Nota de Traductora: ¡Hola! Muchas gracias a todos los que comentaron/marcaron la historia como favorita o la siguieron. Me emociona mucho y me da la idea que estoy yendo por buen camino, así que aquí les traeré el segundo capítulo de esta maravillosa historia escrita por erenjaegers.

HarukaSou: ¡Muchas gracias por tu comentario! No sabes cuando me emocionó cuando lo vi. A mí también me gustó mucho el personaje de Daichi aunque por ahora no aparece por un rato. La autora no ha terminado la historia, así todavía no se sabe bien ¡Quizás aparezca en futuros capítulos!

shirayuuki-hime: ¡Hola! Me alegra mucho que haya sido de tu agrado, espero que este capítulo también te guste.

Por cierto... por si las dudas lo aclaro... Ni Diabolik Lovers ni sus personajes nos pertenecen ni a mí (la traductora), ni a erenjaegers (la autora). Los OCs solo le pertenecen a erenjaegers.


Nota de Autora: Me siento muy mal por mi OC porque ni siquiera se da cuenta en lo que se ha metido. Es como cuando estás mirando una película de terror y le estás gritando a los personajes que no entren en ese cuarto. XD Supongo que esto tiene su propio terror... De acuerdo, ¡volvamos al tema! ¡Aquí está el capítulo 2!


La lluvia pareció parar cuando nos detuvimos en frente de los portones de la casa. El hombre misterioso me ayudó a bajar mi equipaje y las puertas se abrieron al mismo tiempo que arrastraba mis cosas sobre el pavimento mojado. Tan pronto como pasé por el portón, caí en un estado de trance, dándome cuenta que mi nuevo hogar no era una casa, sino que una mansión enorme y tres veces más grande que el edificio de dos pisos en el que había vivido la mayoría de mi vida. Dejé escapar un sonido de admiración, inmediatamente levantando la cámara que me colgaba del cuello y tomando una fotografía de la magnífica edificación. Había viajado a tantas ciudades distintas en tantos países diferentes, pero aún así nunca había visto un lugar como este.

—Oh, cierto. Me olvidé de agradecerle por traerme hasta... —me di la vuelta, lista para pagarle al conductor, solo para encontrar que ambos, él y el auto ya se habían esfumado. —...aquí.

Me rasqué la cabeza, resoplando mientras caminaba hasta la propiedad y arrastraba mi equipaje junto a mí. Las puertas se cerraron automáticamente después de haber entrado, pasé una fuente por el camino y tomé una fotografía de mi reflexión temblorosa. El cielo estaba oscuro y deprimente y parecía como si fuese a desencadenar una tempestad en cualquier momento. Me encogí ante el prospecto de empaparme con el sucio agua de la lluvia, así que me apresuré hacia la entrada y toqué la puerta.

Casi al segundo se abrió imprevistamente para revelar un hombre canoso y serio, vestido con ropa formal y con el brazo doblado delante del torso de forma refinada. Sin siquiera mirarme, me quitó el equipaje, entrando en la casa y dejándome varada en el umbral.

—¡Por favor, espere! —Lo llamé, siguiéndolo. Escuché un tenue rugido detrás de mí y me di la vuelta automáticamente, observando como la puerta se cerraba lentamente por cuenta propia. Para cuando regresé la mirada, el hombre ya había desaparecido y no se encontraba en ningún lado. Escaneé mis alrededores con la esperanza de encontrarlo, solo para terminar con las manos vacías. Sin saber más qué hacer, decidí explorar por mi cuenta y agarré mi cámara con firmeza, navegando por la casa poco iluminada y fría.

—¿Hola? ¿Hay alguien más en casa? —Dije en voz alta, recordando como el hombre me había contado que habrían personas de mi edad viviendo conmigo—Alguien, ¿quién sea? ...Ah, no tiene caso. Estoy hablando sola. —Solo recibir silencio como respuesta dañó mi autoestima y no tardé mucho en cerrar la boca. Además de mis pasos y mi respiración, en esa casa no se emitía sonido alguno. Encontrándolo inusual, tomé pasos cortos, siguiendo la intricada alfombra roja por el hall hasta la magnífica escalera.

—¿No prenden la calefacción aquí? —Inquirí, temblando cuando una briza fría se coló por mi ropa— Hace más frío aquí que afuera...

Una gárgola de piedra posada en la barandilla me observó mientras pasaba, me dirigía hacia un sillón verde ubicado debajo de una ventana. Miré para afuera, observando cómo la lluvia impactaba rítmicamente contra la tierra, nutriendo el mundo después de meses de sequía. Cuando di un paso hacia atrás, me choqué contra alguien y dejé escapar un grito de sorpresa cuando me encontré cara a cara con un par de ojos verdes cristalinos. Un chico bonito y pelirrojo me sonrió al mismo tiempo que pegué un salto del susto, aterrizando en el sillón por la sorpresa.

—D... Dios, ¡no te me escabullas así! —Grité mientras calmaba a mi corazón desenfrenado. —Casi me matas del susto...

El chico se enderezó, inclinando su sombrero hacia abajo mientras me examinaba, sus ojos verdes me observaban de pie a cabeza, luego volvieron a mi rostro. —Que chica tan adorable. —Ronroneó, moviéndose para acorralarme contra el sillón. Luego procedió a lamer mi oreja, su lengua saliendo disparada y recorriendo mi piel. Horrorizada, lo empujé con apuro y lo fulminé con la mirada en un estado de shock.

—¿Qué mierda? —Le grité, levantándome y alejándome de él.

Al principio estaba sorprendido, pero sonrió eventualmente, riéndose por lo bajo con diversión— Me encanta cuando las chicas se resisten, me excita todo por dentro —dijo sin inmutarse por mi hostilidad—, especialmente si las chicas huelen tan dulce y seductoramente como tú. Hace que quiera devorarte toda.

—Hmm, ¿qué es esto? —Una voz preguntó desde las sombras. Un chico de ojos y cabello color lila emergió de ellas, llevando consigo un oso de peluche con un parche en el ojo. Me sentí aliviada ante la presencia de alguien más y lo saludé con la mano.

—Hola, me llamo Fujimoto Sayumi y me dijeron que viviría aquí por un tiempo. Puede que... —Fui interrumpida cuando apareció de repente al lado mío, sonriéndome como un maniático, sus ojos estaban bien abiertos y parecían atravesarme con la mirada.

—¿Puedo yo también darte un probada, por favor? —Dijo el chico, acorralándome y lamiéndome a lo largo de la mejilla. Se apartó con un brillo en sus ojos mientras mortificación se hacía presente en mis facciones— Raito, tienes razón. Es dulce, justo mi tipo...

—Lo siento, pero yo la vi primero, Kanato. Qué lástima.

Kanato se volteó para enfrentarlo—No es para nada justo. Yo fui el primero que escuchó su voz, tú solo llegaste antes que yo.

—No olvides que soy mayor que tú, Kanato —Raito se burló, dándole palmaditas en la cabeza mientras dirigía su atención a mí—. Pequeña dulzura, no te veas tan asustada. Me estás poniendo caliente y excitado.

Disgustada, retrocedí lentamente, observando cómo los dos chicos me miraban como si fuese su presa. Me sentí asqueada así que con apuro comencé mi huída, solo para encontrar que alguien estaba parado en el medio del pasillo que daba a la salida, efectivamente bloqueando mi ruta de escape. Tenía un cabello de un vívido rojo, aunque era más claro en las puntas, y desconcertantes ojos felinos de un verde extraño. Sonrió con superioridad al ver lo atónita que estaba y avanzó hacia mí. Teniendo un acorazonada horrible, lo esquivé, solo para que me agarrara la malo y me jalara forzosamente hacia él.

—Oye, ¿qué estás haciendo? —Demandé chillonamente, luchando contra su fuerza. Su agarre era demasiado fuerte y solo parecía apretarse a medida que me resistía. Temerosamente intenté liberarme, llamando por ayuda—¡Socorro! ¡Alguien ayúdeme!

El chico solo sonrió, su agarre cada vez más fuerte hasta sentir que me quebraría la muñeca. Sentí mis ojos casi rebalsar con las lágrimas mientras lo fulminaba con la mirada para después permitirme relajarme con reluctancia, mi calma repentina satisfizo al desconocido. Mientras me escudriñaba, Raito se me acercó desde atrás y me envolvió con sus brazos. Instinctivamente le di un pisotón en el pie, codeándolo en el estómago con mi brazo libre. Se tropezó hacia atrás, pasmado por mi violencia, al mismo tiempo que el chico que me tenía atrapada con firmeza por la muñeca se rió entretenido.

—No me toques, pervertido —le advertí —, o no te la vas a ver venir.

—Eres una pequeña guerrera, ¿no es así? — El chico a mi lado me preguntó, claramente disfrutándolo— ¿Qué está haciendo alguien como tú en nuestra casa?

—Se supone que viva aquí —dije, aunque en vez de estar emocionada, mi voz llevaba cierta pesadez—. Me dieron esta llave y me dejaron aquí no hace mucho, aunque estoy empezando a arrepentirme de haber puesto un pie en el lugar. He recibido una bienvenida tan cálida.

Sus ojos se posaron en mi cuello, en donde colgaba de una cadena la llave que me habían otorgado. En lugar de tomar la llave agarró mi cámara, manoseando los botones y prendiéndola para luego mirar mis fotografías. Irritada por el hecho de que ni se había molestado en pedirme permiso, intenté quitársela, solo para que me tentara, sosteniéndola bien alto como para que no la pudiera alcanzar. Maldiciendo mi estatura, no tuve más remedio que quedarme parada mientras me fisgoneaba las fotografías, ocasionalmente sonriendo con superioridad o dejando escapar una risa.

—¿Qué es eso, Ayato, una cámara? —preguntó Raito ya habiéndose recuperado de mi ataque— Parece que nuestra pequeña zorrita es bastante vana, ¿no es así?

Mis ojos se abrieron como platos ante el lenguaje ofensivo— ¿Qué me acabas de llamar?

—No sean tan ruidosos —una voz desconocida sonó desde arriba. Había un chico de cabellera blanca y ojos rojos observándonos desde la planta alta. Frunció el entrecejo mientras me fulminaba con la mirada— ¿Qué está haciendo esta chica aquí, haciendo todo este ruido cuando estoy intentando dormir? Que ridiculez.

—Vaya, vaya, miren quién decidió aparecer —habló Ayato—. Subaru, no te había visto desde hace tiempo.

—¡Solo cállense de una vez! —Gritó Subaru, asustándome con su voz feroz.

—¿Por qué no bajas y me obligas? —Ayato lo tentó. Cuando vio cuanta furia flameaba en los ojos de Subaru, no pudo evitar regodearse con victoria. Subaru saltó desde la planta alta, aterrizó enfrente mío y agarró a Ayato del cuello de la camisa, causando que este me soltara a mí y a mi cámara. Corrí para salvar mi cámara, alejándome de los chicos conflictivos, mi espalda se chocó contra el barandal de las escaleras en el proceso. El camino hacia la salida ahora estaba completamente despejado e hice el intento.

Justo cuando pensé que me iba a escapar sin ser vista, Raito se me apareció enfrente— Ya, ya, ¿dónde crees que vas, mi pequeña prostituta? —demandó— ¿No crees que es un poco grosero irse sin siquiera decir adiós?

—¡Apártate de mi camino, fenómeno! —Lo empujé hacia un lado, y me percaté de que Kanato estaba detrás suyo, sonriéndome ampliamente.

—Por favor, no te vayas —pidió aunque estaba más ordenando que suplicando—. No te vayas o me enojaré mucho y te lastimaré.

—Pero qué... —retrocedí al mismo tiempo que Kanato se me aproximó, con intenciones genuinas de hacer daño. Raito me sonrió, deleitándose por mi terror cuando me caí en la base de las escaleras, aterrizando de cola al piso mientras sentía como si el corazón se me fuera a salir del pecho. Ayato y Subaru, quienes habían dejado de pelear, me observaron detenidamente mientras me ponía de pie y luego corría hacia las escaleras en un intento de escapar de Kanato. Me estaba sintiendo cada vez menos bienvenida a medida que transcurrían los segundos, el terror consumiendo la irritación que inicialmente me había dominado. Solo había estado allí por diez minutos, pero ya se estaba convirtiendo en un territorio peligroso y no quería nada más que alejarme de esos muchachos.

Abruptamente dejé de correr cuando algo bloqueó mi camino. Un par de ojos azules estaban observándome con detenimiento desde la planta alta. Un chico alto con la cabeza llena de rizos dorados, vestido con un suéter color beige y con una chaqueta tirada sobre los hombros, hizo que me parara en seco con solo una mirada. Me quedé congelada en el lugar a solo unos pasos de llegar arriba, incapaz de apartar la vista de esos ojos majestuosos. El chico apuesto me miró por un momento para después sonreír casi imperceptiblemente, como si estuviese disfrutando de mi tormento.

—¿Tienes miedo, mujer? —Inquirió.

—S... sí. —Tartamudeé, incapaz de determinar si era un amigo o enemigo. El joven rubio no dijo ni una palabra para cuando otro atractivo joven que llevaba lentes apareció a mi lado, acomodándose los anteojos y cruzándose de brazos. Siendo el único que no se veía amenazante, me dirigí hacia él, Kanato arreglándoselas para agarrarme de la punta de mi cárdigan y jalándome hacia abajo. Perdí el balance, luchando por recobrar el equilibrio cuando me fui para atrás y fallando desastrosamente cuando comencé a descender las escaleras de cabeza.

Estaba a punto de romperme el cráneo contra los sólidos escalones de mármol pero el chico de los lentes me agarró de la mano y abrúptamente paró mi caída. Mi corazón parecía estar corriendo una carrera para cuando miré hacia abajo, hacia la certera perdición con la que me habría encontrado a no ser por el joven. Sin embargo, era demasiado pronto para estar celebrando - Kanato me agarró de la otra mano, tratando de librarme del otro chico. Estaba atrapada en el medio de un juego de tirar la cuerda enfermermizo, cada lado tratando de jalarme hacia su dirección, resultando en un dolor insoportable. Sentí como me partirían al medio por la cruda fuerza de sus jalones.

—¡Deténganse! —Vociferé, mortificada. Ninguno de los dos parecía dispuesto a soltarme a pesar de mis esfuerzos por zafarme— ¡Me están matando!

—¿Ya están peleando por nuestra zorrita? —Raito canturreó desde la planta baja— Solo miren como grita para que alguien la ayude. Es como la presa que está a punto de ser devorada viva.

Finalmente, cuando parecía que me iban a rasgar en dos mitades, el rubio interrumpió la pelea, ordenándoles a los dos que me soltaran. Ambos obedecieron de mala gana y fui liberada de su tormento cruel, mi cuerpo dolía con una angustia física incontrolable. Sentí lágrimas calientes de humillación brotarme de los ojos mientras los chicos se entretenían con mi sufrimiento. Me rehusé a llorar, juntando el coraje suficiente como para fulminarlos con la mirada.

—¿Eres Fujimoto Sayumi? —Preguntó el rubio.

—Sí, lo soy, y creo que me iré ahora —dije— ¿Dónde está el hombre que se llevó mi equipaje? Me voy de este lugar.

—No te irás a ninguna parte —advirtió Ayato, de repente apareciendo al lado mío cuando segundos atrás estaba al pie de las escaleras—, la diversión solo ha comenzado... humana.

—Por primera vez, creo que estoy de acuerdo con Ayato —Raito remarcó en frente mío— Yo digo que nos divirtamos un poco todos, los siete. Aquí mismo.

Me agarró del cuello desde atrás, tirándome hacia él mientras me sonreía de oreja a oreja, revelando un par de colmillos punzantes. Ayato me agarró la muñeca, lamiendo la piel y sonriéndome con superioridad.

—Tu pulso se ha acelerado —comentó.

De repente me di cuenta con un sobresalto que estos no eran adolecentes ordinarios, si no vampiros. Siempre había dudado su existencia, creyendo que eran creaturas romantizadas por la mitología, pero ahora que me encontraba con sus amenazantes y brillantes ojos rojos, estaba comenzando a arrepentirme con cierta rapidez del haberme subido a ese vehículo misterioso. Al tiempo que Ayato y Raito mostraron los colmillos, preparándose para atacar, dejé salir un grito espeluznante.

Por favor, Dios, quien sea, ayúdenme...