No podía creer que tuviera delante de mí a Eren Jaeger, mi padre.

Estaba paralizado y para que mentir, horrorizado...

El miedo me congeló y no tuve el valor de contestarle. Mi labio inferior había comenzado a temblar levemente. Y no fui el único que se quedó de esa manera, mis demás amigos también estaban en las mismas condiciones que yo. Claennis expresaba miedo, temor y angustia. Por otra parte, Synnove irradiaba furia contenida. Heinrich y Kayne estaban desconcertados, intentando procesar lo más pronto posible la situación, para después hallar alguna forma de responder todas las incógnitas. Y por último, Grahem y Maggie, permanecían inmóviles, pero muy a la defensiva.

Temblorosamente, tomé su mano. Era muy cálida, pero eso lo atribuí a que, por la presencia de los nervios, mi temperatura corporal había disminuido considerablemente.

—Te ves pálido, ¿necesitas que te lleve a la enfermería?— su rostro seguía expresando preocupación. Me sentí un poco conmovido.

Reaccioné con ese comentario suyo. Él no tenía idea quienes éramos nosotros.

—Amm... No, estoy bien— respondí inseguro, pero, era tan despistado que no se dio cuenta de que mentía.

Me sonrió amigablemente y los demás de ese grupo se nos acercaron con las mismas intenciones que mi padre. Y entonces me di cuenta de un importante detalle. Y ese era que aquel grupo era la Tropa 104. Casi me asfixio cuando reparé en ese detalle. Y no me equivoqué, eran todos ellos. Más jóvenes, más despreocupados, tan vivos...

Mikasa Ackerman. Armin Arlet. Jean Kirschtein. Sasha Braus. Connie Springer.

Y los más importantes para mí.

Eren Jaeger e Historia Reiss.

Unas ganas inmensurables de llorar se habían apoderado de mí. Sin poder reprimirlo, una lágrima había recorrido mi mejilla. Mi padre me miró aún más preocupado y con un tanto de brusquedad, me levantó del suelo. Me forzó a mirarlo al rostro y yo tuve que suprimir esa frustración que había comenzado a surgir nuevamente. Definitivamente no estábamos en el mismo sitio que hace unos momentos. O quizá pasaron días después de aquella tragedia. Ciertamente no lo tenía claro.

Ladee mi rostro para ver a Claennis y ella le estaba costando menos mantener el control, a pesar de que era más sentimental que yo. O como le decía el Capitán Ackerman: "Mocosa Llorona"

Y a todo esto...

¿También estarían vivos el Capitán Ackerman, la Teniente Zöe y el Comandante Smith? Deseaba que sí.

Los rostros de mis amigos también se deleitaron con la exuberante felicidad que recorrió sus miradas. Cada uno había clavado su mirada con sus padres, quienes eran los demás integrantes de la Tropa 104. Me alegre mucho por ellos.

—Estas mintiendo— mi padre me dijo con un toque de reproche.

Mi rostro palideció aún más.

—Tus orejas enrojecieron cuando afirmaste estar bien— continuó seguro y me sentí muy aliviado de que no indagara más.

—Ah, bueno, es que tiene hambre y ninguno de nosotros ha probado alimento en todo el día— intervino Heinrich para tratar de aliviar la situación.

— ¿Porqué?

—Hemos sido recientemente trasladados aquí

Mi padre pareció meditar un poco la respuesta, pero decidió restarle importancia y nos indicó que la hora de la cena estaba muy cerca. Que fuéramos a los comedores.

Después de eso, los demás integrantes de la Tropa 104, ayudaron a mis amigos a levantarse. Lo cual desde mi visión eso se veía sumamente extraño. Es decir, que estos los ayudaran sin saber realmente quiénes éramos en realidad.

La Capitana Ackerman ayudó a Synnove. De la misma forma, el Tío Arlet, apoyó a Kayne para que se levantara; su delicado cuerpo recibió más golpes que el resto de nosotros. Grahem denegó la ayuda del Capitán Kirschtein, era demasiado orgulloso y eso a veces me exaspera. Maggie fue ayudada por la Capitana Braus. Y por otro lado, el Capitán Springer le preguntó a Heinrich por su estado, a lo que este respondió que se encontraba bien.

Mi madre, Historia, fue a auxiliar a Claennis y esta permaneció en el mismo estado que yo, inmóvil, pero luego espabiló.

Al estar todos de pie, mi padre nos indicó que faltaba poco para la cena y emprendimos camino hacia los comedores.

—Ni siquiera me presenté, soy Eren Jaeger— el, en un gesto que se le podría considerar de lo más simpático, extendió su mano para presentarse.

—Soy Nerian Jae... — iba a responder pero antes de mencionar mi apellido, Kayne hizo intervención.

— ¡MAYER!— exclamó apresurado.

Tanto los compañeros de mi padre como los míos, lo vimos desconcertados. Yo estaba intrigado por preguntarle la razón del porqué no podía mencionar mi apellido real. Pero antes de que pudiera replicar, mi padre intervino.

—Vaya, Nerian Mayer— repitió mi nombre como si me conociera —Bien, te presento a mis compañeros— hizo ademán de señalarlos.

Aunque ya sabíamos quiénes eran ellos, todos optamos por fingir demencia.

Cada uno se había presentado muy amablemente. Nos desearon suerte en cuanto a nuestro trabajo se refiere. Mi padre me había dicho que si tenía alguna cuestión, que no dudara en llamarlo a él. El demostraba una franca preocupación por sus compañeros y no pude evitar sentirme confundido. Y entonces, me di cuenta de una cosa. Que aquel que estaba frente a mí, no era el hombre que me había dado la vida, el que se había hundido en sus propias ambiciones, mucho menos el que había matado tanta gente y destruido medio mundo. Nada de eso, o quizás aún no sucedía.

Ese era un muchacho con una mirada llena de determinación y que estaba dispuesto a llegar muy lejos por sus seres queridos.

Simplemente era Eren Jaeger.

Así sería para mí.

Así como sus demás amigos y compañeros, porque ellos aún no eran las personas que conocíamos. Eran tan alegres y tan dispuestos a vivir. Que lo que veía ante mis ojos parecía un absurdo espejismo.

Pero no estaba seguro de cómo lo verían mis demás amigos. Lo más seguro es que lo veían como un tirano sin corazón, alguien que no se toca el alma a la hora de actuar. Si se los comento a mis compañeros, ellos me verían como un desquiciado, aunque quizá Claennis lo entienda muy poco. Ojalá todos lo vieran de la forma en que yo lo hago.

— ¿El Comandante sabe sobre ustedes?— había preguntado Jean Kirschtein.

Kayne no tardó mucho en responder. Su inteligencia es digna de admirarse. Justo como su padre, Armin Arlet.

—No— negó y prosiguió con un tono bastante convincente —Provenimos de la Muralla Rose, Trost más específicamente, y cuando nos informaron que seríamos trasladados a la Legión de Reconocimiento, nos indicaron que le informáramos al Comandante Erwin Smith, sobre nuestro cambio de rama. Al tratar de llegar a su base, dimos con una ruta equivocada y terminamos en este lugar—finalizó con una falsa mueca de incomodidad, pero bastante bien actuada.

Eren Jaeger nos dijo que después de la cena o quizás un día después, pasáramos a la oficina del Comandante para trabajar en nuestro "Nuevos puestos" aquí en la Legión.

Eren y Jean habían iniciado una pelea por un comentario del primero mencionado. "Cara de Caballo", así le decía. Me recordó cuando yo llamaba (y llamo) a Grahem "Cara de Cabra". Mikasa había ido a separarlos porque estaban a punto de golpearse. Y curiosamente también me llegó a la cabeza varios recuerdos donde una molesta Synnove nos separaba y nos obligaba a limpiar pisos como muestra de castigo.

Synnove irradiaba maternidad, justo como su madre, Mikasa Ackerman.

Al llegar a los comedores, fuimos el centro de atención. Inmediatamente recordé este lugar. Yo solía venir con mi padre para observar todo lo que los soldados hacían. Siempre quedaba maravillado y deseaba, algún día, unirme a la Legión y poder destacar como mis antecesores. Ahora ya no tiene importancia, porque todo ese lugar es un montón de cenizas.

Luego de que tomáramos una bandeja con la cena, la cual consistía en una sopa de verduras, pan y un vaso de agua, Sasha Braus y Connie Springer nos hicieron un espacio en una mesa reservada que Mikasa había apartado para nosotros, ya que ella se adelantó. La mesa era bastante grande para todos nosotros. O tal vez porque habían juntado dos mesas, quien sabe. Eren, Mikasa y Armin, se habían sentado en ese orden. Sucedió lo mismo con Jean, Sasha y Connie. Todos ellos de un mismo lado.

Por otra parte, nosotros nos sentamos de un modo similar. Yo, Synnove y Kayne. Luego, de una forma bastante cohibida, Grahem, Maggie y Heinrich, también se sentaron. La mesa se había llenado.

Historia, mi madre, lo había notado, pero trató de no inmutarse, así que le dijo a mi hermana que fueran a una mesa más cercana. Me sentí un poco preocupado, no quería perder a Claennis de vista. Para disimular mi disgusto, comencé a degustar del contenido de mi bandeja. Fue gratificante, porque hay una cosa en la que Heinrich no había mentido y esa era que nos estábamos muriendo de hambre.

Mentiría si dijera que me sentía incómodo, porque definitivamente era todo lo contrario. Me sentía como en casa. La sensación era tan placentera. Y estaba seguro que no era el único que la sentía. Porque Grahem se veía relajado cuando observaba a sus progenitores, Jean y Sasha. Así como Maggie, reía con su padre Connie. Y después, Kayne, quien observaba con mucha atención a Armin. De igual forma, con Synnove el caso no era muy distinto. Heinrich se veía relajado, pero solo estaba muy serio.

—Oigan— nos había llamado Eren —Nerian me dijo su nombre, pero no sé cuáles son los de ustedes— inquirió mirando a mis demás amigos. Sentía raro cuando Eren me llamaba Nerian y no hijo, como siempre lo hacía.

Ellos se dieron varias miradas, entre sí. Como si estuvieran dudando de decir sus nombres a las personas que eran nuestros padres pero más jóvenes. Me miraron a mí y simplemente asentí, fue como una confirmación para ellos de que todo estaba bien.

—Kayne Ar...ser

—Grahem ¿... Eberwein?

—Soy Heinrich Stone, mucho gusto.

—Maggie... Amm... Scrivens

Los apellidos que había inventado o escuchado, me parecieron raros. Y muy parecidos a los originales. Synnove no había emitido palabra alguna. Estaba molesta, no cabía duda; su rostro expresaba el claro mensaje: "Te mataré". No culpaba su enojo, claramente todos lo estamos. Pero debido a las circunstancias que se nos presentaron, no teníamos de otra que fingir. Le di un leve codazo para que se presentara, para evitar discusiones y sospechas.

—Synnove— es todo lo que dijo y de una forma bastante irrespetuosa. Con los brazos cruzados.

Mikasa había mirado con un poco de fastidio mal disimulado. La misma expresión que ponía cuando el Capitán Ackerman la fastidiaba. Tuve que intervenir para que esto no empeorara.

—La castaña que se fue con la chica Historia, es mi hermana, se llama Claennis— comenté y eso, para fortuna mía alivianó el ambiente.

—Me recuerda a una persona importante.

"Mi abuela fallecida, Carla Jaeger"

Consiguientemente, poco después de proseguir con la cena, tres siluetas hicieron acto de presencia en la mesa central de los comedores. Mis ojos se ensancharon y no pude evitar echarle un vistazo a Synnove y Heinrich, quienes eran los más consternados.

Eran nada más y nada menos que el Capitán Ackerman, la Teniente Zöe y el Comandante Smith.

Vi que la mirada de Synnove se iluminó al ver a su padre vivo, Levi Ackerman. Justo de la misma manera en la que había visto a Mikasa.

También Heinrich estaba feliz, pero el sabía disimular muy bien, al igual que Synnove.

Siguió observando a sus padres, Hange Zöe y Erwin Smith. Y entonces vi que la expresión de su mirada de sorpresa a análisis. Estaba ideando un plan y moría por saberlo.

— ¡Cadetes!— nos había llamado con su potente voz.

Todo dirigimos nuestras miradas hacia él, especialmente nosotros y Heinrich. Después nos pusimos de pie.

—Tengo la obligación de darles el comunicado de que al finalizar el mes, se realizará una expedición de reconocimiento, debido a las constantes actividades (y cabe mencionar, inusuales) de los titanes. Dicha expedición será de total privilegio, pues no solo trataremos de hacer investigaciones de máxima importancia, también aprovecharemos para recolectar suministros. Esto fue una condición que se nos impuso para dar marcha a la expedición— informó con esa potente voz tan parecida a la de Heinrich. Y por mi parte, llegué a la conclusión de que, peor situación nos pudo haber tocado. No teníamos idea de como lidiar con el hecho de que somos unos completos extraños en este lugar y que, definitivamente, no estamos en el que debería ser nuestro tiempo. Mis compañeros fueron presa del pánico, lo vi en sus miradas.

Había explicado unas estrategias y rutas cortas que seguirán en la expedición, pero estaba demasiado alarmado y trataba de hacer trabajar mi mente lo más rápido posible. Nosotros no podemos asistir a dicha expedición. Ni siquiera deberíamos estar en este lugar.

—Dado a eso, los entrenamientos serán un poco más rigurosos y puede que se extiendan más del tiempo acostumbrado. Pero si tenemos éxito, todo habrá valido la pena— secundó la Teniente al ver algunos rostros pálidos.

Si eso fue un intento por tranquilizar a los reclutas, el resultado fue desastroso. No ayudó en algo porque los rostros de pánico iban en aumento.

— ¿Alguna duda?— inquirió el Capitán. Nadie respondió.

—Sin más por el momento, me despido. Pueden retirarse— justo cuando iban a salir por la puerta de los comedores, la Teniente Zöe dirigió su vista hacia la mesa de aquí, probablemente reparando en el hecho de que nuestros rostros eran "nuevos" y les susurró algo al Comandante y Capitán. Probablemente les estaba diciendo algo sobre nosotros. Conocía a la Teniente Zöe de toda la vida, era muy curiosa. Cosa que en un inicio me causaba un poco de gracia, pero ahora solo me provoca terror y unas ganas bastante intensas de salir corriendo.

Comencé a temblar cuando se acercaron a nuestra mesa y busqué rápidamente a Claennis, pues no había recordado de que ella se sentó con Historia en una mesa apartada de la de nosotros. Y para mi mala suerte, no había señales de que ella estuviera en este lugar. Pedía a cualquier ser superior que me escuchara y que Historia estuviera con ella. No me perdonaría si Claennis llega a caer en las manos de algún pervertido y este, intentara hacerle daño. Si me libraba de quienes venían hacia nosotros, buscaría inmediatamente a Claennis.

Cuando por fin habían llegado a la mesa, la mayoría de los reclutas se habían retirado de los comedores, estaba casi vacío. Yo no pude reprimir un gruñido que solo escuchó Synnove. Ella parecía estar un poco ansiosa por la presencia de su padre frente a nosotros. Los de la Tropa 104 se levantaron e hicieron el saludo protocolario. Nosotros imitamos el movimiento por inercia.

— ¡Comandante, Buenas noches!— había saludado Eren y recibió un asentimiento de respuesta. Dirigió su mirada hacia nosotros y quería correr de nuevo, pero intenté relajarme, los nervios no me llevarían a nada bueno.

La mirada suya contra la de Heinrich no indicaba algo bueno.

— ¿Quiénes son ustedes— había indagado con un toque de recelo y sospecha.


Y reitero, yo debería estar dormida porque al día siguiente tengo un compromiso, pero vale la pena esto (y las ojeras que ojalá no tenga).

Casi estoy de vacaciones, así que espero ser mucho más activa, eso si no repruebo ninguna materia :v

Debo confesar que algunas veces me cuesta horrores escribir, dado a que lo hago todo por celular, (esto es debido a que mi computadora no sirve desde hace siglos y no la quieren arreglar). Por lo tanto, mi vista queda muy cansada algunas veces, pero insisto, esto me es más importante.

Bis Bald :)