Prompt: Magia
Pareja/Personajes: Aphrodi Terumi, Kishibe Taiga, Taki Sousuke, Taki Yoshiyuki –Kidokawa Seishun
Fandom: Inazuma Eleven, Inazuma Eleven Go!, Inazuma Eleven Go! Chrono Stone.
Advertencia: ¡EL OSO! ¡EL OSO! –ok, sólo a mí me da miedo el oso ese- Romance entre dos universos (¿?)
Resumen: Kishibe y compañía estaban seguros que si volvían a ver al susodicho oso, lo quemarían.
Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece –si fuera mío, ah~… Kageyama y Rushe serían los padres de Hikaru. (Pensándolo así, creo que escribiré algo con eso. Lo juro)
Nota: Segundo capítulo. Perdón por la demora -muere- esto comienza a tomar forma ahora 8'D veamos como va.
Capítulo dos:
La secundaria Zeus.
— ¿Qué dijiste?—Le preguntó Terumi, con clara molestia en la voz—Si estás buscando al entrenador, él ya se fue hace mucho—y chasqueó la lengua, mientras cruzaba sus brazos frente a su pecho.
—No, no—se apresuró a negar Taiga. Empero, cuando intentó incorporarse un fuerte dolor punzante azotó contra su cabeza, logrando que volviera a su posición anterior, retorciéndose un poco en la improvisada camilla—auch…
—Demonios, chico—se quejó el rubio, claramente fastidiado. Llevó sus manos hasta los hombros del mentado, tratando de calmar los leves temblores de su cuerpo—Si no buscas al entrenador, ¿qué haces aquí?—y lo siguiente lo dijo con un tono de duda palpable—¿Eres de…Kidokawa no?
El dios no estaba tan seguro, recordaba vagamente haber visto el uniforme de aquella escuela, y debía admitir que los colores y el diseño eran parecidos. Pero solo eso, parecido.
¿Acaso era una clase de variación que habían hecho un grupo de estudiantes o algo así?
—Por los dioses… no me digan que son como esos locos de los hermanos Mukata— Se escuchó claramente el quejido de Hera, que parecía estar haciendo aire con una hoja doblada a unos inconscientes hermanos Taki.
— ¿Hermanos qué—?—se aventuró a preguntar el capitán del nuevo Kidokawa, pero su pregunta fue cortaba a la mitad por el potente grito de Tobisawa e Izumi, quienes acababan de despertar metros más allá.
— ¡Triángulo Z!
Los dos peliblancos se sentaron de golpe, dejando sus manos en una posición que Kishibe pensaba interpretar como una burda imitación de movimientos de Karate… Ah, comenzaba a plantearse seriamente si no hubiera sido mejor romperse el cuello en aquella caída.
—Te lo dije—razonó entonces Hera, dejando su posición y dando un pequeño golpe en la frente de uno de los peliblancos con el dedo índice—Todos los de Kidokawa son así de … desequilibrados.
—Sí tú lo dices—concedió Poseidón, que en ese momento traía el ceño fruncido y miraba al par de albinos con una mueca de enfado— ¿Qué haremos con ellos, capitán?
Terumi lo sopesó, al tiempo que estudiaba con sus ojos rojos la figura de quien parecía el capitán -¿no que antes era un muchachito de rastas? Ah, maldito equipo lleno de locos- para finalmente lanzar un suspiro y clamar sin interés.
—No sé—se elevó de hombros—no somos niñeros, ni nada por el estilo. Y tampoco esclavos para llevarlos hasta su escuela.
—Eso me lleva a pensar—intervino por primera vez Démeter, nadie había reparado en su presencia. Pero el muchacho del casco estaba sentado cómodamente en una de las bancas observando aquel circo desde hacía un par de minutos— ¿Cómo fue que, entraron aquí?
Oh cierto. Recordó Terumi.
Los recuerdos de las últimas dos horas simplemente se remontaban a él golpeando el suelo, con la molesta voz de Mamoru resonando en sus oídos y la horrible figura de Kageyama grabada con fuego en su retina.
Él los había usado. Nadie juega con Aphrodi y sale ileso. Nadie.
Luego el sonido de algo impactando contra el destruido campo, y el inconfundible tinte de dolor en voces infantiles.
Todo el equipo había abandonado su lugar en las destartaladas instalaciones del estadio, para ir a revisar; encontrándose con un panorama más que extraño.
Un autobús –con una horrible decoración interna, si le permitían opinar al dios- volcado en el campo, con las puertas abiertas. Un extraño giroscopio o algo así con los colores del arcoíris –agh- y un grupo de mocosos desmayados dentro.
Oh sí, ese día la vida parecía querer jugar con la cordura de Aphrodi
Y ahora estaban aquí, en una escena que parecía sacada de un ridículo libro de comedia.
—Nosotros…—Kishibe se apresuró a pensar, Tobisawa e Izumi –ahora abrazados y mirando con miedo a los presentes- parecían haber entrado en un estado post traumático, pues no decían nada y los hermanos Taki continuaban inconcientes –aunque eso era bueno, no quería ver lo feo que se pondrían las cosas si Sousuke despertaba y comenzaba a maldecir en voz en cuello aquella situación- Pero como el único consiente y con un poco de cordura, debía inventar una mentira ¡y rápido! —nos perdimos…
Oh, ya había dicho que era pésimo para mentir.
— ¿Se perdieron?—concedió entonces Terumi, claramente incrédulo.
—Sí…—respondió secamente Kishibe. Pudo haber jurado que durante una micra de segundo ambos albinos dejaron su estado de inquebrantable abrazo para palmearse la cara al unisono.
Terumi sintió ganas de reír, no sabía si de pena ajena o algo así. Pero antes de que pudiera decir algo o hacer algo, el claro sonido de algo impactando contra una superficie dura resonó por todo el lugar.
— ¡Agh! El mocoso me golpeó
Hera tenía ambas manos sobre su frente. Frente a él y con una expresión asesina: Sousuke tenía los puños alzados.
— ¡¿Quién rayos eres tú?! ¡¿Dónde está el maldito oso gigante?!
—Te lo dije—bufó exasperado— ¡Todos son desequilibrados!
—Bien… recapitulemos.
El silencio había estado presente en el pequeño cuarto desde hacía como veinte minutos, finalmente Kishibe decidió tomar la palabra.
—Estábamos… en el Raimon, luego…
— ¡Apareció ese maldito oso gigante!—rugió sousuke—En su maldito auto gay de colores.
—Y ahora estamos aquí—finalizó Tobisawa Mana, algo indeciso en si debía acotar algo o no. Cuando habían estado dentro del mentado autobús había podido sentir claramente el vehículo alzarse por los aires, pero aquello era imposible, ¿verdad?
—Junto con un montón de chicos que se parecen extrañamente al entrenador y su antiguo equipo…—Izumi, que ya estaba más calmado comenzó a decir. Kanaaki estaba intentando mantenerse calmado. Pero había algo que no cuadraba. Estaba seguro que sólo era una muy extraña coincidencia que aquellos muchachos se parecieran a los que estaban esperando por ellos en el campo ahora mismo, ¿no?
— ¡Demonios!—todos se sobresaltaron ante el arrebato de Taiga—Creo que perdí la foto del entrenador…
—Maldita sea, ¡Kishibe!—El mayor de los taki tenía ganas de decapitar a su capitán. Porque de verdad— Estamos en sólo sabe dios donde, ¡¿Y sólo te preocupas por tu novio platónico?!
— ¡Que dejes de llamarlo así!
— ¡Basta!—cortó, harto Yoshihiko. Quien a pesar de ser el más joven de los presentes, se sentía como la voz de la razón en aquel momento.
—Lo lamento—se disculpó luego de unos minutos Taiga, no debía dejar que sus sentimientos nublaran su juicio.
—Hermano….
—Tsk.
Sabiendo que aquello sería lo más cercano a una disculpa que obtendría del otro jugador, decidieron dar el asunto por zanjado.
Ahora sólo quedaba algo que aclarar.
—Muchachos. M-miren esto—La voz llena de terror de Tobisawa advertía que lo que sea que fuere que deseaba mostrarles. Sin lugar a duda no era nada bueno.
Y estuvieron seguros de ello. Cuando al ver hacia la dirección que el albino señalaba se encontraron con un calendario.
Un calendario y un anuncio de la Futbol Frontier.
Un calendario y un anuncio de hace diez años.
—Esto… debe ser una broma.
Pero no, el dolor de los golpes sufridos por la caída aún estaba presente en sus músculos, y en sus huesos. El frío de la tarde ya comenzaba a calar en sus cansados cuerpos y estaban seguros que la imagen que tenían frente a ellos era verdad.
Habían… regresado al pasado.
— ¿Qué haremos ahora?— Izumi se acercó, colocando una mano sobre el hombro de su capitán.
Kishibe quiso responder. Pero ninguna palabra abandonó sus labios.
¿Qué debería hacer ahora? Se preguntó Aphrodi mientras se lavaba el rostro de mala gana, aún podía sentir las secuelas de su reciente partido con el Raimon. El dolor en el cuerpo y la acides en el estómago.
Oh sí, estaba furioso.
Y ahora tenían un autobús en medio del campo, con bastantes magulladuras y un grupo de mocosos que parecían ignorar hasta donde estaban parados.
¿Qué debería hacer ahora? Se volvió a preguntar.
—Hey—una voz muy conocida le habló desde la puerta del baño, para luego sentir una calidez familiar sobre su hombro y una toalla sobre su cabeza—creí que lo necesitarías.
—Hera—Terumi giró un poco su rostro, a la par que llevaba sus manos sobre su cabeza para tomar el pedazo de tela que había dejado allí el castaño
—No es… el fin del mundo, sabes—aquello parecía casi utópico, nunca se habría figurado que el muchacho de la flecha intentara ¿animarlo?
—Lo que sea—respondió, cortante. Lo que menos tenía ganas de hacer, era hablar de su derrota.
Lo pudo escuchar suspirar, e internamente se reclamó actuar así. Hera había sido, si podía decirlo así, su mejor amigo durante todo el tiempo que duró el equipo Zeus. Kageyama les había proporcionado una pequeña casa no muy lejos del instituto, para que pudieran quedarse allí. Casi nadie la usaba, por supuesto. A excepción de él mismo. Los demás tan solo pasaban allí la noche cuando el entrenamiento era agotador y no tenían suficiente fuerza para volver a sus hogares.
Sólo Hera, había llevado un par de cosas suyas y se había instalado en una de las numerosas habitaciones que estaban acondicionadas allí adentro. "No quiero que te quedes solo" había sido su escueta excusa.
Tuvo ganas de disculparse, el muchacho siempre se había mostrado muy atento y no merecía que desfogara su ira sobre él, pero nuevamente Tadashi fue más rápido.
—Supongo que te irás pronto…—Su voz sonaba distante, Terumi se atrevió a pensar que hasta tenía un tinte de tristeza dibujado por allí.
—En una semana… si no es menos.
—Entiendo…—Hera se permitió tomar un poco de aire. Era ahora, o nunca—Pero sabes. Yo…
Terumi sintió su corazón dar un vuelco. Pero prefirió ignorarlo.
— ¿Tú…?
Se aventuró a continuar.
Hera se mordió la lengua.
—Te deseo un buen viaje, Aphrodi…
Y fue la última vez que hablaron, palabras que no fueron dichas y sentimientos que nunca salieron a la luz. Algo que ambos lamentaron incluso años después.
Terumi suspiró, diciéndose internamente que debía guardar la calma.
— ¿Es que… piensan seguirme todo el día?— preguntó, usando el tono más amable que tenía.
A sus espaldas, los cinco muchachos del kidokawa seishun lo seguían como en fila india. Maldita sea, se sentía como la tan mentada mamá pato de esos cuentos infantiles que solía oír.
—Tsk—Sousuke chasqueó la lengua, restándole importancia al claro veneno que venía escondido en la pregunta de su futuro entrenador, pero se tuvo que morder la lengua para no soltar su propia perorata cuando sintió la mano de su hermano menor presionar contra la suya— No es como si tuviéramos otra opción.
— ¿Qué quieres decir?—y frunció sus finas cejas rubias—Si buscan al idiota de Kageyama, no tengo ni la más mínima idea de dónde esté. Vayan a sus casas de una vez.
Terminó, girándose sobre su eje y caminando mientras arrastraba los pies. Ese día no podía ir peor, al menos aún tenía aquella extraña casa que el idiota de su entrenador había dejado para ellos –aunque sólo era usada por Hera y él a estas alturas, el resto de sus ex compañeros habían vuelto a casa y suponía que el castaño haría lo mismo pronto. Ah, cómo extrañaba Korea-
— ¡Espere, entrenador!— Oh el tic en su ceja derecha amenazaba en hacerse algo permanente.
Kishibe quiso morderse la lengua por seguir llamándole así, y Sousuke se permitió el placer de darle un golpe de lleno en la cabeza, por seguir empeorando su situación.
—Está bien—dijo, rindiéndose—sólo… dejen de llamarme así, por amor a todos los dioses.
—Perdón…
Ah… esto sin lugar a dudas no estaba dentro de sus planes, ¿qué iba a hacer con un montón de mocosos siguiéndolo de aquí para allá? –ignorando que él tenía posiblemente la misma edad que ellos- y sus insoportables muecas de cachorritos heridos –la mayoría de ellos, especialmente el de pelo azul; porque le castaño mayor tenía expresión de perro rabioso-
Parecía que no querían volver a casa, y él no pensaba llevarlos de la manito ni mucho menos, así que la solución más fácil sería dejar que lo siguieran hasta la pequeña casa que usaba ahora de vivienda, después de todo tenía pensado volver a Korea en un par de días. Esos chiquillos ya no serían más un problema.
—Agh. Sólo, vengan de una vez— y apresuró su paso. Si volvía a ver a alguno de sus compañeros de la Zeus sin lugar a duda les daría una buena probada de su poder de tiro, los muy traidores habían huido antes de que pudiera hacer algo.
El camino hasta la pequeña casa fue bastante extraño, la palabra incómodo no terminaba de describirlo. Ninguno dijo alguna palabra, sólo se limitaron a caminar y escuchar el eco de sus pasos impactar contra el pavimento.
Kishibe tenía la mirada clavada en el suelo, caminaban contra el sol, la sombra que su cuerpo y la del dios proyectaban eran tan… parecidas.
Todo aquello, además de bizarro le sabía tan anormal.
El hombre imponente que había conocido ahora sólo parecía un vago recuerdo en su mente, pero este muchacho que ahora caminaba a su lado era tan… tan como su entrenador. Pero era imposible que fueran la misma persona, ¿no? ¿Por qué los viajes en el tiempo son una simple invención de la ciencia ficción? ¡¿NO?!
—Capitán…—la vocecita de Yoshihiko lo sacó de sus cavilaciones, al parecer el único de su equipo que se atrevía a hablar en aquel extraño escenario— ¿c-cuándo volveremos a casa?
Kishibe tembló.
Dándose cuenta, que realmente no sabía la respuesta a esa pregunta.
Notas Finales: Uhm bien, como dije arriba: esto a penas comienza a tomar forma. ;; no me peguen.
