Midsummar
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"I am not what you have waited for"- Katatonia.
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Se quedó de ver con Camus en la estación de autobuses de Vasagatán para abordar el que los llevaría hasta el hogar de Afrodita en la ciudad de Västeras al norte de Estocolmo. Trataba de tener la mente en blanco pero el mensaje que le dejo June lo tenía intranquilo y, no quería reconocerlo, pero con algo de miedo por la decisión que ella hubiera tomado.
Pareciera que la situación se había vuelto en su contra como si se tratara de una venganza de la vida.
—A veces lo que uno desea se puede cumplir sin quererlo realmente… —pensaba con tristeza.
— ¿Has considerado algo de lo que hablamos Milo?
—Si pero no quiero hablar de eso ahora mismo, mejor cambiemos el tema o no hablemos de nada en concreto, la verdad tengo muchas cosas en la cabeza —respondió cansado.
—De acuerdo —Camus no dijo más y se metió en sus asuntos.
Su amigo se colocó los auriculares y puso la música que tenía en su teléfono móvil perdiéndose en sus listas de reproducción mientras Milo solo miraba por la ventana la carretera enfocando su atención en el montaje de la sesión de fotos que le había encargado su amigo y tratando de olvidar que debía llamar a June antes de que el día terminara.
Estaba considerando arreglar las cosas con June a su modo pero debía esperar a escuchar lo que la joven tuviera que decirle, debía escucharla con atención sin precipitarse aunque le aterraba el discurso que le tenía preparado pero tampoco quería dejar todo así nada más. En ese momento se arrepintió de no haberlo analizado unos días antes de que todo empeorara.
Al llegar a la estación Central se encontraron con Afrodita quien estaba feliz y jovial reuniendo al grupo que pudo ir a visitarlo. En realidad el otro presente solo era Shura quien iba acompañado de su pareja pero estaba feliz de ver a sus viejos colegas.
—Pensé que seríamos más los invitados —comentó Camus algo decepcionado por no ver a un grupo más grande.
—Yo convoqué a los doce pero la gran mayoría me cancelaron —comentó Afrodita encogiéndose de hombros—, parece que les resulta muy complicado venir hasta acá y lo entiendo. De hecho creí que también me cancelarías Milo.
—Para nada —respondió el joven esbozando una sonrisa—, hice un compromiso contigo y no lo desharía así nada más.
Tras abrazarse efusivamente los cuatro se pusieron en marcha en la camioneta que había llevado en anfitrión en medio de risas y bromas que lograron que Milo dejara sus problemas de lado.
La casa de Afrodita se hallaba no muy lejos de la estación del tren, vivía en una calle tranquila cerca de los bosques a donde llevaba a jugar a su hija por las tardes acompañado de Shaina, su mujer, a quien sus colegas se sorprendieron mucho de ver. Iba con vestido y zapatos algo altos, se le vía muy femenina y maternal además de que era buena amiga de la pareja de Shura, ambas parecían conocerse de mucho tiempo.
A Milo le costaba reconocer que incluso personas tan desagradables como ella pudieran llegar a cambiar tanto pero ahí estaba la muestra. Como que había dejado su estilo de vida para adaptarse a su situación familiar sin chistar u oponer resistencia ya que la joven se veía visiblemente feliz y realizada.
Shaina ya tenía la mesa lista para comer con platillos de temporada y especiales de las fechas; salmón, arenque, salsa de arándano, huevos cocidos, papas y albóndigas suecas estaban entre el menú del día. Además de las tradicionales coronas de flores y las bebidas especiales de temporada. Habían montado todo en el jardín trasero de la casa, la mesa tenía un sencillo pero elegante mantel y estaba puesta una vajilla muy simple de plástico pero que se veía de buena calidad.
—No quiero parecer vanidosa pero yo preparé casi toda la comida, asistida por mi marido claro —le guiñó un ojo a Afrodita quien sonrió con complicidad—. Espero que les gusté, adelante por favor.
Milo preparó su cámara profesional para captar cada momento del día no tanto como parte de la sesión de fotos programada sino para tener recuerdos de ese reencuentro con sus colegas quienes charlaron alegremente poniéndose al día con sus vidas; en realidad, fue Afrodita quien acaparó toda la conversación narrando como fue que se reencontró con Shaina, como se conquistaron y dieron el siguiente paso.
—Ha sido la mejor decisión que he tomado —concluyó dejando un beso en los labios de su pareja.
Todos aplaudieron a la conmovedora historia menos Milo quien trató de esbozar una sonrisa algo torcida pero no podía entusiasmarse más porque aquel relato lo hizo sentir culpable, en realidad todos sus amigos narraban historias que tenían un gran final menos la suya y no tenía idea de cómo iba a concluir todo.
Había caído en la cuenta de que todos habían dado felices el siguiente paso menos él, incluso Camus lo hizo con convicción hasta que su relación terminó meses atrás. Miro el reloj y ya pasaba del medio día, tenía que llamar a June pero intentaba pensar en otras cosas para no precipitarse y llamar en ese instante. No estaba listo para escucharla, no sabía cómo iba a reaccionar y todavía no quería imaginarse los posibles escenarios.
—El que realmente me sorprende es Milo —comenzó a decir Shura—, quien diría que terminaría siendo el que tiene más hijos.
—Es cierto, tiene dos y contando.
Voltearon a verlo esperando que dijera algo entusiasta al respecto, pero solo se encogió de hombros sonriendo y tratando de evadir el tema lo más que pudiera pero todos esperaban algún comentario de su parte. Incluso Camus lo observaba curioso esperando su respuesta.
—Pues… que puedo decir, los hijos solo vienen y ya.
Empezaron a reír al comentario pero Milo no se sintió aliviado sino que creía que la vida le estaba devolviendo lo malos pensamientos que había tenido respecto a su familia y con creces. Si aquello no era la viva muestra de que estaba por cometer un error no habría nada más que lo hiciera cambiar de parecer.
Después de la deliciosa comida se pararon y fueron a la parte donde todos los vecinos se estaban reuniendo para bailar alrededor de la cruz de Mayo que se alzaba a pocos metros de ellos. La imponente estructura de madera estaba decorada con plantas y flores. Era la primera vez que Milo veía algo así y no perdió oportunidad de captarlo todo.
El ambiente que se había hecho entre la música tradicional, las risas de los niños que corrían alrededor de la cruz de Mayo habían hecho aquella tarde algo realmente especial y en ese momento Milo y Camus intercambiaron miradas que expresaban lo mucho que lamentaban estar solos en fechas como esas.
—A mi hija le habría encantado todo esto sabes —Camus lo dijo con gran pesar mientras su colega solo lo miraba con tristeza sin saber qué decir o sin saber cómo expresar lo que sentía —, haré lo posible por retomar el contacto con ella sabes.
— ¿De verdad?
—Sí, empezaré a planear un viaje a Siberia para rastrearles la pista, alguien debe saber algo de las dos —se le veía muy optimista y contagio ese sentimiento a Milo aunque fuera por un momento.
—Me gustaría escuchar cuando la hayas encontrado.
—Te mandaré una postal como señal de mi reunión familiar, ¿de acuerdo?
—Muy bien, más te vale hacerlo porque la estaré esperando.
El lugar que Afrodita había elegido para su sesión fotográfica familiar fue simplemente la sala de su casa, Milo observó con cuidado el lugar pensando cómo podría lograr una composición perfecta con los elementos a su alcance y la luz de la tarde. Sin perder tiempo montó el equipo que tenía preparado para la ocasión.
Noto como su colega lo miraba sorprendido montar el tripie, la cámara y los rebotadores de luz. Le gustaba que lo observaran hacer su trabajo; en ese momento le llegó a la mente las veces que su hija lo observaba muy atenta y le preguntaba para qué servía cada cosa que montaba. No se dio cuenta que lanzó un largo suspiro desde lo profundo de su persona.
— ¿Estás bien?
—Sí, no pasa nada.
— ¿Estás seguro? Te he notado raro desde la comida. No quería preguntar en frente de todos pero creo que las cosas no están bien en tu vida. ¿Me equivoco?
—Es correcto pero no he querido pensar demasiado en eso —Milo trató de enfocar su atención en lo que hacía sin darle mucha importancia a lo que preguntaba Afrodita o al menos lo intentaba.
— ¿Son problemas en casa?
—Así es —Milo analizó a su amigo y enseguida soltó la pregunta—. Dime una cosa: ¿cómo es que has logrado compaginar tan bien tu vida al lado de Shaina con las cosas que te gusta hacer?
Notó que su amigo lo miraba sorprendido. Milo se dio cuenta de que sus problemas eran de fácil comprensión para todos menos para él; pareciera que Afrodita sabía exactamente qué iba a preguntarle y parecía tener lista la respuesta.
—Imagino que te es difícil hacer las cosas que te gustan con una familia tan grande sin que una cosa se traslape con la otra, ¿verdad? —respondió sonriente.
—Si… creo que se me nota a simple vista —sonrió con algo de ironía y tristeza—, creo que soy algo egoísta y no medí que tan grande sería la responsabilidad de una familia. Me siento como un tonto y estoy atorado buscando la mejor solución sin afectar a nadie.
—Espero que te estés refiriendo a volver a casa y arreglar los problemas de forma honesta y madura.
—Lo es.
—Escucha Milo, creo que no tengo que recordarte que el estar con alguien significa hacer planes entre dos así como resolver los problemas entre ambos. Tienes problemas porque la relación está desequilibrada hacía un lado. Por lo que alcanzo a entender tu tema es simple: amabas tu vida de soltero y te ha costado mucho dejarla ir.
—Así es…
—Imagino que tus problemas con June se deben a que ella siente que está dando de más en la relación y tiene la idea de que a ti no te importa y estás muy cómodo dejándola a ella a cargo de todo. ¿Me equivoco?
—Me leíste la mente —Milo estaba sorprendido por lo bien que lo conocían casi todos sus colegas, parecían leer cada pensamiento suyo pese a que él revelaba muy poco de sí mismo—. June suele decir algo así todo el tiempo: que ella siempre da el primer paso, que si no es por ella no resolveríamos los problemas, etc…
—Necesitas poner más de tu parte y demostrar que las cosas te importan. Esa es la clave del éxito. Mi relación con Shaina ha sido todo un reto, ella no es una mujer fácil sabes pero eso mismo ha hecho que las cosas valgan la pena.
Lo llevó hasta la pared de la sala donde estaban colgadas las fotos familiares que Milo observó con gran interés. Mostraban lo que ellos consideraban sus momentos más importantes y si había algo que él entendía bien eran los sentimientos capturados en esas imagenes y lo que significaban para la pareja. Desde el interior de la casa miro hacia afuera y vio a Camus y Shura felices mirando a la hija de Afrodita desde la ventana podía ver con claridad los sentimientos que la niña evocaba en Camus así como en Shura, no necesitaba ser adivino para leer los rostros de sus amigos.
—Soy pésimo haciendo fotos como te dije —la voz de Afrodita llegó desde lejos y lo trajo de vuelta a la realidad—, he visto tu trabajo y tengo que reconocer que nos encanta.
—Gracias por el comentario, haré lo mejor que pueda.
Concentró su atención en preparar la composición de la imagen, acomodó todo su equipo tal y como lo visualizo para lograr el efecto de luz deseado y pidió a su colega que trajera a su familia para comenzar la sesión. Camus y Shura entraron curiosos a ver a su amigo trabajar.
El escenario fue la sala de paredes azules con las fotos familiares de fondo y el sillón blanco donde los sentó a todos pero Milo no quería capturar exactamente el fondo sino que ajustó la lente para que este se perdiera entre el azul de la pared y enfocar la atención del espectador en los protagonistas.
Shaina se arregló lo mejor que pudo y vistió a la niña con un atuendo azul, un vestido que resaltaba sus ojos azules y el color de su cabello; Milo noto que era idéntica a su papá, la pequeña tenía el color de ojos de Shaina pero el cabello de Afrodita así como su lunar característico. Los dos se sentaron en el sillón con la niña en medio y Milo hizo lo que mejor sabía hacer: hablar para que sus sujetos se relajaran y pudieran sacar sus mejores poses.
—lo hacen bien, todo se ve muy natural y es la primera vez que fotografío a una niña tan pequeña que no llora todo el tiempo —Milo iba de un lado a otro haciendo capturas en ráfaga con su cámara, acomodando el cabello de uno u otro de vez en vez y pidiendo que se movieran un poco a la derecha o izquierda.
—No conocerás a una niña mejor portada que la nuestra —Shaina respondió con orgullo como solo ella sabía sacando una sonrisa a los presentes abrazando con efusividad a su hija quien sonreía de oreja a oreja.
Milo sentía la mirada de sus amigos y escuchaba comentarios como "Es impresionante como manipula la cámara", esos comentarios le elevaron el ánimo y se esmeró aún más para lograr el mejor resultado posible. Lo siguiente fue una sesión de tomas más de cerca de los padres por separado cada uno con su hija en brazos se ayudó con el tripie para mantener la cámara fija esperando todo el tiempo que la niña no fuera a llorar.
La decoración de la casa así como sus habitantes le dieron un ambiente como pocas veces había visto ya que, la mayor parte del tiempo, sus sesiones eran estudio con montaje de muebles y objetos que no le daban mucha vida a las sesiones pero aquella era especial porque en esa casa se respiraba calor de hogar.
Tardó un total de tres horas que se fueron como el agua. Por mucho aquella estaba siendo la mejor sesión de trabajo que había tenido en mucho tiempo.
—He terminado, las editaré en estos días y espero tenerte las fotos finales para la siguiente semana.
—Tienen que quedar perfectas, ¿entendiste? —sentencio Shaina en broma mientras llevaba a la niña a su habitación.
Los demás rieron al comentario y comenzaron a bromear al respecto mientras Milo guardaba con cuidado todo su equipo, tan solo se limitó a observar a sus amigos y no pudo evitar sacar nuevamente la cámara y hacer una sesión de esos momentos sin que ellos lo notaran. Todo era natural sin ensayos previos ni pruebas de luz ni nada; tan solo un grupo de colegas que se reunían en la casa de uno de ellos tras muchos años sin verse.
—Vamos a tomar café, apenas está anocheciendo y nos encantaría que se quedaran un poco más —Afrodita los invito cordialmente a pasar un par de horas más en su casa mientras Shaina y su amiga Geist sacaban las tazas y ponían agua a calentar.
Todos aceptaron gustosos mientras tocaba el turno a Shura de narrar sus andanzas al lado de su novia con quien llevaba bastante tiempo saliendo y ya vivían juntos con planes de casarse dentro de poco tiempo.
—Les estaremos haciendo llegar las invitaciones en estos días —comentó ella ayudando a Shaina con el café—, queremos hacer una ceremonia sencilla pero parece que Shura no podrá hacerlo si sus viejos amigos no están presentes.
—Sí, quiero que estén todos —añadió él sonriente y visiblemente enamorado—, debo decir que aunque no vayan me casaré pero, de verdad, quiero que asistan y ya que estás aquí Milo y vimos tu magnífico trabajo nos gustaría… bueno, no quisiera que sonara como que solo te invito por trabajo pero... —no sabía cómo terminar la oración y menos con Geist riendo alegremente.
—No te preocupes —respondió el joven adelantándose a la petición—, creo saber que me quieres decir y claro que te haré la sesión de bodas, será un honor.
—Gracias, mándame los precios por correo.
Todos rieron mientras bebían el café alegremente hasta bien entrada la noche.
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I think our love
I'll let it pass
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Milo regresó a Estocolmo esa misma noche junto con Camus sabiendo que en cuanto llamara a June estaría metido en más problemas por haber olvidado llamarla durante el día y dejarlo hasta último minuto. Le había dado otro motivo más a la joven para estar furiosa con él y, tal como decía Afrodita, sería ella quien diera el primer paso en cualquier decisión que hubiera tomado. No quería llamarla con Camus a un lado así que se levantó recorriendo el tren revisando si había algún vagón más o menos vacío para hablar sin pena.
Miro el reloj y eran más de las once. No quería llamar tan tarde pero sería peor si no lo hacía. Buscó el número de ella mientras el corazón le latía con fuerza y marcó. De verdad esperaba que ella estuviera dormida y él solo tuviera que dejar un mensaje de voz indicando que había cumplido con llamar.
—Milo, ¿dónde estás?
—Hola June, estoy donde te dije en Suecia con unos amigos en una sesión de trabajo.
— ¿Cuándo volverás? Me gustaría que hablemos en persona.
—Estaré en casa en unos dos días —respondió sin más y casi sin darle importancia.
— ¿Has pensando en todo lo que paso, te has dado el tiempo para considerar las cosas?
—Sí, bueno… más o menos —cada que hablaba con ella todo terminaba en drama ya lo podía anticipar— ¿tú cómo estás?
—Yo si he tenido tiempo para pensar Milo y no quisiera tener que tomar alguna decisión de la que después me arrepienta pero… a veces creo que no me dejas otras opciones.
— ¿A qué te refieres?
—Pues… deje la casa ayer. Me vine a otro lado con los niños.
— ¿Qué, por qué hiciste eso? —trató de no levantar la voz pero no podía con la impresión de lo que ella estaba diciendo.
—No sé si aún tengo fe en ti —dijo con voz ahogada, estaba empezando a llorar—, yo pensé que éramos felices y que las cosas estaban bien pero tú siempre pareces estar en otro lado muy lejos de mí.
—Por favor, sabes que eso no es cierto —esta vez respondió ya molesto por sus resoluciones sin considerarlo.
—Tuve que tomar una decisión por ahora pero me gustaría hablar contigo personalmente.
—A mí también porque no es justo lo que estás haciendo.
— ¿Justo? —ella cambio el tono y ahora se escuchaba entre molesta y sorprendida—Te diré lo que no es justo: que te desaparezcas por días porque no estás dispuesto a compartir las responsabilidades conmigo, para ti es más fácil evadirme y culparme cuando las cosas están mal en vez de intentar solucionar los problemas.
—Eso no es cierto —Milo intentó defenderse pero no tenía nada que decir, June estaba en lo cierto y él carecía de argumentos para defenderse—, sabes bien que si tengo que irme es por trabajo, si no lo hago no tendríamos dinero.
—Quisiera creerte sabes —June se oía triste y decepcionada al otro lado de la línea, Milo no quería reconocer que la joven tenía razón.
Sus viajes por trabajo era la mejor forma de evadir la realidad que ahora tenía en los hombros; que ya no era el joven libre que era sino un padre de familia que debía estar cuando sus hijos lo necesitaran.
—Eres muy egoísta Milo, solo pensando en ti y en cómo te afectan las cosas pero jamás te detienes a preguntarte como afectan tus acciones a los demás. Me gustaría que pensaras en eso cuando vuelvas. Sigo creyendo que podemos resolverlo.
—Así como lo planteas lo haces sonar como una tragedia insalvable yo jamás imagine que fuera tan grave.
—¿Cómo dices eso? Veo que no tienes intensiones que querer que lo nuestro funcione iré a casa para que hablemos y ahí tomaremos la decisión.
—¿Qué decisión?
—Si vale la pena seguir juntos, si vale la pena intentarlo.
—No digas eso June…
—Hasta luego Milo, nos veremos a tu regreso.
No dijo más y termino la llamada dejando a Milo sin saber qué pensar o qué hacer. Buscó un asiento libre y se dejó caer, tenía sentimientos como irá y tristeza. Ella estaba resuelta en dejarlo a menos que él cambiara de ideas. Por un momento sintió que era June la egoísta, la que insistía en cortarle las alas y no dejarlo ser pero muy en su interior sabía que ella tenia razón y ya no era solamente él el afectado. Eran ellos, era su familia.
Volvería mañana a primera hora a casa, esperaba poder resolver las cosas.
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Everything depends upon you
If you die I will die too
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Continuará…
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*Notas: Aquí va la parte dos y espero tener la siguiente a la brevedad. Gracias por leer.
