Por fin un poco de libertad. El día era precioso, y era tan maravilloso deambular por la ciudad… seguida de sirvientes.

Sakura suspiró. Claro, era genial ser rica. A veces. Preciosos vestidos libros, joyas, jardines… Pero a veces todo eso se reducía a nada comparado a estar encerrada en una jaula de oro. No podía siquiera estar sola, excepto en su habitación o en la biblioteca de su casa. Cómo deseaba explorar y deshacerse de todas esas personas falsas que hablaban con ella sólo por el dinero. Claro, era halagador tener tantos admiradores, no sólo por ser bonita sino también por su sentido del humor e inteligencia. Pero era difícil poder distinguir entre los sinceros y los mentirosos.

Dejando todo eso de lado, ella decidió tratar de disfrutar su visita a la ciudad. No la dejaban salir todos los días, así que era mejor sacarle provecho. Y tenía a Naruto, su mejor amigo y escolta.

-Naruto, ¿qué es toda esa conmoción por allá? –preguntó Sakura.

-No lo sé, señorita Haruno, pero hay una gran multitud. No es seguro, podría perderse o peor.

-¿Cuántas veces tengo que pedirte que me llames Sakura? –preguntó ella, pretendiendo estar enojada.

-Millones y millones, pero...

-Pero nada. ¡O me llamas e Sakura o estás despedido!

Naruto palideció.

-¿No estás hablando seriamente, cierto? –preguntó, ocultando el miedo.

-Claro que no –rió Sakura-. Pero por favor, Naruto, eres mi mejor amigo. Si mi mejor amigo no me llama Sakura, entonces ¿quién lo hará?

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-Informame del rey –ordenó un hombre elegantemente vestido dentro de un carruaje.

-Es un prisionero ahora –informó otro hombre-. Pero tú, milord, eres aún gobernador. ¿Por qué esparcir las noticias? Podría causar un escándalo. Mantenga su fortuna y déje al rey a su propia guardia.

-¿Puedo hacerte una pregunta? –inquirió el gobernador-. ¡¿Estás loco?! ¿Crees que dejaré MI fortuna y MI gobierno sólo porque un viejo no pudo mantener su trasero en el trono? ¡Esto es mío y nada ni nadie me lo quitará! ¿Está claro?

Se cruzó de brazos y sonrió para sí mismo. Eso era ser directo y claro.

-Sí, milord.

El carruaje se detuvo. Ambos hombres pudieron escuchar la multitud que los esperaba, sea por la razón que sea.

La puerta se abrió y el gobernador Kabuto salió del carruaje, apoyándose de un chico desconocido que le ofreció su mano, y que después besó una enorme esmeralda en el anillo que llevaba Kabuto.

-Toma, mi súbdito –dijo Kabuto. Dándole al chico un par de monedas de plata-. Por tu lealtad a mí.

Luego, el chico desapareció.

El gobernador llegó a su pequeño pero elegante palacio, seguido por su informante. Fue directamente a su recámara. Buscó la llave que estaba segura en su bolsillo, o al menos eso pensaba. El bolsillo estaba completamente vacío.

-¿Dónde demonios está mi llave? –explotó.

-No hay necesidad de maldecir, milord. Usted es un caballero, ¿recuerda? –preguntó su informante-. Entonces, ¿de qué llave se trata?

-¡La llave que abre mi recámara y los documentos secretos, estúpido!

-¿Hay una llave de repuesto? –el informante suspiró.

-¡Claro que la hay! –rió Kabuto-. ¿Pero imaginas qué pasaría si las llaves caen en manos equivocadas?

-Haré que todos busquen la lleve. Tal vez aún sigue en el carruaje. Con su permiso... –él hizo una reverencia y comenzó a irse.

-¡Sai!

ÉL volteó y miró al gobernador, levantando una ceja.

-¿Sí, milord?

-Es tiempo de comenzar con el plan. Encárgate de que todo sea perfecto.

-Como desee, milord.

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-Bah, es sólo el gobernador –dijo Sakura con disgusto.

Ya lo había visto e incluso habló con él, y lo odió desde el primer momento.

-Vámonos, Naruto. Ese puerco ha arruinado mi día en la ciudad.

Sacó un pañuelo de seda justo a tiempo para cubrirse la nariz y la boca durante un estornudo.

El pañuelo voló por el viendo y Sakura y Naruto corrieron para atraparlo. Era seda fina después de todo.

-¿Es esto suyo, milady? –preguntó un muchacho muy apuesto, entregándole el famoso pañuelo.

-Oh, sí. Sí, gracias...

-Entonces por favor acéptelo de vuelta, milady.

Ni siquiera lo miró. El muchacho tomó sus manos y la miró a los ojos con tanta ternura… Tanta ternura y delicadeza que ella se sintió desnuda. ¡Y ni siquiera lo conocía!

Naruto los contemplaba desde cierta distancia. Y no le gustaba. El chico estaba demasiado cerca de Sakura en su primer encuentro, y él estaba vestido algo elegante, lo que significaba que tenía dinero y algo de educación. Un caballero no se comportaría de esa manera, y Sakura lo sabía, aunque parecía haberlo olvidado. Algo no estaba nada de bien.

-Creo, caballero, que es de cortesía darme su nombre –dijo Sakura, sin romper el lazo invisible entre sus ojos.

-Oh, no hay necesidad, mi bella damisela –dijo, y la besó suavemente por unos bellísimos segundos.

Naruto practicamente se desmayó y el misterioso muchacho desapareció en una elegante escapada.

Sakura fue dejada tan impreisonada que no podía moverse. Sólo tocó sus labios y se quedó mirando al vacío frente a ella.

-¡No puedo creerlo! ¡Tus padres me cortarán la cabeza! –Naruto la tomó del brazo y la arrastró directo al carruaje. A casa.

Sakura ni siquiera respondía. Su mente aún estaba en ese beso. Recrordó el pañuelo de seda en su mano. No era de ella. Era blanco, cuando el de ella era de un rosado pálido, y tenía algo rojo, pero no podía verlo con tanto movimiento.

-¡Me comerán vivo...! –Naruto seguía hablando de las mil y una formas en que los padres de Sakura lo torturarían cuando se enteraran.

-¡Naruto! –exclamó Sakura.

-¿Qué? –preguntó desesperado.

-¡Tengo que encontrarlo!