Jejeje, ya recordé que el prompt del fic involucraba celos. O algo así. Anyway, estos días han sido malos días, así que procastinaré el sentirme deprimida subiendo fic. Muchas gracias por sus comentarios y los favs :D había olvidado lo genial que es recibir comentarios, le hacen el día a una.
FFnet sigue metiéndose con mi formato y mis guiones akaldjas.
Dos.
Dark shines
Bringing me down
Making my heart feel sore
Because it's good
— Dark shines — Muse
—¡Arthur! ¡Hey, Arthur!
Arthur se había quedado atrás luego de la reunión, guardando sus papeles con parsimonia para evitar salir junto con el tumulto de profesores. Los ánimos, incluido el suyo, estaban un tanto caldeados por el estrés del fin de semestre sumado al estrés propio de un lunes, y por ello no volteó ante la mención de su nombre hasta unos segundos después de haber identificado la voz.
Bella se asomaba por la puerta, sonriente.
—¿Estás ocupado?
—No, no, ya estaba por irme —Arthur metió un fólder en su mochila y se la puso al hombro—. ¿Vas a la biblioteca?
—No, Antonio me mandó un mensaje diciendo que se siente mal, así que iré a verlo. Pero vamos por allí.
—Okey. Te llevo tus cosas por mientras.
—Oh, no te preocupes.
—Insisto —Arthur tomó el maletín de Bella, sorprendiéndose de lo pesado que estaba, y se encaminaron a la salida.
En el camino conversaron de Antonio. Al parecer había estado con tos y congestión últimamente, pero amaneció con fiebre en la mañana y demandaba la compañía de Bella o se iba a morir. "¿Por qué los hombres son tan dramáticos cuando se enferman?" le preguntó ella, mientras revisaba su celular si había mensajes distintos a los "¿Ya estás viniendo?" de Antonio.
—Por cierto, como me dijo que hoy iba a ver a Francis, hice chocolates para ustedes y Lovino. ¿Se los puedes dar por mí?
—No aseguro que lleguen todos—se detuvieron unos minutos en la entrada del colegio para que Bella pudiera sacar la bolsa con chocolates—. Francis no merece tan buen trato.
—Él y Antonio necesitan que los engrían a cada rato, en especial cuando están mal.
—Buen par de amigos —respondió con ironía.
—Cuando se juntan con el hermano de Ludwig (¿Lo conoces? ¿El profesor de educación física?) son peores todavía —Bella rió por la cara de consternación de Arthur—, pero me alegro que Francis esté mejor ahora. Antonio estaba muy preocupado cuando todo empezó.
—Sigo pensando que está exagerando. Y Antonio se preocupa como si fuera su propio hijo.
—Sí, supongo — Bella rió de nuevo—. Oh, me has hecho acordar. Antes pensaba que esos dos estaban juntos.
—¿Juntos?
Francis le había contado que anteriormente trabajaba para un periódico, escribiendo cortas historias para el suplemento del fin de semana, a la vez que trabajaba en sus propias obras. Antonio ha sido su editor desde el inicio, y ambos eran cercanos.
—Siempre iban a la biblioteca para las ediciones y esas cosas, y Francis solía colgársele encima o abrazarlo por detrás mientras trabajaban. Me sorprendió bastante cuando Antonio se me acercó para invitarme a salir.
—¿En serio? —Francis no le había contado eso—. O sea que es más pervertido de lo que pensaba.
—Pervertido es un poco fuerte. Digamos… ¿encantador?
—¿Encantador? —Arthur puso cara de asco, arrancándole otra carcajada a Bella
—Ay, pero mira, incluso le hace sonreír a Lovino. Bueno, no tanto así, pero al menos lo mantiene de buen humor. Y déjame decirte que eso es bien difícil.
Arthur casi se tropieza al escuchar eso.— Pero si Lovino para renegando con él.
—Sí, pero llevan más de un año trabajando juntos. Eso es todo un récord en la historia de auxiliares de Lovino.
Hubo una pausa en la conversación en lo que se demoraron en cruzar una pista. Arthur aprovechó ese momento para procesar la nueva información. Así que Francis era tan "encantador" como para que incluso alguien que se irritara tan fácilmente como Lovino lo soportara. ¿Pero qué tenía de encantador? ¿Acaso ahora le llaman así a los que se la paran seduciendo cuanta persona se le atravesase?
Bueno, quizás no era tanto así, pero esa fue la primera impresión que tuvo del sujeto cuando entró por primera vez a la biblioteca. Estaba que flirteaba con un par de señoritas que no podían alcanzar un diccionario de un estante. Un diccionario de francés, lo sabía, porque luego se sentó a su lado a ayudarles con la tarea que les había dejado el instituto donde estudiaban, y sus risitas le interrumpían a cada rato su lectura. Arthur los calló con un "shh" varias veces, hasta que se cansó y fue a quejarse donde Lovino.
Sin embargo, ahora que lo pensaba, Lovino le llamó la atención hecho una furia, pero Francis ni se inmutó ante ello y logró calmarlo. Inclusive le compró un helado, aunque fue más por amenaza de Lovino que por voluntad propia.
Acaso…
—Bueno, yo me voy por acá —Bella lo sacó de sus pensamientos abruptamente—, le mandas un saludo a Francis de mi parte.
—Ah, sí, claro. Salúdame a Antonio —agregó por cortesía, aunque sabía que no le caía muy bien a Antonio, desde la vez que le pisó el pie por accidente.
Arthur observó a Bella alejarse y doblar la esquina, forzándose a no pensar en la idea que acababa de formarse. Miró la pequeña bolsa que tenía en la mano. Francis siempre compartía con él los chocolates que Antonio le traía. Lovino, por otro lado, lo miraba con cara de "no te pienso invitar nada", cosa que no le importaba porque no le gustaba tanto el dulce…
"Llevan más de un año trabajando juntos".
¡Ah! Arthur asustó un par de transeúntes con el repentino grito que pegó, al darse cuenta la dirección a la que le estaba llevando su mente. Molesto, buscó en la bolsa la que le pertenecía a Francis, la abrió, y sacó la mitad del contenido para guardárselo en el bolsillo del saco. Era lo mínimo que se merecía ese estúpido por hacerle pensar cosas estúpidas.
~o~
—Oye. Deja eso y vete a atender.
Francis estaba en la sección de Biología, cargando los cuatro libros que acababan de devolver cuando Lovino pasó por su lado. Éste se dirigió hacia el final de los dos libreros, donde había un par de sillas y un pequeño televisor en la división de uno de ellos.
Extrañado, Francis miró su reloj de pulsera.
—Falta media hora para las seis.
—Ya lo sé, idiota, pero prefiero ver infomerciales antes que seguir soportando a tu noviecito mirándome como si yo tuviera la culpa de su mal gusto al vestirse.
A Francis le tomó unos cuantos segundos procesar la información. Estaba a punto de decir algo pero Lovino le cortó.
—No me importa —dijo tajante, haciendo un gesto con la mano—, tan sólo no me metan en su no-drama de no estar saliendo.
—No estamos saliendo.
—Claro que no, se quedan en mi biblioteca flirteándose el uno al otro con malos sarcasmos e insultos. Me convendría que salieran, literalmente, para no tener que verlos usando supuestas "discusiones sobre autores" —Lovino hizo comillas en el aire al decir eso— para ese propósito.
—¿Cuándo hemos hecho eso?—Francis no pudo evitar sonreírse.
—La última vez fue con Shakespeare. El soneto 20, todavía. ¿No conoces la sutilidad?
Francis rió con ganas entonces.
—Lo sutil nunca fue lo mío.
—Como dije, no me importa —Lovino se balanceó hacia atrás en la silla hasta que el respaldar chocó con uno de los estantes—.Que no me mire no más, esas cejas me ponen nervioso.
—Oui, oui. Disfruta tu película de Bollywood.
—¡No me jodas! —a Lovino se le colorearon las mejillas—.Al menos yo veo mujeres bailarinas usando velos. Tú por otro lado… bueno, no tengo idea.
—En eso te doy la razón.
Francis dejó los libros apilados cerca a la televisión, le revolvió la cabeza a Lovino, quien protestó con todas las palabrotas habidas y por haber, y salió a ver qué mosca le había picado a Arthur.
~o~
Francis no era ningún tonto. No necesitaba la sonrisita sabionda de Antonio para darse cuenta que sí, algo estaba pasando, le gustara a Arthur o no. No la necesitaba porque todo iba acorde a lo que quería. Ya sabía desde el inicio lo que implicaba el bajar de las escaleras para ir a su encuentro. Aunque quizás no desde entonces, porque inicialmente sólo estaba aburrido y la expresión enojada de Arthur le causó gracia aquella vez.
El hombre tenía toda la pinta de ser nuevo en la ciudad y bastante renuente a socializar, lo cual lo hacía más atrayente. Más aún eran sus respuestas a cuando lo abordaba con actitud seductora: las orejas se le coloreaban un poco, pero mantenía la mirada desinteresada. Para alguien que no está acostumbrado a ser ignorado, la situación pronto se volvió un interesante juego y provocarle reacción era el premio.
Las clases empezaron y el que Arthur siguiera viniendo técnicamente era la señal de victoria. Pero entonces notó que lo que lo hacía bajar de las escaleras ya no era traviesa curiosidad. Bajaba también para conversar, revisar sus clases, incluso hacerle preguntas sobre alguna cosa que leyó (tener mucho tiempo libre le hizo incursionar en la lectura de diversos libros, ciencias incluidos) y Arthur respondía, explicaba, se reía de verdad del chiste científico que le contaba, cosa que era completamente nerd, pero a Francis le gustaba. Y cuando se dio cuenta que le gustaba, simplemente se encogió de hombros y siguió molestándole a Arthur con su caligrafía.
"No entiendo a los escritores" le dijo Antonio una vez que Arthur estaba ocupado elaborando un examen y tenía un aura repelente de almas a dos metros a la redonda. Francis le sonrió y prefirió darle la razón a dar respuesta a la pregunta implícita.
"¿Qué le viste?".
No era que le hubiera visto algo, era que Arthur le ponía desafío al escenario que inconscientemente estaba creando. Francis se había hecho parte del día del otro y le gustaba ese lugar, entre el profesor y el brazo derecho del sillón; le gustaba porque lo había creado y esa era una sensación que extrañaba: el poder manejar el medio, los personajes, lo que vendrá. Y aun cuando el personaje principal no podía ser controlado, no se le escapaban los pequeños detalles (el color en los pómulos cuando se acercaba mucho, su aversión a las personas que se acercaban a consultarle, la mirada fastidiada que le mandaba a Lovino) que afirmaban su influencia sobre él.
Francis no era tonto, sabía que algo estaba sucediendo y Arthur ponía resistencia, pero estaba bien, siempre ha sido un hombre paciente, y tenía la sospecha que no faltaba mucho. Era cuestión de observar y esperar.
No obstante, había una parte de él, una de la cual rehusaba a admitir su existencia, que deseaba algo distinto: que fuera Arthur quien estuviera a cargo de la situación. Porque, vamos, ¿qué garantía de éxito había para un autor que no podía ni dirigir sus propios mundos? ¿Qué tal si estaba leyendo todo mal?
Quería que fuera Arthur el que lo buscara y con esa sola acción desequilibraría todo y todo pasaría a sus manos, así Francis ya no se vería en la presión de velar por el siguiente paso, la siguiente acción. Arthur no tenía reparos para decirle crudamente lo que otros endulzaban ("Ponte a trabajar de una vez", "¿No tienes una obra que escribir en lugar de estar jodiéndome?", "Quizás si dejas de sentir lástima por ti mismo podrías hacer algo"); así que podía encomendarle este trabajo, la tarea de volverlo a él un personaje y ser Francis ahora quien veía al contexto cambiar en direcciones desconocidas, aliviarse de la carga, dejarse llevar.
Arthur podía hacerlo, Francis creía en ello. Y quizás esa era la verdadera explicación.
Soneto 20 de Shakespeare: Según lo que he estado viendo, además de que el soneto trata sobre cosas como juegos sexuales (aunque personalmente no sé interpretar poemas en inglés antiguo porque no lo entiendo 8U) muchos interpretan a este soneto como que está dirigido hacia un hombre y de ahí la cuestión de que si Shakespeare era homosexual o no.
Lovino is not amused porque no aguanta tensión sexual sin resolver ajena en su cara y a la hora de su novela hindú favorita lol.
Gracias por leer :D.
