Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling.
Nota: ¿Se vale disculparse por la demora? Espero que sí. Bueno espero que les guste el siguiente cap, sólo eso.
Una lágrima surcó de su rostro. De nuevo. Nuevamente la había perdido ¿Es qué acaso no había sido suficiente? Primero en sexto año, cuando aquél rubio la perseguía, y lograba distraerla, ni siquiera entendía de qué hablaban porque ¿De qué rayos hablarían Malfoy y Luna?
Se suponía que el Slytherin aborrecía a la Ravenclaw y sin embargo, allí estaban todas las tarde de aquél semestre, encontrándose cerca del lago, lejos de ojos curiosos, sin embargo no lejos de sus ojos.
Estaba harto, siempre le quitaban lo que él quería, primero habían sido sus padres y ahora era Luna, todo, absolutamente todo era culpa de mortífagos, especialmente de la familia Malfoy y la Lestrange.
Primero había sido la tía de aquél desgraciado, quién había jugado con sus padres, quien los había molido a crucios, después fue Malfoy con sus aires de grandeza que convirtió su vida en un infierno y luego antes de irse lo remato enamorándola a ella, a Luna, a su Luna, para que después la desquiciada de Bellatrix volviera a arrebatarle algo valioso y se lo llevase lejos de sí.
¡Joder! ¿Por qué su vida era un asco?
Su cabello negro estaba húmedo, al igual que su rostro, pero aún no sabía si era por la lluvia o por las lágrimas que había soltado, sí, no les costaba admitirlo, había estado llorando, llorando de impotencia, de dolor, de decepción, decepción por sí mismo, por no haberla defendido lo suficiente, por dejarle el camino fácil a Bellatrix, por dejar que se la llevara… ¡Joder! Era su responsabilidad, debía cuidar de ella y él simplemente dejo que el hechizo de la mortífaga lo dominase, tenía que decírselo a Harry, debían iniciar una búsqueda.
Buscar a Luna, encontrarla, salvarla de cualquier cosa que planeasen contra ella.
—Te encontraré Luna…—declaró Neville mientras se limpiaba el rostro.
De nada valía llorar, debía luchar, luchar contra los mortífagos, contra Voldemort de ser necesario, para encontrarla, recuperarla y cuidarla.
Porque él debía encontrar a Luna Lovegood, y lo haría, por supuesto que sí.
Su blanquecina mano se paseaba por el cabello rubio de la chica frente a sí. Inconsciente así estaba la chica, inocente de todo lo que pasaba a su alrededor, inocente de que ya no estaba en un lugar seguro, o quizás sí, pero no del todo seguro, no si el señor tenebroso se encontraba en aquella casa.
Adoraba aquella imagen, y estaba seguro que la guardaría en su memoria para siempre, así como los recuerdos de Hogwarts junto a aquella chica, pero debía ser discreto, su tía no podía darse cuenta de sus sentimientos, mucho menos Voldemort, eso traería como consecuencia su muerte o aún peor… la de ella.
—Tranquila Luna, yo cuidaré de que nada te pase. —acotó el rubio mientras continuaba acariciando el cabello de la chica.
¿Cómo? ¿Cómo había iniciado aquello? ¿Cómo era que él, el gran Draco Malfoy estaba enamorado de Luna Lovegood? Aún había una pequeña parte de él que no lo entendía, más sin embargo lo sentía, era algo hermoso, placentero y dulce.
Sentía que sin aquella rubia que se encontraba inconsciente en su cama, no podría vivir, no podría respirar.
¿Cuándo exactamente había iniciado? Quizás había sido aquél día, si, ese en que notó que respiraba el mismo aire de la chica, que vivía en el mismo castillo y que tal vez podían parecerse en algo.
Y recordó…
Eran comienzos del sexto año, estaba estresado aún no hallaba alguna manera de matar a Dumbledore, pero debía encontrarla o de lo contrario su familia moriría, al menos así había dicho el señor tenebroso.
Quería poder sí, pero jamás pensó que para eso debía matar, pensó que simplemente era suficiente con influir miedo, sin embargo ahora se daba cuenta de las cosas, Voldemort le necesitaba como un mortífago más, un asesino más en sus filas.
Pero no eran tan sencillo matar a un mago, no como la manera en que había visto morir a aquél muggle, en las manos de su tía Bellatrix, aún recordaba la sonrisa maniática que ésta puso al ver el cuerpo inerte de aquél ser despreciable, inferior.
Soltó un suspiro mientras sus pasos lo dirigían hacía el lago, últimamente le encantaba ir hacía allí o de lo contrario ir al baño de Myrtle la llorona.
Y precisamente aquél día no deseaba encontrarse con aquella fantasma, pese a que se había hecho su amiga, era extraño, demasiado, si su Lord se enteraba que había entablado amistad con el fantasma de una sangre sucia, seguramente lo tacharía de traidor, pero simplemente no pudo evitarlo, aquella fantasma se había convertido en su amiga, al parecer ambos se comprendía.
O tal vez ambos habían sufrido de igual manera.
Aquél año ni siquiera tenía tiempo para molestar a la sangre sucia de Granger, mucho menos al cara rajada y ni que decir de la comadreja.
Y la vio, allí frente a sí, con su cabellera rubia, con sus ojos saltones y platinados, quizás si fueran un poco más oscuros y no tuviesen aquella mirada soñadora, podrían parecerse a sus ojos, o quizás llegar a ser una Malfoy; pero no, aquella chica era todo menos una Malfoy era…
—¿Lunática Lovegood? —cuestionó sin poder contenerse.
¿Qué rayos hacía la Lunática en el lago? ¿Acaso Potter la había mandado a seguirlo? ¡Joder! De seguro era casualidad, últimamente andaba demasiado paranoico quizás era la responsabilidad que se posaba en sus hombros.
¿Había mencionado que la chica tenía los ojos cerrados y mantenía una postura de meditación? Pues Draco había interrumpido aquella absoluta paz en la que la rubia se hallaba, con su pregunta un tanto fuera de lugar… ¿Había alguien más con sus extravagantes collares? No, por supuesto que no ¿Existía otra persona en el castillo que pudiese estar en tanta paz cómo ella? Absolutamente no ¿Se encontraba alguien en Hogwarts que tuviese sus mismas facciones, sus mismos ojos saltones, su mismo cabello, su misma personalidad? Definitivamente no. Entonces sí, aquella pregunta del blondo además de ser realmente estúpida estaba fuera de lugar.
—Sí Draco Malfoy, soy yo. —acotó la chica con una sonrisa en sus labios. —Y has silencio por favor, trato de hablar con los Duerins. —explicó mientras volvía a cerrar sus ojos.
El chico simplemente se había quedado sin palabras. Aunque quería humillarla, quizás así liberara un poco su tensión.
—¿Qué son los Duerins? —cuestionó como si en verdad estuviese interesado en el tema.
La rubia volvió a abrir los ojos y una nueva sonrisa se notó en su rostro.
—Son cómo hadas marinas… y les encanta destruir, matar y mutilar humanos, sobre todo si son rubios, por eso hablo con ellas, para que no me destruyan. —dijo la rubia con una naturalidad que sorprendería a cualquiera, ya que hablaba de aquello como si estuviese hablando del clima.
Era la primera vez que mentía, aunque en cierta forma decía la verdad, a las Duerins le encantaba destruir, matar y mutilar, pero no humanos sino animales acuáticos y ella trataba de mediar por la vida del calamar gigante, pero más que nada por la vida de las sirenas, y de algunos peces.
La cobardía Slytherin hizo acto de presencia en el rubio… ¿De qué rayos hablaba Lovegood? ¿Hadas que mataban humanos? ¿y más que todo…? ¡Rubios!
—Oh vaya que gran dilema Lunática; pero… ¡Vaya! —exclamó de repente, tenía que encontrar una excusa para irse de aquél lugar, antes que algunas de aquellas extraña criaturas le matara. — es tardísimo, lo siento Lovegood deberás seguir en lo tuyo sola, es hora de irme. —y sin decir nada más se alejó lo antes posible del lago.
No, definitivamente debía cuidarse, no quería que ningún Durenis, Duendis o como rayos se llamase aquellos bichos le devorara.
¡Maldita Lunática! Maldita Lovegood y su montón de bichos raros.
La rubia sonrió al ver que el rubio se alejaba rápidamente. Y luego se alzó de hombros, el Slytherin tenía la culpa, la había interrumpido en el momento justo que había comenzado la conversación con las Duerins y al parecer estas se habían molestado por la interrupción, así que simplemente le dijo al chico lo que las mismas hadas le habían pedido que dijera, para que los humanos le temieran y además para alejar al muchacho.
—Lo siento, Draco Malfoy. —comentó la rubia mientras volvía a cerrar los ojos.
Las Duerins estaban menos molestas, quizás pudiese convencerlas.
