Capítulo II: Pesadillas y traumas del pasado.

Mewtwo despertó a causa de los gemidos de dolor de su homólogo femenino. Acercándose a ella, se dio cuenta de que estaba teniendo una pesadilla; sin pensarlo dos veces, se dispuso a despertarla, moviéndola un poco antes de que despertara, sin dejar de jadear. Laia al relajarse, miro a su alrededor, notando que él estaba a su lado; dándose cuenta de que no estaba sola.

—¿Tuviste un mal sueño? —preguntó, quedándose sentado a su lado. La blanquecina asintió, mostrando preocupación en su rostro—. Ellos te hicieron más daño de lo que vi, ¿correcto?

Ella asintió, desviando su mirada. Laia no quería hablar de ello. Un silencio los invadió, pero Mewtwo permaneció a su lado, sabiendo que ella fue sujeto de experimentos, experiencia que él no vivió por haber destruido el laboratorio a los pocos minutos de haber despertado, pero sabía que las pesadillas eran comunes en los Pokémon abusados. Ella no quería recordar esos sucesos, sabiendo la dolorosa marca que había dejado en su mente. Aunque, compartir esa información con alguien que pudiera entenderla no le haría daño, ¿no?

—La verdad, ellos me hicieron mucho daño. En una ocasión me dejaron sin comida ni agua para ver cuánto podía resistir; siendo un mes entero. Aunque antes de la cuarta semana había comenzado a decaer. Y otras cosas que son mejor mantener en el secreto.

—Por eso les tienes miedo a los humanos —respondió, causando que ella frunciera el ceño.

—Yo no les tengo miedo. —Respondió, sintiéndose algo ofendida por su comentario.

—Sabes muy bien que no estás diciendo la verdad —contestó—. No vale la pena ocultar tus miedos.

Ella abrió sus ojos, sintiendo como arrugaba el entrecejo, desviando su mirada antes de cerrarlos. «Sus palabras no deben de afectarme, yo no les tengo miedo a los humanos», pensó, abriendo sus ojos para mirar a su contraparte. Suspirando resignada salió del árbol hueco, mirando a su alrededor para asegurarse de que el lugar era seguro. Mewtwo se la quedó mirando, sintiendo que posiblemente había dicho algo que la había ofendido.

—¿Dije algo que te molestó? —preguntó de repente. Causando que Laia detuviera su paso; ella lo miro de reojo, sintiendo que tal vez, y solo tal vez, su homólogo tenía razón. Ella se mantuvo en silencio, casi rodeando sus brazos alrededor de su cuerpo.

«En realidad, nunca he podido vivir en paz, desde que escapé del laboratorio han intentado capturarme, ya enviaron un cazador una vez, perfectamente pueden hacerlo otra vez; no quiero volver a esas máquinas, las causantes de mi dolor, tengo miedo a ser capturada, tengo miedo a perder mi libertad, yo... soy la causa de mis miedos».

—Oye —escuchó, sacándola de su trance—, te hice una pregunta, ¿acaso no me estabas escuchando?

—Lo siento, solo me perdí en mis pensamientos.

—Me di cuenta. No deberías tener miedo, tú eres lo suficientemente fuerte para poder defenderte.

—Para ti es fácil decirlo. Yo he tenido que viajar de aquí para allá y no ser capturada, a diferencia de ti, mi libertad puede acabar mañana si ellos quieren.

Él se quedó en silencio, viendo como sus manos estaban alrededor de su cuerpo, abrazándose a sí misma. Mewtwo arrugó el entrecejo, respirando profundamente antes de apoyar una de sus manos en su hombro. Ella reaccionó, levantando la vista, encontrándose con su mirada.

—Piensa lo que quieras, que soy débil, que soy inútil, lo que quieras. Pero yo no quiero pensar más en esto.

Laia alejó su mano de ella, con intenciones de irse de ese lugar, deteniéndose cuando había solo unos metros de distancia entre ambos; los dos clones de Mew habían escuchado el ruido de un motor, haciendo que Mewtwo la tomara del brazo para esconderse, a pesar de sus protestas, él la hizo callar tapando su boca con su mano. Ambos vieron de reojo como el auto se detenía ante ellos. Laia escuchó como esos humanos bajaban del vehículo, pudiendo escuchar sus voces.

—Les dije que contratar a un cazador no sería buena idea. Por culpa de ustedes perdimos el rastro de Mewtwo.

«Ellos son...», pensó, queriendo zafarse del agarre de su contraparte, ella no quería estar ahí.

—¿Qué te ocurre? —preguntó Mewtwo en un susurro.

—Suéltame —respondió, empujándolo antes de alejarse entre los árboles. Dejándolo muy sorprendido a causa de ese repentino movimiento.

Mewtwo no entendía por qué ella actuó de esa manera, siguiéndola para saber el motivo de su comportamiento.

Laia se mantuvo apoyada en uno de los miles de árboles del sector, recordando como experimentaban con ella, recordando su propia voz rogando que se detuvieran. Dándose cuenta de que su homólogo tenía razón, ellos eran su miedo, el miedo a perder su libertad, su identidad, a ser tratada como el experimento que era. No podía creer que posiblemente sus miedos estaban a la vuelta de la esquina.

Se sentó en ese lugar, mirando los infinitos arboles de aquel bosque; sintiendo una gota de agua caer sobre su nariz «lluvia» pensó, quedándose ahí, ignorando a los Pokémon que buscaban refugio. A Laia no le importaba si su pelaje terminaba empapado, a nadie le iba a importar que le pasara. No sabía cuánto tiempo estuvo así, hasta que sintió que ya no caía ni una gota sobre ella, al mirar a su alrededor noto que aún seguía lloviendo.

—¿Cómo...? —intentó preguntar, mirando hacia arriba, notando que había un campo de fuerza sobre ella. Para luego mirar hacia el frente, el otro Mewtwo había creado ese campo para resguardarla de la lluvia.

—¿Por qué escapaste de esa manera? —preguntó, Laia desvió su mirada, sin intención alguna de contestar su pregunta. Aunque Mewtwo no tardó en deducir lo que ocurría—. Ellos eran tus creadores. —Laia se tardó un poco en responder.

—Sí, ellos fueron los que me crearon, y también... —contestó. Aunque hizo una larga pausa, no queriendo recordar detalles.

—Te vas a resfriar si sigues aquí —dijo acercándose más hacia ella.

—Mira quien lo dice —respondió, mirando como él estaba más empapado que ella.

—Intentare ignorar eso —le contesto manteniendo la compostura—. Pero te vas a resfriar si continuas aquí, ven conmigo. —Extendió su mano, manteniendo su mirada fija en ella.

Laia abrió sus ojos de par en par, ¿acaso le estaba ofreciendo ir con él, viajar con él? Eso realmente no se lo esperaba.

—Pero no significa que seré tu guardaespaldas —interrumpió. Provocando una pequeña risita de su parte.

—Yo sé defenderme sola —contestó, tomando su mano para levantarse, pero una piedra se cruzó en su camino, haciendo que tropezara, Mewtwo logró atraparla, sin dejar milímetro que los separara.

Laia al darse cuenta no tardó en separarse de él, en cambio Mewtwo solo se le quedo mirando, ignorando lo sucedido. Lo único que recibió de su parte fue una señal para ir a un lugar a resguardarse de la lluvia. Pidiendo ver una caverna minutos después. Laia al entrar no pudo evitar estornudar, Mewtwo desvió su mirada, algo fastidiado. Recibiendo un gruñido como respuesta.

—Te dije que te ibas a resfriar —le dijo mientras se quitaba su capa para dejar que se secara.

—Cállate —contestó con un gruñido. Sentándose en el suelo, presentando un nuevo estornudo. Después vino completo silencio.

Mewtwo no había apartado su mirada de la tela, ignorando su comentario, pero al escuchar su estornudo desvió su mirada hacia ella. Viendo cómo se rascaba un poco la nariz, él miro de reojo su capa, sabiendo que podía secarla usando sus poderes para deshacerse de cada gota de agua. Aunque prefería siempre que se secara de forma natural. Sus ojos emitieron un resplandor azul, quitando toda el agua. Laia pudo sentir como algo la cubría, viendo la mano de Mewtwo sobre su hombro.

—Aún les temes —habló, haciendo que Laia se mantuviera en silencio, dándole la razón—. Temes que te hagan daño de nuevo, por eso siempre estás en movimiento. Sus recuerdos aún te persiguen, no puedes dejar tu pasado atrás.

—Tú tampoco puedes dejarlo atrás. Estás consciente que detrás de tus creadores estaban sus familias. Y los asesinaste sin piedad. —Él se quedó en silencio. Sabiendo que eso era verdad, tampoco iba olvidar cuando estuvo a punto de cometer un gran error.

—No te lo voy a negar, aún no puedo dejar atrás ese pasado. Pero no significa que tú no puedes hacerlo.

—Cómo quieres que lo deje atrás si es el propio pasado el que me persigue —respondió sintiendo como sus manos temblaban.

—Pero intenta calmarte.

—Cómo quieres que me calme si ellos están ahí afuera. —Hizo una pausa—. No creo que logres entenderme. Solo me trataban como el experimento que era.

—Eso no quita el hecho de que eres también un ser vivo.

Laia se quedó en silencio, con sus ojos bien abiertos. No podía creerlo, pero su homólogo tenía razón, ella también era un ser vivo, tenía derecho a vivir; ella pudo sentir un líquido deslizarse por sus mejillas, Mewtwo pudo ver como sus manos se asomaban en su rostro. Ella se abalanzó hacia él, sorprendiéndolo, pero al escuchar su sollozo se resistió a alejarla. Laia se mantuvo ahí, casi empapando la piel de su contraparte.

—Desahógate —le dijo, mostrando un poco de indiferencia. Laia no pudo aguantarlo esta vez, sintiendo el movimiento brusco de sus hombros.

Después de casi treinta minutos, ella cedió ante el sueño, Mewtwo la dejo descansar, saliendo del escondite al ver que ya no llovía. Él no se permitió ir más lejos, observando la montaña que estaba en el horizonte. Mewtwo cerró sus ojos, sintiendo una briza que anunciaba el invierno. Sabiendo que Laia no iba a despertar todavía, decidió usar su poder para ver si había una amenaza cerca, pero no había nada. Se relajó, volviendo a la caverna. Después de todo lo ocurrido, ya no sabía cómo explicar el día con palabras, pero divertido no estaba entre ellas.

«¿Por qué ellos quieren encontrar a Laia? Acaso ella representa algún tipo de valor, acaso tiene algo que yo no tenga; y lo más importante, como fue posible que pudieran crear otro Mewtwo, si yo borre toda prueba de mi existencia. A no ser que hayan robado material genético, o hubo dos proyectos de clonación, o incluso una colaboración. Suena fantasioso, pero nunca se sabe».

Mewtwo suspiró, no encontraba una respuesta clara a la existencia del Mewtwo que estaba a unos metros de él. Aunque había kilómetros de distancia entre ambos, ella hacia lo que él no se atrevería a hacer, odiaba admitirlo, pero ella era mucho más abierta consigo misma. A pesar del trato que esos humanos le dieron, tenía amigos, e incluso podía hablar sin problemas con ellos. En cambio, él, era muy reservado, los únicos con quienes solía hablar eran los clones que había creado.

Pero él no necesitaba expresarse, si abriera su corazón se haría débil, y no quería eso; quería mantenerse fuerte, aunque eso significase alejarse de todos y de todo. Apretando su puño se quitó esa idea de su mente, viendo como su acompañante comenzaba a moverse. Mas no se despertó, siguió durmiendo. Mewtwo continúo viendo hacia el exterior, precisamente a la luna.

—Mewtwo... —escuchó, sintiendo como tocaba su rostro, Mewtwo comenzó a abrir sus ojos, encontrándose con su contraparte—. Te traje algo de comer.

El Pokémon grisáceo vio que había una docena de bayas a su lado, solo se limitó a agradecerle y empezar a comer. Mewtwo le dedicó una mirada un tanto incomoda, haciendo que ella desviara su mirada, sabiendo que le fue incomodo que lo mirara comer. Ella se mantuvo así, sin atreverse a mirarlo. Sabiendo de lo que era capaz de hacer. Sí, Mewtwo ya se había ganado su respeto.

—Oye... —escuchó, volteándose, recibiendo una baya—. Lloraste por veinte minutos y tardaste diez en quedarte dormida. ¿Te desahogase lo suficiente?

—Sí, eso creo. —Le dio una mordida a la baya—. Si ellos me encuentran... ya no podré sentir la briza de cada mañana, ya no podré volar con mis amigos, y tampoco sentiré el suelo y el césped bajo mis pies. Aunque no creo que lo entiendas.

—¿Por qué dices eso?

—Ellos no tuvieron el tiempo, tú no les diste el tiempo para que experimentaran contigo; además, tú no estabas solo, estaban tus compañeros clones, en cambio yo... he estado sola desde que tengo memoria. Siempre estuve encerrada en un cuarto frio, las máquinas de tortura eran mi día a día, aún recuerdo todo lo que me decían: "Eres un inútil", "eres muy débil", "solo te tratamos como el experimento que eres". A diferencia de ti, yo solo viví en soledad.

Mewtwo se quedó en silencio, que fue incomodo en un principio.

—Pero viví engañado y traicionado por "ese" humano. Me utilizó para su conveniencia. Lo único que hacía era guiarme por el mal camino.

—¿Y qué hiciste con él?

—Aparte de destruir su gimnasio y borrar su memoria la segunda vez que nos encontramos, nada malo.

—Al menos a ti ya no te buscan, no como yo. Vámonos.

Ella salió de la cueva, dejándolo solo en ese lugar. Mewtwo parpadeó, sintiéndose como si le hubiera dicho algo ofensivo. Bufó antes de salir tras ella, ahora sabiendo que tenía que lidiar con muchas cosas más. Él no podía imaginarse pasar noches enteras sin dormir por miedo a ser atrapado. Apretó firmemente sus puños, controlando su ira con esos humanos. Ella al ver que no le seguía el paso desvió su mirada hacia él, viendo como se le acercaba lentamente, pasando de largo y tomando la ventaja. Siendo así hasta detenerse.

—Te quedaras atrás si no caminas —habló mirándola de reojo. Ella reaccionó, asintiendo mientras comenzaba a caminar.

Ambos caminaron por unos minutos, observando a su alrededor, ella no paraba de observar a los Pokémon que estaban en su entorno. Quienes los miraban... raro. Ella les frunció el ceño, haciendo que ellos se estremecieran. Mewtwo la miró de reojo, notando su ceño fruncido, después notó como apretaba sus puños. Al notar la presencia de los Pokémon también frunció el entrecejo. Laia desvió su mirada, apurando su paso. Impresionando a Mewtwo al ver que lo estaba dejando atrás. Ella suspiró al alejarse lo suficiente, observando como él se acercaba a paso normal.

—¿Qué te ocurrió? —preguntó.

—Nada.

—No te gusta que te miren como el bicho raro. —Él no recibió respuesta—. Yo tampoco. Pero siempre me hago el indiferente.

—Sabes, odio cuando ellos me ven con lastima; ellos tienen un hogar, una familia, en cambio yo no tengo nada de eso. Ellos son los únicos que me miran de otra manera.

—¿Quiénes? —preguntó. Observando como levantaba la vista.

—Mis amigos —respondió—. Ellos siempre me acompañan mientras vuelo.

—¿Aves? —ella asintió. Sin notar que su expresión había cambiado, parecía como si hubiera visto a un fantasma—. ¿Qué te pasa?

—No lo sé, sentí como si alguien nos observara. —Mewtwo la observó extrañado, él no había sentido nada, pero aun así no mantuvo la guardia baja.

Ella mantuvo sus ojos bien abiertos, observando por todos los lugares que su campo de visión permitía. Sin evitarlo tragó para lubricar su garganta, notando finalmente que un arbusto se movía bruscamente; Mewtwo también se dio cuenta, haciendo que los dos clones comenzaran a acercarse lentamente hacia él. Ella sintió su mano en su hombro, haciendo que ella diera un paso atrás. Escuchando algo parecido a un quejido, con un tono infantil.

Al deshacerse de las hojas y ramas ambos abrieron sus ojos al ver al Pokémon detrás de él. Se trataba de una Kirlia variocolor.

—Que linda —habló ella, haciéndolo a un lado para verla mejor. Las partes de su cuerpo en vez de verde eran azul claro. Ella estaba sentada en el suelo, presentando un leve mareo—. Oye, pequeña, ¿estás pérdida? —preguntó.

La pequeña agitó un poco su cabeza, levantándose del suelo casi en un salto. Formando una sonrisa.

—No estoy perdida, de hecho, ya encontré lo que estaba buscando —habló.

—¿Cómo te llamas?

—Yo... Me llamo Ai, encantada de conocerlos.

—Siento interrumpir, pero... vámonos —habló mientras rodeaba a su acompañante con fuera psíquica para llevársela.

—¿Los puedo acompañar? —preguntó.

—Déjame pensar... no.

—¡Mewtwo! —lo reprendió Laia, liberándose para levantarla—. Como piensas en dejar a una pequeña a su suerte. Yo digo que nos acompañe. ¿Y tú, Ai?

—¡Sí! —exclamó.

—Un segundo, vas a confiar en una mocosa que apenas estas conociendo.

—¿Y por qué no? —preguntó, haciendo que Ai se sentara en su hombro.

—Acaso no sabes que podría hacerte un desconocido. —Le contestó, haciendo que las miradas de ambos emitieran unas cuantas chispas.

—No seas paranoico, además, ¡mírala! No mide más de ochenta centímetros. —Él se quedó callado, sin saber que contestarle admitió su pequeña derrota—. Entonces vamos. —Sentenció dejando a Mewtwo atrás de ellas. Y Ai le dedicó una sonrisa triunfante hacia él. No sabía por qué, pero esa niña le traería muchos problemas

Y de algún modo, le recordaba a alguien.

Negó ante la idea inmediatamente, no había nada que hubiera pasado antes de despertar en el laboratorio donde fue concebido. De eso estaba seguro.

—¡Oye! —Lo llamó el otro clon— ¿Vienes?

Él asintió, comenzando a caminar con un paso lento. Al observar al Kirlia sentada en el hombro de su homólogo, al verlas hablar como si llevaran años de haberse conocido lo hizo agregar oficialmente la forma de socializar a su lista de diferencias. No sabía el motivo, ella podía relacionarse fácilmente con los Pokémon, cosa que para él era casi imposible. Mewtwo sin darse cuenta mantuvo sus puños firmes.

—Oye, ¿Mewtwo es tu hermano? —pregunto Ai.

—No que yo sepa, pero solo somos nosotros dos en nuestra especie.

—¿Pero no hay más de su especie?

—No —respondió él a lo lejos—. Y prefiero que se quede así. —Siguió caminando, dejándolas atrás.

Laia no pudo evitar fruncir el entrecejo, debía intentar entenderlo, necesitaba acostumbrarse a este cambio tan repentino. La pequeña parpadeó, observando como ella cambió su expresión antes de seguirlo. Mewtwo se volteó al observar que se estaban quedando atrás, hasta que ella estaba casi a su lado. Ellas se mantuvieron en un silencio prolongado. Laia y Ai lo miraron de reojo, notando que al parecer estaba de muy mal humor.

Al notar que lo estaban mirando les dedicó la mirada más fría que podía, haciendo que la Kirlia se sobresaltara, inflando sus mejillas; mientras Laia mantuvo su mirada, causando que ambos soltaran chispas, otra vez. Siendo así hasta que ambos desviaron sus miradas, mascullando palabras que solo ellos entendían.

—Ya ha pasado una semana, y ni un rastro de Mewtwo —se dijo una mujer de cabello rojizo en silencio—. Debemos recuperarlo si queremos salvar la compañía.

—Ya hemos gastado todo el presupuesto que quedaba de Genetic Pride Inc. —le respondió uno de sus compañeros, el más alto.

—Lo único que nos queda es encontrarlo y venderlo al más alto precio, uno de nuestros compradores venía de Kalos. Él iba a pagar muy bien por él, de hecho, es de sangre azul. —intervino el más bajo del grupo, y al parecer el mayor de los tres.

—¿Querías venderle el experimento a un descendiente del hermano menor de aquel que activo el Arma Definitiva? —inquirió la mujer, acercándose a él—. Él solo nos facilitó el fósil, y la Mega-Piedra. De seguro hay mejores compradores allá afuera.

Él arrugó el entrecejo.

—El Señor Lysandre se veía bastante interesado. Además, este proyecto no habría visto la luz si yo no me hubiera infiltrado en el Team Rocket hace ya veinte años. —Contestó, dejándola callada.

Ella chasqueó la lengua, mirado hacia otro lado mientras susurraba entre dientes. Si de verdad quería recuperar al experimento y evitar que Genetic Pride Inc. se declare en banca rota, solo debía obedecer a ese hombre. Por más que desagradaba la idea.

Laia estornudo, siendo observada por sus acompañantes.

—¿Estás bien? —preguntó Ai.

—Sí, pero no sé porque siento que alguien está hablando de mí. —Contestó, antes de levantar un poco su mirada, pensativa—. Tal vez... —indagó.

—Tal vez... ¿qué? —inquirió.

—Nada, nada, es solo que recordé a alguien. Un amigo. —Contestó, recordando con claridad a ese Pokémon artificial de tipo insecto.

—Ustedes dos, ¿podrían apurar un poco el paso? —las interrumpió Mewtwo, quien había escuchado toda la conversación.

Las dos lo miraron molestas, pero de igual forma ella aceleró su caminar. Mewtwo miró a su izquierda encontrándose con ambas. Sinceramente aún se preguntaba que había hecho para merecer todo lo que le estaba pasando. Suspirando en sus adentros completamente fastidiado.

Así, el pequeño grupo empezó su andar por el Bosque Viridian[1].


Nota de la autora.

1. Bosque Viridian: Bosque Verde por el anime.