la fe resucitada en Slifer
Amores que se reencuentran
Su cabello se encontraba; desordenado y alborotado, sus ojos estaban serios y desconcertados. Lo que ahora se venia era una gran prueba de valor y valentía. Había sido rechazado antes, era la hora de enfrentarse con todos aquellos que le hicieron daño, todos aquellos que lo habían humillado, iban a pagar por todo el sufrimiento que había pasado en esos cinco años desperdiciados de su vida. Sin antes poder hacer nada, sin poder defender a sus seres querido, ni a su....Amada. Este era el momento perfecto, su momento de demostrar la valentía que había concebido en esos años de penuria y rechazo.
Se paro firmemente, apretando sus manos con fuerza, una mueca de desagrado y rencor se dio a conocer en su rostro. El joven príncipe nunca acepto el rechazo, así que era su momento de salir y responder a tal atrocidad del pasado.
Prefería cualquier cosa, antes de volver a conocer de nuevo la soledad. Su corazón seguía impregnado en el momento de su destierro.
-esta vez no aceptare un rechazo- dijo con seriedad. -Es momento de darme a conocer-
-entonces significa que estas preparado- dijo Slifer.
-mas que eso Slifer. Pagara mi primo por todo lo que ha hecho-
-entonces, ven súbete a mi espalda, es hora de partir hacia la tierra-
Atem obedeció a lo que dijo, sintió la piel escamosa, y la fuerte brisa que hacia al descender a la superficie. Cerraba un poco sus ojos, ya que la brisa hacia que le doliera ver a su alrededor. Pudo abrir completamente sus ojos al observar que estaba a pocos metros de la arena de Egipto.
Ya habían descendido, estaba en frente de Egipto, veía y sentí otra vez la arena en sus pies, el calor lo sofocaba un poco, se había acostumbrado al aire del inmenso cielo. Se sentía un poco nervioso, al saber que se enfrentaría de nuevo a su pasado, tomo un poco de aire y lo botaba lentamente.
-es hora Atem- lo veía fijamente a los ojos. - ¿Crees poder hacerlo solo?-
-eso espero- decía con desanimo.
Su mirada se concentro en la arena, como si hubiera algo interesante de ver. Camino lentamente hasta la entrada de Egipto, vio sus pasos vacilar por un momento, pudo percatar la nostalgia de volver a su origen de nacimiento. Cerro sus ojos sintiendo la brisa helada, aunque el sol estuviera en su mayor esplendor, sentía frió y miedo...
Abrió sus ojos, y entro con toda la seguridad del mundo, las personas se quedaron atónitos al ver de quien se trataba, algunos botaron las cosas que cargaban, otros simplemente se quedaron observando cada cosa que hacia el joven príncipe.
El príncipe se paro en medio de toda la multitud que lo había seguido, tenia una mirada fría y seria, sus pupilas dilatadas. Se encontraba firme ante lo que iba a decir.
-eh vuelto pueblo de Egipto- lo dijo casi gritando, para que todos escucharan.
-has vuelto- rieron algunas personas.- ¿Y para que?-
-¡para que!, para abrir sus ojos de la mentira- se exalto con lo último.
-el único que nos mintió, fueron tú y tu maldito padre-
-han sido engañados, mi primo quiere dar nuestras tierras a Roma-
-¡él no nos haría eso!- gritaron algunos.
-¿Como explican que Roma este involucrado en nuestras leyes?, ¿Acaso están ciegos?-
-tiene razón...- dijeron algunos.
-Si quieren vayan al palacio y encontraran algunos sirvientes Romanos-
-tendremos que comprobar- decían todos, poniéndose de acuerdo.
A lo lejos se oyeron pasos de caballos acercándose.
-son los guardias del faraón- decían.
Todos comenzaron a correr, Atem no solo había llamado la atención de su pueblo, también de los guardias de Egipto.
-¿Acaso ese es el príncipe?- dijo uno de los guardias.
-¡imposible!, es mejor que lo llevemos a donde el faraón Seto-
Atem intento escapar, sus pasos eran rápidos y minuciosos a la vez.
-!no lo dejen escapar!- grito el guardia.
Logro escapar de los guardias egipcios. Le faltaba el aire, su espiración era muy lenta y sus piernas le dolían, no sabia en que lugar estaba, pero con tal de estar lejos de esos guardias estaría bien.
Se sentó por un rato, hasta que se calmara su respiración por completo. Estaba a punto de convencer a todo su pueblo, por culpa de esos guardias no pudo. Estaba decepcionado por aquello.
El hilo de su pensamiento fue interrumpido por una voz femenina, del cual lo llamaba con una voz baja, casi no se escuchaba.
-Atem...- susurro la joven.
-Mana...-contesto el.
-¡eres tu!- dijo Mana
-¿Que haces ahí?-
-luego te explico, ayúdame a escapar, mira dos de los barrotes están casi suelto-
-deja ver si pueda sacarlos-
Con mucha fuerza Atem pudo sacar los dos barrotes de la celda, ahora si sabia donde se encontraba. Estaba en frente de las celdas de los ladrones, pero...¿Que hacia Mana ahí?
-¿Puedes salir por ese estrecho espacio?- al estar tanto tiempo en la celda, la hizo tener una figura más delgada
-Claro que puedo- le guiño el ojo.
Por fin se encontraba con la persona que mas amaba...Puso una mano en su rostro y acaricio su mejilla dulcemente, se acerco un poco más cogiéndola por la cintura, sus labios se encontraban tan cerca que no aguantaban la sensación de estar juntos, fue un beso apasionado. La lengua de Atem se encontraba explorando toda esa cavidad húmeda, hasta que se encontró con la de ella, sus labios se movían rápidos y sigilosos. Mana paso sus dos manos por el cuello de Atem.
La mano de Atem descendía hacia uno de los muslos de Mana, haciendo movimientos suaves y en forma circulares, poco a poco subían hacia su parte mas intima.
Hasta que todas esas sensaciones y acciones fueron interrumpidas, por unos de los guardias que se percato de Atem, dejo de besar a Mana para inducirle que corrieran.
-!corre Mana!-
-¿Atem que sucede?-
-luego te diré, solo corre-
Corrieron hacia las afueras de la entrada de Egipto, perdiéndose en el inmenso desierto, donde no aguantaban el calor.
La noche estaba a punto de caer y habían perdido todo rastro de los guardias.
-Atem, ¿Que paso aquel dia?- decía un poco insegura con su pregunta.
-ese día...Comenzó mi sufrimiento- decía con resignación.-El pueblo había pedido mi destierro, ni los Sacerdote ni los Escribas me dijeron las razones, tampoco me apoyaban y me dejaron a mi suerte. Primero me dieron a elegir que me vaya por mi cuenta, o si prefería que los guerreros me escoltaran muy lejos de Egipto, decidí irme por mi cuenta. Pase años deambulando por Egipto, comía lo que botaban y rara vez me bañaba, me encontraba en una situación deplorable, fui humillado. Todo fue culpa de mi tío...
-si todo eso te paso....¿Como ahora estas limpio y con vestimenta de seda?- arqueaba una ceja.
-Aunque no lo creas, conocí a Slifer-
-¡Atem acaso te volviste loco!-
-te estoy diciendo la verdad Mana-
-nadie te creería una historia como esa-
-pero...- interrumpió lo que iba a decir.
-deja de mentirme-
Mana se enfado con Atem, se viro y no lo miro. Se acostó en la árida arena.
-no me hables hasta que me digas la verdad- fue lo último que menciono Mana antes de quedarse dormida.
Mientras que en el palacio se encontraban los guardias hablando con los Sacerdotes y los Escribas. Uno de los escribas del faraón Seto era Calixto, era mas bien su mano derecha, el nunca lo había defraudado.
-Sacerdote, necesitamos hablar con el faraón-
-¿de que?- dijo uno de los sacerdotes.
-del príncipe de Egipto-
-!lo han visto!- dijo exaltado Calixto.
-si señor-
-¿donde?- preguntaba Calixto con aire de preocupado
-déjalos que pasen hablar con el faraón- decía uno de los sacerdotes.
-pasen- dijo Calixto, preocupado por la reacción del faraón Seto.
Ante la presencia del faraón se arrodillaron y miraron fijamente el suelo, todo el tiempo.
-Faraón Seto, sentimos interrumpirlo-
-que a pasado- dijo con frialdad.
-hemos visto al príncipe de Egipto-
-!que!- dijo casi gritando.- ¿Lo han capturado?-
-no pudimos...También se llevo a Mana-
-!como pudieron ser tan incompetentes, y dejar que esto pasara!- estaba exaltado, los miraba con odio y fastidio.
-quiero que los busquen, tráiganlo vivo, junto con Mana, y no se atrevan a tocarla-
-si Faraón Seto-
Seto se levanto de su trono, se fue acercando hacia ellos con una espada. -O si no... Morirán- tenia una maléfica riza en sus labios
Atem intentaba levantar a Mana.
-¡Mana despierta!-
-!¿Que quieres Atem?!-
-mira...-
Mana abrió los ojos lo mas que pudo. Su respiración se aceleraba, era algo imposible lo que sus ojos veían. Era Slifer el "dios" del cielo. Llevaba en su rostro un poco de arena, que se la fue sacando rápido, se paro y se arrodillo ante Slifer.
-perdón, perdón...- decía con lágrimas en los ojos.
-¿por que pides perdón Mana?- pregunto Atem un poco desconcertado.
Mana agarro la mano de Atem, e hizo que se inclinara ante Slifer.
-perdóneme, no creí que Atem dijera la verdad-
-Mana, para decir eso no necesitabas arrodillarte- decía Atem riendo.- Slifer y yo somos muy buenos amigos.
-no verdad Slifer-
-claro Atem-
Cuando contesto Slifer, Mana se ruborizo por completo, sus ojos no podían creer lo que veían, pensaba que su mente le hacia una mala jugada. Pensaba que aun se encontraba en la celda y que todo esto era un sueño.
-esto es un sueño, esto es un sueño, esto es un sueño- se repetía cerrando fuerte sus ojos.
-Mana esto no es un sueño- decía Atem riendo un poco mas.- Ven toca a Slifer y compruébalo-
-!no me atrevería hacer eso!-
-vamos no pasara nada-
Mana caminaba lento hacia donde se encontraba Slifer, acercaba su mano con mucha cautela, hasta que sintió la piel escamosa de este, algo electrizante recorría todo su cuerpo. Ahora estaba segura que Atem no estaba loco, y que decía la verdad.
Una vez comprobando toda su duda, se lanzo abrazando a Atem.
-Decías la verdad- tenía una sonrisa en su rostro.
-claro que si, nunca te mentiría- le correspondía el abrazo.
-creo que ahora que están juntos, deben hacer que su pueblo vuelva a manos del verdadero faraón de Egipto- dijo Slifer.
-tienes razón Slifer, no te defraudaremos, nosotros haremos nuestro mejor esfuerzo- dijo mana con una amplia sonrisa y felicidad en su rostro.
-pero...A esta hora Seto ya a de saber de nosotros, a de querer arruinarlo todo- decía Atem un poco preocupado.
-Atem, solo debemos confiar en que todo saldrá bien- guiño el ojo Mana.
-Atem esta es una lucha, donde la fe debe de ganar- Slifer se notaba serio ante sus palabras.
-entiendo- dijo Atem
-tengo un plan- dijo Mana.
-¿Un plan?, ¿De que trata?-
-eso lo sabrás cuando Ra alumbre en la mañana-
Pasaban las horas y Mana seguía pensando en su ingenioso plan, sabia que tal vez eso los ayudaría o tal vez pondría la vida de ella y de Atem en peligro. Una vez llegado el amanecer, Atem y Mana se indujeron a la entrada de Egipto, sabía que estaba rodeada de guardias y guerreros por todas partes.
-Atem, llamare la atención de los guardias, cuando eso pase tendrás tu oportunidad de hablar con los egipcios-
-¡Mana me rehúso a perderte de nuevo!- tomo la mano de Mana
-calma, yo estaré bien-
-pero...-
-Solo confía en mi- beso dulcemente los labios de Atem, despidiéndose nuevamente de el.
Mana salio corriendo, los guardias la perseguían, era el momento en que Atem captara la atención de su pueblo.
-pueblo de Egipto, no me iré hasta que me escuchen-
-es el príncipe....-mencionaron las personas.
-¿que es lo que quieres?- dijo un señor que ya estaba en su tercera edad.
-hablar...- dijo Atem con una voz baja.
-entonces dinos, lo que tienes que decir, y después lárgate-
Atem estaba enfadado, sabía que tenia que tener calma.
-Como les e dicho ayer, Seto esta de parte de nuestros enemigos. Debemos librarnos de ellos. Necesito su apoyo-
-¡no podemos creerte!- decían las personas.-¡Danos pruebas!-
Atem pensaba en que prueba darles, pero en su mente nada estaba claro. Sabia que no le podía fallar a Slifer y mucho menos a Mana, no era una opción rendirse.
Las personas comenzaron a mirar el cielo, abrieron un poco sus labios en forma de O. Cada vez su sombra se iba acercando, no era una ilusión como comenzaron a creer.
Todos se arrodillaron ante la majestuosidad de ver a Slifer, el dragón de los cielos, no dudaron un segundo mas en lo que decía Atem.
-perdones príncipe Atem, tenga piedad de nosotros Slifer- comenzaron a pedir perdón, arrodillados y con la cabeza agachada. El único que podía mirarlo de frente era el príncipe.
Estaban todos de rodillas, asombrados de lo que sus ojos habían visto.
-necesito de su ayuda, para librarnos de lo que Seto a echo-
-usted tiene toda nuestra ayuda, los "dioses" están de su parte, y no podemos desobedecerlos-
-no le fallaremos, príncipe de Egipto, y "dios" Slifer-
-¡Atem corre!- gritaba Mana.
-pueblo de Egipto, los esperare de nuevo aquí, mañana al ocultarse el sol-
Los guardias pararon de lo asombrados que quedaron al notar a Slifer, aprovecharon para huir, Slifer lanzo fuego para que no pasaran de ahí. Los guardias quedaron asustados ante su poder.
-creo que esto de estar huyendo se esta volviendo rutina- reía Mana con singularidad.
-por lo menos siempre logramos escapar- menciono Atem serio.
-¿por cierto como conociste a Slifer?- ante la pregunta de Mana, Slifer se echo a reír.
-Cuando Atem me conoció se desmayo de la impresión- dijo Slifer un poco divertido.
-eso no fue así- dijo Atem, un poco sonrojado en las mejillas.
-¿En verdad te desmayaste Atem?-
-pues si...- Mana rió como nunca, se imaginaba la escena y el rostro de Atem pálido de la impresión.
-¡Mana ya deja de reírte de mi!- dijo Atem enojado con ella.
-es que no puedo creerlo, me suena muy gracioso, ni yo me desmaye al verlo-
Se notaba que Mana y Slifer disfrutaban reírse de lo que había sucedido, a Mana solo le faltaba llorar y respirar un poco. Mientras que el joven príncipe se sentía avergonzado y ruborizado por todo eso.
-¿Que plan tienes para mañana Atem?- decía Mana, intentando respirar y relajarse un poco.
-armar los grupos, para tomar posesión del palacio-
-ya veo...- por fin pudo calmarse.- Eso demorara tiempo-
-si, lo se, pero es mejor que ir solo yo, además tendremos más oportunidades de salir victoriosos-
-es mejor descansar Mana-
-cierto, ¿Slifer tu donde dormirás?- dijo Mana
-subiré al cielo por un rato, vendré cuando los rayos de Ra alumbren todo el lugar-
Atem abrazo a Mana durmiendo así con ella, no tenia frió, al estar cerca de ella sentía calor. Como la había extrañado todo ese tiempo, había rogado a sus "dioses" para volver a verla, y ahora se encontraban juntos, y abrazados en la estrellada noche en la arena, lejos de todos.
En el palacio nada iba bien, las malas noticias comenzaron a rondar, y el faraón estaba completamente eufórico. Hasta que lo último que se entero no fue nada agradable y gracioso a su parecer, y no permitiría que se burlasen de el.
-faraón, hemos visto a Slifer-
-¡Acaso se están burlando de mi!- se notaba furioso ante los guardias del palacio.
-¡pero no es una mentira!- contesto un guardia muy joven, alzando su cabeza y viendo directamente a los ojos del faraón. Se quedo hipnotizado ante su belleza y lo contemplaba. El faraón era muy atractivo a su parecer, y sus ojos, sus ojos eran el mismo cielo que hacía que se perdiese y volara. Pero todos sus pensamientos fueron interrumpidos por el faraón.
-acaso te atreves a verme a los ojos- dijo Seto cogiéndolo del cuello.
-lo si...- no podía respirar, Seto lo sujetaba duro. Lo tiro al suelo, intentaba respirar y se quedo inconsciente.
-mas les vale que no vuelvan a poner excusas ridículas o acabaran como el-
-si faraón- dijeron los guardias, abriendo los ojos por la impresión.
-quiero al príncipe y a su novia, mas les vale que me los traigan o no regresen a Egipto-
Esa última advertencia hizo que temblaran de miedo. Salieron del lugar lo más rápido que pudieron, sabían que su gobernante era malo, pero llegar a tal extremo le erizaba la piel a cualquiera.
Aclaraciones: los que no saben quienes eran los Escribas; consistía en transcribir las órdenes, anotar y controlar, en general, las actividades económicas (también eran los consejeros del faraón).
Los sacerdotes: cumplían muchas tareas; alimentar a los dioses, limpiar el templo, llevar la barca del dios los días festivos...Algunos, leían los textos sagrados, los sacerdotes astrónomos debían calcular la hora de los rituales. Los sacerdotes seguían unas normas de convivencia y aseo muy estrictas.
Se lavaban con agua del lago sagrado, que estaba junto al templo.
Los Guerreros: pues eran como los militares en nuestra época actual.
Sayori Sakura: uff..Por fin acabe el segundo capitulo, en verdad siento la demora, pero no sentía inspiración y los pocos reviews me desanimaban. Pero de igual forma agradezco los 2 reviews anteriores. Espero y esta vez pueda obtener mas reviews, bueno mis queridos lectores y lectoras sin nada mas que decir me despido.
¡Sayonara!
