Terminé pronto este capítulo así que lo subí de una vez. Lloro mil porque hoy regresé a clases y ya tengo toneladas de tarea ;-; Trataré de no descuidar mis actualizaciones. Espero que les guste. Dejen su comentario (:
MI PRESA
Capítulo 2: Acorralada.
RUKIA'S POV
El hombre de expresión seria entró a mi habitación mucho rato después. Ya había comenzado a desesperarme y estaba a punto de cambiarme y decirles que se podían ir al carajo con todo y su cena, pero al verlo me acobardé.
-Es hora. Vamos.
-¿Qué es lo que quieren de mí? –lo seguí afuera del cuarto, a unos pasos de distancia.
-No hagas preguntas.
-No las haría si alguien me dijera qué demonios está pasando. ¿Por qué estoy en este lugar? ¿Y por qué Aizen quiere tenerme encerrada? ¿Para qué me necesita?
Volteó a verme y me callé. Supuse que estaba perdiendo la paciencia. Tal vez si insistía lo suficiente lograría que me dijera algo.
-No me veas así, tú también tendrías preguntas si te encontraras en mi situación. Además, ni siquiera sé tu nombre. ¿Por qué tanta amabilidad si después de todo soy una prisionera?
-Si quieres volver al calabozo, por mí no hay problema, pero Aizen-sama dio la orden de que te trasladáramos a una habitación del castillo para tu comodidad.
-Qué amable de su parte –dije irónicamente.
Llegamos a lo que parecía ser el comedor. Estaba iluminado y en el centro había una enorme mesa con muchas personas sentadas alrededor. En la cabecera se encontraba Aizen recargando su rostro en una mano. Ulquiorra me tomó del brazo y me sentó a la izquierda de Aizen.
-Aizen, maldito. ¿Qué demonios crees que estás haciendo? Libérame ahora mismo.
-Rukia, bienvenida al castillo de Las Noches.
A la derecha de Aizen estaba Gin Ichimaru y Kaname Tousen. Gin sonreía como siempre con los ojos casi cerrados y Tosen estaba serio. Yo estaba furiosa. No podía simplemente sentarme a cenar con ellos como si nada hubiera pasado en la Sociedad de Almas.
-Ah, Rukia-chan. Me alegra verte de nuevo. Ese vestido te queda muy bien –me dijo Gin con esa característica sonrisa suya que me ponía los nervios de punta.
Siempre tuve esa sensación cada vez que me encontraba con el ex capitán del tercer escuadrón. Como si pudiera leerme el pensamiento. Me quedaba paralizada en su presencia. Sin palabras. Pero esta vez, mi enojo pudo más.
-Gin…bastardo.
-Te lo he dicho antes, Rukia-chan. Para ti soy el Capitán Ichimaru.
-No eres ningún capitán. Eres sólo un maldito traidor.
-Basta ya –nos cortó Aizen-. Espadas, quiero que conozcan a Rukia, del honorable clan Kuchiki. Miembro del treceavo escuadrón del Seireitei. Rukia, ellos son mis Espadas.
Miré a cada uno detenidamente conforme Aizen iba nombrándolos. Todos me miraban con curiosidad. Sólo reconocí a Ulquiorra, Szayel y por supuesto, al bastardo de Grimmjow. No sonreí, ni asentí ni dije nada. Sólo me quedé cruzada de brazos.
-¿Dónde están tus modales, Rukia-chan? ¿Acaso Byakuya no te ha enseñado nada? Creí que era más estricto, pero resultó otra decepción –dijo Gin.
Eso me hizo enfurecer, que nombrara a mi hermano como si se tratara de cualquier cosa. Y peor aún, lo había insultado. Quería salir corriendo de ahí. El reiatsu de todos me oprimía. Sentía que me iba a desmayar y sólo pude pensar en que mi vida terminaría pronto a manos de Aizen.
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GRIMMJOW'S POV
Ichimaru empezó a molestar a la shinigami, y lo que más me sorprendió fue ver que ella le respondió. Creí que por ser su antiguo superior le mostraría algo de respeto. Eso la hacía más interesante.
Cuando Aizen nos presentó, hicimos contacto visual. Ensanché mi sonrisa y me fulminó con la mirada. Ahora sí se mostraba valiente, cuando había más testigos. Ya veríamos si se comportaba igual cuando estuviéramos solos.
-¿Qué es lo que quieres de mí, Aizen? –preguntó.
La verdad era que ninguno de los presentes, excepto tal vez Ichimaru y Tousen, sabíamos el motivo de la presencia de la shinigami. Todos observamos fijamente a Aizen, esperando una respuesta.
-Lo sabrás pronto, Rukia. Todos lo harán –fue lo único que dijo.
Acto seguido trajeron la comida, todos empezaron a comer pero yo no pude probar bocado. Mi mente estaba en otro lado. Reflexioné sobre el hecho de que le había jurado lealtad a un hombre del que no sabía absolutamente nada. Había llegado a instalarse a Las Noches e imponer su mandato. Era cierto que ellos tres eran traidores, y lo único que me convenció acerca del argumento que nos dio Aizen era que habría peleas con shinigamis de alto rango. Tenientes, capitanes, fuerzas especiales y uno bastante sobresaliente.
Kurosaki.
Observé a los presentes. Todos estaban en lo suyo, no había comentarios estúpidos de parte de Yammy o de Nnoitra. La shinigami estaba especialmente callada. Sólo jugando con su cuchillo. Me preguntaba si planeaba algo…A no ser que…
Todo sucedió muy rápido. Tomó el arma y la dirigió hacia el rostro de Aizen, pero antes de que pudiera siquiera acercarse, Ulquiorra la interceptó y se lo quitó. Aizen ni parpadeó. Seguía con su rostro impasible mirando a la nada.
Ulquiorra la tomó del brazo y la sacó del salón.
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RUKIA'S POV
Mi intento frustrado de apuñalar a Aizen me saldría muy caro. Lo supe en cuanto sentí la fuerza con la que me tomó Ulquiorra y me arrastró fuera del comedor.
Quise suplicar y decirle que lo sentía, que en realidad no había querido hacerlo, pero supe que jamás me creería. Y de todas formas, estaba feliz de haberlo intentado.
Me llevó al pasillo de al lado y tomándome del cuello me estampó contra la pared. El primer golpe entumió mi mejilla, el segundo, me hizo un corte en el pómulo y el tercero sacó sangre de mi labio.
-Te escoltaré a tu habitación. La cena ha terminado.
Caminé detrás de él en silencio. Llegamos a la habitación y después de arrojarme dentro cerró la puerta con llave.
Suspiré derrotada y me senté en la cama. Tenía que salir de ahí. No soportaría otra noche en ese lugar. Siguiendo órdenes y complaciendo a los traidores, recibiendo golpes cada dos por tres. Me limpié la sangre del rostro, me dolía mucho, pero no era nada comparado con el odio que sentía.
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GRIMMJOW'S POV
El silencio reinaba en el comedor después de escuchar los golpes. Aizen suspiró y se levantó, seguido por los ex capitanes.
Bueno, eso se lo había ganado. Sólo a un idiota se le ocurriría tratar de apuñalar a Aizen cuando estaba rodeado de subordinados y la persona en cuestión tuviera sus poderes bloqueados. De seguro los golpes le habían dolido más en ese estado en el que se encontraba.
Todos se retiraron a sus habitaciones pero a mí me dio curiosidad saber qué le había pasado a la shinigami. Me dirigí a su habitación y me encontré con Ulquiorra en el camino.
-¿Qué haces aquí?
-Estaba dando un paseo y pensé en saludar a una vieja amiga.
-¿Amiga?
-Sí.
-Tú no tienes permitido acercarte. Aizen-sama me encomendó a mí la tarea de cuidarla.
-¿Cuidarla o partirle la cara?
Ulquiorra se quedó callado. Así que no tenía excusas para lo que había hecho.
-No le voy a hacer nada. Sólo una charla amistosa –traté de avanzar hacia la puerta pero me bloqueó.
-El objetivo de tenerla vigilada es para evitar que gente como tú se acerque.
-¿Gente como yo? –le pregunté con el ceño fruncido.
-Explosivo, pervertido, manipulador y violento.
-¿Yo soy violento? Oh, cierto. Olvidaba que eres la perra de Aizen y por eso tú si puedes golpearla.
Me estaba cabreando. Una palabra más y le iba a arrancar la puta cabeza de los escuálidos hombros. Estaba esperando que respondiera algo y me diera un motivo. Simplemente me pasó de largo y siguió caminando. Giró la cabeza y me dio una última advertencia.
-Mantente alejado de la shinigami –y desapareció por el pasillo.
Por supuesto que no iba a hacerle caso, yo no seguía órdenes de él. Los números para mí no significaban nada. Pero por el momento lo dejé pasar y regresé a mi habitación, pensando en la shinigami y en lo mucho que me iba a divertir con ella cuando estuviéramos solos.
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RUKIA'S POV
A la mañana siguiente, Ulquiorra me trajo el desayuno. No dijo nada, parecía que ni siquiera me estaba prestando atención. Lo fulminé con la mirada hasta que salió de nuevo de la habitación.
Estaba molesta por lo de anoche, y no tenía hambre así que arrojé la bandeja hacia la pared y el contenido se esparció por el suelo. Entonces vi el cuchillo y se me ocurrió tomarlo como arma. La próxima vez que Ulquiorra entrara, lo iba a apuñalar. O eso esperaba. Seguramente sería más rápido y esquivaría mi ataque. ¿Valía la pena arriesgarme a otra paliza si eso me daba una mínima oportunidad? Creía que sí.
Me habían dejado algo de ropa encima del tocador, así que me di una ducha sólo por perder tiempo y me puse un vestido azul de manga larga que me llegaba un poco arriba de la rodilla.
Pasé la tarde bastante aburrida. No había nada qué hacer y nadie tampoco había ido a visitarme. Casi al anochecer me dio hambre y me arrepentí de no haber comido nada. Seguramente tendría que esperar unas horas más hasta que trajeran la cena o me mandaran llamar de nuevo al comedor.
Escuché un ruido de pasos afuera y me pegué a la puerta para escuchar mejor. No sabía quién podía ser, pero tenía que defenderme de cualquier manera. Si era algún arrancar, bien, si era Ulquiorra, mucho mejor.
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GRIMMJOW'S POV
Llegué a la habitación de la shinigami. Intenté abrir la puerta pero estaba cerrada con llave. Y probablemente la única copia la tendría Ulquiorra.
Bien, de todas formas no necesitaba una puta llave para hacer lo que yo quisiera. Formé un cero y atravesé la pared. Estaba seguro que escucharían la explosión, pero yo ya me habría ido para cuando alguien viniera a ver qué había pasado.
Entré por el agujero y sentí un corte en el brazo, aunque no fue profundo.
La shinigami me había cortado con un cuchillo. Se quedó paralizada cuando me vio. Seguramente esperaba que fuera Ulquiorra a quien había cortado. No la culpaba, yo también quería destazar a ese flacucho.
-Menuda bienvenida, shinigami.
-L-lo siento mucho –tartamudeó.
Me reí a carcajadas. En verdad era muy interesante que tuviera las agallas para haber intentado algo así. La cortada no era nada, mi piel se regeneraría rápidamente. Ahora era mi turno de jugar con ella.
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RUKIA'S POV
Maldición, no era Ulquiorra a quien había cortado. Era Grimmjow. No sabía quién de los dos era peor, pero si de algo estaba segura era de que ambos me harían pagar a su manera.
Traté de correr pero Grimmjow me detuvo del brazo.
-Tú vienes conmigo.
Salimos por el agujero y me jaló del brazo por el pasillo, sujetándome sin ningún problema mientras yo trataba de zafarme. Los trozos de pared estaban esparcidos por todos lados. Si hubiera estado enfrente del muro en ese momento probablemente estaría hecha pedazos. Qué tonta fui al pensar que él entraría por la puerta como gente civilizada. Era un animal.
Dimos vuelta por el pasillo y vi una puerta al final. La abrió y me arrojó dentro. Entró después de mí y se recargó en la puerta.
Me evaluó con la mirada y vio mis cortadas. No sabía qué pensar de él. A pesar de lo agresivo que fue la primera noche, sus golpes no se comparaban a los que me acababa de dar Ulquiorra.
-¿Qué es lo que quieres? –pregunté con la voz más firme que pude.
-¿Es esa la forma de hablarme? No olvides tu posición, shinigami. Aquí no eres más que la prisionera de Aizen. Aunque dada la situación serás más que eso. Serás mi puta personal.
-¡Auxilio! ¡Ulquiorra! –grité.
-Debe ser una maldita broma. Si lo llamas te dará otra paliza como la de anoche.
-¡Ulquiorra!
Grimmjow me tapó la boca para hacerme callar.
-Cierra la boca o te arrepentirás.
Esquivó mi patada sin problema alguno y me soltó, claramente molesto.
-Déjame ir –le dije.
-No lo creo, apenas me estoy divirtiendo –dio un paso hacia adelante y yo retrocedí levantando las manos.
-De acuerdo, de acuerdo. Espera, no hay necesidad de ser enemigos.
Comencé a caminar lentamente por el cuarto para hacer tiempo. Si había destrozado la pared de mi habitación para entrar, supuse que no tenía permiso de estar ahí, en primer lugar.
-Claramente no somos aliados –repuso.
-Cierto, pero no veo por qué no podemos llevarnos bien. Después de todo, Szayel fue amable conmigo al curar mis heridas.
-No voy a darte un abrazo, si eso es lo que piensas.
-No me refiero a eso, estoy hablando de intereses en común.
-¿Y qué tienes tú que yo no pueda tomar por la fuerza? –se burló.
-Bueno, yo… -no se me ocurría nada.
Soltó una pequeña risa y se pasó la mano por el cabello.
-Déjame aclararte algo. No se trata de lo que decidas, no se trata de llegar a un acuerdo, no se trata de tu opinión. Voy a tomar lo que quiera, cuando jodidamente quiera.
-¿Es lo que Aizen te ordenó?
-¿Por qué tendría que responderte?
-Escucha, sé que no eres una mala persona, puedes ayudarnos a derrotarlo. Serás recompensado en la Sociedad de Almas. No tiene por qué ser de esta forma.
-Yo creo que sí.
Estaba desesperada, era imposible hablar con él.
-Si me pones una mano encima, lo lamentarás.
-Cuida tu lengua, shinigami. No querrás perderla.
-¿Dónde está Ichigo? –Proseguí.
-Ya te lo dije, probablemente muerto.
-Mentira. Ichigo jamás perdería contra alguien como tú.
-¿Entonces por qué le gritaste que corriera?
-El calor del momento, supongo.
-Mentira. Sabías que lo haría picadillo y trataste de protegerlo.
Se acercó a mí hasta quedar a sólo unos centímetros. Podía ver su pecho justo frente a mis ojos. Era en verdad muy alto y fornido. Su abdomen estaba marcado y sus brazos eran fuertes. Me sentí intimidada, pero no retrocedí.
-Ninguno de ustedes puede verlo, pero Ichigo es muy fuerte.
-Oh, sí. Lo noté la tercera vez que escupió sangre –dijo sarcásticamente.
-Sé que no está muerto.
-No sabes un carajo –respondió.
-Aun si él no puede levantarse, tiene amigos a su lado. Ishida, Inoue o Sado fueron en su ayuda.
-Quién sabe, no me quedé a ver si rescataban a la princesa. Bueno, basta de charla, shinigami. Me estás molestando bastante.
Me tomó del brazo y me acorraló en la pared.
-No me toques –exclamé.
-¿O qué?
-Gritaré. No me interesa lo que hagas después.
-¿Es una amenaza? Porque puedo romperte el cuello y asunto arreglado –pasó un dedo por mi yugular-. Qué fácil sería.
Sonreí.
-No vas a matarme, porque Aizen me necesita.
La sonrisa se borró de su rostro y su expresión cambió.
-Tienes razón. No voy a matarte, shinigami. Pero cuando termine contigo, vas a desear que lo haga.
Me giró contra la pared y se colocó detrás de mí. Su fuerte pecho me oprimía y me impedía moverme. Sentí un bulto en mi espalda y traté de zafarme pero me agarró de las manos y las puso en la pared.
-¿Así que es esto lo que tienes mente?
-¿Qué otra cosa sería? No te traje para conversar.
Lamió el lóbulo de mi oreja y me estremecí. Sentía su respiración en el cuello. Me succionó lentamente hasta dejar una, dos, tres marcas. Puso una pierna en medio de las mías y las separó. Con una mano sujetó mis muñecas y puso la otra en mi cintura. Su agarre era firme. La fue bajando lentamente hasta llegar al dobladillo de mi vestido y lo subió acariciando mis piernas.
-Veo que no estás asustada. O tal vez no lo demuestras.
-No te tengo miedo.
-¿En serio?
Me quitó las bragas de un tirón y gemí en respuesta.
-No hagas esto –le dije. Mi vista comenzaba a nublarse y mis piernas temblaron cuando acarició la parte interna de mis muslos. Me tomó del cuello firmemente y me dijo al oído.
-No me des órdenes, shinigami.
Vi de reojo cómo se quitaba el pantalón, revelando su miembro apuntando en mi dirección. Era grande y grueso. Tragué saliva pesadamente. No era posible que algo así cupiera en mi interior. Me revolví inquieta.
-Por favor, déjame ir. No le diré a nadie sobre esto.
-¿Crees que les importa un carajo lo que haga contigo? Nadie vendrá en tu ayuda.
Se me ocurrió una idea, aunque no era exactamente la más brillante.
-Ulquiorra va a estar muy enojado si se entera que te acercaste a mí sin su permiso. ¿Crees que no lo sé? Tienes prohibido verme, hablarme, mucho menos tocarme.
Puso una mano en mi entrada y tomó mi clítoris con dos dedos. Lo apretó fuertemente y grité de dolor.
-Ulquiorra puede irse al carajo. Tampoco sigo sus órdenes.
Puso su miembro en mi entrada y me penetró de una estocada que cortó mi respiración. Comenzó a moverse rápidamente, sin darme tiempo a asimilar lo que había sucedido. De pronto, todo el miedo que sentía fue disipado y en su lugar me inundó una ola de placer que nunca había sentido. ¿Qué rayos estaba pasando conmigo? Su pecho oprimía mi espalda y su calor se traspasaba por mi piel. No podía pensar claramente ni podía formar una frase coherente que le pidiera alejarse de mí. Sabía que no me escucharía, pero al menos tenía que intentarlo, ¿no?
Claramente ese arrancar se estaba aprovechando de que yo no tenía mis poderes ni mi zanpakutou. Si así fuera ¿en verdad haría algo para detenerlo? Aún más importante... ¿quería que se detuviera?
-Creí que te ibas a resistir más, shinigami. ¿Qué sucedió?
-Cierra la…ah…boca.
-No sé qué tipo de relación tienes con Kurosaki, pero me juego la vida a que no te hace sentir nada como esto.
Salió de mí lentamente y me cargó en brazos hasta la cama. Me dejó caer bruscamente y se colocó encima de mí. Mi rostro estaba completamente enrojecido y mi pulso muy acelerado. Grimmjow lamió mi cuello y me quitó el vestido por encima de la cabeza. Me cubrí con las manos en respuesta, nunca ningún hombre me había visto desnuda.
-Déjate de idioteces, ya es muy tarde para el pudor.
Me dio otro lengüetazo en el cuello y dejé caer ambas manos a los costados. Acarició mi pecho suavemente, como si temiera que fuera a desbaratarme bajo su toque. Y lo hice, en sentido figurado.
-Mmm, a comparación de Harribel, eres una tabla.
Me sonrojé y lo abofeteé. Estaba harta de escuchar esa frase.
-Me gusta más así –prosiguió sin replicar por el golpe-. Si tuvieras mucho pecho no cabría bajo mi mano. Y me gusta controlar las cosas.
Rodeó mi seno con su mano entera y con la otra acarició mis piernas, para posicionarse en medio nuevamente. Me miró unos segundos directamente a los ojos y luego hacia mis labios. ¿No estaba considerando acaso…?
Me besó fieramente antes de darme cuenta. Su lengua insistía en entrar en mi cavidad y separé los labios para darle total acceso. La calidez que sentí era indescriptible. No quería admitirlo, pero todo aquello me estaba gustando, tal vez demasiado.
Rodeé su cuello con mis brazos y profundicé el beso. Bajó su mano hasta mi sexo y me penetró, esta vez fue delicado y pude sentir cada pulgada abriéndose paso en mi interior. Se movía al compás de nuestras respiraciones y yo dejaba salir un gemido ocasional que lo hacía acelerar el ritmo y gruñir en mi oído.
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GRIMMJOW'S POV
La shinigami se resistió al principio pero casi de inmediato comenzó a disfrutarlo. Bien, no quería tener que forzarla. No era lo mismo.
Sentí sus paredes contraerse y supe que estaba próxima a llegar al clímax. Le daría el mejor orgasmo de su vida y eso me ponía eufórico. Era en verdad interesante. La escuché pronunciar mi nombre entre gemidos y aceleré mis embestidas, me estaba volviendo loco.
Su cuerpo era delicioso. Tenía todo en su lugar. Piernas torneadas, abdomen marcado, cintura estrecha, pechos pequeños pero firmes, piel de porcelana, mejillas sonrosadas, ojos grandes y labios carnosos.
En verdad que no tenía idea de qué relación tenía con Kurosaki, pero si era la misma que estábamos llevando a cabo, lo envidiaba con toda mi alma. Tal vez imaginármelos juntos era una parte de mi motivación para asesinarlo. La quería para mí solo. No estaba dispuesto a dejarla regresar con él. Y si planeaba venir a rescatarla, iba a aplastar la poca dignidad que le quedaba junto con su cabeza.
Sentí una enorme presión en mi polla y me dejé correr junto con la shinigami. Su cuerpo temblaba debajo de mí y sonreí al pensar que yo era la causa de su estremecimiento.
Salí de ella y me dejé caer en la cama a su lado, pendiente de su reacción, por si intentaba golpearme o escapar. O ambas.
Respiraba pesadamente y se giró de espaldas a mí. Seguramente estaba muerta de vergüenza, aunque no entendía por qué funcionaban de esa forma los de su clase. Entre los arrancar, follábamos cuando queríamos, sin ningún tipo de compromiso. Te enfadabas de alguien y bien lo cambiabas por otro o lo matabas. No había necesidad de ponernos sentimentales. Era un acto carnal, simplemente.
-Hey –la llamé pero no obtuve respuesta, así que la jalé del brazo para girarla hacia mí y me fulminó con la mirada.
-¿Qué?
-¿Qué? ¿A qué te refieres con "qué"? ¿Por qué carajo me ves así?
-Déjame en paz.
Giré los ojos, enfadado. Ahí estaba de nuevo, ese sentimentalismo que no entendía. ¿La había herido, humillado, satisfecho? Definitivamente no estaba de humor para una escena así, así que me vestí y le arrojé su ropa para que hiciera lo mismo.
-Te llevaré de nuevo a tu habitación.
-No hace falta –salió por la puerta sin darme tiempo a que le respondiera.
Bien, allá ella. No me importaba lo que hiciera después.
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RUKIA'S POV
Salí del cuarto de Grimmjow y me recargué en la pared para analizar lo que acababa de ocurrir. Estaba furiosa. No con él, bueno, sí, en parte sí, pero estaba más furiosa conmigo misma por haber permitido que sucediera, por haberlo disfrutado y por haber deseado que no se detuviera. Claramente para él todo era sólo un polvo, y no entendía que me había hecho sentir mujer, por primera vez en mucho tiempo.
Caminé de regreso a mi habitación, sorprendida por recordar el camino. La pared seguía hecha trizas así que supuse que nadie se había dado cuenta de mi ausencia. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Minutos, horas? El tiempo pasaba distinto en Hueco Mundo, no podía estar segura. Ni siquiera sabía si era de día o de noche.
Encima de mi cama vi una figura y me detuve antes de entrar. Era Ulquiorra, me miraba inexpresivo, y eso era lo que temía. No saber su reacción.
-¿Disfrutaste el paseo? –preguntó con voz calmada.
Recordé haberlo llamado en mi ayuda mientras estaba con Grimmjow y me enfurecí nuevamente por su nula respuesta. ¿Quería atormentarme? Después de lo ocurrido, podía intentarlo. O bien podía irse al carajo.
-La verdad es que sí. Ya estaba harta de estar en este agujero y quería estirar las piernas.
Me observó de pies a cabeza. El pelo alborotado, las marcas en mi cuello, la respiración agitada.
-¿Con quién estuviste? –se puso de pie y se acercó a mí.
-Eso no te interesa –claramente quería molestarme, pero no iba a dejar que se saliera con la suya ni que me ofendiera.
-A Aizen-sama le interesa. El que te haya puesto una mano encima, puede ir despidiéndose de su cabeza.
-¿En serio? Me alegro, porque si Aizen pregunta, sólo tengo que decir que fuiste tú.
Su expresión cambió por una milésima de segundo.
-No va a creerte una sola palabra.
-Eso ya lo veremos. Ahora lárgate y déjame sola. No querrás que le diga a Aizen que estás molestándome nuevamente.
Se puso de pie y se dirigió a la salida. Me miró por encima del hombro.
-Te estás metiendo con la persona equivocada.
Era suficiente, lo iba a poner en su lugar ya mismo.
-¿Sabes qué es lo más divertido de todo esto? Que crees que eres el soldado perfecto, que acatas tus órdenes al pie de la letra y así mantienes felices a tus superiores. Pero no puedes hacer ni siquiera eso bien. ¿Dónde estabas cuando te llamé? ¿En serio creíste que una cerradura sería suficiente para mantener alejadas a las bestias que ustedes llaman Espadas? –lo miré furiosa.
Ulquiorra simplemente hizo un movimiento con la mano y el reiatsu que fluía a su alrededor hizo reconstruir la pared que Grimmjow había destruido. Salió por la puerta y cerró con llave nuevamente.
Continuará…
Hasta pronto.
