En este capítulo entrará en acción un nuevo escenario: Biggest City. El nombre lo he pensado yo. No aparece en ningún juego de Sonic. Si en capítulos siguientes veis algún nombre que no coincide con ningún videojuego, es invención mía. Eso era todo. Que disfrutéis.
2º capítulo: Los charcos negros.
Sonic se acercó lentamente a la periquita. Con suma delicadeza se sentó a su lado. Tails observaba la situación totalmente rígido e inmóvil. Sonic alzó una mano hasta la mano de la periquita y, justo cuando se produjo el contacto, la mujer la apartó velozmente y lo taladró de nuevo con la mirada. Pero esta vez Sonic no se dejó amedrentar y probó también a intimidarla con los ojos. Durante segundos hubo una lucha psicológica en el que cada mando quería tener control sobre las emociones del otro. Sin embargo, los dos combatientes no consiguieron superarse el uno al otro y ambos apartaron la visión.
-¿Quién eres?- le preguntó Sonic intentando ocultar su derrota.
-No es de tu incumbencia- la voz imperativa de la joven sorprendió a los oídos del erizo.
Por el rabillo del ojo, Sonic vio que Tails empezaba a relajarse y se acercaba al meollo de la conversación. Curioso por saber quien era aquella chica.
-Sí lo es- respondió Sonic secamente- Nosotros te hemos rescatado- señaló al zorro y después a él mismo- y tenemos derecho a saber que clase de persona alojamos bajo nuestro techo y que clase de persona tiene que agradecernos nuestra buena acción.
-Fuisteis vosotros los que quisisteis rescatarme yo no pedí a nadie que lo hiciera- le protestó violentamente la pájara haciendo caso omiso a la mueca de indignación de Tails.
Sonic respiró hondo para calmar las ansias de agredir a aquella muchacha por su insolencia y continuó totalmente sereno.
-Eres un poco ingrata ¿no? Se supone que te hemos salvado de palmarla. No estás muerta gracias a nosotros- dijo poniendo mucho énfasis en la palabra "nosotros"- Según mis modales de eso hay que estar agradecido.
-No pedí que lo hicieras- repitió.
El erizo suspiró con una mueca de enfado y, viendo que la periquita no se iba a dejar convencer, intentó cambiar de tema.
-¿Cómo te llamas? Yo soy Sonic the Hedgehog y él es Tails- le preguntó sin dar ningún rodeo.
La joven movió un dedo con aquella pregunta y miró directamente a los ojos al erizo. Sonic se tensó esperando otro ataque pero aquella mirada verde de la periquita estaba relajada.
-Anya, Anya the Parakeet- respondió esta vez con voz ahogada- Encantada de conoceros, Sonic y Tails.
-Anya...- repitió el erizo con un susurro.
-Anya ¿por qué estabas en el lago inconsciente?- interrumpió Tails pidiendo información- ¿Qué te había pasado? Tenías muchas heridas y contusiones.
Ahora parecía que Anya se contraía ella misma. Totalmente pálida, agarraba su bolsa de cuero firmemente contra su pecho. Su respiración se hizo agitada y Anya cerró los ojos apretando mucho los párpados. Sonic y Tails se miraron extrañados y el erizo se preguntó que es lo que podría haber puesto nerviosa a Anya.
La periquita, temblando, se irguió sobre su espalda pero apretó con mucha más fuerza la bolsa de cuero, como si quisiera protegerla de algún peligro inesperado. Sus ojos verdes reflejaban ahora una preocupación sobrenatural, una amenaza inminente. Sonic se cuestionó si Anya quería decirles algo indirectamente.
-Yo...he sido perseguida...por un hombre...Tiene algo peligroso...
-¿Peligroso? ¿Quién era ese hombre?- le preguntó el erizo más delicadamente con el fin de no alterarla demasiado.
-No...no lo sé, no me dijo su nombre. Lo único que sé es que llevaba ropas rojas, portaba gafas y viajaba en un extraño aparato volador. Me persiguió durante tres horas y yo sólo podía correr. Tenía que salvarlo sino todo Mobius caería ante ese hombre.
Sonic se levantó inmediatamente, pensando en la declaración que Anya había hecho. Sin duda, el hombre que la había estado persiguiendo era el Dr. Eggman. El erizo se estremeció cuando se preguntó que clase de plan para conquistar Mobius estaba preparando su archienemigo. Bueno, una cosa estaba clara: tenía que actuar pero no sabía ni cuándo ni dónde. Miró a Tails buscando su confirmación ante su sospecha. El zorro asintió con la cabeza y se marchó inmediatamente cuando oyó un pitido electrónico en el laboratorio.
-¿Cómo lo despistaste?- le siguió interrogando.
Anya se removió sobre la cama y relajó los tensos brazos que se cerraban alrededor de su preciada bolsa.
-Llegué a un claro donde caía una cascada a un río. Creí haber despistado al hombre pero él me encontró y logró tirarme al río. Yo quedé inconsciente.
-¿Qué es lo que quería de ti, Anya?- la periquita volvió temblar violentamente. Sonic acarició su espalda transmitiéndole confianza- Ahora estás a salvo.
Anya tragó saliva y le acercó la bolsa de cuero, totalmente abierta. El objeto dorado de su interior se podía ver perfectamente ahora. Sonic lo señaló con los ojos bien abiertos. Anya asintió con la cabeza.
-Esto es lo que quería de mí- la joven respiró entrecortadamente- Esto es...
Tails irrumpió en la habitación. Jadeaba y parecía nervioso. Sonic se alertó cuando empezó a realizar gestos con los brazos aparentemente para avisar al erizo de algo. Sin embargo, le molestó aquella interrupción. Por fin iba a saber que era lo que Anya protegía.
-Tails ¿qué pasa?- preguntó.
-Knuckles ha llamado desde Biggest City. Eggman está atacando- le informó luchando por respirar.
-Está bien. Vamos- se giró hacia la pájara- Tú te quedarás aquí. Aún estás débil
-¡No!- Anya se levantó de la cama súbitamente y se dobló al sentir un pinchazo entre sus costillas- Quiero ir con vosotros. Ese tal Eggman puede ser la persona que robó el huevo oscuro.
Sonic observó incrédulo como la valiente periquita ignoraba el dolor de su torso y se encaminaba hacia la puerta de la habitación, siguiendo los pasos de Tails. Era una chica con valor, pensó. Sonic ladeó la cabeza y clavó su vista en la bolsa de cuero que Anya había dejado encima de la cama ¿qué demonios era aquello? ¿A que huevo oscuro se refería? ¿Y qué tenía que ver ella en todo eso?
Knuckles aporreó la última de aquellas siluetas negras y flexibles. La extraña criatura se convirtió en puro líquido nada más golpear el puño del equidna. Respiró hondo y observó satisfecho su recién terminado trabajo. Un enorme charco de fluido negro cubría lo que era el asfalto de Biggest City. Los ciudadanos de aquella enorme ciudad estaban escondidos en el interior de las tiendas y estuvieron mirando por sus escaparates el espectáculo que Knuckles montó. El equidna lanzó un vistazo a la muchedumbre apiñada dentro de los edificios y se echó a reír.
-¡Podéis salir! ¡Se ha acabado todo! ¡Estáis a salvo!- les gritó con los brazos extendidos. Sin embargo, los habitantes de Biggest City no se disponían a salir de sus escondites.
Suspiró y elevó la cabeza hacia el cielo cuando escuchó el motor de una avioneta justo encima de él. El Tornado descendía lentamente hacia un claro alejado de la ciudad. Sonic saludó a Knuckles con la mano desde las alas del vehículo. Knuckles respondió. Por fin llegaron, pensó el equidna.
Sonic fue el primero en reunirse con Knuckles. Los dos colegas se volvieron a saludar, esta vez con un apretón de manos. Tails y una extraña periquita llegaron un rato de después. Knuckles miró por encima del hombro de Sonic para poder ver mejor a la desconocida. Parecía una joven decidida y valiente. Al equidna le gustó mucho las ropas que llevaba: una camiseta verde de asas con ondas negras a los lados y un pantalón amarillo con finas líneas. Tails y la joven se detuvieron justo detrás de Sonic. El zorrito traía consigo una encantadora sonrisa mientras que la periquita portaba en sus ojos una mirada taladradora.
-¿Quién es?- le susurró el equidna al erizo.
-Oh- Sonic giró un momento para ver a la joven- es Anya the Parakeet. Una...nueva amiga.
Anya, desde detrás, parpadeó tres veces, un poco confusa. Miró a Sonic y dijo:
-¿Sonic?
-Anya, él es Knuckles the Echidna. Puedes confiar en él.
Para Knuckles fue un alivio que Anya relajara la mirada. La periquita le sonrió y asintió con la cabeza. Después, se acercó un poco más a Sonic.
-Knuckles ¿qué pasó con Eggman?- le preguntó Tails.
-Bueno ¿veis esos charcos negros en el suelo?- señaló el equidna con uno de sus gruesos dedos- Antes eran extrañas criaturas. Eggman las liberó desde su cacharro volador. Estuve demasiado ensimismado en la lucha para vigilar a Eggman y cuando me di cuenta ya había desaparecido.
Sonic se agarró el mentón con la mano derecha y empezó a estudiar aquellos charcos negros. Realmente tenían un aspecto tenebroso ¿cómo serían aquellas criaturas de las que Knuckles habló? El erizo había notado a su colega bastante exhausto cuando llegó ¿habían sido tan duros aquellos seres? Sonic miró a Anya para ver su reacción. Ella estaba con las dos manos agarradas, observando los charcos con un horror inconfundible en sus ojos verdes. Sonic se preguntó si ella sabría algo de eso. Le preguntaría más tarde. El erizo corrió hacia el charco más cercano y acarició aquel líquido oscuro con el dedo índice. Era espeso y pegajoso. Sacó el dedo y observó la mancha negra en la yema. La acercó a su cara y la olió. Hizo una mueca cuando un olor amargo penetró en sus fosas nasales. Lo volvió a mirar con detenimiento y entonces, sin nada que lo manipulase, el líquido que había en el dedo de Sonic tembló y voló hasta el charco de donde procedía.
El erizo retrocedió atónito sin despejar sus ojos de aquella cosa y al ver que no ocurría nada volvió al lado de sus amigos. Le sorprendió ver que Anya le miraba con una expresión preocupada en su cara. El erizo colocó una mano en su hombro y asintió con la cabeza, transmitiéndole que no había pasado nada. La periquita se relajó con un suspiro.
-Aquí ya no hay nada que hacer. Vayámonos. Los habitantes de Biggest City saldrán por su cuenta.
Empezaron a caminar despacio hacia el trayecto que les llevaría al Tornado. Sonic apenas percibía el murmullo de la gente...y las continuas miradas de Anya. Estaba absorto en sus pensamientos. De como aquel extraño fluido saltaba de su dedo hasta el charco. Sólo un tirón hacia atrás de Tails le despertó de su inconsciencia.
-¡Sonic! ¡Mira!- le gritó señalando el lugar de la batalla.
En el centro del campo de combate, los charcos negros temblaban, como si hubiera un terremoto. Desde detrás de todo, Anya soltó un grito horrorizado. Tails se colocó al lado de Knuckles totalmente pálido a la vez que Sonic avanzaba hasta colocarse delante del grupo. Los habitantes de Biggest City se volvieron a esconder en los edificios al ver el inminente peligro.
Sonic entrecerró los ojos para poder visualizar bien el panorama. Los charcos se movían ahora frenéticamente. El erizo lanzó una exclamación de sorpresa cuando unas criaturas, completamente negras y viscosas, surgieron de los charcos. Aquellos repugnantes seres comenzaron a caminar velozmente hacia Sonic con unos pies con solamente dos garras curvadas pero parecía que mostraban más interés por Anya ya que sus ojos, opalescentes y rojos como la sangre, estaban clavados en ella. Miles de manos con tres enormes puntas en lugar de dedos se alzaron en dirección al erizo. Sonic se dispuso a no dejarse amedrentar y se colocó en su posición de lucha, preparado para echar a correr.
-¡Nigs!- gritó de repente, Anya, sobresaltando a Sonic y atrayendo la atención de Knuckles y Tails- ¡Son...nigs!
-¿Nigs?- preguntó Sonic confundido pero no pudo cuestionar a Anya sobre lo que sabía de los nigs ya que ellos estaban demasiado cerca para quedarse quieto.
Sonic le hizo una seña a Knuckles. El equidna la entendió perfectamente y se aproximó al lado de Sonic con los puños en alto. La periquita también avanzó pero no pudo dar más de tres pasos porque un dolor punzante y espantoso ardió en su torso. Anya se agachó soltando un gemido lastimero. Tails se apresuró a sostenerla. El zorro miró a Sonic y el erizo le indicó que la llevara al Tornado. Tails asintió con la cabeza y se alejó volando llevando a Anya en brazos.
Sonic no se entretuvo más. Se volteó lentamente y les plantó cara a los repugnantes nigs. Las criaturas estaban a un palmo de distancia siseando y produciendo un sonido viscoso a cada paso. El erizo se enrolló sobre si mismo y rodó, cual rueda, en el sitio. Cogió mucha carga y cuando se hubo asegurado de tener el poder suficiente, realizó un potente Spin Dash que derribó a tres nigs seguidos. Los seres se transformaron en densos charcos negros de nuevo. Sonic se detuvo y observó el resultado de su ataque ¿habría acabado definitivamente con ellos? Dejó ese pensamiento atrás cuando observó por el rabillo del ojo que Knuckles se cargaba a dos más. Gruñó cuando percibió una yaga profunda de color escarlata en la que resbalaba un espeso líquido negro en el brazo del equidna. Un nig le había herido, pero ¿cómo era posible que le hubiera alcanzado? Knuckles era un experto luchador y había que tener muchos reflejos para alcanzarle. Pero entonces recordó que él ya había peleado anteriormente con las criaturas y debía de estar agotado. Sin embargo, debía seguir luchando. Aún había muchos nigs por destruir. Sonic dio un salto y en pleno aire, se volteó. Dos nigs le esperaban justo debajo de él. Sonic no esperó. El erizo estiró una pierna y se impulsó hacia abajo para caer justo encima de sus asquerosos enemigos. Su pie aplastó a los nigs y dispersó sus restos convirtiéndoles a ellos también en charcos negros. Entre tanto, Knuckles ya había eliminado cinco más pero, en consecuencia, había recibido más golpes a causa de su cansancio. El equidna cayó pesadamente al suelo y se dejó tumbar en el suelo con los brazos extendidos. Sonic corrió en su auxilio, alarmado por el estado de su compañero. Pocas veces lo veía así de mal.
-¿Knuckles? Responde, Knuckles- le dijo a la vez que zarandeaba la espalda inerte del equidna.
-Estoy...estoy bien, Sonic. Sólo me estoy tomando un pequeño descanso- gimió con un tono lastimero en su voz.
-Knuckles...- Sonic se alarmó cuando el brazo de su colega se movió y dejó al descubierto una herida sangrante y profunda que desgarraba la piel hasta el hueso. Sonic apretó los dientes en un gesto desastroso- Tengo que llamar a Tails.
-No...Te he dicho que estoy perfectamente ¿es que estás sordo?
-No me trates así. Sabes que sólo quiero ayudarte- le reprochó, Sonic, su comportamiento.
Un seseo tremendamente escalofriante sobresaltó al erizo y le puso los pelos de las púas de punta. Volteó la cabeza lentamente, sin dejar de prestar atención a los aterradores sonidos que se producían detrás suyo. Lo primero que vio fueron unos ojos rojos brillantes que emanaban miedo y peligro. Después un fétido olor penetró en su nariz y...repentinamente unos dientes blancos como el marfil y afilados como dagas aparecieron en su campo de visión, seguido de un rugido agudo y atronador. Sonic realizó, instintivamente en un acto de protegerse, una patada que cortó a la mitad aquel nig amenazador. El ser explotó en un charco del color del alquitrán. El erizo se incorporó rápidamente y se llevó una mano al pecho, donde su corazón latía a mil por hora. Quizá, si no hubiera actuado el nig podría haberle matado. Estaba bastante conmocionado.
-¿Sonic? ¿Te encuentras bien?- se preocupó Knuckles, quien se había levantado del suelo y se agarraba la herida del brazo con peligrosa fuerza.
-Sí, creo...- se interrumpió cuando el seseo de los nigs fue lo único que se escuchaba en el lugar ¿no los habían derrotado?
Erizo y equidna se quedaron inmóviles cuando contemplaron como las criaturas resurgían de nuevo de los charcos. Sus cuerpos gelatinosos estaban en perfectas condiciones: sin un rasguño, sin ninguna cicatriz, sin ninguna señal de que hubieran sido derrotados en algún momento. A Sonic le inundó de repente el miedo, más por Knuckles que por él mismo. El equidna estaba demasiado machacado para volver a pelear con los nigs pero parecía que no se iba a quedar como simple espectador. Sus puños en alto eran la prueba.
Sonic miró, aterrado, a sus enemigos y tragó saliva. No le quedaba más remedio que volver a pelear con los repugnantes monstruos.
Anya se removió inquieta en el asiento del Tornado, el avión más rápido en el que había montado nunca. En realidad, jamás había montado en uno. Estaba preocupada por Sonic the Hedgehog, su salvador, y por Knuckles the Echidna, el amigo del salvador. Si los nigs habían aparecido, eso sólo podía significar que aquel hombre, Eggman, había logrado que el huevo se abriera ante él. El huevo maligno. Las leyendas de su pueblo relataban que únicamente la cría del huevo dorado, el que ella poseía, podría vencer al monstruo. Pero ¿quién sería el elegido cabalgador de la criatura? ¿Quién lucharía contra la oscuridad? Estaba casi segura de que sería Sonic el que recibiera el honor. Él era valiente, decidido, bondadoso, justo...Era la persona ideal para hacer frente a la amenaza. Pero ¿cuándo se abriría? Esa era la cuestión.
Un ruido de pasos despertó a Anya de su trance y captó la atención de Tails. El zorro tuvo que ahogar un grito cuando vio a Sonic y a Knuckles surgir de la maleza de un bosque situado a las afueras de la cuidad. Estaban completamente destrozados. Millones de yagas sangrientas cortaban la cara y el cuerpo de ambos. Sus respiraciones eran muy agitadas y sus piernas temblaban frenéticamente, amenazando con tumbarlos. Anya reprimió una oleada de temor y corrió en su ayuda. Al ver que Tails avanzaba hacia el erizo, la periquita atendió al equidna. Nada más pasar sus delgados brazos por la cintura de Knuckles, este se dejó caer. Anya recurrió a su mínima fuerza para sostener su masculinizado cuerpo.
-De repente, se marcharon...los nigs...- farfulló el herido.
-No...No te mueras...- murmuró desesperada cuando Knuckles perdió la conciencia.
De pronto, notó que alguien separaba al equidna de ella. Miró hacia la persona que estaba cargando con él. Tails volaba gracias a sus dos colas y sujetaba ahora a Knuckles por el pecho. Anya, medio aturdida, sólo pudo soltarlo y caminar lentamente hasta su asiento correspondiente en el Tornado. De reojo, vio a Sonic apoyado en las alas del avión. Él seguía despierto y parecía estar mejor que Knuckles. La periquita suspiró audiblemente y cerró los ojos. Necesitaba descansar. Poco después sintió una brisa agitándole las plumas de la cabeza y a continuación notó que debajo de ella el Tornado se elevaba. Sí, ya estaban despegando. Despegaban hacia un cielo completamente azul. Un cielo que ignoraba el peligro futuro y a un extraño animal con cabeza y alas de águila y patas y cola de león. Era negro. Todo negro.
¡Kamiase, Kira-writer! ¡Hola de nuevo, amigos! ¿Qué tal todo? Yo escribiendo, como podéis ver ¿Habéis empezado ya las vacaciones de verano? A mi me dan las notas el Viernes (estoy un poco nerviosa...). Bueno, supongo que nos veremos en el siguiente capítulo. Que paséis unas felices vacaciones y una feliz semana. Gracias por los reviews.
Wings-Dragon
