Doble Golpe

Debí beber dos o tres botellas más en el ínterin. Las había sacado del refrigerador grande de la cocina y las había llevado al salón para tenerlas al alcance de la mano durante la lectura. Cogí mi ejemplar de Poe, y no fue por mera coincidencia. Me preguntaba si su manera de desarrollar la trama resultaba tan melodramática como la mía. Quizá no, pero es que yo tenía mis motivos. Pensándolo bien, lo que había dicho a Gale podía parecer idiota y rebuscado; pero lo había hecho adrede.

En unos instantes, la lectura me absorbió por completo. Digan lo que quieran, lo cierto es que Poe tiene una imaginación notable, y yo aprecio esta clase de cualidades.

Era casi de noche cuando oí llamar a la puerta. Me acordé inmediatamente del cuervo de Poe, y dejé el libro.

—Buenas noches, Katniss. —Y le sonreí —. ¿Has podido hacer todo lo que querías?

—Sí, amor mío.

Se sentó, y yo noté la sombra de una contrariedad en su rostro.

—¿Qué es lo que no marcha bien?

—Oh, nada. Pero al regresar me ha sucedido una cosa rara.

—¿Cómo?

—Pues mira: pasaba por delante de la comisaría cuando un guardia ha frenado a mi lado.

—¿Exceso de velocidad?

—Pues no, tonto; sabes muy bien que nunca paso de los cincuenta. Me ha pedido el permiso de conducir y luego me ha mandado hacer una cosa extravagante. Me ha pedido que bajara del coche y fuera hasta él al lado de la moto. Y me ha hecho hablar por su interfono.

—Pero ¿por qué diablos…?

—No me lo ha dicho. Todo lo que sé es que he tenido que decirle mi nombre al sheriff. Luego él me ha dicho que lamentaba muchísimo haberme molestado, pero que le he ahorrado el tener que venir acá por nada. Y me dejado marchar. Yo le he preguntado qué ocurría. Él ha levantado los hombros y me ha dicho que había habido un malentendido y que aquella casualidad lo había disipado. ¿Lo entiendes, querido?

Yo sonreí.

—Quizá. Pero vale más que lo dejemos para otro día. Por nada del mundo querría estropear la última velada que pasamos aquí.

—Oh, querido, explícate. ¡Por favor!

—Bueno, pues, también aquí ha habido un poco de trastorno. ¿Recuerdas que Gale Hawthorne había de pasar para tapar con cemento aquel agujero?

—Ah, claro.

Había titubeado. Yo la observaba. Me complacía estudiarla, percibir su manera de esperar lo que vendría luego. Si hubiera podido, habría prolongado indefinidamente aquel instante. Por fin, continué:

—Pues bien, ni lo he visto por aquí.

Observé que suspiraba con alivio.

—Entonces, al final, he ido y lo he tapado yo mismo.

—¡Pobrecito mío! ¡Estarás muy fatigado!

—No me entiendes. No es éste el trastorno de que quiero hablar.

—¿Nnn… no?

Otra vez la hice esperar, saboreando el momento. Luego proseguí, sabiendo que pronto se produciría un instante todavía mejor:

—Entonces, a eso de las cuatro, el sheriff Taylor me ha llamado para saber dónde estabas tú. Yo se lo he dicho, naturalmente, e imagino que a consecuencia de ello los policías han procurado encontrarte.

—Pero ¿por qué?

—Resulta un poco enojoso explicarlo. Se diría que nuestro amigo Gale Hawthorne ha sido víctima de una especie de depresión nerviosa.

—¿Gale?

—¡Sí, sí! ¿Quién lo habría creído? ¡Tenía siempre un aire tan flemático y desprovisto de imaginación! Tú que lo has visto algo más a menudo que yo, tampoco habrías creído que fuese un tipo dotado de muchísima sensibilidad. ¿Me equivoco?

—Dime lo que ha habido, lo que ha pasado…

—Si te empeñas… Por lo que he podido comprender, Gale ha llegado a la oficina del sheriff llorando como un ternero y ha contado una historia de lo más espeluznante. Al principio, han pensado que habría bebido; pero, al parecer, más bien se encontraba en plena crisis de histeria. Tengo entendido que me ha acusado de haberte asesinado y emparedado en el sótano.

—¿Qué dices?

—Pronto el sheriff se ha dado cuenta de que el pobre truhán estaba casi loco de terror. Entonces, compréndelo, me ha telefoneado, y yo le he dicho que vieran de encontrarte. Estoy contento de que lo haya conseguido. No me habría gustado verme mezclado en cuentos raros precisamente en el momento de marcharnos de aquí.

No podía verle la cara en la semioscuridad; por ello me he levantado y me he acercado a ella. A Katniss le han dado ganas de volverse, pero la he sujetado por el hombro y la he acariciado.

—¡Gale! —La voz ha estado a punto de quebrársele; pero ha logrado recobrarse—. ¿Cómo está?

—Según el sheriff, completamente postrado —suspiré—. Han llamado al momento al doctor Aurelius. Amenos que se les escape, van a internarlo. Es lástima, alguien ha dicho que acababa de encontrar empleo de guardia forestal en Montana.

Katniss estaba toda temblorosa; pero su voz continuaba firme.

—¿Ha dicho… alguna otra cosa?

—No. ¿Qué otra cosa habría podido decir?

—¿Por qué ha imaginado que querías matarme?

—No tengo la menor idea. Es curioso, esos tipos callados, cuando se les ha desbocado la imaginación ya no pueden sujetarla más. Se encierran en una idea fija, y luego estallan de repente. Me alegro muchísimo de que no le haya pasado estando aquí contigo. No me atrevo a pensar en lo que habría podido cruzarle por la cabeza. —Y me puse a reír—. Dirás que me lanzo a pescar ideas descabelladas, querida mía, pero habría podido tratar de violarte. ¿Te imaginas entre los brazos de un loco en celo?

Katniss tuvo un escalofrío y escondió la cabeza contra mí.

—No llores. Mañana nos vamos, ya sabes. Volvemos a la ciudad. Tú y yo. No habrá que pensar más en Gale. Lo cuidarán bien. No volverás a verlo nunca más. Y luego, lo comprobarás, dentro de un tiempo, todo esto quedará olvidado.

—Ssss… sí.

—Pasaremos momentos felices los dos juntos —murmuré—. Te lo prometo. Ahora todo está preparado.

Sí, ahora todo está preparado, No le he mentido.

Me propongo pasar unos momentos muy buenos con Katniss esta noche. Está en el dormitorio, mientras yo escribo esto; duerme. Le he administrado un calmante fuerte.

Pero el efecto de ese calmante se disipará dentro de media hora, poco más o menos; y Katniss volverá a estar completamente despierta. Yo quiero que esté despierta, bien despierta.

Quiero que esté perfectamente despierta cuando la cogeré entre mis brazos.

Quiero que esté perfectamente despierta luego, cuando la tendré entre mis brazos, muy dulcemente, pero también con mucha fuerza, para explicarle lo que ha pasado en realidad. Quiero que sepa lo inteligente, fuerte y prudente que soy.

Quiero que sepa que soy fuerte y prudente como Gale no lo ha sido nunca en su vida. Tiene que hacerse una idea de la inteligencia que ha llevado todo este plan a su culminación. Ha de tener la oportunidad de darse cuenta de que, al fin y al cabo, yo soy el mejor de ambos.

Habría sido una idiotez enfrentarlos, a los dos a la vez, con sus errores… ¿Qué habría ganado yo con ello? Habría sido una estupidez colosal por mi parte la de matar a Gale y correr el riesgo de que me descubrieran. Pero dado que los hechos se han sucedido tal y como había previsto que acaecerían, el caso de Gale queda resuelto definitivamente. He hecho que lo encierren por toda la vida detrás de los muros de un asilo psiquiátrico. Toda su vida seguirá creyendo que Katniss ha muerto y que ha sido él quien la ha matado.

Mas, por suerte, el sheriff y todo el resto del mundo creen otra cosa. Todos saben muy bien que está viva, y que detrás de la pared de cemento no hay nada. Se acordarán de que hablaron con ella, y también conmigo, y de que íbamos a partir los dos. Ni los nuevos propietarios ni persona alguna se entretendrá jamás en demoler esa pared.

Todo esto se lo haré comprender con toda claridad a Katniss. Le diré lo que ha pasado exactamente. La verdad es que por esto estoy escribiendo estas páginas.

Le haré leer todo lo que haya escrito. ¿Has llegado ya a este punto Katniss?

¿Empiezas a comprender, en este momento? ¿Comprendes lo que he hecho? ¿Y comprendes lo que voy a hacer… dentro de un instante?

Es eso, Katniss.

Voy a atarte y amordazarte. Voy a bajarte al sótano, y abriré el agujero otra vez. Te empujaré dentro y dejaré que grites hasta perder el aliento y la razón, mientras yo volveré a cubrir la pared con cemento nuevo. Voy a encerrarte para siempre, hasta que tu cuerpo esté tan podrido como lo está tu corazón.

Cuando llegues aquí, en la lectura, yo estaré detrás de ti; no tendrás ocasión de gritar. No tendrás ocasión de suplicar, de discutir o de ensayar uno de tus condenados trucos femeninos. Nada te servirá de nada. Tampoco vale la pena que me digas que me echarán el guante. Sabes tan bien como yo que no es cierto. Tengo una coartada estupenda, sólida.

Mañana por la mañana marcharé, solo. Tú te quedarás aquí para siempre.

Y esto, Katniss, es porque todo ha sido pre-pa-ra-do. Porque, ya ves, yo valgo más que Gale. A decir verdad, el tío ése no es más que una bestia. Y la diferencia entre bestia y hombre es muy sencilla, ya lo ves.

Consiste en saber poner en marcha la imaginación.