Capítulo 2 (Narra Himeko)

- ¿Por qué lo has hecho?- dije, mi voz no sonaba a enfado, solo mostraba cansancio y podría decirse que un poco de tristeza. Acababa de llegar a su casa, después de buscar a Chikane por media ciudad. No me cogía el teléfono y no había llegado a su casa todavía. Yo no me sentía bien pero no podía dejar las cosas como estaban.

Unas horas antes, en mi habitación

- ¡Himeko! ¡Chikane está subiendo!- gritó mi madre.

- Bueno, creo que el trabajo ya está bastante avanzado. Cualquier cosa la hablamos mañana. ¿Te parece bien?

- Sí…- respondió mi mejor amigo.

- ¿Pero?- me reí por la cara puso, siempre la ponía cuando estaba incómodo.

- Pero tengo algo que decirte antes- dijo con timidez.

- ¿Tiene que ser ahora?

- Sí- respondió muy seguro, me estaba poniendo nerviosa, Chikane estaba al llegar y tenía que hablar con ella urgentemente.

- Vale, pero rápido.

- A ver, ¿cómo empiezo?- dijo pensativo, hablando solo pero le dije:

- Me da igual, ¿qué tal por el principio?- dije algo molesta.

- Ok, sabes que eres mi mejor amiga y que te tengo mucho aprecio. Pues bueno, últimamente eso ha ido a más y…

- ¿Y…?- ya me imaginaba que iba a decirme, pero no, no podía ser verdad. No ahora.

- Y…, me gustas- dijo esto último muy rápido. Me alegre de que hubiera dicho que le gustaba y no que me quería o que estaba enamorado de mí. Esas palabras siempre habían tenido un significado diferente para mí.

En ese momento oímos unos pasos que se acercaban, no sabía qué hacer tenía que decirle a Souma que no pero con delicadeza y obviamente no podía hacerlo con Chikane ahí, además necesitaba hablar con ella desesperadamente para aclarar las cosas. No habíamos hablado durante esos dos días y me sentía fatal por haberla dejado así, no quería ni imaginar lo tuvo que haber pensado. En ese momento los pasos se detuvieron, habían llegado a su destino. Fue ahí cuando me di cuenta que Souma se había acercado a mí lentamente y que ahora se estaba inclinando hacia mí. Oí un hola que se quedó a medias justo cuando nuestros labios se encontraron. Me separé rápidamente y al girarme la vi, fue un momento pues ella ya había salido corriendo.

Me quedé en estado de shock unos segundos que parecieron horas. ¡No podía estarme pasando esto! Corrí hasta el balcón, ella iba corriendo calle abajo y grité, la llamé lo más fuerte que pude pero no me hizo caso y siguió corriendo. Antes de doblar la esquina me miró, fue entonces cuando decidí ir tras ella. Nunca he sido buena en ningún deporte, y menos comparándome con Chikane a la que se le daban bien todos, especialmente el tenis. Salí lo más rápido que mis cortas piernas me permitían, mi madre y mi amigo intentaron detenerme, sin éxito. Sabía que haberla seguido era inútil, pero necesitaba hacerlo. Así, a lo mejor, me relajaba un poco.

Llevaba casi dos horas buscándola, corriendo por la desesperación de no saber nada de ella. Estaba exhausta y me senté en un banco, no me importaba estar bajo la lluvia. No me había dado cuenta pero estaba llorando.

La llamé por teléfono varias veces pero no me lo cogía, no esperaba que lo hiciera, pero tenía que intentarlo. También llamé a su casa, su familia no solía dar su número de teléfono a nadie porque a veces, con la fama, se encuentran muchos enemigos. A mí me lo habían dado al ser una buena amiga de su hija y me dejaban ir cuando quisiera. Me contestó una mucama que me dijo que había salido aquella tarde pero que no había vuelto aún. Me estaba preocupando mucho, no sabía a dónde había y ido y me estaba congelando. Sólo había una cosa que podía hacer: ir a ver a Souma.

Llegué a su casa en apenas quince minutos, no me di cuenta de que estaba empapada hasta que su madre me lo dijo seguido de: "Me alegro de que hayas venido, Souma lleva encerrado en su habitación desde que llegó hace un rato. A lo mejor tu consigues sacarle lo que le pasa." Esas palabras hicieron que se me cerrara el estómago y que me pusiera muy pálida. Fui hasta su habitación y llamé suavemente.

- ¡Déjame ya en paz! No quiero nada- dijo enfadado.

- Souma, soy yo, Himeko. Déjame pasar por favor.

Oí cómo se levantaba e iba hacia la puerta. Entreabrió la puerta un poco, lo justo como para que su cuerpo cupiera entre la puerta y el marco.

- ¿Qué haces tú aquí?- no había duda, estaba muy sorprendido de verme.

- Tenemos que hablar, ¿no crees?- dije demasiado seria-. ¿Puedo pasar?

- Eh… esto… si, cl-claro pasa.

Souma siempre ha sido muy ordenado y limpio pero ese día toda su habitación estaba hecha un caos, la cama estaba sin hacer, la ropa tirada en el suelo, mezclada la limpia con la sucia, en el suelo había lo que parecía un charco de jugo, su escritorio estaba cubierto de papeles…

- Siento el desorden, siéntate por favor- dijo "haciendo" un poco la cama.

- ¿Por qué lo has hecho?- no estaba enfadada, sólo cansada y no sé por qué, triste.

- Ya te lo dije, te quiero, creo que estoy enamorado de ti- no miró al decirlo. Pero esta vez si dijo que me quería.

- ¿Crees? Es decir, no estás seguro de lo que sientes.

- No. No es eso lo que quería decir.

- ¿Entonces?

- No lo sé.

- Mira, entiendo que al gustarte alguien se lo digas e incluso que beses a ese alguien, en este caso yo. Pero sabes que quiero a Chikane, y lo que había pasado entre nosotras hace dos días. Sabes que por fin había reunido el valor de decirle lo que siento, que se lo iba a decir esta tarde. Así que explícame el por qué de decirme esto precisamente hoy, el por qué de besarme cuando sabías que ella estaba ahí- dije todo esto de un tirón, me había ido enfadando cada vez más con cada palabra que decía.

- Se que estuvo mal haberlo hecho así, pero sabía que si ella te decía que sí yo no tendría el valor de decírtelo y no podría seguir siendo tu mejor amigo. Porque serlo queriendo algo más habría acabado conmigo.

- ¿Por qué? ¿Por qué no me lo dijiste antes?- habían empezado a caerme unas lágrimas por las mejillas.

- No lo sé, no sabía lo que tenía hasta que vi que lo podía perder.

- Souma… ¿qué haremos ahora?- ya no me caían unas lágrimas, estaba llorando.

- Himeko…- él me abrazó, le agradecí sinceramente que lo hubiera hecho-. Yo…, yo te aprecio mucho como persona y no quiero verte así, pero espero que entiendas que no podemos seguir siendo amigos.

- Lo-lo entiendo y te agradezco que seas tan sincero. Pero si necesitas algo, no dudes en pedírmelo, tú eres muy especial para mí- lo abracé y me levanté para irme. No teníamos nada más que hablar, sólo nos causaríamos más dolor.

Abrí la puerta, sentía que me había quitado un gran peso de encima pero cada minuto que pasaba me inundaba una tristeza que no me creí capaz de sentir. Me di la vuelta, ahí estaba él, sonriéndome tristemente y con lágrimas en los ojos. "Lo siento" fue lo último que escuché decir de sus labios al caminar por el pasillo, camino de la salida.

Al llegar a mi casa estaba más tranquila, la conversación con Souma, había servido para calmarme. Estaba agotada de la carrerita por la ciudad y todos los acontecimientos y sentimientos que habían pasado por mí hoy. Decidí intentar llamar por última vez a Chikane antes de acostarme, si seguía sin tener noticias suyas mañana iría a su casa. Me había quedado sin batería, así que busqué el cargador y lo enchufé. Tenía un mensaje, era de Chikane y decía:

"Hola, Himeko. No sé por qué me besaste el otro día, tampoco sé por qué me dijiste que fuera hoy a tu casa si ibas a estar con el chico ese. Eres mi mejor amiga, y te quiero como a una hermana, pero te quiero también como más que eso. Es por esto por lo que dejaré que sigas con tu novio y no me meteré más en tu vida, adiós Himeko, no intentes ponerte más en contacto conmigo. Adiós."

Continuará...