Hola :) aquí les traigo el segundo capítulo de mi historia xD muchas gracias por leer y los comentarios, favoritos y Follow de verdad muchas gracias :) espero que les guste y me dejen saberlo :D

Antes que nada quiero darle las Gracias a Claudia Gazziero mi beta :D

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la escritora E.L James yo solo los utilizo con el fin de entretener :) la historia me pertenece :D

Capítulo 2

¿Qué pasaría si le contaba toda mi situación a él? ¿Podría ayudarnos a Teddy y a mí? No lo conocía de nada, apenas y sabía su nombre pero me sentía tan desesperada que la idea no me parecía tan mala. ¿Cuántas posibilidades existen en la vida de encontrarte a un millonario? No muchas, de eso estaba segura y si él pudiera darme un trabajo con una buena paga podría mantener a Teddy, no necesitaría a Jack.

—Bien, señorita Steele. ¿A dónde se dirige? —Su voz me sacó de mis pensamientos, sin duda era una voz hermosa.

—A Coffee Express, está a tres cuadras de aquí…

—Taylor, vamos a llevar a la señorita primero. –Anunció él.

—Sí, Señor

Mientras Taylor conducía a la cafetería mi idea de contarle todo a Christian desapareció tal como vino, no podía arriesgarme a que él lo supiera sin conocerlo, no sabía cómo podría ser su reacción. ¿Qué sucedería si Teddy y yo acabábamos separados definitivamente por mi imprudencia? Mi corazón comenzó a latir rápidamente, me asustaba el solo pensarlo. ¡No! No podía separarme de él.

El silencio fue bastante incomodo, tanto que di gracias al cielo cuando Taylor se detuvo frente a la cafetería. Me voltee para despedirme de Christian el volvía a tener sus ojos Grises fijos en mi, el corazón comenzó a latirme fuerte ¿Qué tenía aquel hombre que me provocaba este tipo de reacción?

—Muchas Gracias por traerme, Señor Grey; y disculpe todas las molestias. –agradecí sinceramente y sintiendo que mi última oportunidad se me iba entre las manos.

—No ha sido molestia, señorita Steele —De pronto, se movió en su asiento acercándose hasta a mí y haciendo que todo mi cuerpo estuviera consciente de su presencia—. De hecho, me apetece mucho una buena taza de café. Da una vuelta cerca de aquí, Taylor.

— ¿Señor?

—Mantente cerca, te llamare cuando termine…

—Sí, Señor. –Respondió él, serio como siempre.

—Muchas Gracias por traerme, Taylor. –Le sonreí.

—Ha sido un placer, señorita Steele.

Me bajé del auto y caminé siendo consiente en todo momento del monumental hombre que caminaba detrás de mí. Entramos juntos y yo rogaba al cielo que hubiera llegado a tiempo, la pequeña cafetería tenia las paredes pintadas de blanco y el piso de cerámicas blancas intercaladas con negras, tres de las doce mesas de maderas estaban ocupadas al igual que dos de las cinco sillas negras frente a la barra de madera.

—Tome asiento. Enseguida lo atiendo, señor Grey.

—Me gustaría sentarme en la barra, señorita Steele. –Murmuró él con su voz galante.

Yo solo asentí mientras lo veía sentarse en una de las sillas, sus largas piernas alcanzaban perfectamente el piso, a pesar de lo alta que era la silla. Todas las mujeres que se encontraban aquí volteaban a verlo y no podía culparlas, lo cierto era que destacaba con ese porte en este lugar tan sencillo.

Mila, una de las muchachas que trabaja con nosotras se le acerco con plan coqueto, se hecho el largo cabello negro hacia atrás y con una sonrisa le habló. — ¿Qué te puedo servir? — Dios, ¡estaba segura que no se refería a un café!

—No tiene por qué molestarse, la señorita Steele me atenderá… -Cortó el, educadamente.

¡Oh Dios! ¿Quería yo lo atendiera? Me sentí ridícula al estar emocionada por eso, probablemente sólo quería que lo atendiera porque me había traído hasta aquí y era la única a la que medio conocía, además el sólo ver la cara de decepción de Mila me había hecho el día.

—Ana, te solicitan. —Me llamó con rencor.

Me encaminé hasta llegar a la pequeña puerta de la barra, dejé mi bolso a un lado y fui hasta donde me esperaba aquel monumento de hombre, él me miraba divertido, al parecer el rechazar a Mila le había causado gracia. Bueno no estaba segura de si a él le había causado gracia, pero al menos a mí sí.

— ¿Qué puedo servirle? –Pregunté con una sonrisa cordial. -Creí haber visto sus ojos grises brillar pero de seguro sólo era mi imaginación, me sonrió de regreso antes de contestar.

—Un Expresso, por favor y unas Galletas.

Asentí con la cabeza, llegué hasta la maquina y en una taza de porcelana blanca serví el café, tomé un plato pequeño a juego y lo coloque en la bandeja, luego tomé una pinza y saqué tres galletas de la bandeja plateada que se encontraba de exhibición en el mostrador y las puse junto a la taza. La deje frente a él y me dedico otra de sus hermosas sonrisas mientras se llevaba la taza a los labios.

— ¿Hace mucho que trabaja aquí? –Inquirió, luego de probar la infusión.

—Unos Cuatro años…

— ¿Qué edad tiene?

—Mmm… Diecinueve —respondo dudosa y algo sorprendida por la pregunta.

— ¿Estudias?

— ¿Es esto un interrogatorio, señor Grey? —Le pregunto desconcertada. Su interés en mí dispara todas mis alertas, luego de haber vivido tan cerca de acosadores y durante tanto tiempo, temo que este sea uno disfrazado de empresario. Sabía por experiencia que las apariencias podían engañar.

—No, para nada. Disculpa si lo ves así —Tomó una de las galletas y se la llevó a la boca tranquilamente, al parecer mi repentino ataque de pánico pasó desapercibido por él. Su teléfono comenzó a sonar, dejo la taza de café en el platillo y lo sacó del bolsillo de su pantalón—. Grey —respondió cortante, esperó unos interminables segundos antes de volver a hablar—. Si, voy en camino —Miro su carísimo reloj de plata—, en media hora estoy ahí. —Entonces, cuelgo y marco un número nuevo. No puedo evitar mirar su rostro cuando está distraído en el teléfono—. Taylor ven a recogerme.

¡Dios, lo que tenía de atractivo lo tenía de pedante! No podía creer cómo le hablaba a sus empleados. Terminó de beberse el café y lo dejó en la bandeja.

— ¿Cuánto debo, señorita Steele?

—Son Veinte dólares —Él asintió y de su cartera saco un billete de Veinte y otro de Cien dólares, lo mire con la boca abierta cuando me los dio.

—Quédese con el otro billete, señorita Steele. Se merece una buena propina —Desde afuera se oye el sonido de una bocina—. Ese es Taylor, ha sido un verdadero placer conocerla. Nos veremos mañana…

Tomó las otras dos galletas que quedaron en el plato con una servilleta y se despidió de mí con un asentimiento, lo vi salir del local por los ventanales de vidrio que dan a la carretera. Taylor, estaba de pie junto al coche y le abrió la puerta para que él se embarcara. Luego de eso, el auto se perdió en las calles de Seattle.

Sus últimas palabras resonaban en mi cabeza. ¿Nos veremos mañana? ¡Mierda! ¿Acaso volvería? ¡Cálmate Ana! Me gritaba mi subconsciente, probablemente fue a causa de la costumbre, era imposible que alguien como él volviera a pisar una cafetería como esta.

— ¡Ana! ¿Dónde conseguiste un hombre así? -Donna se acercó a mí entusiasmada, ella era una de los tres únicos amigos que tenia. Su cabello castaño estaba corto y sus ojos verdes me miraban entusiasmada, le conté mi pequeño encuentro con el señor Grey, cómo casi me había atropellado y que después se había ofrecido a traerme hasta el trabajo y decidió entrar por un café.

— ¡Oh, Dios! También quiero que me atropelle un hombre así.

—Sí, es bastante guapo. –Asentí despreocupada.

— ¿Ustedes no saben quién es él verdad? —Mila nos miraba desde su posición, recostada sobre el mostrador—. No puedo creer que te montaras en su carro y no supieras quién era.

— ¿Christian Grey, no? —pregunte confundida. ¿Acaso el hombre era famoso?

—Sí, así se llama. —Soltó un suspiro resignado y luego nos miró—. Es el soltero más cotizado de todo Seattle, además del empresario más rico de Estados Unidos. Su padre es Carrick Grey, uno de los abogados más prestigiosos del país.

¡Santa Vaca! Exclamó mi subconsciente, sabía que tenía dinero pero no que estaba podrido en él. Miré a Donna, la cual estaba igual de perpleja que yo, al parecer no era la única que desconocía sobre la alta sociedad americana.

La gerente nos regaño a las tres por estar chismoseando así que nos pusimos a trabajar. No importaba cuanto lo intentaba, él volvía a aparecer en mi mente y fue así como pase toda la mañana pensando en Christian Grey, por primera vez.

Cuando llegue a la casa Jack estaba acostado en el mueble negro más grande de la sala, varias botellas de cerveza estaban tiradas en el piso, la radio estaba prendida y emitiendo una de las carreras de caballos, mientras el volteaba a verme. Clavó sus ojos azules en mi cuerpo, recorriéndolo al instante; me tense ante su mirada, odiaba tanto que lo hiciera, me acerqué a él y le di todas las propinas que me había ganado esa mañana, excepto la de Christian Grey.

—Hoy no fue un buen día, ¿no es así?

—No, las propinas no estuvieron buenas. —Obviamente, había guardado para mí el billete de cien dólares que Christian me había dado, sabía que él no sospecharía nada ni dudaría de mí—. Iré a cambiarme para preparar el almuerzo antes de que Elizabeth y Teddy lleguen.

—Ana, ponte aquel Short Azul y la franelilla blanca —Me ordenó, tomando un trago de Cerveza.

Respiré hondo y me trague la bilis que comenzaba a acumularse en mi garganta, quería vomitar y salir corriendo de ahí, pero él estaba borracho y si no hacia lo que quería iba a pegarme. Asentí y me dio una sonrisa, luego me fui a mi cuarto a cambiarme justo con la ropa que él quería.

Se sentó en una de las sillas mientras me veía cocinar, tenía todos los vellos del cuerpo erizados y el cuero cabelludo me picaba, todo mi cuerpo estaba en alerta máxima, un estado del cual se había acostumbrado desde que él había comenzado a mirarme con otros ojos.

—Ana, tienes un trasero estupendo… -Lanzó, sin ningún pudor.

Respire hondo, rogando a Dios que Elizabeth se apareciera por la casa pronto, siempre se limitaba a mirarme y a decirme cosas asquerosas pero últimamente todo estaba cambiando y eso me daba mucho miedo. Jack se levanto de la silla en cuanto llegaron Elizabeth y Teddy, la tomó de la cintura y le dio un beso largo y agresivo, el cual ella acepto de buena gana. Teddy vino hasta mí y me abrazó incómodo, me daba tanta rabia que no se comportaran frente a Ted.

Cuando el almuerzo estuvo listo los cuatro nos sentamos a comer en silencio, pero mi mente estaba muy lejos de allí. Se encontraba pensando en un hombre atractivo de cabello cobrizo y ojos grises. ¿Qué estaría haciendo Christian Grey en este momento? ¿Realmente lo vería mañana? Un hormigueo recorrió mi piel por la expectativa de verlo al día siguiente. Tenía que sacarlo de mi mente, aquello no era nada sano.

— ¡Anastasia! —El grito de Elizabeth me sacó de todos mis pensamientos.

— ¿Qué pasa?

—Tengo rato llamándote, ¿en qué mundo andas? —En el mundo de Christian Grey, quise responder.

Me miró exasperada y Jack me observó curioso. ¡Oh, Dios no! Lo que menos quería era despertar su curiosidad, negué con la cabeza y miré a Elizabeth.

—No es nada importante, ¿qué decías?

—Que te apresuraras a comer para que ayudes a limpiar y preparar el bar.

Asentí y seguí comiendo, bien salir de ahí era lo que más quería. Después de lavar los platos Elizabeth y yo salimos en dirección al bar, limpié las mesas y acomode los vasos en la barra. Después de prepararlo todo se hizo la hora de abrir, me fui con las muchachas que trabajaban también ahí hasta el cuarto. Me bañé y me coloqué el uniforme: unas medias pantis negras, un short cortó del mismo color pero más brillante, corsé rojo con bordados negros y zapatos de tacón.

Malú, una de mis amigas me maquilló, odiaba tanto maquillaje pero era parte de mi uniforme así que no me queje.

— ¿Pasa algo, Ana?

—No, ¿por qué?

—Estás muy distraída.

Suspiré, ¡maldito y perfecto Christian Grey! ¿Por qué tenía que hacer volar mi mente hasta la Luna? Por más que lo intentaba no podía dejar de pensar en él. Pero, ¿quién podía culparme? Dudaba mucho que alguien en su sano juicio pudiera apartarlo de su mente tras conocerlo.

—No es nada… son sólo cosas.

— ¿Jack ha intentado algo?

—No Malú, estoy bien… -Sonrío para tranquilizarla.

Ella asintió, aunque sospeché que no me había creído mucho. Cuando terminó de maquillarme me levanté para verme, como siempre odiaba mi aspecto de mujerzuela. Salí junto a las chicas justo para ver como comenzaba a llegar la clientela, viejos verdes y babosos era lo que más había, uno que otro se intentaba propasar conmigo pero siempre podía contar con los muchachos de seguridad para protegerme, ninguno de ellos me iba a obligar.

Comencé a atender las mesas, como de costumbre uno que otro intentaba tocarme pero yo no les dejaba, fui de una en otra llevando y trayendo bebidas mientras la música alta retumbaba por todo el lugar.

Eran las tres de la mañana cuando llegamos a casa, Jack estaba como de costumbre echado en el sofá mientras Teddy recogía todas las botellas que Jack había consumido, tomé la bolsa y le dije que se fuera a dormir. Después de terminar de limpiar un poco la sala dejé la bolsa a un lado —ya la sacaría mañana—, después me fui al cuarto.

Me cambié y me desmaquillé. Ted ya estaba acostado cuando llegue, así que apagué la luz y lo imité, unos minutos después los gemidos y el chirrido de la cama comenzaron a escucharse. ¡Oh Dios, no otra vez! ¿Qué no podían ser más discretos? ¿O al menos esperar a que Teddy se durmiera? Aquello sucedía cada noche, volteé a ver a Teddy, quién me miraba con incomodidad. Le sonreí con dulzura para calmarlo, él se tapó la cara con vergüenza. Estaba segura de que trataba de dormirse con todas sus fuerzas. Dormir y soñar con una vida mejor.

Miré al techo, tratando de ignorar los ruidos que aquellos dos hacían y rogando al cielo que llegara alguna oportunidad o solución de salir de esa maldita casa, porque si algo no perdía era la fe y la esperanza de salir de ahí.

No podía rendirme, ya que esa esperanza era lo único que tenía.

XX

Me calcé las converse mientras Teddy terminaba de peinarse, salió de la habitación para guindar su paño y esperarme en la cocina. Tomé el pantalón que me había puesto ayer y saque los cien dólares que Christian me había dejado, abrí la gaveta donde guardaba mi ropa interior y los dejé en una esquina, allí estarían seguros.

No sabía por qué lo ocultaba, nunca me había costado desprenderme del dinero. ¿Era porque me los había dado él? No tenía idea, pero lo que sí sabía era que no se lo daría a Jack. Quizás, si juntaba un poco de dinero podía tener suficiente como para salir de ahí algún día. ¿Cuánto tiempo llevaría eso? ¿Semanas? ¿Meses? ¿Años? Suspiré, quedándome ahí y pensando no iba a solucionar nada y tenía que apurarme antes de que Jack comenzara a pegar gritos.

Les preparé el desayuno y la rutina comenzó, Elizabeth se marchó primero como siempre, Teddy se fue al baño mientras yo lavaba los platos bajo la mirada atenta de Jack.

— ¿Sabes Ana? Tú, Teddy y yo podríamos irnos muy lejos —dijo, sorprendiéndome.

— ¿Te hicieron mal las cervezas de ayer, Jack? —pregunté, tratando de ignorar el pánico que crecía en mi interior—. Tú nunca abandonarías a Elizabeth.

—Quizás consiga dinero suficiente para irnos… quizá tenga algún negocio por ahí.

Lo miré desconcertada. ¿Hablaba enserio? ¡Oh, Dios! Si de verdad lo hacía me tendría en sus manos, no podría librarme de él nunca, el sólo hecho de pensarlo hacía que se me revolviera el estómago de fatiga. Teddy entró en la cocina avisándome que estaba listo, tomé su mano y como de costumbre recibí mi nalgada diaria.

Dejé a Teddy en el auto lavado y me dispuse a seguir mi camino hasta la cafetería, llegue justo al sitio en donde el auto de Christian casi me había atropellado el día anterior y no pude evitar pensar en él otra vez.

¿Lo vería hoy? ¿Lo vería algún día? Estaba tan sumida en mis pensamientos que una bocina me sobresalto, volteé a mi derecha y vi el Audi negro acercarse, se detuvo justo frente a mí y la puerta trasera se abrió, entonces emergió el hombre que había rondado mis pensamientos desde que lo había conocido.

Christian Grey estaba parado frente a mí con todo su porte de empresario atractivo, increíblemente atractivo. Vestía un caro traje gris oscuro, con la camisa blanca y la corbata Gris. Debía haber tenido una cara de conmoción total porque él parecía divertido.

—Buenos días, señorita Steele.

— ¿Señor Grey? ¿Qué hace aquí?

—Es de mañana y me apetece un buen café, así que pensé… ¿Por qué no esperar a la señorita Steele e ir juntos a la cafetería?

Estaba atónita y a él le divertía eso, tomó la puerta y me hizo una inclinación invitándome a entrar. Mi corazón comenzó a latir rápidamente y me obligue a moverme, me metí en el coche y Christian entro después de mí.

—Buenos días, Taylor.

—Buenos días, Señorita Steele.

Taylor nos llevo hasta la cafetería, estuvimos en silencio todo el tiempo, yo no sabía qué decir exactamente, de hecho no tenía idea de que hacía ahí, estaba segura que tenia miles de sitios donde servían mejor café que ese. ¿A qué estaba jugando? Aunque debería resultarme extraño que él me esperara, la verdad era que estaba emocionada y fue en ese momento que me di cuenta de cuántas ganas tenía de volver a verlo.

Una vez que entramos juntos en la cafetería pude ver los rostros anonadados de Donna y Mila, las ganas de reír se apoderaron de mí y no pude detenerlas. Mila se giró furiosa y siguió atendiendo al hombre frente a ella y Donna me sonrió dándome un guiño.

—Tiene usted una hermosa risa, señorita Steele. —Me susurró en el oído.

¡Oh Por Dios! Tragué saliva y lo miré, sus ojos grises estaban fijos en mí y tenía aquella sonrisa tan hermosa que debería ser retratada para las futuras generaciones. Siguió su camino hasta la barra mientras yo trataba de calmar las reacciones de mi cuerpo, tenía el estomago revuelto pero no de la forma en que se me revolvía cuando Jack me miraba o me hablaba, esta era una sensación distinta y agradable. ¿Acaso eso era lo que llamaban mariposas en el estomago?

Me miró divertido desde la barra, esperando que fuera hasta él, y como si hubiera una fuerza sobrenatural que me jalaba hasta él, fui a su encuentro.

— ¿Un expresso y galletas?

—Por favor… —Me respondió con una sonrisa.

Tomé la taza y las galletas y las serví, llevé la bandeja hasta él sintiéndome nerviosa. Él tomó el café y le dio un sorbo, después tomo la galleta y se la llevo a la boca, mirándome. Trate de apartar mi vista, no quería que pensara que estaba mirándolo como una tonta y que no podía apartar mis ojos de él, aunque era verdad.

— ¿Vive cerca de aquí, señorita Steele?

—Anastasia —El alzó una ceja al mirarme—. Bueno, puede decirme Ana… todos me llaman así.

—Prefiero mantener las formalidades si no le molesta.

Por supuesto, él no quería darme una impresión equivocada, y el hecho de que no me hubiera pedido que lo tratara sin formalidades lo demostraba. ¡Y yo como una tonta pidiéndole que me llamara por mi nombre!

—No me ha respondido… —Me dice, llevándose la segunda galleta a la boca—. ¿Vive cerca?

¡Oh no! Lo que menos quería era que la conversación se centrara en mí, comencé a morderme el labio con nerviosismo.

—Unas cuadras cerca de aquí… -Admití.

— ¿Es hija única? —preguntó, bebiendo café.

—No… Yo… tengo un hermanito.

— ¿Y sus padres?

— ¿Desea más café, señor Grey? —Pregunté, tratando de desviar el tema—. ¿Quiere más galletas? —Su interés en mi me ponía muy nerviosa.

— ¿Está tratando de evadirme? —inquirió otra vez, con el seño fruncido.

Lo miré sin saber qué decir. ¿Cómo podía contarle acerca de mi vida? Era un completo extraño y me confundía, decía que quería mantener las formalidades entre nosotros como una barrera que evitara un acercamiento, pero al mismo tiempo mostraba un interés en mí que era totalmente inusual.

— ¡Ana!

José estaba parado cerca de la puerta, regalándome su mejor sonrisa. Salí del mostrador y corrí hasta él, quien me esperaba con los brazos abiertos. Me dio un fuerte abrazo, mientras me alzaba. ¡Cómo lo había extrañado!

— ¿Cuándo llegaste? —Le pregunte emocionada cuando me soltó.

—Anoche, quise ir a verte pero estaba muy cansado —dijo, disculpándose.

—No te preocupes, ¡me alegro tanto de que estés aquí! —Christian carraspeó en ese momento, llamando mi atención.

— ¿Podría servirme más Café, señorita Steele? —Me pregunto con cara de pocos amigos, asentí y me volví a José.

— ¿Podrías esperarme? Estoy atendiendo a un cliente.

—Tengo que hacer unas cosas, sólo vine a saludarte… ¡pero te veré en la noche!

Asentí, me dio un beso en la frente de despedida y se marchó, volví hasta el mostrador donde me esperaba Christian algo impaciente. Tomé la taza de porcelana que ya estaba vacía y la llene de café, la puse frente a él.

— ¿Es su novio? —pregunto él después de unos minutos de silencio.

— ¿Perdón?

—El joven de hace un momento, ¿es su novio?

— ¿José? No… él es solo un buen amigo. –Sonreí.

Christian asintió y se termino de comer la galleta, mientras se bebía su segunda taza de café.

— ¿Tiene teléfono celular, Señorita Steele?

—No… no tengo —dije, sonrojándome.

Me miró extrañado y era obvio que lo hiciera. ¿Qué chica normal de diecinueve años no poseía un aparato de esos? Pero yo no era una chica normal, y estaba muy lejos de serlo. Estaba sometida a los mandatos de mi tío y su mujer, mientras trabajaba para satisfacer sus vicios y no tenía tiempo para mí. Para lo único que usaba el dinero era para ropa y comida. Jack, jamás podría permitirme tener un celular.

Christian sacó su cartera preguntándome cuanto debía, pago lo que correspondía y volvió a dejarme un billete de cien dólares como propina. Si lo veía todos los días tal vez pronto tendría el dinero suficiente para alejarme de ellos y llevarme a Teddy conmigo.

—Nos veremos mañana, Señorita Steele —dijo, colgando su teléfono—. Que tenga un excelente día.

—Usted también, Señor Grey. –Respondí, extrañada de su gesto.

Cuando salió, Taylor ya lo esperaba con la puerta abierta del Audi. La mañana se fue rápidamente y cuando llegué a la casa Jack no estaba allí. El alivio me invadió momentáneamente hasta que recordé sus palabras "Quizá consiga dinero suficiente para irnos… quizá tenga algún negocio por allí." Tenía miedo de que de verdad cumpliera su palabra.

Hice el almuerzo tranquila por primera vez. Me sentía libre sin la mirada de Jack todo el tiempo, Elizabeth y Ted llegaron y unos minutos después todos nos sentamos a comer.

Jack apareció justo antes de que nos fuéramos al bar, le dejé la comida y me fui con Elizabeth a arreglar todo, me puse una minifalda negra con unas medias pantis del mismo color, un corsé azul marino y unos zapatos de tacón del mismo color, como de costumbre, Malú terminó de maquillarme y me fui a trabajar.

Comencé a atender mesas y unas horas después divise a José sentado en una de ellas, al fondo y rechazando a las muchachas que se le acercaban. Sonreí y me giré hasta la barra para ver a Elizabeth sirviendo tragos. Bien, no estaba pendiente de mí así que me fui hasta donde estaba José.

— ¡Hola extraño! —Dije, mientras me sentaba al frente—. Me alegro tanto de verte.

—También yo Ana, estas espectacular… Como siempre.

—No digas eso, sabes que odio esto.

—Lo sé. ¿Cómo has estado? ¿Cómo esta Teddy?

—Estamos bien, José; dentro de lo que cabe —admití, desviando la mirada—. Jack me da más miedo cada día.

Él suspiró con pesar, solo él y Malú conocían mi historia y por lo que tenía que pasar. A José lo había conocido en la cafetería, él se había hecho cliente regular y formamos una linda amistad. Él era un amante de la fotografía, así que había ido a un congreso de fotografía y luego había acompañado a uno de sus amigos a ese bar y me había reconocido. Ese día le conté todo.

—Tienes que salir de esa casa, Ana. No es sano para ti ni para Ted permanecer allí.

—Ya lo sé, José. Pero no puedo irme, no puedo dejar a Ted y si me voy me lo van a quitar.

— ¿Prefieres que viva en una casa en donde lo único que puede hacer es trabajar y ver cómo abusan de ti y de él? Es mejor que tenga una mejor vida, así sea con otra familia. —Bajé la cabeza, sabía que tenía razón—. Vente conmigo, Ana. —Lo miré aturdida, pero él siguió hablando-, puedes quedarte conmigo en el departamento. Ted puede comenzar una nueva vida con una familia que lo ame, los dos pueden comenzar desde cero Ana.

Lo mire a los ojos mientras digería sus palabras. ¿De verdad era eso lo mejor para Ted?

CONTNUARÁ