Los personajes pertenecen a Akira Toriyama.
Algunos de J.K. Rowling
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Capítulo 2: Goku.
Sus pasos retumbaban por el pasillo desértico del ala oeste del enorme castillo. A su lado, el rey iba hablando de las múltiples plantas recién descubiertas por unos sujetos que el pueblo catalogaba de brujos. Según Piccolo una de ellas era milagrosa. Goku no escuchaba eso, lo único que quería era ver a los nuevos reclutas.
Miró por los enormes ventanales del puente que conectaba el salón de armas con el terreno de los campamentos de los nuevos "Tierra seca", así lo llamaban por la poca vida silvestre al igual que los animales. El espeso bosque que yacía bajo sus pies susurraba fríamente, como una advertencia ancestral, esas que sin importar el tiempo y lugar llegaban a ocurrir. Goku ignoró el silencio, confiando en su instinto avanzó a paso rápido. Ésta vez sus pasos sonaban más fuertes.
El sol estaba por caer y el fresco de la noche traspasaba la delgada vestimenta de los jóvenes del campamento. Goku observó con ojo crítico.
— ¿Hijos de nobles? —preguntó viéndolos ir de un lado al otro. La vestimenta que usaban tenía uno que otro bordado de una casa.
—Algunos bastardos. Tengo a los hijos de Gero, al vástago Pilaf, ya conociste a Uub y también al hijo de Vegeta. Los demás son huérfanos.
— ¿Trunks?— preguntó asombrado —. ¿El mismo Trunks de Bulma… esa Bulma?
—La misma que conocimos primaveras atrás.
—Vaya, ¿y eso?
—Vegeta está harto de cuidar del pueblo Itá. Gobernar no tiene sentido sin Bulma a su lado. Envió a su hijo para entrenarlo y próximamente él ocupe su lugar, eso después de casarlo.
—Pobre Vegeta; tanto que se quejaba de ella, y ahora…
—Ahora la extraña. Personalmente pienso que no puede estar solo.
—No lo cre…
Una piedra rozó el cabello alborotado. Goku ladeó su cabeza buscando al lanzador y encontró a un enano de cabello azul.
—Es Pilaf, un idiota —señaló el rey.
Goku recogió una piedra y la lanzó. La dureza impactó en la frente del enano dejándole un chindondo.
—Tus hombres no sirven — rió Goku mientras veía a Pilaf llorar —. Apuesto que una espada de madera los asesina.
—Por eso te llamé.
Bien decía Milk, incluso podía oírla susurrar en esos momentos: «No aceptes, no aceptes ». El viento silbó la advertencia de nuevo, ésta vez la sintió hasta los huesos; algo andaba mal.
— ¿Qué sucede?— cuestionó con calma.
—La iglesia quiere quitarme el trono. Sabes bien que me daría igual, incluso se los daría con lazo de seda pero… — se detuvo, mirando a los jóvenes encender fogatas frente a sus tiendas. Unos siendo ayudados por los huérfanos —… quieren poner a Freezer en la corona.
Goku cerró los ojos, una parte de él enojado y la otra Milk. Una lucha se desataba en su cuerpo; una parte poderosa era su señora, algo que adoraba y detestaba de su mujer, era la certera intuición que poseía; la otra, su juramento, su honor como guerrero. Estaba decidido. Por ningún motivo dejaría que ese maldito afeminado reinara sobre Namek. Calló la reprimenda de su esposa y aceptó. Un apretón de manos y Goku quedó bajo las órdenes de su majestad el rey Piccolo.
No dejaría que la paz parcial que existía en el reino y los alrededores se vieran envueltos en una nube de humo y cenizas. Ya vería cómo convencería a su esposa, mientras tanto los niñitos de las casas nobles conocerían de verdad la vida de un soldado.
—Deja de llorar —gritó a la vez que lanzaba otra roca de mayor tamaño al chico de cabello azul—. Espantas la cena.
— ¿Cómo que…? ¡Señor! —Shu, otro de la misma tierra y que en esos momentos ayudaba a su vecino Pilaf, llamó la atención de todos con su grito. El chico de cabello color fuego y ojos cafés quedó atónito. Goku había incendiado la mesa donde estaba toda la comida.
—Tomen sus armas y busquen su cena.
—Por si no lo ha notado, no hay nada aquí— reclamó un Malfoy, hijo de la antigua casa Malfoy.
—No veo barreras que impidan que salgas —extendió sus brazos mostrando su entorno —. Cazarán y cocinarán ustedes mismos, si se ayudan o no ya es aparte.
Piccolo mantenía una sonrisa de satisfacción, seguro de su decisión por haber convencido a Goku. Nadie mejor que él para entrenar a esa bola de holgazanes. Se sentó sobre una roca esculpida y miró, perdido en sus pensamientos.
Su familia, antigua y con la característica de la piel pigmentada de verde, según la leyenda, elegidos por el divino, tenían siglos gobernando justamente sobres sus tierras; sus predecesores: Niel, El Gran Gran y Kamy eran muy queridos y festejados en la actualidad.
Habían tantas cosas por hacer y temía no lograrlas, su tiempo, aunque no supiera cómo, se estaba agotando. El dios de su raza tocaba el arpa, lo escuchaba en la noche. Cada vez más cerca.
Las quejas de los muchachos lo trajeron de los mares del recuerdo, de la historia que sabía de memoria gracias a su tutor.
Goku suspiró. Unos pocos traían una que otra ave o una lagartija mientras que los demás corrían buscando piedras para usarlas como armas. Entre ellos, Trunks venía con tres aves con el cuello roto.
— ¿Me das amigo?
—Consigue las tuyas, Pilaf.
—Pero qué grosero, ¿acaso Bulma no te educó bien?
El hijo del dragón observó a Trunks, en cómo en un instante la serenidad del pelilavanda se transformaba en ira. Sus ojos azules se agrandaron y su rostro acentúo sus gestos.
— ¡Basura! —Lo tomó de las finas telas —. ¡Jamás vuelvas a mencionar su nombre!
—Lo-lo siento.
Gruñendo, dejó caer al de cabello azul y desapareció entre las rocas con las tres aves.
—Curioso comportamiento, Trunks —meditó Goku. Volvió a coger una roca y la lanzó, ésta vez en la rodilla de Pilaf.
Las habitaciones destinadas a su familia se encontraban en la misma ala del rey. A tres puertas de roble, Goku con firmeza mantenía su mano en la manilla. Listo para enfrentar a su señora amada.
Nada podía hacer cuando su palabra de honor cedió, quizás fue impulso, quizás sintió la presión. Intentaba convencerse, pero él sabía que no; luchar y proteger, declaraba su juramento. Luchar y proteger. Abrió la pesada puerta. Un par de suaves brazos lo tomaron por el cuello. El íntimo aroma de su señora inundó su cuerpo.
—Ha ocurrido un imprevisto terrible — alzó la oscura mirada empañada por una fina capa de agua—. Nuestras pertenencias han sido hurtadas.
— ¿Qué?
—Al parecer unos bandidos lograron entrar a los establos. Cuando los sirvientes atendían a los caballos se llevaron todas las maletas. Goku, se han llevado todo.
—Milk… —tragó tomando valor para informar su decisión —… estaré a cargo de los nuevos reclutas.
La mujer retrocedió, de un instante al otro lo acuoso de sus bellos ojos se secaron, el negro profundo destelló. Goku se mantuvo firme.
—Dioses… — murmuró —… dioses, dioses, dioses. Lo sabía, sabía que la invitación no era por simple amistad, una trampa venía oculta debajo del sello. ¿Por qué has aceptado?
— ¿Recuerdas a Freezer?
Un escalofrío recorrió a Milk.
— Jamás podría borrarlo de mi memoria aunque quisiera.
—Al parecer quiere la corona. La iglesia del dios de Piccolo lo avala.
— ¿No hay nadie más que ocupe tu puesto? ¿Acaso eres el único que puede entrenar a esos niños?
—Mucho me temo que así es.
—Goku…
La mujer se dejó caer, su cuerpo golpeó sin piedad el frío piso. Ocultó su rostro entre sus manos y sollozó. Goku no supo qué hacer, temía la ira descontrolada de su esposa.
Temía.
¿A qué temerle si era el hijo del dragón?
Se percató, como si le atestaran un golpe, que el corazón le latía nervioso, desde el momento en el que los jóvenes lo saludaron sintió el mal presagio que sentía su mujer. Odiaba darle la razón, detestaba que su histeria impregnara en su cuerpo.
—Luchar y proteger —musitó estrechándola en sus brazos.
-•-
La luna en su punto más alto acompañaba los pensamientos de Goku. No podía dejar de pensar en Freezer, en cómo desafortunadamente se conocieron. La canción de los borrachos recitaba una alianza poderosa destruida por la ambición de poder, de terrenos. En la lucha por la mano de una princesa con poderes en sus manos.
También cantaban sobre la valentía de uno y la cobardía del otro. Muchas verdades y otras exageradas pero ni aun así, ni con la prueba irrefutable de la maldad de aquel tipo, el poder eclesiástico repudiaba su sangre.
Ni estando junto a su esposa pudo conciliar el sueño. Se colocó unos pantalones y los zapatos sobre el camisón de dormir y recorrió los pasillos. En la soledad y oscuridad, cuando apenas el sonido de unos grillos y sapos rompían en silencio, Goku recordó su infancia, su abuelito, su vida. No había sido nada fácil llegar al reino y menos servir a su majestad quien en ese entonces era Kamy. Mucho menos demostrar a la corte, al concejo y a la mano del rey que él era digno de ser un guerrero.
—Tiempo sin ver tu escandalosa cabellera, amigo mío.
—Puedo decir lo mismo…
En camisón, Krilin, un ex monje, sostenía una vela y un vaso con agua. En su rostro carente de nariz lo saludaba con una sonrisa.
—... amigo
— ¿También fuiste llamado por Piccolo?
— ¿También?—repitió extrañado.
—Ten, Chaoz y Yamcha nos encontramos a un nivel menos que el rey.
—Las cosas se ponen serias.
—Conque tú estés aquí, puedo asegurarlo. Ven conmigo.
El bosque silbó de nuevo. Goku y sus antiguos compañeros y amigos de escuadrón estaban en medio del puente mirando el cielo y las copas de los árboles. Se miraba como un monstruo hambriento esperando su alimento de media noche. Se sentó en el borde como un reto, nadie mejor que él sabía de aquellos seres que daban vida a la naturaleza. Esperaba y su osadía sirviera como advertencia.
— ¿Qué querrá Freezer? —Preguntó al aire—. ¿Y qué tendrá para que la iglesia lo proteja?
—No me crean… —comentó Yamcha frotando sus manos buscando calor —… pero dicen en los bares, que teniendo el reino de Piccolo, adueñarse de las tierras sagradas sería más fácil. Todos los seres con poderes reconocerían su poder e incluso lo protegerían
— ¿De verdad creen que existan esas tierras? —Preguntó Ten escéptico.
— ¡Por supuesto que sí! —Saltó Krilin —. Nosotros estuvimos ahí cuando... cuando…
—Cuando buscamos a Milk.
—Son criaturas sabias y poderosas. No creo que acepten a Freezer como gobernante natural.
—Aceptarán a quien esté, no es problema de ellos si nosotros tenemos a un asno por rey —sus amigos no dudaron en darle la razón —. A partir de hoy entrenaré a esos chicos. ¿Vienen?
—No me lo perdería, de todos modos a eso venimos.
El entrenamiento de los reclutas comenzó antes que el sol diera señales de salir. Goku con su pequeño grupo de veteranos tomaron agua del pozo y lo arrojaron sobre los muchachos. Abatidos comenzaron a mover sus manos con tal de mantenerse a flote.
Las risas de los más viejos vinieron a terminar de despertarlos. Enojados, salieron de sus tiendas.
—Buenos días.
— ¡El sol no ha salido! —Gritó uno.
—Pero tú sí.
Goku observó que nadie se había librado del agua fría, ni Trunks, ni 16 y 17. El pelirrojo no parecía molesto. Pilaf y su compañero estaban tiritando del frío.
—Son pocos los que valdrán la pena —dijo Chaoz.
—Sólo veo a diez —respondió Goku.
—Dicen que son ciento cincuenta— informó Krilin.
—Sigo viendo diez.
— ¡Buenos días soldados!
— ¡Buen día, señor!
Inmediatamente los jóvenes formaron filas. Goku pasó sus manos tras su espalda y comenzó a caminar frente a ellos. Atentos lo miraban.
—El rey nos ha enviado a entrenarlos, punto. No necesitan saber más
Los hombres a su espalda sonrieron. Era tan increíble que él fuera así de serio, no iba con su personalidad.
—Creo que ya lo habíamos deducido— comentó 17.
—Sus días se dividirán en: reconocimiento de lugar y plantas, meditación y lectura, socialización con animales, fabricación, lucha y enfrentamientos. El último lo tendrán libre. Si se meten en problemas durante ese día se las verán conmigo, luego con el rey.
—Señor Goku —Shu alzó la mano pidiendo la palabra —. ¿Estamos en la escuela?
—Puedes verlo de esa manera. Los alimentos los buscarán ustedes, nosotros les proporcionáremos el agua.
Muchas quejas venían de los de noble cuna menos de Trunks, 16 y 17.
Uub suspiró resignado.
— ¿A qué se refiere con meditación y socialización de animales, señor Son?
—Aprenderán. Les ayudará a tomar decisiones con razón, leerán mapas y estrellas. Con la socialización de animales entenderán que ustedes no son nada sin ellos, el caballo será un aliado; su mejor amigo. Si están heridos, un animal, por muy salvaje que sea, hará lo que le pidan si saben hacerlo. Somos humanos. Poderes no tenemos, pero sí inteligencia.
—Comprendido.
—Una hora para cazar y comer. Seguido vuelvan a formar tres filas y tres columnas.
Algunos regresaban satisfechos, otros más decaídos de cómo se habían levantado y otros, siendo los huérfanos, regresaban riendo unos con otros. Ese grupo de mayor tamaño, ya acostumbrados a no alimentarse, optó por seguir descansando.
Cuando estuvieron ordenados, Chaoz, un hombre bajito y de piel blanca como el papel, se colocó un sombrero con una bola de lana roja en la punta protegiéndose de los fuertes rayos solares. Tomó un puñado de hierbas de su bolsillo y se los entregó a unos cuantos.
—Cómelas —le dijo a Malfoy.
El rubio las miró con asco y negó.
—No comeré esa porquería
— ¿Por qué?
—Porque no.
Chaoz sonrió gentil.
—Veinte lagartijas y...
Malfoy se puso en posición, topó el pecho al suelo y Chaoz se subió sobre su espalda. Sentado le dijo a otro chico que comiera de las hierbas.
— ¿Pe-pero qué…?
—Silencio chico, y has las lagartijas.
—No —respondió el segundo chico.
— ¿Por…?
—No quiero, señor.
Chaoz le ordenó hacer sentadillas cargando dos rocas pesadas. Así transcurrió preguntando y siempre recibía una negativa. Llegó donde 16, alto de piel bronceada y con el cabello rojizo, sus ojos azules desprendían serenidad.
—Cómelas.
16 recibió las hierbas y las comió. Los demás mostraron desagrado.
—Las algas de río saben mejor en la sopa —comentó al terminar de comerlas. Malfoy abrió la boca hasta donde pudo.
— ¿Algas?
—Comen y no saben de donde provienen sus alimentos —expresó con decepción —. Cada planta tiene una función: curativa o destructiva. Unas combinadas saben bien, o son letales o son milagrosas. Uub, ¿qué se bebe a media tarde?
—Té, señor
— ¿De qué está hecho?
—De hierbas, señor.
—Manzanilla, hojas de limón, hierbabuena y un sin fin de plantas que consumimos diariamente se encuentran en el bosque. Las algas de río me han salvado de la muerte
«Estos niños no podrán blandir una espada »pensó Goku.
Recordó cómo en su juventud el peso de la espada doblegaba su cuerpo. Moverla contra su oponente y atestarle un golpe a su vida quebrantaba su espíritu, pero, entre su vida y la otra, entre proteger a los suyos o verlos morir, la fuerza salía de su pecho. Luchar y proteger.
Abandonó el campamento en medio de la enseñanza de Chaoz. Descubriéndose sumido en sus pensamientos mientras volvía por el puente. Últimamente así se descubría: pensando en todo y nada a la vez. En el rey y en Freezer; en su esposa y en Freezer; en los chicos y en Freezer; en el viejo Freezer y en el nuevo Freezer.
—Guía mi camino gran dragón —rezó juntando sus palmas en dirección al bosque. La tarde cayó y Goku con los músculos tensos regresó a la sala del trono real.
— ¡No!— gritó Gohan apretando sus puños—. No puede pedirme eso.
—Mi querido niño —y el responsable de su estadía se hallaba al centro del salón, con los labios pintados de morado —. Las leyes así lo dictan
Se paseaba de un lugar a otro, moviendo su trasero y copa de vino al compás. Sus pies se deslizaban con suavidad.
—No servimos a tu dios— espetó Gohan.
—No son dignos de nuestro dios
Goku esperó en un punto ciego, aguardando a enterarse del porqué el exabrupto de su primogénito. Observó a sus demás familiares; Pan yacía prisionera entre los brazos de su esposa y nuera mientras Goten se ponía de escudo. Fuera la que fuera su nieta era una pieza importante.
Respiró y pensó, ahora en Pan y en Freezer.
— ¿Qué sucede?
—Vaya, vaya. Hasta que llegas. Alza tu copa, Goku, porque me caso con tu nieta. Seremos familia. ¿No te alegra? Deberías.
— ¡¿Qué estupideces dices?! —Lo sujetó de las finas telas zarandeándolo —. ¡Repítelo!
—Toda doncella de noble cuna debe estar desposada antes de su decimoctava estación. Tu nieta está por quedar solterona
—Piccolo —exigió una explicación obviando su rango y sosteniendo aun a Freezer.
—Cuando aceptaste el puesto quedas bajo las leyes del reino según tu rango. Tu familia igualmente debe obedecer. Lamento no habértelo dicho —suspiró cansado. Volvió a verlos —. Tu hijo y nieta deben desposarse o inmediatamente deberán ingresar al monasterio y servir con su vida a nuestro dios.
—No puedes hacerme eso. Vengo aquí a ayudarte en base a nuestra alianza, Piccolo
—Puedes irte si así lo deseas, Goku —intervino Frezzer aprovechando que Goku aflojó su agarre. Se alejó lentamente procurando acercarse a Pan —. Seguro y los demás podrán entrenar a esos inútiles. En realidad no sé cómo esperas que esos niños sirvan en la lucha contra los bárbaros —dijo viendo a Piccolo con palpable duda —. Digo, nadie más ha podido contra ellos.
El hijo del dragón y Milk se miraron sin comprender.
— ¿Qué mentiras le has dado? —Freezer sonrió percatándose del desconcierto.
—Ninguna. Entre los bárbaros y tú, estoy seguro que ellos respetarían el acuerdo pactado.
Freezer jugó con su copa de vino y luego lo bebió de golpe.
—No es culpa mía que el antiguo rey cediera la mitad de su reino.
— ¡Lo engañaron! —Piccolo golpeó con fuerza su mano sobre el brazo del trono. Su potente voz sobresaltó a todos los presentes —. Falsificar papeles, cambiar las medicinas por otras y amenazar con semillas negras… ¡No le dieron otra opción! Miserable.
—Shh, no te exaltes —dijo hostil.
—Exijo la verdad.
—Nosotros te contaremos la verdad, hijo del dragón.
Por las puertas laterales entraron seis hombres de mayor edad, envueltos en túnicas negras con un medallón de plata en el cuello; un buitre con una ave pequeña en el pico. Goku se sintió como esa ave.
Formaron una fila, luego, un séptimo tipo con un medallón idéntico, sólo que de oro, se posicionó al centro. Encorvado con el pelo escaso y blanco, sonrió. Sus dientes amarillos le dieron el toque final a la apariencia del buitre mayor.
—Consejeros de medio día.
Aquellos hombres, llamados consejeros, eran una sutil mano de mando. Goku, más confundido, miró a Piccolo. ¿Cómo no había notado lo encadenado que estaba?
¿Qué había sucedido durante su ausencia?
«Veinte veranos no era poco tiempo »
Uno de ellos sacó un viejo pergamino. Leyó, una después de otra, leyes absurdas rayando lo impensable; que toda familia debía pagar tres monedas de oro cada cinco días, que los nobles podían tener más de una esposa así como todos debían inclinarse en señal de respeto, de la mejor cosecha, sin importar de quien fuese, ellos podrían tomarla. Goku no podía creerlo.
— ¿Le has exigido lo mismo a Krilin?— cuestionó al margen de perder la paciencia.
—Marron es una monja. ¿Sabe? Es una chica lista
Pero Krilin se educó en su religión, era irrefutable que la solución era fácil para ella.
Los buitres se posicionaron frente a Piccolo y detrás de Freezer. Nada más claro que esa acción para saber quién gobernaba. Goku no sabía que pensar o ya ni sabía si podía pensar. Todo era tan obvio y rápido que la cabeza le dio vuelta. Miró a su familia: angustiados.
Gohan apretaba sus puños con fuerza, Goten usaba su cuerpo de escudo protegiendo a su nieta en brazos de su esposa y nuera. Pan lo observó suplicante; la mirada de una niña buscando auxilio.
Se sintió peor.
—Está bien— dijo finalmente. Por cualquier lado que lo viera ellos salían perdiendo.
— ¡Traigan más vino porque me caso!— proclamó Freezer.
—Pero ellos elegirán —cortó la celebración de su némesis — las leyes así lo dictan. Has dicho que los nobles pueden tener más de una señora, quién quita y uno de ellos sea digno de mi nieta. Puede y tengas influencia sobre mí pero tu poder no me doblega.
Si Piccolo mantenía su palabra y lograba que esos niños fuesen guerreros de verdad, él y su familia estaban a salvo.
No todo estaba perdido. Pero la guerra sin armas ya había iniciado.
Y está, por mucho, era peor que las del pasado.
