Hola! Volví. Gracias a Eydis Stark por seguir la historia, y a Kimera225 por agregarme a favoritos. Espero y disfruten de este capítulo, aunque es algo corto. Con esto solo quería situar a mis dos personajes principales dentro de la historia, prometo que el prox. cap será más largo y descriptivo.

Si les gusta, por favor dejen reviews También me gustaría sobre cuál de estos personajes prefiere que escriba algunos capítulos.

2. El Norte Recuerda.

Aquel lugar en el que vivía ahora era oscuro. Frío. Peor que el invierno en el muro, porque allí al menos pertenecía a un grupo - un grupo que lo había traicionado, sí, pero Jon admitía tener algo de culpa en ello -. Ahora pertenecía a la nada. Y aun así, no podía arrepentirse. Si pudiera volver el tiempo hasta antes de involucrarse con las rencillas en el Sur, lo volvería a hacer, rompería sus votos. Y si pudiera volver el tiempo hasta antes de que su Señor padre partiera con las chicas a Desembarco del Rey, le rogaría que se lo llevara con él, para así proteger a Arya.

Arya. Ella era la razón por la que soportaba la nada, por quien seguía buscando la salida.

Arya. No podía morirse, incluso si debería estar muerto hace tiempo. Tenía que verla una vez más, traerla de vuelta a casa. A su lado. Podía sentirla. Tenía que estar viva.

"Te extraño" susurró.

Casi podía escuchar la voz de su hermanita. "Te extraño, Jon" decía ella también. ¿Lo recordaría, a pesar del tiempo? Él se había convertido en un hombre durante ese tiempo, pero ella… quién sabe las monstruosidades por las que pudo haber pasado. Y él no estuvo para defenderla. Su único consuelo era que conocía a su Arya: era una chiquilla, pero fuerte, salvaje y fiera; definitivamente sabría cómo defenderse.

Cerró los ojos, y lo intentó de nuevo. Intenta encontrar a Fantasma. ¿Es que acaso no estaba con él? ¿Consiguieron lastimarlo a él también? O tal vez Fantasma estaba cerca, pero a la vez lejos, separado por la cortina de oscuridad que separaba a Jon de los vivos.

"Fantasma…" llamó, sin obtener respuestas, y lo embargó la frustración.

Tal vez él estaba destinado a morir. Tal vez ese era el infierno de los bastardos. Jon nunca había conocido el nombre de su madre, y nunca lo sabría. Su padre, Robb, Brann y Rickon estaban muertos. Incluso Lady Catelyn, aunque sería hipócrita decir que la muerte de esa mujer le doliera.

Incluso Ygritte estaba muerta. Jon recordó su cabellera roja, sus besos, sus uñas arañando su espalda. La había querido, pero no la había amado. No se atrevió a dejar a Guardia por ella, ni la idea de la muerte a su lado era suficiente para que se entregara.

Arya. Todo era por su hermanita. Quería vivir porque estaba seguro de que ella estaba viva, y si ella no lo estuviera entonces no habría razón para luchar.

Arya. Por ella soportaría el frío, la oscuridad. De todas maneras estaba en su sangre, incluso si sólo fuera un bastardo. Su corazón era el corazón de un Stark de Invernalia.

"Arya" Llamó una vez más.

Y entonces la vio. La salida que tanto había estado buscando. El cambio de la oscuridad a la luz lo cegó, y pudo escuchar los sonidos de las ramas golpeado la ventana y los pasos yendo y viniendo antes de poder ver.

- Finalmente despiertas - dijo una mancha roja.

Cuando sus ojos acostumbraron a la luz, pudo ver que era una mujer. Melissandre.

- Yo...

- Pocas veces he visto a alguien aferrarse tanto a la vida como tu lo hiciste, Jon Snow. El Dios de la Luz te ha traído de regreso desde las puertas de la muerte.

- Cuanto tiempo...? - "cuánto tiempo me he perdido?" quiso preguntar, pero sintió la garganta demasiado seca.

- Cinco lunas desde que escapamos del Muro. No lo habríamos logrado sin tu lobo.

Jon observó la habitación en donde se encontraban. Las paredes, las pieles de la cama, todo se le hacía muy familiar…

- Estamos en la casa de mi padre. Estamos en Invernalia.


Y aquel lugar había sido su hogar…

Incluso aunque fuera solo sombra de lo que había sido antes, seguía siendo su hogar. El único donde, a pesar Lady Catelyn o de Sansa, a pesar de no encajar del todo, había sido su hogar. Robb y él, y todos sus hermanos, crecieron allí. Allí tenía a Arya, su hermana, la única persona con quien había llegado a sentirse completamente aceptado y querido.

- La oferta sigue en pie, Jon Snow.

Stannis no estaba en una situación mucho mejor que la suya, pero estaba vivo, y había vencido sus batallas. Tiempo atrás, aquello no habría hecho mella en la decisión de Jon. Pero él ya no era más el Lord Comandante, y ya no era más un hombre de la Guardia de la Noche. Había muerto, y la muerte se había llevado con ella todos sus viejos juramentos.

En cambio, había promesas que nunca había pronunciado en voz alta, pero que su corazón no olvidaba.

- Todavía necesito seguir hacia el Sur. Pero el Norte no me seguirá a mi, o si no hay un Stark de Invernalia que los lidere.

Jon permaneció en silencio. Él no era un Stark, era sólo un bastardo, se había dicho mil veces; pero aun así, ser un Stark era lo que siempre había querido, desde que era un niño. Sin embargo, mientras contemplaba la nieve y el bosque a lo lejos, mientras los despojos de lo que había sido una vez la gloria de Invernalia lo rodeaban, la impotencia que sintió nunca tuvo un significado tan claro: él era un verdadero Stark de Invernalia. Siempre había querido saber quién era su madre, pero no tenía la menor importancia. Era un hombre del Norte, ésa era la sangre que corría por sus venas.

Traería a Arya de vuelta a casa. Incluso a Sansa, si seguía con vida y quería unirse a ellos - después de todo, también era su hermana -. Aplastaría a los Frey, cobrando la vida de Robb. Aplastaría a todos aquellos que mancillaron el nombre de su familia.

- Siempre debe haber un Stark en Invernalia. Si debo ser yo, que así sea.-dijo - cuente conmigo, Alteza.

Stannis sonrió. Podía sentir el trono de hierro cada vez más cerca.


Esa noche, Jon soñó con fuego y sangre.

Dragones conducidos por una mujer hermosa, cuyos cabellos plateados ondeaban al viento. Ella se alzaba, al frente de un ejército como el que Jon nunca había visto antes. "Sangre de mi sangre…" llamaba ella. "Sangre de mi sangre…"

Y las llamas de pronto se acercaban a él, y Jon supo que se quemaría. Cuando las llamas lo alcanzaran, él ardería. Incluso el hielo se derrite ante un fuego tan poderoso como aquel.

"Sangre de mi sangre…"

Y miles se unía a ella. Pero el Norte no. El Norte no se volvería a arrodillar jamás, aunque tuviera que arder en llamas.

Cuando despertó, Jon lo supo. Stannis nunca llegaría a reinar. Pero mientras él lo necesitara, dejaría que viviera esa ilusión.

Si él tenía que arder, ardería. Pero, por el Honor de su familia, eso no sucedería antes de que Poniente saldara sus deudas con la Casa Stark.