, una diosa y cinco chicas llegaban a tierra firme tras un largo y estresante viaje.

En la mansión un centenar de empleados esperaban por sus huéspedes al llamado de Tatsumi, una vez dentro los chicos fueron recibidos por una maravillosa sorpresa, un joven lemuriano se abalanzo hacia ellos en efusivos abrazos, lejos de ser el enano aprendiz de Mu, Kiki era ahora un adolecente de trece años, alto y fornido pero no menos inquieto e hiperactivo, se había convertido con el pasar de los años, en el consentido de la diosa, algo que le brindaba un cierto alivio a Shion pues casi se podría decir que era como su guardaespaldas personal, luego de unos abrazos mas las parejas se dispusieron a tomar sus respectivas y acomodadas habitaciones, quedando de ultimo los mayores y solitarios Seika e Ikki.

—Bueno solo quedan ustedes dos ¿Dónde dormirán?—preguntó con una hermosa sonrisa la pelilila.

—Yo quiero esa habitación para mí solo… primero muerto antes de ver ciertas escenas a la par mía… además no nací para mal tercio—dijo Ikki sonrojando a su hermano y la joven amazona que todavía les seguían, luego tomó su mochila y se encerró en cuarto.

—Yo… también señorita Saori si no es mucha molestia—habló Seika.

—Bien… entonces ¿ que te parece esa?—replicó en un divertido tono de voz mientras señalaba la del frente del fenix.

—Pero puedes dormir con nosotros Sei—dijo el castaño tomándola del brazo al observar su ubicación.

—No gracias… como dijo Ikki eso del mal tercio tampoco va conmigo —soltó la castaña su brazo tomando su equipaje y retirándose a su habitación.

Miho negó con fastidió al ver a su novio y lo tomó de la mano para retirarse, de igual forma los otros caballeros se dispusieron a tomar sus lugares y tratar de descansar un poco del largo viaje, casi se hacía noche y mañana sería un largo, largo día.

La diosa entrecerró sus ojos su plan iba a la perfección, ahora unos invitados más que llegarían a las primeras horas y su personaje de cupido sería un éxito.


Casi de inmediato Ikki se quitó su camisa, las tenis, la faja que tanto le molestaba y se recostó en la cama, aburrido encendió el televisor que estaba sobre un ropero y comenzó a buscar alguna película de acción, si estaba ahí había sido por qué su hermano le había insistido casi rogado para que se quedara en esa mansión que tantos feos recuerdos le traía, de repente un ruido bastante fuerte lo hizo salir de sus pensamientos y poner mute con el control, afinó su oído y otro bum en la habitación del frente, abrió la puerta y al parecer él fue el único que se dio cuenta pues nadie había salido, se acercó a la puerta levantó su puño para tocar pero se echó para atrás, de nuevo otro intento y otro paso hacia atrás, iba a dar vuelta cuando la castaña abrió con delicadeza y lo observó.

—Ikki—suspiró—que bueno que estés acá ¿podrías ayudarme un momento?

—Claro—dijo volteándose—solo voy a ponerme la camisa y…

—Hay basta… ven, será solo un momento—dijo con nervios mientras lo jalaba de la mano dentro de la habitación.


Escondidos tras la pared el joven lemuriano y la diosa observaban la primera parte de su plan.

—Señorita Saori—decía el pelirrojo en voz baja— ¿no cree que nos estamos adelantando un poco?

—No seas loco Kiki—decía la diosa sin perder de vista la puerta— no vez que en las películas cuando se quedan encerrados en un cuarto de repente sienten ganas de besarse y…

—Eso es en las películas…—suspiró el joven mientras la diosa lo jalaba más cerca de la habitación—además tendríamos que apagarles la luz…


Dentro del pequeño cuarto Ikki sostenía un lado de la ventana mientras la castaña trataba de pasar el seguro para mantenerla abierta

—Maldición—dijo el peli azul presionando uno de sus dedos con una herida—esta ventana… tengo ganas de volarla en mil…

—Tranquilo…—exclamo con una sonrisa Seika mientras tomaba su mano.


—Le tomó la mano—dijo Kiki emocionado

— ¿Sigue… que mas vez?—preguntaba ansiosa la diosa.

Kiki se concentraba mientras colocaba sus manos en círculo frente a la pared de la habitación.


Por un momento se sintió nervioso y con rapidez se liberó de la mano de Seika, carraspeo y se sentó en la cama lejos de ella, suspiró, metió el dedo herido en su boca y se levantó para salir de la habitacion— siento mucho no poder ayudarte a sujetar la estu…ventana.

—De todas formas seguro en la madrugada hará frio…—dijo la castaña viéndolo partir—gracias por intentarlo.

Pero antes de salir la bombilla de la habitación explotó.


—Dije corta la luz… no explota el bombillo Kiki.

—Ha señorita Saori… no soy bueno en eso aun—sonrió apenado.

—La puerta… trabala—dijo con una sonrisa malévola.


Solo eso faltaba, la ventana trabada el bombillo roto y ahora — ¿la puerta está dañada Seika?—preguntó el peliazul mientras giraba de uno a otro lado la manija

—No puede ser… yo la abrí antes de entrar y estaba bien—dijo mientras se acercaba a ciegas junto al peliazul.

—Pues… creo que se dañó…

— ¿Qué aremos?-preguntó angustiada mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad.

—Quedarnos sentados… no pienso llamar a nadie… además si tu querido hermano nos encuentra aquí y a oscuras, llorará como una niña y luego pelearemos y eso no lo querrás ver—dijo el fénix dejándose caer cerca de la puerta.

—Tienes razón—opinó sentándose en el suelo junto al peliazul—siento mucho que te hayas lastimado por mi culpa—dijo tocando la mano de Ikki.

Se estremeció al sentir las delgadas manos en las suyas otra vez y con el poco reflejo de luz que entraba por las cortinas clavó sus zafiros en las almendras de ella, que no lo dejaban de observar.

—Seika yo…


—Kiki ¿Qué pasa?

—Nada están hablando… creo que por hoy es todo lo que deberíamos hacer

—Sí, tienes razón… vamos, dejemos que el amor haga el resto—sonrió mientras se perdían por el pasillo.


Seiya se había levantado, de hecho ni siquiera pudo pegar un ojo, espero que Miho se durmiera y una corazonada le hizo dirigirse a la habitación de su hermana, escuchó unos murmullos adentro y se le crispó la piel cuando al acercarse le pareció la voz de un hombre… de hecho ese hombre…Ikki, con su hermana, en la habitación. Trato de abrirla pero estaba atorada.

—Sei… ¿Puedes abrir la puerta?—dijo tratando de sonar tranquilo.

Tras la puerta el fénix y su hermana guardaban silencio—Dame un momento Seiya…—gritó la castaña—es que la puerta está algo dañada—con rapidez Ikki se escondió bajo la cama.

—Hazte a un lado—grito el Castaño— voy a tirarla.

—Seiya no seas exagerado… no te…

Una ráfaga de viento abrió con violencia la puerta dejando salir a la castaña un poco nerviosa, su hermano la observaba de pies a cabeza, luego entro en la habitación bajo la mirada confundida de Seika.

—¿Por qué estas a oscuras?—preguntó mientras presionaba una y otra vez el apagador.

—Se dañó…—contestó de brazos cruzados.

—Solo quería ver como estabas—dijo abrazándola— te quiero.

Seika asintió y luego soltó un fuerte suspiro, una vez perdido de vista el celoso castaño, salió el peli azul.

—Si deseas puedes dormir en mi habitación… yo dormiré en la tuya-dijo casi en su oido haciendola respingar.

—No te molestes, haces demasiado con no discutir con mi hermano.

—Buenas noches—dijo Ikki cerrando la puerta de la habitación casi en su cara, y soltando un suspiro detras.

Seika sonrió y se adentró en la del peli azul, se recostó en la cama y acarició la almohada con ternura, sacudió su cabeza y trató de dormirse.

Por su lado Ikki tiró al suelo el grueso edredón y se acostó con su mirada fija al techo, se acomodó de un lado a otro pero no podía dormir, algo en la cama no le dejaba conciliar el sueño, ¿o seria en su corazón?


Al día siguiente Shun se levantó aun somnoliento y abrió la puerta del cuarto de su hermano, como de costumbre se abalanzo sobre este para despertarlo llevándose una increíble sorpresa

continuaraaa


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