Holitas a todos! Bueno, este es el segundo capítulo de este epílogo que, si va según mis previsiones, no será tan corto como yo pensaba… además, creo que este también será fic no apto para diabéticos U Pero bueno, juzguen ustedes. Espero les guste!

Capítulo 2:

-¡KYAAA!- a duras penas pudo ahogar su grito. Odiaba esa maldita pesadilla más que ninguna otra cosa en el mundo. Se removió ligeramente en el lecho, solo para contemplar el rostro de la mujer que dormía junto a él, y verificar que, efectivamente, estaba bien. Se sentó con toda la cautela que pudo, tratando de no despertar a Kagome. Miró la decoración del cuarto, que no había cambiado demasiado de cuando su dueña aún era una adolescente. Los recuerdos de todas las visitas a ese lugar, el templo Higurashi, le calmaron un poco el ritmo cardiaco. Prestó atención, con toda la agudeza de su fino oído, a cada ruido en la casa. No se escuchaba nada, excepto algún ronquido ocasional de Souta. Inu Yasha sonrió. Cada vez que iban a visitar a la familia de su esposa, los pequeños mellizos se empeñaban en dormir con su tío, así que era bastante sorprendente que ya hubieran conciliado el sueño. Shippo siempre dormía en el cuarto de visitas, y de éste no venía ni un solo ruido. Inu Yasha suspiró. Con sus sentidos ya tranquilos, se dispuso a dormir.

La pesadilla que lo acosaba de vez en cuando era un recuerdo, un recuerdo queriendo ser desechado, pero entre más esfuerzos hacía por deshacerse de él, parecía adherirse a su cerebro con más fuerza; era lo peor. La pesadilla le recordaba la última batalla con el que parecía invencible: el demonio Naraku. Sango estaba herida, Miroku apenas y podía cargarla, y lo peor, su agujero negro estaba comenzando a salirse de control. Shippo estaba inconsciente, después de un golpe demasiado fuerte que le propinaron al cubrir a Kagome. Kirara estaba a su lado, pero apenas y podía protegerlo de los constantes ataques, que ya casi la derribaban a ella también. Él, Inu Yasha, tenía múltiples heridas, pero no se sentía cansado. Solamente sentía esa rabia que te propina una fuerza sobrehumana, la del último esfuerzo: él tenía mucho que perder, pero lucharía por eso. Kagome estaba a su lado, con una fea herida en el costado. Las carcajadas de Naraku le recorrían la espina dorsal, erizándola. El último esfuerzo… matar o morir. Aunque ese demonio poseía la perla de Shikon casi entera, y su poder era impresionante, no se rendiría. La… ¿la Perla de Shikon? ¡Kagome! Ella se había lanzando contra el demonio, en un intento igualmente desesperado, y le arrebató la perla de la mano. Antes de que pudiera reaccionar, ella hizo algo increíble: comenzó a brillar, junto con la Perla. Ésta, parecía que se deshacía, como un recipiente con mercurio, que escurría rápidamente. Y Kagome brillaba, comenzaba a perder sus contornos en medio de la inmensa luz que la rodeaba.

-¡Miko! ¡Maldita miko!- Naraku trataba de acercarse a ella, pero Inu Yasha se lo impidió. Esta última distracción permitió que la Perla terminara de vaciar su poder en Kagome.

-¡NARAKU!- exclamó ella. Su voz no era la misma, era una especie de rugido que consiguió acallar a todas las inmundas criaturas que rodeaban a Naraku, y a él mismo. En verdad daba miedo, no ese temor tonto que sentía al pensar en los Osuwari's, sino un miedo imponente, como si su presencia llenara todo el lugar y lo tuviera a punto de estallar. Sin embargo, el youkai solo se amilanó por un momento.

-¡¿Así que te consumió la avaricia, Miko! ¡¡¡Querías el poder de la Perla solo para ti! ¡¡¡¿¿¿Qué vas a hacer ahora! ¡¡¡¿¿¿VAS A MATARME , PARA OCUPAR MI LUGAR!

Kagome contestó con lentitud, dejando que el poderoso sonido de su voz en ese momento les penetrara los tímpanos a cada sílaba.

-Claro que no. Aunque en una cosa no te has equivocado. Te mereces esto, Naraku- comenzaba a brillar aun más, como si el enojo de sus palabras fuera leña para el fuego- Vas a pagar… ¡por todos los seres a los que has hecho sufrir!- la luz era ya casi cegadora- Por…

¡KIKYOU! ¡KOUGA! ¡KAGURA! ¡SESSHOUMARU! ¡POR TODAS LAS ALDEA, POR TODOS LOS ENGAÑOS! POR… ¡POR INU YASHA!

La última frase bastó. Fue como ver la explosión de una estrella. No supo que pasó ene se momento. Solo atinó a cubrirse la cara, ante la inmensa luz, y a hacerse para atrás. Cuando sintió que al fin su cuerpo le respondía, y que la luz disminuía, solo atinó a gritarle, a llamarla:

-¡KAGOME!

Todo pasó muy rápido, pero muy lento a la vez. Segundos, estirados como siglos en la desesperación de la incertidumbre. Al fin, la luz cedió. Ya no había monstruos, y Naraku no estaba. Solo una solitaria y despedazada piel de mandril le confirmaba lo que su corazón ya sabía. Pero no… en ese momento no se podía parar a verificar. Solo le importaba que ella estuviera bien. Pasó la vista por toda aquella inmensa galería de piedra, buscando. Vio un pequeño bulto tirado. ¡Era ella! ¡Kagome, la llamó. Se acercó a ella, y la tomó en sus brazos. Ya no había brillo sobrenatural ni presencia aterradora en ella, volvía a ser una frágil mujer. Y sin embargo, sus mejillas estaban pálidas, y su respiración cortada. Sólo atinó a abrazarla, como si las sílabas de su nombre se le hubieran atorado en la garganta, impidiéndola a él respirar también. Pasó unos angustiosos minutos así, como si de nuevo lo hubieran sellado. Estaba quieto, pero solo se escuchaba el latir de su corazón, agitado, que perdía fuerzas ante cada preocupado palpitar. Pero una palabra llegó para acariciar sus oídos. Su propio nombre, pronunciado por los labios que más amaba en el mundo.

-¿Inu Yasha?

Se separó un poco de él, con las pocas fuerzas que le quedaban. Y lo miró. Sus ojos ambarinos parecían haberse cristalizado por un segundo. Después, reaccionó, y la abrazó, la abrazó como si ella fuera la última piedra sobre un mar tormentoso.

-¡Kagome! ¡Kagome! ¡Que- la abrazó aun más fuerte- que tonta eres! ¡Eres una tonta! ¿Me escuchaste? ¡Una rematada tonta! ¿Cómo te atreviste…? pero…- se quedó sin palabras. Ella solo lo abrazaba, tranquila ya. Fue más de lo que su orgullo de hombre y de hanyou pudieron soportar. Escondió la cara entre sus cabellos negros, que, gracias a Dios, aun tenían su tan personal olor. Agua salada corría por sus mejillas, empapando la cabellera de Kagome. Lloró en silencio, pero largamente, como para desquitar todas aquellas ocasiones en que quiso hacerlo y no pudo. Y ella seguía ahí, abrazándolo y confirmándole que no era un sueño. Al fin, él puedo alzar su cara y mirar la de ella, que le sonreía. Se quedaron viendo como si quisieran grabar cada detalle del rostro del otro para siempre en su memoria.

Sin embargo, un grito cortó el denso silencio en el que se había hundido la caverna.

-¡Ya no está! ¡Desapareció! ¡El…. El agujero negro desapareció!- era la voz de Miroku, que se miraba anonadado la palma derecha, mientras que con el otro brazo sostenía a una Sango que apenas y reaccionaba, pero que le sonreía al monje con toda la sinceridad de alguien que está herido y exhausto. Shippo y Kirara hacían el intento de levantarse. Y ellos, al fin estaban juntos.

Kagome estuvo en cama durante un par de semanas, recuperando las fuerzas y el color. La Anciana Kaede había dicho que, a pesar de haberlo usado casi todo para destruir a Naraku, aún quedaba algo del poder de las Cuatro Almas en ella. Mismo que, cuando pudo levantarse sin ayuda, Kagome usó para abrir el portal del pozo. Pero, con las nuevas y quizá efímeras habilidades del poder de Shikon, solo podían pasar criaturas sin malicia, pues ella le había implantado la fuerza ya purificada. Así, Miroku y Sango pudieron conocer la famosa "era futura", al igual que Shippo… Todo parecía cuento de hadas.

Recostado de nuevo junto a su esposa, la miró largamente mientras el sueño lo vencía. Odiaba despertar casi siempre cuando ella explotaba en luz, pues volvía a sentir esa impotente angustia. Y sin embargo, daba gracias de que todo hubiera sucedido como sucedió.

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¡Fin del capítulo 2, que fue más que nada un Flash back! Espero que les haya gustado tanto como a mi jejeje. ¡Espero sus comentarios para continuar! ¡Mil gracias a la gente linda que me escribe! ¡Continuaré por ustedes! ;D Matta ne!