Disclaimer: Los personajes y el ambiente que aquí reconozcáis no me pertenecen en absoluto. Su creación es de J.K, única y exclusivamente.

Nota: La serie de viñetas que componen este fic son una respuesta al reto de Retos Ilustrados: Carta: Sensaciones; Tabla: Funciones del Cuerpo.

Y para variar, un tremendo gracias a Gren no sólo por sus correcciones sino también por su paciencia. :)


II

~Respirar~

La sala, espaciosa y lúgubre, cuyas paredes habían sido testigos de horrores inhumanos, acogía ahora a unas nuevas víctimas. Cuatro figuras encapuchadas que se hallaban en mitad de la estancia, esperando. Dos de ellas temblaban. Otra, más alta que el resto, se movía en círculos con un frenesí propio de una persona que se siente atrapada. Y una última, más menuda que las anteriores, permanecía impasible. Allí en pie, inmóvil. Digna.

Alzó el rostro en una muestra de desesperado orgullo cuando la puerta se abrió y él entró.

Bellatrix sintió como Malfoy ponía fin a su histérico recorrido deteniéndose a su lado. Y tuvo que contenerse para no lanzarle una maldición en ese mismo instante.

Porque había sido por su culpa. Porque sino fuese por su irreparable estupidez, no estarían en esos instantes en esa situación.

Lord Voldemort avanzó unos pasos, con el inútil de Pettigrew tras sus faldas, y se detuvo frente a las cuatro figuras que lo miraban expectantes.

Su mirada se detuvo en ella. La única que permanecía impasible pese a todo. La única que se atrevía a mirarle a los ojos a pesar de que la sentencia ya estaba dictada.

Esbozó un rictus que se asemejaba a una sádica sonrisa y le indicó que diese un paso al frente.

Bellatrix obedeció.

Sería la primera.

Observó, aparentemente inmutable, como su señor alzaba la varita hacia ella con una lentitud premeditada. Lo sabía. Lo había sabido en el instante en que lo vio entrar. Iba a probarla. Más que un castigo, para ella era una prueba que debía superar.

Y lo haría.

Él quería probar su fuerza y ella le demostraría hasta qué punto una Black es capaz de llegar. Porque no importaba cuántos crucios le lanzase. Los Black no suplican. Los Black no se doblegan.

Obstinada a no mostrar ni un ápice de debilidad, cogió aire hondamente para no gritar.

Y mientras esperaba que de los labios de su señor saliese la maldición escogida, sin saber exactamente por qué, recordó aquella vez en el jardín de su mansión, en uno de esos días en los que la familia se reunía y Sirius y Regulus estaban junto a ella y sus hermanas, intentando convencerlas para jugar a alguno de esos aburridos y tan impropios de señoritas, "juegos de chicos". Y como siempre, Bellatrix y Sirius se habían enfrentado.

Solía suceder. Bellatrix y Sirius con frecuencia acababan discutiendo por una mera cuestión de autoridad. Sus caracteres fuertes les impedían ceder y, finalmente, debían solucionarlo con alguna absurda prueba.

— Ya te vale, Bella, siempre quieres tener razón— había refunfuñado Regulus, cansado siempre de lo mismo.

Ella se había girado furiosa hacia su primo, indignada porque se hubiese atrevido a intervenir en la discusión "privada" entre Sirius y ella.

— Claro que tengo que tener la razón, yo siempre la tengo — había replicado— Soy una Black— había añadido arrogante tras una breve pausa.

— Yo también soy un Black— había contraatacado Sirius.

— ¿Y qué? Soy mayor que tú— había replicado entonces con tono impertinente Bellatrix.

— Ah, claro. Como la señorita es mayor, es mejor y más lista.

— Evidente.

— Creída.

— Envidioso.

— ¿Envidioso, yo? ¿Por qué?

Bellatrix había entonces alzado la cabeza con orgullo.

— Porque soy mejor que tú.

— ¿Ah, sí?

— Sí.

— Demuéstralo.

—Muy bien.

En esos instantes, ambos primos se encontraban nariz contra nariz en posición desafiante, fulminándose con la mirada.

Fue entonces cuando Narcissa alzó los ojos del libro que había estado leyendo no muy lejos de la escena que estaban llevando a cabo entre su hermana y su primo. Se acercaba el momento interesante, así que, cuidadosamente, colocó un punto justo en la página en la que se había quedado y procedió a esperar con su habitual tranquilidad a que empezase el espectáculo.

Por su parte, Andromeda, situada tras Bellatrix, miraba con preocupación a su hermana y Sirius, temiendo la ocurrencia que pudieran tener y preparándose interiormente por si debía intervenir.

En última estancia, Regulus, un poco más apartado después de la contestación de su prima, miraba con interés la escena sin atreverse a intervenir de nuevo.

— Va, estoy esperando, primita. ¿O es que no te atreves a desafiarme?

La furia en la mirada de Bellatrix aumentó peligrosamente.

— ¡Al estanque! — ordenó de pronto.

Al cabo de unos minutos, todos los primos estaban congregados a orillas del estanque que adornaba el gran jardín de la mansión.

— ¿Y bien?, ¿qué hacemos aquí?, ¿te apetece un baño?

— Desde luego. Y a ti también— contestó Bellatrix con una voz peligrosamente dulce.

— ¿Ah, sí?

— Sí. Vamos a ver quién aguanta más bajo el agua.

Unos instantes más tarde, ambos primos yacían bajo las heladas aguas del estanque ante la expectante mirada de Regulus, Andromeda y Narcissa.

La angustia por la necesidad de oxígeno que sufrió Bellatrix aquel día no la olvidaría jamás. Como tampoco la ira que la embargó cuando al salir del agua con actitud triunfante, pese a sentirse exhausta y a que un agudo dolor le palpitaba en el pecho, ver que Sirius seguía sumergido.

Una vez más, su primo pequeño le había pasado por delante. Una vez más, la había dejado en evidencia.

Cuando vio por fin emerger la oscura cabellera de su primo de las profundidades del estanque, se juró a si misma que algún día le haría pagar cada una de las humillaciones, por pequeñas que fuesen, que le había hecho pasar.

El impacto de la maldición en su pecho la devolvió a la realidad. Y el intenso dolor que sintió en el centro del mismo la hizo trastabillar y le arrancó una mueca de sufrimiento.

Cayó con un golpe sordo de rodillas al suelo al mismo tiempo que un abrasador ardor empezó a extenderse por todo su cuerpo, y cada poro de su piel, cada partícula de su ser, parecía pedir auxilio desesperadamente ante el dolor que la estaba invadiendo.

Mas no iba a ceder. Aguantaría en silencio la imperiosa agonía.

Una punzada de dolor más acusada que el resto, justo en mitad de la espina dorsal, hizo que se doblegase hacia delante, viéndose obligada a sustentarse con las palmas de las manos para no caer definitivamente.

Y de pronto, todo cesó. La agonía física que había estado padeciendo su cuerpo se esfumó tan repentinamente como había llegado.

Cautelosa, alzó el rostro, siendo totalmente inconsciente de su agitada respiración.

La sala estaba en completo silencio, a excepción de su jadeo constante, cuyo sonido parecía retumbar en las paredes de la sala.

Bellatrix casi podía oír el temblor de los cuerpos de los tres mortífagos que había tras ella. Casi podía oler el miedo en el ambiente.

Casi podía saborear el efluvio de satisfacción que emanaba del cuerpo del Señor Oscuro.

Haciendo acopio de todas sus fuerzas, alzó su torso hasta incorporarlo. Seguía de rodillas, sí, pero con la cabeza bien alta.

Sin pronunciar siquiera una palabra, Lord Voldemort alzó de nuevo la varita. Y a Bellatrix le dio el tiempo justo para volver a coger aire.

Y mientras de nuevo un dolor punzante se apoderaba de ella, otro extraño recuerdo invadía su mente durante unos instantes.

Por aquel entonces era una niña a la que ya le asaltaba esa rebeldía que mantendría toda su vida. Aun así, a pesar de que su carácter ya empezaba a tener rasgos que se acusarían al convertirse en mujer, ante la presencia de su madre siempre se sentía –y se sentiría– vulnerable.

Por eso en esos instantes, Bellatrix era tan sólo una figura frágil acurrucada contra la pared con la mirada fija en su madre, expectante.

Sabía que su madre estaba enfadada. Muy enfadada.

Prácticamente podía oír en su mente el discurso que le repetía siempre que hacía alguna travesura. Que ella era la mayor de las Black y debía dar ejemplo, tenía esa responsabilidad. Debía ser consciente de que todas las miradas estaban puestas en ella. Debía cumplir todas las expectativas que habían puesto en su persona.

Mas esta vez, Druella no dijo nada. Se limitó a observar a su hija, de apenas once años de edad, con una mirada harto gélida, al más puro estilo Black. Consiguiendo que la pequeña Bellatrix tragase con dificultad.

Los ojos oscuros de la niña se dilataron, presos del pánico, al ver como su madre, en su imponente presencia, se acercaba a ella.

Druella era una mujer frívola y estricta. Más propicia a mostrarse arisca que cariñosa.

Y convenía no hacerla enfadar.

Bellatrix sabía lo que le esperaba, un duro castigo para que definitivamente aprendiese la lección.

Sin apartar la vista de su madre, respiró hondo y retuvo el aire en los pulmones con el propósito de no llorar. No iba a darle a su madre otro motivo para castigarla.

Y probablemente, ese fue el momento en que Bellatrix adquirió el hábito de aguantar la respiración para no mostrar ni un ápice de debilidad.

El recuerdo se disipó ante el redundante sufrimiento, ya que la sensación vivida en el anterior crucio se repetía de nuevo. Bellatrix tuvo que apretar con fuerza la mandíbula para no dejar escapar el aullido de dolor que tenía en la boca de la garganta.

Las manos le temblaron y cayó de bruces al suelo, retorciéndose de angustioso dolor en silencio, sin emitir ni un solo sonido.

Cuando de nuevo todo cesó, Bellatrix era consciente de que ya no sería capaz de aguantar otro crucio más.

Y estando aún estirada en el suelo, jadeando, con un sudor frío cubriendo todo su cuerpo, con temblores en las manos y el torso, con la mirada ida y la melena esparcida por el suelo y el rostro, otra maldición impactó con ímpetu en su maltrecho cuerpo.

Esta vez, Bellatrix no pudo evitar emitir un desgarrador aullido que pareció calar en el interior de todos los presentes.

Tras unos breves instantes, todo se volvió oscuro y Bellatrix perdió la consciencia por la falta de oxígeno en sus pulmones, con la certeza de que había superado la prueba.


Debo reconocer que me ha costado bastante terminar esta viñeta. No sólo por las incoherencias que presentaba en un primer momento -detallito que quedará entre Gren y yo xD- sino por la función en sí. No se me ocurría cómo relacionar el simple y cotidiano hecho de respirar con Bellatrix. Pero en fin, éste ha sido el resultado. Y si ha sido decepcionante o merezco un tirón de orejas, hacédmelo saber vía review ;)

Por cierto, la próxima viñeta girará en torno a la función de adormecerse. Así que creo que tardaré otro tiempecito más en tenerla lista, ya aviso con antelación. xD

Con cariño,

Moira