Los teen titans y su historia no me pertenecen

Los teen titans y su historia no me pertenecen

2

Una historia de Terror

Habían despertado bastante tarde a causa de la pequeña sorpresa de anoche. Raven ya se había levantado, incluso había hecho el desayuno, estaba esperando a sus amigos en la mesa.

Esa sensación, ¿cómo pude ser?, se parecía tanto a… no, no, quedó sepultado, es que no puede ser

--¡Buenos días!—gritó Beast Boy sacando a la chica de sus pensamientos

--Tonto—respondió esta hostilmente, todos se saludaron y se sentaron a la mesa

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--Debo de aceptarlo, Raven—dijo Beast Boy retumbando su estómago—haz mejorado tus artes culinarias

--Gracias

--Sí—Cyborg se llevó el último pedazo a la boca—la ulftima vef quef cocifnaste fue un afsco—tenía lo boca llena

--Supongo que eso es un cumplido—las tres chicas miraban con asco al grandote

--Bueno—le chico verde se puso de pie--¿quién quiere ir a nadar?

--No es bueno nadar después de comer—explicó Robin--podrías…-- pero Beast Boy ya había salido corriendo del comedor en dirección a su dormitorio

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--Uf, me canse—se limpió el sudor de la frente—pero prefiero correr a tener que soplarme el sermón de Robin, ahora—miró a su alrededor--¿dónde puse mi traje de baño?—la habitación de los chicos era un desastre. Se dirigió a su maleta—veamos—comenzó a sacar prendas de vestir que caían al suelo—no, no, no, no, ¡aquí esta!—sacó un traje de baño negro con flores hawaianas verdes fosforescentes. Comenzó a tararear una canción en lo que se cambiaba--¡si!—se miraba en el espejo los escasos músculos que tenía—ninguna chica se te podrá resistir—en se momento una sombra apareció detrás de él en el reflejo del espejo, un frío helado comenzó a recorrerle todo el cuerpo, sus dientes comenzaron a castañear

--¡Beast Boy!—la voz de Terra, de repente todo volvió a ser caluroso como antes-- ¿estás listo?—la rubia abrió la puerta, él se encontraba mirándose en el espejo—después presumes tu excelente cuerpo—no le hizo caso, tocó el cristal del espejo, ¿qué raro?

--¿Beast Boy?—esta vez era la voz de Cyborg, se volvio, todos sus amigos estaban en la habitación--¿qué pasa?

--Nada—sonrió—vamos a nadar—Terra y Star ya traían puestos sus bikinis, mientras Raven seguía vestida igual

--Claro—dijo Robin—en cuanto salgan para cambiarme—los demás chicos se dirigieron a la piscina, Beast Boy y Terra fueron los primeros en lanzarse, seguidos de Cyborg, que cuando su inmenso cuerpo tocó el agua un gran chorro salió disparado mojando a Raven

--¡Hey!

--Lo siento—unos segundo después llegó Robin que tomó a su pareja en brazos y se lanzaron al agua. Raven se recostó en un camastro para leer su libro

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"Uno de los ejemplares había proferido un alarido escalofriante; otro, se había levantado, violentamente, nos había derribado dejándonos inconscientes, y había huido enloquecido, antes de que lograran cogerle y encerrarlo tras los barrotes del manicomio; y un tercero, una monstruosidad nauseabunda y africana, había surgido de su poco profunda sepultura y había cometido una atrocidad... West había tenido que matarlo a tiros. No podíamos conseguir cadáveres lo bastante frescos como para que manifestasen algún vestigio de inteligencia al ser reanimados, de modo que forzosamente creábamos horrores indecibles. Era inquietante, pensar que uno de nuestros monstruos, o quizá dos, aun vivían... tal pensamiento nos estuvo atormentando de manera vaga, hasta que finalmente West desapareció en circunstancias espantosas."

Raven se encontraba leyendo estas líneas de su libro cuando una mano la tomó del brazo haciendo que se sobresaltara

--¿Por qué no nadas?—preguntó Cyborg

--Estoy leyendo—en se momento su libro le fue arrebatado de las manos

--Vamos Raven—Cyborg y Beast Boy la cargaron

--Hey, suéltenme

--Como digas—la chica cayó al agua, mientras que sus atacantes se morían de la risa

--Ya verán—con su telequinesia levantó al chico verde que dio unas vueltas en el aire antes de caer al agua, ella miró a Cyborg desafiante

--Raven soy robot, ¿recuerdas?, me óxido

--Que patética excusa—lo levantó e igual le dio unas cuantas vueltas antes de lanzarlo contra el agua

--Viejo creo que voy a vomitar—Beast Boy se agarró de la orilla, Raven hizo ademán de salirse del agua

--¿Raven?—Terra la llamaba—ya estás adentro quédate con nosotros—sonrió débilmente

--Esta bien

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La tarde ya había caído, empezaba a hacer frío y oscurecer

--Creo que necesito un baño caliente—dijo Terra mientras le castañeaban los dientes

--Vamos a dentro—Beast Boy la acobijo con una toalla, en cuanto Raven salió de la piscina el viento helado le congeló hasta los huesos

--¿Estás bien?—Cyborg se le acercó

--Es sólo que hace frío—él la abrazó--¿qué haces?

--Protegiéndote del frío— se separó--¿te molesta?

--No, para nada—entraron a la cabaña

--Bien, hay que bañarnos y haremos una fogata después—dijo Robin

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Cuando las chicas salieron, la fogata ya estaba preparada. Los seis se sentaron alrededor, comieron y asaron bombones mientras platicaban alegremente, a las dos horas el silencio reinó, sólo se escuchaba el suave tronar de los troncos

--Raven—dijo por fin Robin--¿podrías contarnos una de tus historia de terror?—ella se quedó anonadada, al no tener una respuesta rápido todos los demás comenzaron a suplicar,

--Esta bien—dijo por fin—pero no les contaré una mía si no de Stephen King

--Supongo que nos conformamos—dijo Beast Boy en lo que se ponía cómodo al igual que los demás

--Esta historia se llama, "El coco"—algunos de sus amigos contuvieron una risa burlona, escepticismo, Raven sonrió pícaramente, les iba a dar el susto de sus vidas

"—Recurro a usted porque quiero contarle mi historia –dijo el hombre acostado sobre el diván del doctor Harper.

El hombre era Lester Billings, de Waterbury, Connecticut. Según la ficha de la enfermera Vickers, tenía veintiocho años, trabajaba para una empresa industrial de Nueva York, estaba divorciado, y había tenido tres hijos. Todos muertos.

No puedo recurrir a un cura porque no soy católico. No puedo recurrir a un abogado porque no he hecho nada que deba consultar con él. Lo único que hice fue matar a mis hijos. De uno en uno. Los maté a todos.

Raven se sabía de memoria el cuento, lo había leído tantas veces. Cuando dijo esta última frase los ojos de sus amigos la miraron expectantes

"—Quiere decir que los mató realmente, o...

No. –Un movimiento impaciente de la mano—. Pero fui el responsable. Denny en 1967. Shirl en 1971. Y Andy este año. Quiero contárselo.

El doctor Harper no dio nada. Le pareció que Billings tenía un aspecto demacrado y envejecido. Su cabello raleaba, su tez estaba pálida. Sus ojos encerraban todos los secretos miserables del whisky.

Fueron asesinados, ¿entiende? Pero nadie lo cree. Si lo creyeran, todo se arreglaría.

¿Por qué?

Porque...

Billings se interrumpió y se irguió bruscamente sobre los codos, mirando hacia el otro extremo de la habitación.

¿Qué es eso? –bramó. Sus ojos se habían entrecerrado, reduciéndose a dos tajos oscuros.

¿Qué es qué?

Esa puerta.

El armario empotrado –respondió el doctor Harper—. Donde cuelgo mi abrigo y dejo mis chanclos.

Ábralo. Quiero ver lo que hay dentro.

El doctor Harper se levantó en silencio, atravesó la habitación y abrió la puerta. Dentro, una gabardina marrón colgaba de una de las cuatro o cinco perchas. Abajo había un par de chanclos relucientes. Dentro de uno de ellos había un ejemplar cuidadosamente doblado del New York Times. Eso era todo.

¿Conforme? –preguntó el doctor Harper.

Sí. –Billings dejó de apoyarse sobre los codos y volvió a la posición anterior.

Decía –manifestó el doctor Harper mientras volvía a su silla—, que si se pudiera probar el asesinato de sus tres hijos, todos sus problemas se solucionarían. ¿Por qué?

Me mandarían a la cárcel –explicó Billings inmediatamente—. Para toda la vida. Y en una cárcel uno puede ver lo que hay dentro de todas las habitaciones. Todas las habitaciones. –Sonrió a la nada."

Esta vez Starfire se acurrucó en el pecho de Robin, Raven hizo una pausa, mientras sus amigos la miraban con desesperación de que continuara y así lo hizo

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"Me levanté y entré en la habitación. El crío estaba acostado boca arriba, muerto. Blanco como la harina excepto donde la sangre se había..., se había acumulado, por efecto de la gravedad. La parte posterior de las piernas, la cabeza, las... eh... las nalgas. Tenía los ojos abiertos. Eso era lo peor, sabe. Muy dilatados y vidriosos, como los de las cabezas de alce que algunos tipos cuelgan sobre la repisa. Como en las fotos de esos chinitos de Vietnam. Pero un crío norteamericano no debería tener esa expresión. Muerto boca arriba. Con pañales y pantaloncitos de goma porque durante las últimas dos semanas había vuelto a orinarse encima. Qué espanto. Yo amaba a ese niño.

Billings meneó la cabeza lentamente y después volvió a ostentar la misma sonrisa gomosa, grotesca.

Rita chillaba hasta desgañitarse. Trató de alzar a Denny y mecerlo, pero no se lo permití. A la poli no le gusta que uno toque las evidencias. Lo sé...

¿Supo entonces que había sido el coco? –preguntó Harper apaciblemente.

Oh, no. Entonces no. Pero vi algo. En ese momento no le di importancia, pero mi mente lo archivó.

¿Qué fue?

La puerta del armario estaba abierta. No mucho. Apenas una rendija. Pero verá, yo sabía que la había dejado cerrada. Dentro había bolsas de plástico. Un crío se pone a jugar con una de ellas y adiós. Se asfixia. ¿Lo sabía?"

Raven se reía internamente de los rostros de sus amigos, estaba divertidísima

"—El coco la mató también a ella. –Se frotó la frente, como si fuera ordenando sus recuerdos—. Un mes más tarde. Pero antes sucedió algo más. Una noche oí un ruido ahí dentro. Y después Shirl gritó. Abrí muy rápidamente la puerta... la luz del pasillo estaba encendida... y... ella estaba sentada en la cuna, llorando, y... algo se movió. En las sombras, junto al armario. Algo se deslizó.

¿La puerta del armario estaba abierta?

Un poco. Sólo una rendija. –Billings se humedeció los labios—. Shirl hablaba a gritos del coco. Y dijo algo más que sonó como garras. Sólo que ella dijo galas, sabe. A los niños les resulta difícil pronunciar la erre. Rita vino corriendo y preguntó qué sucedía. Le contesté que la habían asustado las sombras de las ramas que se movían en el techo."

Star, ahogó un gritó en el pecho de su pareja y Terra abrazó a Beast Boy

"— ¿Miró dentro del armario?

S-sí. –Las manos de Billings estaban fuertemente entrelazadas sobre su pecho, tan fuertemente que se veía una luna blanca en cada nudillo.

¿Había algo dentro? ¿Vio al...?

¡No vi nada! –chilló Billings de súbito. Y las palabras brotaron atropelladamente, como si hubieran arrancado un corcho negro del fondo de su alma—. Cuando murió la encontré yo, verá. Y estaba negra. Completamente negra. Se había tragado la lengua y estaba negra como una negra de un espectáculo de negros, y me miraba fijamente. Sus ojos parecían los de un animal embalsamado: muy brillantes y espantosos, como canicas vivas, como si estuvieran diciendo me pilló, papá, tú dejaste que me pillara, tú me mataste, tú le ayudaste a matarme."

En ese momento un viento fuerte hizo que la puerta de la cabaña se cerrara

--¡No!—Beast Boy se incorporó en intento abrirla, pero no pudo

--Tranquilo—dijo Robin—romperemos una ventana o algo así

--¡Tranquilo!, tengo miedo

--Cobarde—dijo Raven en un susurro

--Sigue por favor—le respondió el chico verde en señal de valentía

"Billings se humedeció los labios.

El niño dormía en la misma habitación que yo. Es curioso, además. Una vez, cuando cumplió dos años, Rita me preguntó si quería instalarlo en otro dormitorio. Spock u otro de esos charlatanes sostiene que es malo que los niños duerman con los padres, ¿entiende? Se supone que eso les produce traumas sexuales o algo parecido. Pero nosotros sólo lo hacíamos cuando el crío dormía. Y no quería mudarlo. Tenía miedo, después de lo que les había pasado a Denny y a Shirl.

¿Pero lo mudó, verdad? –preguntó el doctor Harper.

Sí –respondió Billings. En sus facciones apareció una sonrisa enfermiza y amarilla—. Lo mudé.

Otra pausa. Billings hizo un esfuerzo por proseguir. — ¡Tuve que hacerlo! –Espetó por fin—. ¡Tuve que hacerlo! Todo había andado bien mientras Rita estaba en la casa, pero cuando ella se fue, eso empezó a envalentonarse. Empezó a... –Giró los ojos hacia Harper y mostró los dientes con una sonrisa feroz—. Oh, no me creerá. Sé qué es lo que piensa. No soy más que otro loco de su fichero. Lo sé. Pero usted no estaba allí, maldito fisgón.

Una noche todas las puertas de la casa se abrieron de par en par. Una mañana, al levantarme, encontré un rastro de cieno e inmundicia en el vestíbulo, entre el armario de los abrigos y la puerta principal. ¿Eso salía? ¿O entraba? ¡No lo sé! ¡Juro ante Dios que no lo sé! Los discos aparecían totalmente rayados y cubiertos de limo, los espejos se rompían... y los ruidos... los ruidos...

Se pasó la mano por el cabello.

Me despertaba a las tres de la mañana y miraba la oscuridad y al principio me decía: Es sólo el reloj. Pero por debajo del tic-tac oía que algo se movía sigilosamente. Pero no con demasiado sigilo, porque quería que yo lo oyera. Era un deslizamiento pegajoso, como el de algo salido del fregadero de la cocina. O un chasquido seco, como el de garras que se arrastraran suavemente sobre la baranda de la escalera. Y cerraba los ojos, pensando que si oírlo era espantoso, verlo sería...

Y siempre temía que los ruidos se interrumpieran fugazmente, y que luego estallara una risa sobre mi cara, y una bocanada de aire con olor a coles rancias. Y que unas manos se cerraran sobre mi cuello.

Billings estaba pálido y tembloroso.

De modo que lo mudé. Verá, sabía que primero iría a buscarle a él. Porque era más débil. Y así fue. La primera vez chilló en mitad de la noche y finalmente, cuando reuní los cojones suficientes para entrar, lo encontré de pie en la cama y gritando: El coco, papá... el coco..., quiero ir con papá, quiero ir con papá. "

Raven miró a sus espectadores un par de segundos en busca de algún indicio de sufrimiento o susto

--¡Sigue por favor, me estas matando!—gritó Cyborg

"La voz de Billings sonaba atiplada, como la de un niño. Sus ojos parecían llenar toda su cara. Casi dio la impresión de haberse encogido en el diván.

Pero no pude. –El tono atiplado infantil perduró—. No pude. Y una hora más tarde oí un alarido. Un alarido sobrecogedor, gorgoteante. Y me di cuenta de que le amaba mucho porque entré corriendo, sin siquiera encender la luz. Corrí, corrí, corrí, oh, Jesús María y José, le había atrapado. Le sacudía, le sacudía como un perro sacude un trapo y vi algo con unos repulsivos hombros encorvados y una cabeza de espantapájaros y sentí un olor parecido al que despide un ratón muerto en una botella de gaseosa y oí... –Su voz se apagó y después recobró el timbre de adulto—. Oí cómo se quebraba el cuello de Andy. –La voz de Billings sonó fría y muerta—. Fue un ruido semejante al del hielo que se quiebra cuando uno patina sobre un estanque en invierno.

¿Qué sucedió después?

Oh, eché a correr –respondió Billings con la misma voz fría, muerta—. Fui a una cafetería que estaba abierta durante toda la noche. ¿Qué le parece esto, como prueba de cobardía? Me metí en una cafetería y bebí seis tazas de café. Después volví a casa. Ya amanecía. Llamé a la policía aun antes de subir al primer piso. Estaba tumbado en el suelo mirándome. Acusándome. Había perdido un poco de sangre por una oreja. Pero sólo una rendija.

Se cayó. —Harper miró el reloj digital. Habían pasado cincuenta minutos.

Pídale una hora a la enfermera –dijo—. ¿Los martes y jueves?

Sólo he venido a contarle mi historia –respondió Billings—. Para desahogarme. Le mentí a la policía ¿sabe? Dije que probablemente el crío había tratado de bajar de la cuna por la noche y..., se lo tragaron. Claro que sí. Eso era lo que parecía. Un accidente, como los otros. Pero Rita comprendió la verdad. Rita... comprendió... finalmente.

Señor billings, tenemos que conversar mucho –manifestó el doctor Harper después de una pausa—. Cree que podremos eliminar parte de sus sentimientos de culpa, pero antes tendrá que desear realmente librarse de ellos.

¿Acaso piensa que no lo deseo? –exclamó Billings, apartando el antebrazo de sus ojos. Estaban rojos, irritados, doloridos.

Aún no –prosiguió Harper afablemente—. ¿Los martes y jueves?

Maldito curandero –masculló Billings después de un largo silencio—. Está bien. Está bien.

Pídale hora a la enfermera, señor Billings. Adiós.

Billings soltó una risa hueca y salió rápidamente de la consulta, sin mirar atrás.

La silla de la enfermera estaba vacía. Sobre el secante del escritorio había un cartelito que decía Vuelvo enseguida.

Billings se volvió y entró nuevamente en la consulta.

Doctor, su enfermera ha...

Pero la puerta del armario estaba abierta. Sólo una pequeña rendija.

Qué lindo –dijo la voz desde el interior del armario—. Qué lindo.

Las palabras sonaron como si hubieran sido articuladas por una boca llena de algas descompuestas.

Billings se quedó paralizado donde estaba mientras la puerta del armario se abría. Tuvo una vaga sensación de tibieza en el bajo vientre cuando se orinó encima.

Qué lindo –dijo el coco mientras salía arrastrando los pies.

Aún sostenía su máscara del doctor Harper en una mano podrida, de garras espatuladas."

Los cinco chicos la miraron con ojos aterrados, de repente Terra tembló

--Hace frío, ¿no?

--Sí—dijo Robín incorporándose, se dirigió a la ventana más cercana y la rompió, su cuerpo se perdió en la oscuridad de la cabaña. Raven comenzó a levantar la basura que estaba alrededor de la fogata, cuando una sombra se deslizó en la oscuridad, un frío helado le acarició el cabello—listo—Robin abrió la puerta y los chicos se metieron, presurosos de no ser los últimos--¿Raven?—esta se volvio y se adentro en la cabaña

Robin miró la oscuridad durante un largo rato, escudriñando, se había ido… ¿quién o qué era lo que los estaba vigilando durante el relato de Raven?

--¡Robin!—Starfire lo abrazó por atrás—vamos—ambos se adentraron en la cabaña.

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Ahora creo que me quedo un poco largo, jiji, como sea a los que se dan el tiempo de leer esto muchas gracias. Quiero aclarar que el cuento que estaba leyendo Raven se llama "El grito del muerto" y lo escribió Lovecraft

Manfariel