Aquí vuelvo con el segundo capítulo! Me he costado media mañana, pero lo he conseguido :'D Ha quedado un poco mas largo de lo que tenía pensado, pero es un capítulo en el que tenía que dejar clara la historia para entender lo que viene en los próximos capítulos.
¡Disfruten!
-¿Qué pasa? ¿Vas a estar todo el día mirando el techo o qué?- comentaba Levi en un tono amenazadoramente bajo, con la cara todavía perlada de sudor y completamente desnudo, mientras terminaba de fumarse un cigarro.
-…
Un magullado Eren que apenas podía abrir la boca contestó con un sonido imperceptible. Levi acababa de quitarle las esposas y todavía tenía las muñecas enrojecidas debido al forcejeo del chico, por no hablar de los hematomas que cubrían sus brazos y piernas. Muchos ya estaban ahí de antes, pero otros nuevos estaban empezando a tomar un feo color violáceo. Eren luchaba en silencio contra el dolor y las ganas de verle la cara… para partírsela o no, ya no importaba. La indiferencia de Eren estaba empezando a terminar con la poca paciencia del noble, pero tampoco le importaba.
- Tsk. Mocoso de mierda- Dio una última calada a su cigarro…y utilizó el pecho del chico como cenicero.
- ¡Aaah!- Eren se retorcía de dolor mientras Levi se cambiaba.
- Recuérdalo toda tu vida- le cogió violentamente de la barbilla- Eres mío y de nadie más…¡solamente mío!- Y con eso y una patada que propinó al joven en toda la cara, que le hizo caer de morros contra el suelo, dio por finalizada la conversación y la "visita".
Solo cuando el mayor salió de la habitación y cuando oyó el sonido del pestillo al otro lado, entonces respiró tranquilo, pero no durante mucho tiempo, porque había empezado a llorar con fuerza, pero silenciosamente. Estaba tan nervioso y se le había revuelto tanto el estómago que acabó echando el dulce desayuno que se había tomado.
"¿Cómo he podido llegar a esto?" Se preguntaba una y otra vez mientras se sorbía con fuerza la nariz e intentaba lamentablemente limpiar el desperdicio que había dejado, con la cara ardiéndole de dolor.
Una y otra vez se lo preguntaba, una y otra y otra vez, mientras sus recuerdos volvían a reproducirse en su mente como una película que ya estaba aborrecido de ver…
…
…
Las enormes puertas de Rose se abrían de par en par y recibían a una multitud que avanzaba hacia el interior, nerviosa y desorientada, mezclada con murmullos de preocupación y gritos de terror.
- Así que esto es el distrito de Trost, ¿verdad?
-Eso parece, Armin. No se diferencia mucho de Shiganshina, pero todo parece tan…no sé…distinto…
-¿Qué esperas, Mikasa? ¡Acaban de invadir nuestro muro, hemos perdido nuestro hogar! ¡Nuestra madre ya no está!
-Eren, cálmate. Así empeorarás las cosas. Ahora debemos ser fuertes y buscar cobijo y comida.
-Pero yo…mamá…uh…
Ha ocurrido, los países extranjeros han tomado el Muro María y la población superviviente debía retroceder hacia Rose si no querían ser tomados como rehenes. Eren, Mikasa y Armin consiguieron escapar por los pelos, pero no sin un precio: sus padres habían muerto durante el ataque. Estaban solos, sin nadie que les ayudaran. Pero se armaron de valor, pensando que todo iría bien mientras los tres permanecieran unidos.
Durante los primeros días se fueron acostumbrando a su nueva y dura vida. Aunque todavía no tenían la edad suficiente para trabajar, consiguieron encontrar trabajo cuidando de animales o limpiando. Durante el día trabajaban duro y, con el dinero que conseguían, se alquilaban una habitación para pasar las noches. Una noche, a punto de irse a dormir, Eren estaba tumbado en la cama, meditabundo.
-¿Qué te pasa, Eren?- preguntó Mikasa, que se encontraba en la cama de al lado.
-Estaba pensando… no sé vosotros, pero yo no quiero vivir así el resto de mi vida.
-Lo sé, pero de momento tenemos que estar así, no nos queda otra.
-Ya, a no ser…- de repente se levantó de un salto- ¡a no ser que salgamos de las murallas! ¡Visitar nuevas tierras, encontrar nuevas oportunidades! ¿Sabéis que hay un lago gigante de agua salada que se llama "mar"?
-¿"Mar"?- dijo Armin, extrañado- ¡Qué cosa más rara! Pero deberías saber que si intentamos salir nos esclavizarían los países enemigos. Solo tendríamos una pequeña oportunidad si nuestra país de origen fuera otro y no María, Rose o Shina. Recuerdas que en estos muros también hay extranjeros de fuera que se llevaron dentro de los muros como esclavos, ¿verdad?
- Lo sé, lo sé… ¡pero no voy a perder la esperanza! ¡Sobreviviremos y conseguiremos un futuro mejor, os lo prometo!
Consiguieron mantenerse decentemente hasta que, dos meses después, las puertas se abrieron de nuevo, acogiendo una oleada de refugiados mucho mayor que la anterior de los distritos restantes de María. Personas necesitadas de dinero y comida, con más experiencia y edad que los tres jóvenes, ocupaban los puestos de trabajo que tanto les había costado conseguir. Se les acabó el dinero, por lo que su nuevo dormitorio serían las frías y malolientes calles. Ya ni los centros de acogida tenían alimentos suficientes para todos.
Tuvieron que empezar a practicar aquello que creían impensable: robar.
Fue en una fría tarde de otoño cuando sucedió el inicio de la desgracia. Hacía dos días que ninguno de los tres probaba bocado y se decidieron a coger pan de una panadería cercana. Mikasa y Armin se habían quedado esperando fuera para no causar muchas sospechas. La tienda estaba de bote en bote, por lo que, cuando Eren cogió disimuladamente un par de barras, nadie se enteró. El problema vino cuando, debido a la debilidad causada por el hambre, se tropezó y cayó de bruces contra el suelo. El panadero se giró y lo vio.
-¡Eh, ¿qué demonios estás haciendo, renacuajo de mierda?!
El hombre se dirigió furibundo hacia el chico.
-¡Te voy a enseñar a no robar a nadie!
Justo cuando estaba a punto de bajar la mano para golpear al menor, una mano impidió que llegara a pegarlo. Un hombre adulto, aunque de estatura más baja que Eren, se había interpuesto entre el chico y el panadero. Se había quedado mirándolo con seriedad.
-Oye, ¿y a ti no te han enseñado que no se le debe pegar a un menor?- le lanzó unas monedas- Si tanto te vas a cabrear por dos barras de pan, aquí tienes. Invito yo- alzó el chico por el brazo y se lo llevó-Venga, vamos.
-V-vale…
…
Los tres jóvenes estaban apurando el postre, decepcionados porque ya se lo habían terminado todo, aunque la verdad es que ya no podían comer más.
-Si queréis comer más, adelante- les insistió el hombre amablemente
Se encontraban en un restaurante amplio, que parecía ser para gente adinerada. Eren y Armin estaban encantados, aunque Mikasa no podía evitar mirar con cierta desconfianza al hombre, hasta que finalmente preguntó:
-Te agradezco mucho la comida, pero por experiencia sé que la gente no salva a gente sin ningún motivo aparente. ¿Quién eres?
-¡Mikasa!- la regañó Eren
-Vaya, vuestra amiga es un tanto desconfiada. No os preocupéis. En vuestras circunstancias, yo también pensaría mal de todo el mundo- se acomodó en su asiento- Me llamo Levi, y soy uno de los pocos nobles que quedan en este distrito.
-¡Alahh!- se maravilló Eren- ¡Un noble!
-Y es cierto lo que dice tu amiga, no voy por ahí rescatando gente. Pero vosotros… sois de María, ¿verdad?
-Sí…
-Hm… debéis de haberlo pasado muy mal- su mirada se volvió seria- Sois de los pocos niños que hay por aquí que no tienen cobijo, o mejor dicho, nadie que les ayude. Realmente habéis sido valientes si habéis conseguido sobrevivir todo este tiempo. Por eso mismo os quería proponer un trato.
-No sé si nos interes…
-¡Mikasa, no sigas por ahí! Cuéntanos, Levi.
El noble se quedó mirando a Eren, como si lo estuviera estudiando con la mirada. El joven no pudo evitar sentirse un tanto cohibido y giró la cabeza, enrojecido. De reojo pudo ver que Levi le sonreía.
-Voy a ofreceros un trato. Eren- el chico se volvió hacia él de nuevo- ¿qué te parece si trabajas para mí?
-¿Para ti?
-Sí. Tengo una mansión muy grande y yo suelo estar muy ocupado, así que no suelo tener mucho tiempo para limpiar. Y odio la suciedad, ¿sabes? Solo tendrías que cuidar el jardín, quitar el polvo, hacer la comida… chapuzas por ese estilo.
-¿¡En serio!?- Eren se alegró de una manera que hacía meses que no mostraba- ¡Eso sería genial! Pero… Mikasa y Armin…
-Ah, no. Con un enano limpiando ya tengo más que suficiente, seríais capaces de ponerme la casa patas arriba. Tres son multitud, ¿no lo habíais oído nunca?
-Si es así, me temo que no puedo…
-Espera, que no he terminado. A cambio de tus servicios, os daré dinero suficiente para comer y tener un cobijo estable y decente. Pero Eren, si no terminas tus tareas por el día, las harás por la noche. ¿Entendido?
-¿Qué Eren pase la noche en tu mansión? ¡Ni hablar!
-¡Mikasa, no marees más, que esto es lo mejor que vamos a tener en mucho tiempo! ¡Levi, puedes contar conmigo!- dijo Eren con una amplia sonrisa.
…
Eren se encontraba en un comedor enorme, el más grande que había visto en su vida. Estaba barriendo mientras silbaba alegremente. Y es que tenía motivos para estarlo. Ya había pasado una semana desde que zanjó el trato con Levi y todo iba de maravilla: Mikasa y Armin tenían cobijo en un hotel bastante bueno y Eren estaba en la mansión por los días. Todavía no se le había acumulado tanto el trabajo como para quedarse allí a dormir, pero tampoco le importaría. De verdad se sentía a gusto con Levi, mucho. No era muy hablador, pero sabía escuchar al chico.
Ya había terminado con el comedor y se dispuso a entrar en el despacho del noble. Y allí estaba, sentado, con su serena mirada observando unos informes. Cuando Eren entró, fijó su vista en él.
-Ah, disculpa. No quería molestar.
-Nunca has molestado. Puedes pasar.
-Gracias…- dijo el chico con una sonrisa tímida.
Compartieron una larga mirada y Eren agachó la cabeza ruborizado, como hacía siempre. Llevaban compartiendo esas miradas durante toda la semana, ese flirteo silencioso y cada vez más evidente. Con cada día que pasaba, las miradas se hacían más largas, más intensas, y Eren no podía evitar sentir mariposas en el estómago cada vez que ocurría. Apartó esos pensamientos de su cabeza y comenzó a limpiar los muebles. Pero Levi le seguía mirando.
-Eren… ¿acaso yo te impongo?
-¿Eh? ¡No, nada de eso!
-Como siempre agachas la mirada…
-Es que yo soy así de tímido, pero…-volvió a mirarlo con una sonrisa radiante y sincera- ¡Me siento muy feliz de poder trabajar aquí contigo!
…
Levi se quedó allí parado, con un rostro que cambió de tranquilidad a desconcierto…o desolación. Se levantó para dirigirse hacia Eren, que estaba empezando a extrañarse más con cada paso que daba. Lo arrinconó contra un mueble robusto y apoyó el codo en éste, impidiendo que el chico pudiera salir.
-¿Te sientes feliz? ¿En serio?- arrastraba las palabras con un tono extremadamente bajo, pero lleno de peligro, junto con una mirada que jamás había visto en él- Si supieras las cosas que he hecho saldrías de aquí cagando leches…
Levi fue acercando su rostro más al del menor, con esa mirada de desconcierto. Se acercó a su oído, y Eren podía sentir su aliento en la oreja y el cuello, lo cual le hizo estremecer…de miedo.
-¿Me seguirías queriendo igual?
-L-levi… y-yo…
-No, no lo harías…claro que no…
Con un rostro casi inhumano, comenzó a abrir ampliamente la boca en dirección al cuello de Eren, como un animal a punto de devorar a su presa. Justo en ese momento, como si de un sueño hubiera despertado, se reincorporó y volvió a su posición lentamente.
-Ah…perdóname Eren, no quería asustarte. He pasado por mucho estrés últimamente, no me lo tengas en cuenta.
-N-no…descuida.
Levi volvió a su sitio y no volvió a levantar la mirada. Eren hizo lo mismo e intentó terminar con aquella sala lo más rápido posible. Solo se atrevió a mirarlo justo antes de salir. Su desconcierto creció más aún cuando vio que el rostro del noble estaba compuesto por una máscara de terror, como un niño que acababa de despertar de la peor pesadilla de su vida y que todavía se creía que seguía viviendo.
¿Qué demonios estaba pasando?
¿Qué les pareció el capítulo?
¿Por qué Levi actua de esa forma?
¿Habrá lemon sin violación? :0
Dejen sus reviews para así poder mejorar con cada capítulo! :)
