Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a Jk Rowling.
La historia es mía.
No obtengo beneficio económico ni de otro tipo al escribir esto.
Capítulo 02.
Pasaron tres meses y medio hasta que Rodolphus permitió que Sirius se fuera o más bien, lo dejó cerca de donde sabía estaba la casa de los Potter.
Podría haberlo mantenido hasta que el bebé hubiera nacido, pero honestamente, no quería cuidar de un mocoso. No tenía ni el tiempo ni la paciencia y aún menos su esposa.
Decidió que esperaría a que el niño fuera mayor, ocho años más o menos, y entonces lo recuperaría y le enseñaría las costumbres correctas. Como ser un buen sangrepura.
Cuando un hombre quedaba en estado, el niño que nacía era el heredero no del padre gestante, si no del otro progenitor. La magia así lo exigía. Por tanto, cuando un hombre deseaba un heredero, dejaba embarazado a otro varón o bien elegía a una mujer para ello.
En caso de que hubiese dos hombres que necesitasen un heredero para familias diferentes, uno de los chicos quedaba en cinta y después el otro para asegurarse la continuación del linaje. Esta acción se había realizado en la antigüedad tras la quema de brujas.
La razón por la que había mantenido al Black durante tanto tiempo, era porque así se aseguraba de que no abortara. Después de los tres meses, el embrión no podía ser eliminado porque si no el hombre embarazado moría por ello.
Además, había disfrutado del cuerpo del otro mago a su antojo. Qué lástima que no podía dañarlo a riesgo de perder a su futuro heredero.
Tiró la varita del ex Gryffindor a unos metros de él, le lanzó un "Enervate" y se desapareció.
Cuando Sirius despertó, se sintió desorientado durante varios segundos. Después, fue consciente de su entorno y no sabía si reír o llorar.
Trató de levantarse, pero tanto tiempo en una cama, pues el loco de Lestrange no le había permitido ni siquiera ir al baño, pasaba factura.
Vio su varita y se arrastró hacia ella.
Tras concentrarse, tuvo que hacerlo más de lo normal pues sus recientes vivencias no le permitían conjurar un recuerdo feliz, logró tras varios intentos enviar un mensaje con su patronus.
Esperaba que su amigo estuviera en casa.
James estaba preocupado. Llevaba los últimos tres meses y medio nervioso, estresado y si no fuera porque su esposa esperaba a su primogénito, se habría vuelto más temerario de lo normal.
Había visto como se llevaban a su hermano en todo menos de sangre pero no había podido hacer nada.
Dos malditos enmascarados no le daban tregua e incluso, cuando se distrajo al ver a otro mortífago llevándose a Sirius, había recibido una maldición en el brazo que le había triturado algunos huesos.
Se había recuperado afortunadamente, pero el proceso había sido doloroso.
Nadie comprendía su necesidad de encontrarlo. Ni siquiera su mujer. Ella lo apoyaba, claro, pero no era lo mismo. Tal vez Remus sentía algo parecido ya que los merodeadores eran su manada.
No perdía la esperanza incluso cuando prácticamente todos los de la Orden le decían que era inútil. Sirius no estaría muerto hasta que no se encontrara su cadáver.
Por eso, cuando vio el perro plateado, gritó de dicha. Sin embargo, el mensaje le hizo preocuparse.
"Estoy frente a tu casa, necesito tu ayuda. No puedo solo."
Para que el moreno de ojos grises admitiera aquello, la situación debía ser bastante grave.
Salió de su casa con la varita en alto, y al ver a su mejor amigo corrió hacia él.
Lo tomó en brazos apenas sin esfuerzo cuando se dio cuenta de que no podía ponerse en pie y lo metió en casa.
Llamó a su mujer, y le pidió que llamara al medimago familiar.
-Lestrange. -Black susurró. -Ese maldito loco, Jamie. Ese maldito loco me ha dejado embarazado. Quería su heredero y...
Y por primera vez en varios años, Sirius se quebró delante de su hermano. Solo él lo había visto llorar porque Black confiaba con su vida en él.
Mientras el medimago llegaba, el animago perro le contó lo que había ocurrido durante los meses que había desaparecido.
James quería estrangular a Rodolphus y maldecirlo de tal manera que quedara irreconocible, pero sabía que debía mantenerse fuerte por Sirius.
El medimago Smith llegó a la casa y fue conducido a la habitación en la que Sirius se encontraba.
-Me alegro de que se encuentre entre nosotros Señor Black.
-Para lo que he vuelto... -Resopló.
-Vamos a echarle un vistazo.
Le realizó varios hechizos y cuando acabó le recetó varias pociones vitamínicas.
No habló mucho porque Black no estaba de humor y si sus sospechas eran ciertas, podía comprender por qué.
-Muchas gracias por venir, medimago Smith. -Potter dijo.
-No tienes que dármelas. Te he tratado desde que eras una pequeña cosa rosada y babeante así que no tengo inconveniente en venir cuando me llames ya que tu familia siempre ha sido amable conmigo.
-Quería pedirle algo, Señor Smith. Tal vez tenga que pagarle más, usted sabe, pero no confío en otra persona para esto. Sirius es como mi hermano y...
-Me encargaré también de vigilar el embarazo del Señor Black a parte del de su esposa, no se preocupe.
-Se lo agradezco de verdad, Señor.
El hombre mayor le apretó el hombro y le sonrió cálidamente.
Con la guerra en auge, no mucha gente se atrevía a ir a San Mungo.
James acompañó al medimago hasta la chimenea y se despidió de él con la promesa de Smith de volver la próxima semana.
