AQUI LES TRAIGO EL SEGUNDO CAP DE ESTA HISTORIA, ANTES DE QUE ME CORTEN INTERNET, ESPERO QUE LES GUSTEN, COMENTEN Y DÍGANME QUE LES PARECIÓ Y QUE SUGERENCIAS ME DARÍAN PARA EL SIGUIENTE CAP.
RECUERDEN QUE LOS CINCO PRIMEROS REVIEWS APARECERÁN EN EL SIGUIENTE JUNTO CON LAS RESPUESTAS DE LAS PREGUNTAS Y CONSEJOS QUE QUIERAN DARME
-buenas noches señora-extendí mi mano esperando que ocurriera lo de siempre, cuando hacia eso, que me esquivara la mirada o se quedara fijamente viendo la silla de ruedas. Pero para mi sorpresa, nada de eso ocurrió, con firmeza me tomó la mano y apretó, sin quitarme sus ojos de los míos-me llamo Kathryn Thomson, mucho gusto-asintió esperando que continuara, sin soltar a Henry-para responderle, si, si fuimos nosotras-otra sorpresa me sobrevino esa misma noche, la mujer que parecía de carácter reacio y frio con los que no conocía, hizo lo mismo que había hecho con su hijo.
Me rodeó con sus largos brazos sin importarle el obstáculo de la diferencia de alturas entre mi estatura sentada y la suya de pie, no supe cómo reaccionar, y es que, como dije anteriormente, no estaba acostumbrada a las muestras frecuentes de afecto, y menos de gente extraña.
-muchísimas gracias, señorita Thomson-estaba a punto de abrazar a Azul, cuando la frenó poniendo su mano derecha entre ellas-veo que su madre no es muy receptiva a recibir muestras de afecto de extraños-quise reírme a carcajadas en ese momento, pero sabía que era de mala educación y seguramente desconcertaría a la pobre mujer. Pero siendo sincera conmigo misma, si Azul no cambiaba pronto esa cara de incrédula, no podrá aguantar más y me reiría descaradamente.
-lamento decirle, que, Azul, no es mi madre-su cara se coloreó tanto como una rosa en plena primavera-por favor, ahora que hemos devuelto a su hijo ¿sería tan amable de decirnos donde podemos pasar la noche?-antes de que pudiera responder, una mujer de cabello rubio, acairelado y largo hasta media espalda salió del interior de la impresionante casa, seguramente para saber que sucedía. Era alta, incluso un poco más alta que la morena. Sus ojos tenían una extraña mezcla entre verde grisáceo y azul cristalino, pero en ese momento estaban enrojecidos, hinchados y con las pupilas dilatadas, al parecer también había estado llorando.
-cariño, ¿Qué sucede?-podía jurar que se parecía un poquito a mí, pero con la diferencia de que mi cabello era negro azabache, en lugar de rubio.
Al ver a Henry, su rostro se endureció de inmediato, apenas nos dio tiempo a reaccionar cuando lo tomó del brazo y sin pensárselo le comenzó a dar de nalgadas mientras lo reprendía.
-¿Sabes lo preocupadas que estábamos tu madre y yo? ZAS ZAS ZAS creíamos que te habían secuestrado o peor ZAS ZAS ZAS nos hiciste sufrir como nunca antes, niñito desconsiderado ZAS ZAS ZAS.
-Emma, por favor, para-sinceramente, era una escena bastante vergonzosa de ver, estaba de acuerdo con que el niño merecía un castigo por ocasionarles tal susto a su familia, pero podría haber expresado mi desacuerdo con la actitud de la joven rubia, al hacerlo en público.
Pobre niño, tener dos madre y que una se precipitara a nalguearlo de esa manera en frente de completas desconocidas…necesitaría muchas sesiones de terapia…y un almohadón para sentarse cómodo, por lo menos por un par de días, hasta que se le pasara el dolor de su trasero.
Menos mal que nos vio, porque sino habría jurado que destartalaba al pobre chico. Henry apenas si podía articular palabra sin hipar, y siendo sincera, estuve a punto de gritarle a la mujer que lo soltara inmediatamente.
-vete a tu habitación, estas castigado sin salir de ahí hasta nueva orden-me dio pena, apenas era un chiquillo. Admito que no fue buena idea para él, preocupar así a su familia, pero ningún niño merecía ser castigado sin ser consolado después. Aunque no sé quién me dio más pena después, o él o yo, la mirada que me clavaba mujer luego de mandarlo a su habitación, me dejó bastante asustada-vaya, si es Kathryn Thomson-por lo menos esta mujer sabía quién era-¿Qué te trae por aquí?-si mirada parecía querer penetrar mi alma y traspasarla, sin quererlo mi cuerpo comenzó a temblar de puros nervios.
-buenas noches, señora-al igual que con la otra mujer, le extendí la mano, créanme que tiene la mano bastante fuerte, creo que tenía la fuerza de dos hombres en un cuerpo femenino bien esculpido-solo hemos venido a traer a su hijo a casa-la voz me salía temblorosa y baja, algo en la joven rubia, me daba algo de inseguridad, algo que hacía años no me ocurría estando frente a un adulto.
-Emma Swan Mills, mucho gusto-podía sentir por su tono de voz, lo que casi siempre veía en mi entorno, pena y lastima, esa mirada de "lo siento por no poder hacer nada por ti", pero no me dejaría amedrentar, hacía mucho tiempo que les había demostrado a los demás, que mi condición física no influía en nada en mi sentir, o en un estilo de vida independiente.
-Emma, podríamos alojarlas-la mujer rubia se quedó en silencio, tal vez pensando en la sugerencia de su pareja-es lo mínimo que podemos hacer-sus miradas se encontraron en un santiamén, podía ver toda la pasión y el amor que se profesaban la una a la otra-trajeron a Henry sano y salvo, se los debemos.
Al entrar en la casa pude ver que efectivamente, frente a mí, estaban mis peores enemigas, unas largas y pronunciadas escaleras. Y no estaba dispuesta a pedirle ayuda a nadie, pero antes de que pudiese abrir la boca, la rubia, demostrando porque era la cabeza de la familia, ubico su brazo izquierdo bajo mis rodillas y rodeo mi espalda con el otro brazo, cargándome como princesa en apuros.
-¿Qué cree que está haciendo?-de repente sentí que la sangre se me subía a la cara, seguramente, estaría mas roja que un tomate.
-creo que es bastante obvio-su sonrisa burlesca me producía un gran enfado e indignación.
-le voy a pedir, educadamente, que me baje, por favor-pude escuchar que su garganta retenía risa socarrona.
-si, como no ¿Cómo vas a subir sola?-apenas llevaba menos de quince minutos de conocer a la mujer…y ya podía calificarla como "un molesto dolor de cabeza", pero también tenía que admitir que era una mujer bastante servicial sin que se lo pidieran, lo que era un gran alivio para mi orgullo.
Luego de dejarme en la cama donde iba a dormir, como lo suponía, olvidó de cerrar la puerta, y se dirigió a la habitación que estaba en frente a la que me habían asignado, asumiendo por el poster y el cartel que colgaba del picaporte de "no entrar", ese cuarto era del pequeño hijo de esa pareja, la voz de Henry se oía claramente detrás de su puerta, se escuchaba la voz de la señora Swan, un poquito más alta que la del niño, aun un poco molesta, pero vamos, ya estaba en su casa, no tenía heridas ni nada, aunque ¿qué podía decir yo?, si ni siquiera recordaba los regaños de mis padres.
Esa noche la pasé casi sin dormir, el cuarto que me habían dado era igual que el mío, de cinco metros cuadrados, pero tenía que admitir que los gustos en decoración eran mucho mejores que los míos, la habitación estaba finamente decorada con motivos vintage pero también mezclados con el toque moderno del siglo veintiuno, el piso era de cerámicos marmolados desgastados, que le daba un aire de medievalismo, el techo tenía un candelabro de un símil cristal que hacía que la luz destellara en pequeños romboides en las paredes y el mismo techo, las paredes estaban pintadas de un color celeste acuoso, de estilo victoriano, la cama con doseles de roble, laqueado, era de dos plazas, con un divino cortinaje de seda negra, a cada lado de la cama había un bureau de pino de tres cajones cada uno, coronado por una lámpara de pantalla de una tela paneleada de color crema. Lo que más impresión me daba era el gran closet que ocupaba toda la pared lateral superior, de pared a pared, ¿Cómo era posible que una mujer tuviera una habitación de invitados con un placar tan grande y vacío?
La mañana me sorprendió ya levantada, tendiendo la cama, a pesar de estar en la silla de ruedas, no me costaba hacer las tareas básicas de la casa, aunque sinceramente me tardaba más de lo normal. La ropa que había cargado en mi bolso de mano ya estaba seleccionada en la cama y lista para usarse, aunque había un ligero problema…al no haber barrales para discapacitados físicos, necesitaba ayuda para entrar en la bañera…o salir de ella, y contando que Azul siempre se despertaba media hora después de que mi despertador sonara, no contaba con que pudiese echarme una mano.
Pero como si la hubiese llamado, a las siete y treinta de la mañana, sin siquiera tocar la puerta, la señora Mills, de la cual todavía no sabía su nombre, porque no había tenido la oportunidad de preguntárselo, entró en el cuarto, ya vestida con una camisa de seda fría, blanca, abrillantada, de mangas cortas, y cuello en "V", los primeros botones, sin abotonar, dejaban ver una generosa parte de su sostén celeste de encaje, su falda de tubo negra hasta arriba de las rodillas, acompañadas por unas medias de lycra, para finalizar su atuendo, llevaba puestos unos zapatos de tacón negros, que tal vez tenían quince centímetros de alto.
-buenos días, señorita Thomson-su voz parecía más fría y educada, que lo que sonaba en la noche anterior.
-por favor, llámeme Kathryn, solo Azul me llama "señorita Thomson"
-muy bien "Kathryn", suponiendo que su asistente aún no se ha levantado, he venido a ayudarla a prepararse antes del desayuno-esta pareja tenía algo, ese "no sé qué" que me había hecho sonrojar de la vergüenza, más de tres veces en menos de veinticuatro horas-por favor, no me diga que le da pena.
-puedo arreglármelas sola, aunque muchas gracias por su ofrecimiento-creo que no fue muy buena respuesta, porque a pesar de mi negativa, tomó más manijas de la silla, sin articular palabras, me condujo hasta el baño que el cuarto tenia incorporado, esperó a que la bañera estuviera completamente llena de agua caliente-creo que no me escuchó lo suficientemente claro, le dije
-se lo que dijo señorita Thomson, pero no hay que ser muy brillante para saber que sin una barra de ayuda, podría caer y romperse algún hueso importante, y siendo que aun el despertador de su asistente, no ha sonado, me he tomado la libertad de decidir por usted-esta iba a ser una larga mañana, solo esperaba que llegara el medio día para poder volver a casa.
