Aqui les dejo la segunda parte~
Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen.
La trompeta comenzó a sonar, eran las 7 de la mañana. No quería mover ningún músculo. La noche anterior me había quedado despierta hasta muy entrada la madrugada, pensando en todos los acontecimientos que habían pasado con el príncipe Lysandro y Nathaniel. Con solo pensar en ellos, mi corazón comenzaba a latir fuertemente. Me levanté sin ganas y como de costumbre en tan solo 15 minutos ya estaba en el gimnasio recibiendo mi nuevo horario de entrenamiento y estudios.
-Creo que tu padre está exagerando un poco - dijo Boris, uno de mis superiores - Este nuevo horario es demasiado pesado.
-¿Así que me crees incapaz de hacer eso? - le pregunte con un tono desafiante y una enorme sonrisa en la cara.
Boris era mi entrenador desde hace unos años, más o menos de 40 años de edad con el cabello pintado de un color amarillo. Era uno de los pocos superiores que aceptaban mis bromas y comentarios fuera de lugar.
-Para nada, creo que puedes dar para más. Pero igual sigue siendo demasiado trabajo para una chica que va a tener que casarse.
Le hice una mueca de desaprobación.
-No, señor, no pienso casarme hasta que de verdad quiera a esa persona. – le dije haciendo una "x" con mis brazos.
Pude ver como Boris me miraba fijamente. Solo soltó un suspiro.
-Ese padre suyo le encantan las sorpresas. - dijo en voz baja
-¿Que tipo de sorpresa? - le pregunte curiosa.
-Si su padre no se lo ha contado, no tengo derecho a hacerlo yo.
-Vamos, Boris. ¿Ni una pequeñísima pista? – le dije con un tono inocente.
-Ni una pequeñísima pista, señorita – me sonrió - Regresemos al tema. Tienes clases de 7 am a 11 am, después va a tener de 12 a 6 pm para entrenamiento. Lunes y jueves será lucha mano a mano, martes es arquería, miércoles son de esgrima, viernes le toca manejo de armas de fuego, sábado de supervivencia y domingo son de evaluaciones. No hay días libres para usted por un mes.
Me quede perpleja, siempre tenía los sábados y domingos libres para visitar a mi madre que vivía en una Villa no muy alejada, pero solo sería un mes, mamá entendería.
Y así pasaron 3 días, los entrenamientos eran muy cansados, mucho más de lo que había imaginado, pero podía soportarlo.
Estaba ahora en esgrima, aunque mejor dicho, eran clases de manejo de espadas. De pronto sonaron las trompetas, no le tome demasiada importancia y seguí practicando. Sentía como todo se volvía quieto y silencioso, pero no me importó mucho, es más, me ayudaban a concentrarme mejor. Oí como las puertas se abrieron y entraron impotentes 30 hombres como mínimo y en el centro de todos, estaba un pelirrojo vestido finamente. Un ataque de pánico me entró, me habían tomado por sorpresa. Tiré mi espada al suelo y me arrodille frente a él.
Aunque tenía mi mirada al suelo, pude sentir más de 20 miradas encima mío que me ponían nerviosa.
-Todos ustedes, ¡largo! - dijo la voz prepotente del príncipe.
Escuche algunos murmuros.
-¡¿No me oyeron?! ¡Largo! - repitió más enojado
Oí como muchos pies se iban y cerraron la puerta. Pude sentir que alguien caminaba en círculos alrededor mío. Seguía mirando al piso.
-Tu eres la de cabello blanco de la que me habló Lysandro - seguía caminando alrededor mío. - no está nada mal, mejor que las demás, pero - hizo una gran pausa - no tienes un buen cuerpo que digamos.
No le respondí, solo era el ego aristocrático que tenía, lo hacía sentir mejor que los demás.
-Párate - me ordenó
Me incorpore lentamente y me pare. Pude verlo completamente ahora, el seguía viéndome de pies a cabeza, cosa que me incomodaba.
-Tienes cara demasiado bonita como para no haber sido aplastado por el entrenamiento del ejercito - ¡¿eso era un alabo?! - tu cuerpo... está algo mal proporcionado.
Sinceramente en ese momento quería golpearlo, pero me contuve, era solo un príncipe caprichoso.
-¿De verdad eres de las fuerzas militares? Una chica debilucha como tu sería un estorbo
-Lamento ser un estorbo entonces - exploté, no permitía a otras personas en llamarle débil solo por mi físico.
Mis músculos no parecían para nada desarrollados y no se mostraban los frutos de mi entrenamiento en mi cuerpo. Pero si los ponía a prueba, podría romperle la cara a alguien fácilmente, cosa que en ese momento hubiese querido hacer.
El príncipe Castiel me miró con sorpresa y después soltó una carcajada.
-¿Una mosca como tú se atreve a desafiarme? Aun si escogiera al hombre más débil de mi ejército, te haría trizas.
-Eso espera usted que pase
-Solo eres una niñata que no conoce la vida
-Y usted, majestad, es un príncipe con un ego más alto que las nubes - le dije con una sonrisa.
Me miró desafiante y en su cara reflejaba ira.
-¿Sabes quién soy verdad? ¿Osas hablarme de esa manera?
-Usted es el príncipe Castiel, sin embargo no creo que por ser un príncipe deba hablarle mentiras. Todo lo que he dicho, son la pura y dura verdad, señor. - le mandé otra sonrisa.
Él se acercó a mí bruscamente y levantó su mano. Solo pude cerrar los ojos, porque sabía lo que vendría y me lo tenía bien merecido, pero solo sentí una mano tocar mi cabello que estaba atado en una cola. Abrí mis ojos lentamente y vi como el príncipe Castiel jugaba con los mechones de mi cabello que se habían salido.
Su cara comenzó a acercarse más y más y dejó su cabeza apoyada en mi hombro izquierdo mientras que su mano iba directamente hacia donde estaba la liga de mi cabello y lo jalo, dejando mi pelo largo caer sobre mi espalda.
-Tu cabello no huele nada mal. – su voz se oía más calmada y relajada.
Podía sentir su respirar en mi cuello, haciendo que me sonrojase.
No sabía que contestar. ¿Qué estaba haciendo él aquí? ¿Qué intentaba hacer conmigo?
De pronto la puerta se abrió con brusquedad y entró Kentin, quien se arrodilló al notar la presencia del príncipe.
El príncipe Castiel parecía fastidiado, se alejó de mí y se voltio a Kentin.
-¡¿Qué quieres?! - dijo con voz prepotente.
-Su alteza, el príncipe Nathaniel lo está llamando.
-Ese nunca me va a dejar en paz - se volteo hacia mí - Nos vemos otro día, blanca.
Se dio media vuelta y salió por la puerta. Kentin me miró fijamente.
-¿Qué hacia él aquí? - me preguntó
-Y a mí que me preguntas, estoy más sorprendida que tú, fíjate. – me encogí de hombros - Supongo que vino a joder un poco - le respondí sin ganas.
-¡Señorita, controle esa boca suya! - mi padre había entrado de repente
Cerré mi boca al instante y me enderecé.
-Padre, perdone mi manera de expresarme, no volverá a pasar.
-Más te vale – me miró desafiante - ¿Y? ¿Por qué sigues aquí parada? ¡Tienes entrenamiento pendiente! Y tú, Kentin, no la molestes más, retírate.
Él solo asintió y se fue mientras yo agarraba mi espada que yacía en el suelo y continué con mi entrenamiento. Mi padre se quedó unos minutos mirando como usaba la espada y acto seguido se retiró.
Solté un suspiro. Primero el príncipe Lysandro, después Nathaniel y ahora el príncipe Castiel. No sabía qué hacer, ni el por qué de sus acciones. Me habían dejado desconcertada. Necesitaba hablar sobre esto con alguien.
Mi primera opción fue mi madre, pero no la vería por un mes, así que decidí contárselo a Rosalya. Ella era solo 2 años mayor que yo y le tenía mucha confianza.
Al acabar mi entrenamiento, fui a mi casa. Me duché y vi la hora. Eran tan solo las 6:30. Agarré uno de mis abrigos y me encaminé a la casa de Leigh y Rosalya. Llegué unos minutos después. Su casa era grande y muy bien decorada, con un jardín delantero lleno de flores. Llamé a la puerta y un pelinegro me abrió. Parecía sorprendido, pero aun asi me dejo pasar.
-Supongo que viene a ver a Rosalya – me dijo con un tono amable.
-Sí, espero no haber interrumpido algo importante.
-No se preocupe de eso, a ella le gusta disfrutar de su compañía. Por aquí.
Leigh me llevó hacia un cuarto con puertas color rojas decoradas con cadenas doradas.
-Ella está adentro. Voy a hacerles el té y las dejo solas. – me dijo eso y se retiró.
Abrí las puertas lentamente y encontré a Rosa trabajando en un vestido nuevo. Era un vestido de bodas.
Se percató de mi presencia y dejó las agujas y el hilo en una mesa.
-Jun, que alegría verte por aquí – se acercó a mí y me abrazó.
-También es un gusto verte, Rosa.
En ese momento, Leigh entró a la habitación con 2 tazas de té, las dejó en una mesa y se retiró.
-Creo que Leigh le viene el trabajo de mayordomo – le dije a Rosa en un tono burlón.
-Me vas a decir eso a mí – nos comenzamos a reír
-¿Para quién es ese vestido? – le pregunté señalando el vestido de novia que ella estaba confeccionando antes de que yo entrara.
-Pues para ti. Para quien más lo haría
La miré con confusión y ella lo notó.
-Lo siento, pero ese hermoso vestido va a esperar uno años antes de que me case.
Ahora Rosa es la que se veía sorprendida. Estaba a punto de decir algo, pero se calló.
-Jun, ¿tu padre no te dijo nada? – me preguntó en un tono sorprendida.
-Mmmmm, nada importante. ¿Por qué?
Ella negó con la cabeza.
-Nada, no pasa absolutamente nada – tomó un sorbo de su té – ¿Y para que has venido?
-Se podría decir que estoy un poco confundida.
Le conté todo lo que pasó en la fiesta con el príncipe Lysandro, con Nathaniel y lo que me pasó hoy con el príncipe Castiel. Ella me escuchaba atentamente y parecía sonreír de oreja a oreja.
-Se podría decir que un mosquito muy feraz los picó y por eso se comportan así.
-¿Un mosquito? ¿Les causó algún tipo de enfermedad? – Le pregunté a Rosa.
-La enfermedad no se contagia así por así. Se podría decir que el mosquito eres tú.
-¿Yo? – le pregunté desconcertada a Rosa – Yo no les hice nada malo.
-Déjame continuar. El mosquito eres tú y la enfermedad que les transmitiste es la enfermedad del enamoramiento.
-Ahhhh, ya te compren… ¡¿QUÉ?! – Rosa se estaba partiendo de risa por mi reacción.
-Lo que oíste, están enamorados de ti, tontita.
-Rosa, deja de bromear. Eso no puede ser posible, ¿verdad?
Ella solo se encogió de hombros.
-Si no me crees, no lo hagas. – miró al reloj - mira la hora, tu padre te va a matar si es que no regresas pronto.
Era verdad, eran las 7:23 y si no regresaba en 7 minutos, lo iba a lamentar. Me despedí rápidamente de Rosa y Leigh y me dirigí corriendo hacia mi casa.
Llegué y eran las 7:27, nada mal, 4 minutos, nuevo récord.
Me fui a mi habitación y me puse a leer algunos libros que tenía en mi estante, pero el comentario de Rosa no me dejaba concentrarme. Tres apuestos príncipes estaban babeando por mí, no era posible, debía ser solo una broma de Rosa.
Pero…¿Qué pasaría si fuera verdad? Con solo el pensamiento, mi cara se tornaba a otro color y me sentía avergonzada. Me tiré a mi cama y me quedé dormida.
Esta parte fue mucho mas corta que la anterior, muuucho mas x'D
mi compatibilidad con tsunderes = 0% (creo que por eso me odia Q.Q)
Y creo que les di una pequeña pista de lo que vendría a ser el premio de esta competencia xD pero claaaro, como Jun es inocente no se da cuenta :v
miku . lok . 99 : Gracias *-*~~~ me encanta que te haya gustado espero que también disfrutes esta parte ~
Haruno tsukushi : Me alegra que te halla gustado Y sobre lo que sigue... pues se podria decir que el conflicto principal no comienza hasta mucho mas adelante cuando la competencia termina (Upps! un poco de spoiler) Asi que tengan paciencia con mi relleno u.u
You guys make me soooo~~~ happy *-*
Gracias a todas por leer ^^
