Enredado en las palabras
Busenfreunde: amigos muy cercanos que están siempre juntos y sienten que son parte del otro. Propuesta por lamisteriosacristal.
2.
Yagami Hikari le sonrió a la pantalla de su D-terminal. La visita de Mimi, por supuesto, llegó como una brisa de aire fresco. Que no era tan impropio de ella. Hikari creía que, mientras que Sora era naturalmente cálida y Miyako sorprendentemente animada, Mimi siempre era la que les traía frescura y dulzura a su grupo diverso. Todo el mundo apreciaba eso. Pero no era raro que los mantuviese despiertos hasta altas horas de la noche, simplemente porque todavía no estoy acostumbrada a los cambios de horario, por favor, no me dejen hablando sola.
Sintió que se le cerraban los ojos.
—Vete a dormir, Hikari —dijo Tailmon, que ya se había hundido en la cama, atrapada por el cansancio que tenía siempre que salía a recorrer la ciudad con Patamon.
Su mirada se posó en su compañera y sus labios dibujaron una sonrisa. Le gustaba esta versión de Tailmon, más relajada y tranquila, más libre de lo que había sido en el pasado. Era la misma Tailmon que había conocido, pero sus ojos no estaban nublados de sombra y dolor y ausencia. Era su querida Tailmon, que había crecido demasiado, pero que ahora se mostraba más dispuesta a disfrutar de los pequeños momentos.
Supuso que, en cierto modo, Patamon había sido una gran influencia para ella en ese sentido. Siempre estaban juntos, incluso cuando no dependían de Takeru o de ella. En el Mundo Digital, por supuesto. Pero también cuando estaban allí, en el Mundo Real. Se las arreglaban para escaparse de sus hogares y se colaban en la escuela para esperarlos. A veces, simplemente, se marchaban para volver horas más tardes, en el atardecer. Hikari solía preguntarse qué es lo que ellos hacían y, a veces, simplemente se negaba a dejarlos mucho tiempo solos porque temía que alguien los viese. Pero Tailmon podía protegerse muy bien y se lo había recalcado muchas veces.
—Y yo me iré volando si nos ven —había comentado Patamon, con entusiasmo infantil pero con la seguridad de haber dado la mejor respuesta posible.
Takeru, que había estado presente en toda la conversación solo porque él era Takeru, resopló.
—Antes de que puedas volar lejos, alguien te atrapará. Confío que Tailmon es más lista y te protege sin que te des cuenta.
En una ocurrencia rara, Hikari no tenía otra forma de definirla, Tailmon había sido víctima de la timidez y una sombra rojiza había coloreado su rostro en una clara confirmación. Ella había estado protegiendo a Patamon sin que él lo notase. Vagamente le recordó a cuando ella le dio su silbato, en aquella lejana despedida de sus primeras aventuras.
Patamon, por otro lado, había terminado indignado.
Después de eso, ninguno había cuestionado esos viajes extraños que hacían sus digimons porque sabían que ellos eran cuidadosos y que se protegían mutuamente, como siempre lo habían hecho. Hikari sabía que, en ocasiones, alguno de los otros se les unía pero eran casos puntuales y la mayoría de sus amigos digitales no parecían ser tan dispuestos a hacerlo.
Era algo que les pertenecía solo a ellos.
—¿Por qué me estás mirando tanto?
Hikari parpadeó. Desvió la mirada hacia su D-Terminal para leer un mensaje de Sora. La pelirroja se despedía de la conversación deseándoles dulces sueños.
—Lo siento.
Tailmon se giró para mirarla, no había signo de irritación en sus ojos somnolientos. —Pensé que querías decirme algo.
—Me acordaba de cuando Takeru hizo que te ruborices.
Los ojos de la felina se abrieron ligeramente y se movió furiosamente, dándole la espalda como si le hubiese dicho algo completamente inapropiado. Ella entendía por qué.
Hikari se mordió los labios para no sonreír.
Le gustaba mucho esta versión de Tailmon, la que se permitía mostrar sus emociones en torno a sus seres más cercanos pero no se atrevía a decirlo en voz alta.
—Eso nunca pasó —protestó Tailmon, su voz ahogada por la almohada.
—Eres tan adorable.
—¡Hikari!
No pudo evitar reír.
—Lo siento —repitió, aunque la sonrisa no había abandonado su rostro—. Solo que es linda, ¿sabes? Tu amistad con Patamon.
No por las batallas, o no solo por las batallas. Era algo… más allá de las palabras que conocía. Tal vez, Takeru tendría un término mejor.
Seguramente no entienden lo precioso que es, lo especial.
Takeru no se había dado cuenta, o quizás lo hizo, pero había dado con una verdad silenciosa. Desde el inicio, prácticamente antes que alguno lo hubiese previsto, Tailmon y Patamon habían entablado una relación diferente a la que tenían otros digimons entre sí y ese vínculo había sobrevivido a los años, había crecido con el tiempo. Ellos eran un equipo, tal vez algo más profundo. Eran compañeros. Incluso, quizás, más.
Patamon debía ser precioso para ella, pensó. Y no quería perderlo, además, porque conocía ese tipo de dolor. Tailmon sabía lo que era la pérdida, lo que implicaba la ausencia.
No, probablemente ellos lo entienden mejor que cualquiera de nosotros.
Hikari extendió su mano, deseando poder borrar ese dolor que había dejado cicatrices, y Tailmon se relajó con su caricia.
—¿Mañana quieres venir conmigo o prefieres quedarte con Agumon? Mi hermano dijo algo de salir con Yamato.
—Creo que me quedaré —Tailmon susurró, sin moverse. Se había acurrucado en un rincón de su almohada—. Pero pregúntame en la mañana. Depende del humor con el que se levante Agumon.
Hikari se rio.
