El viento azotaba impetuosamente la costa.
Niebla.
Lo único que se hacía visible era niebla flotando sobre las olas.
Emil cerró los ojos, dejando que las microscópicas perlas de rocío se estrellaran contra sus párpados; y las nubes grises formaron un remolino en el cielo, el cual coronaba la lúgubre madrugada húmeda y fría.
Un sonoro y repentino portazo obstruyó sus cavilaciones en seguida.

"Señor Steilsson-Bondevik, arribaremos en los próximos quince minutos" Un tripulante advirtió

Emil apartó su vista del marino para girarla hacia la bahía: el puerto ya podía verse a través de la espesa neblina.
Mientras tanto, el joven muchacho islandés se reformulaba una y otra vez las mismas preguntas y respuestas en su mente. Después de todo, no era algo anómalo el que, luego de seis años sin verlos, uno se preguntara cómo estarían sus familiares.


Hundió su labio superior en el vaso.
Su compañero, por otro lado, permaneció estoico.

"Entonces… Tú crees que esto sea por Tino o por…"

"¡Lukas!"

Mathias, otro de sus amigos (o más bien dicho enemigo amistoso), irrumpió la conversación abriendo la puerta en un impetuoso flash de dinamismo y gritando el nombre de su amante secreto. Esto hizo a Lukas atorarse con la alcohólica bebida, mas propinarle una dramática bofetada en medio de su rostro de expresión ingenua y estúpida.

"No te atrevas a hacer eso nunca más, ¿Entendiste?" Lukas espetó mientras Berwald se encargaba de fulminarlo con la mirada.

Ante todo esto, las ya típicas y similares caras del bar no parecieron asombrarse en lo absoluto; de hecho, pareció como si todo el mundo hubiese esperado algo así viniendo de él. Nada en aquel trío aparentaba siquiera una pizca de normalidad, pero Mathias era definitivamente la cereza del pastel.
Tomó la silla que estaba al lado de Lukas y se sentó en ella con una mirada expectante puesta en su compañero.

"Entonces… ¿De qué estaban hablando?" Preguntó curioso

Sus miradas se ensombrecieron y cambiaron sus expresiones a unas cadavéricas. Berwald posó el vaso ya vacío sobre la mesa con un estruendoso golpe, y en un instante, ambos se dirigían a la puerta.

"¡Esperen!" Mathias gritó, siguiéndolos, "¡Tengo buenas nuevas!" Al oír esto, ambos muchachos se giraron a verlo.

Lukas enarcó una ceja.

"¿Qué es ahora?" Preguntó Berwald de mala gana

"A que no adivinan… Quién está de vuelta en Oslo…" Mathias continuó con aire de misterio

"Ya, desembucha idiota, no tenemos todo el día" Lukas espetó una vez más

"Emil, tu hermanito, ¡Vuelve de Islandia!" Exclamó con entusiasmo

Al escuchar esto, la mirada de Lukas se ensombreció, parpadeó unas veces y negó con la cabeza para luego abandonar el bar repentinamente.