Cap. 2
"Puedes llamarme Monsieur Antón"
Anthony abre sus ojos desmesuradamente. No puede creerlo. Tenía razón, estaba en un circo, pero ¿Qué hacia él en un circo, lejos de su casa, de su familia y de Candy?.
«¡ Candy ¡ » recuerda de pronto. Antes de que piense algo, el hombre toma de nuevo la palabra mientras se acerca.
- Veo que ya estas mucho mejor. Me alegro. Nos diste un buen susto garçon - se sentó a su lado en la cama y extendió el brazo para que el monito trepara a su hombro por él. Él cual hizo de inmediato. – ahora vamos a ver como siguen esas heridas.
Anthony se sobresalto cuando el hombre intenta tocarlo, lo que le produce un poco de dolor y se queja. El hombre se aleja con el semblante serio, pero de nuevo se acerca sonriente y dice:
- Disculpa petite garçon mis modales. Soy el dueño de este circo y también soy francés, por si no lo notaste.- Anthony lo miraba algo desconfiado- entiendo que no confíes en mi. No me conoces, pero debes saber que, yo soy la persona que te encontró en el bosque. Te traje aquí y cuide de ti, así que de no ser por mí, ahora estarías muerto.- se detuvo y espero la reacción de Anthony la cual fue de sorpresa- por lo tanto, después de haber dado pruebas de mi buena voluntad, ¿me ayudarías al dejarme examinar tus heridas?- termino y Anthony avergonzado ante tal lógica no pudo más que sonreír y asentir.
El hombre volvió a su semblante serio y examino muy cuidadosamente sus heridas para no causarle un dolor innecesario, le ayudo a tomar unas pastillas y sin decir nada se levanto, hizo una reverencia y se dirigió a la salida. Justo antes de salir se volvió.
- Pronto te traerán de comer- dicho esto se fue.
Anthony estaba muy confundido y por más vueltas que le daba al asunto, no conseguía entender. Su dolor de cabeza persistía. ¿Cómo es que fue a dar a un circo?, ¿quién es este hombre que al perecer lo encontró y lo salvo?. Sintió un escalofrió por su cuerpo cuando pensó: «¿dónde estará Candy?». No sabía que había sucedido, no sabía si alguien la había encontrado, no sabía si estaba bien. Estas dudas lo angustiaron gravemente. Debía salir de ahí, debía volver a la mansión de los Andry, debía saber si Candy estaba bien.
Con gran dolor y gran esfuerzo de su única mano, logro sentarse en la cama. Después de tomar descanso un momento y tomar aire, tomó su pierna con el brazo y logro bajarla al suelo e hizo lo mismo con la otra. Sentía un dolor muy agudo en su interior pero no se detuvo. Sabía que sería difícil pero tenía que intentarlo. Justo cuando lo iba a hacer, escucho una voz que le decía que se detuviera. Se quedo congelado por un momento. Era la voz de una niña y curiosamente era muy parecida a la de Candy, aunque había algo diferente en ella, además del acento. Se volvió y sintió que su corazón latía muy rápido. Era una chica como de su edad, con el cabello oscuro y rizado, que llevaba suelto en los hombros. Tenía unos grandes ojos verdes, tenía la tez blanca y pecosa. Anthony no podía creer lo mucho que se parecía a Candy y se quedo petrificado por un instante. Sin embargo había algo en su expresión que las hacía muy diferentes. La chica avanzo hacia él con rapidez y dejo la bandeja con comida que llevaba en una mesa al lado de la cama. Y volviéndose hacia él le dijo:
- ¡Par Dieu! No puedes levantarte todavía. Aun estás muy herido y débil. Por favor vuelve al cama- le suplicaba juntando las manos.
Anthony bajo la mirada y lo pensó. Luego viéndola a la cara dijo al mismo tiempo que intentaba recostarse nuevamente en la cama:
- Lo hare, porque sé que tienes razón.
La chica sonrió. Con mucho cuidado ayudo a Anthony a sentarse en la cama, pero no lo consiguió sin sonrojarse levemente ante la amistosa mirada de esos ojos azules. Luego tomo la bandeja y la coloco suavemente en el regazo de Anthony. Sonrojándose de nuevo se ofreció a darle de comer. Anthony rio de buena gana ante tal idea y rehusó amablemente. Con solo su mano derecha se las ingenio para comer. La chica estaba de pie a su lado y lo miraba con una gran sonrisa. Se notaba que no era la primera vez que lo veía. Anthony pensó que tal vez ella podía saber algo de lo que paso, así que mirándola dulcemente le dijo:
- Serias tan amable de explicarme que sucedió y por qué estoy aquí.
- Es un larga historia- alcanzo a decir
- Quiero oírla- se apresuro a contestar
La chica suspiro y camino hasta sentarse a los pies de la cama y comenzó:
- Très bien. Pensé que lo preguntarías. No sé qué te dijo mi père exactamente pero la historia comienza así. – le decía mientras Anthony no podía evitar el asombro de ver que esta chica era la hija del cirquero – el día en que mi père te encontró, era nuestra última noche en la cuidad. Habíamos tenido un gran espectáculo y todo estaba listo para que partiéramos. Pero justo antes de irnos, mi père noto que Luigi, su pequeño mono capuchino, se había perdido. Fue de inmediato al bosque en su búsqueda. Varios hombres fueron con él. Era tarde y ya estaba obscureciendo. – de vez en cuando se detenía para ver la reacción de Anthony que empezaba a entender – Cuando mi padre encontró a Luigi, este estaba muy inquieto, gruñía y se movía de un lado a otro. Mi père supo que le quería decir algo, así que puso mucha atención y pudo escuchar un grito a la distancia – lo miro haciéndole entender que fue él – mi père corrió y te encontró entre unos árboles. Estabas inconsciente. Tu ropa esta mojada y cubierta de lodo y sangre. Mi père gritó llamando a los hombres. Entre todos te quitaron la ropa mojada y sucia y mi padre te puso su chaqueta para que entraras en calor y te envolvieron en la gran capa de Pierre– Anthony la miraba sorprendido – mi père vio que estabas muy herido así que te trajeron tan rápido como pudieron al circo. Mi père fue a buscar a un medico. Cuando el médico te vio, dijo que estabas muy mal y que posiblemente morirías si no te atendían. – a Anthony le costó oír esas palabras – no podíamos quedarnos en la ciudad, debíamos marcharnos y ya era muy tarde en la noche para buscar ayuda. Así que mi Père, después de mucho trabajo, convenció al doctor para que viniera con nosotros y te atendiera en el camino.– Anthony no sabía que decir, pero el agradecimiento que había en su rostro era suficiente para la chica que sonreía- Estuviste muy mal. Pasaste inconsciente o delirando la mayor parte del tiempo. No sabíamos si te salvarías. Finalmente, ayer, el doctor dijo que te encontrabas mucho mejor y que a más tardar hoy, te despertarías así que se fue. Y tuvo razón ya que despertaste.- concluyo
Anthony ya había terminado de comer.
- ¿Cuánto tiempo ha pasado ya, desde que me encontraron?
- Mañana serán dos semanas- respondió
Anthony se quedo atónito, no podía creer que estuvo inconsciente por tantos días. Recordando de repente lo que la chica dijo acerca de irse de la ciudad pregunto sobresaltado
- ¿dónde estamos ahora?
- Desde que te encontramos hemos estado en tres ciudades diferentes. Ahora estamos en New york. Mañana en la tarde partimos en barco para Francia.
Anthony dejo caer la bandeja con los platos que se rompieron. El ruido hizo que la chica se levantara sobresaltada y Anthony con cara de horror gritaba:
- ¡New york! , ¡Francia! , ¡tengo que salir de aquí! - intento levantarse de nuevo. La chica al ver que esta vez no podía detenerlo llamo a gritos a su padre que llego corriendo casi de inmediato y entro gritando:
- ¡alto ahí garçon! ¡No te muevas, que no tú no vas a ningún lado!-
Su rostro era tan severo que Anthony quedo inmóvil. El cirquero se acercó a él y se le planto enfrente, Anthony tomo valor y dijo
- Discúlpeme señor. De verdad lamento causarle tantas molestias, pero no puedo ir a Francia. Tengo familia aquí en América. No puedo ir, debo quedarme- dijo intentando levantarse de nuevo pero el cirquero lo toma por los hombros y con rostro serio le dice
- ¿Cuál es tu nombre?
- Anthony
- ¿Dónde vives Anthony?
- En Lakewood, señor.
- ¿Sabes a qué distancia se encuentra Lakewood de aquí?
- No estoy seguro, pero creo que son varios días de viaje.
- Exacto. Tú no estás en condiciones tan siquiera de mantenerte en pie y ¿esperas viajar semejante distancia, durante días y solo?.-le decía con severidad y Anthony no se atrevía a mirarlo a la cara
- Bueno es que…
- Nosotros nos iremos a Francia mañana y ya no hay vuelta atrás. Así que dime ¿dónde te quedaras hasta mejorarte?, ¿quién cuidara de ti? ¿cómo avisaras a tu familia que estas aquí, para que vengan por ti?
- No sé, pero… -
- ¡Estuviste a punto de morir! . Es un milagro que estés vivo. Le prometí a Dios y a mí mismo, que te cuidaría hasta que estuvieras completamente sano y pudieras valerte por ti mismo. Me parece que eso no sucederá hoy. Por lo tanto, no voy a dejarte en esta inmensa cuidad, solo, herido, sin dinero, y sin familia. Así que, aunque tenga que arrastrarte, tú vas con nosotros a Francia. Cuando te recuperes y estés sano, podrás volver cuando gustes. ¿Entendido?.- termino
Estas palabras fueron dichas con tanta severidad, autoridad y firmeza que Anthony no supo cómo ni que responder. Aun veía hacia el suelo. Las lágrimas se atropellaban al salir de sus ojos. El cirquero lo soltó y tomando la mano de su hija ambos salieron de la carpa dejando a Anthony solo con sus pensamientos.
Anthony lloraba profusamente. Él tenía toda la razón. No podía ni tan siquiera caminar, ¿como esperaba viajara solo hasta Lakewood?. Y si conseguía avisarles a sus familiares, ¿donde se quedaría mientras tanto?. No tenía ni idea de que hacer. No quería ir a Francia. Pensó en su familia, Stear, Archie y La Tía Abuela Elroy, pensó en las rosas de su madre y pensó en Candy. Ni tan siquiera sabía que había pasado con ella, no sabía si estaba bien, si estaba viva. Se torturaba a si mismo pensando en que no pudo encontrar ayuda para ella. Estos pensamientos lo hacían llorar cada vez más fuerte y esto le lastimaba mucho el pecho. Comenzó a sentirse débil y con nauseas. Con mucho esfuerzo logro recostarse de nuevo en la cama. Estaba agotado. Sus ojos se cerraban y el solo pensaba «perdóname Candy».
A Anthony le parecía oír el cacareo de unas gaviotas. Sentía el cálido sol en su rostro. Intentaba abrir los ojos, pero estos eran muy pesados. Escuchaba las voces de hombres a su alrededor, que vociferaban cosas como «apúrense» o «aseguren esa carga» y «suelten las amarras». De pronto se dio cuenta de que estaba en un muelle y recordando las palabras de la chica sobre embarcarse a Francia se despertó sobresaltado.
Tenía razón ya que a su alrededor ve el muelle más concurrido de New york. Miles de personas pasan a su alrededor con rapidez y nadie se fija en los demás. Todos están concentrados en sí mismos. Anthony nota que está sentado en una silla y atrás suyo hay muchas cajas de diferentes tamaños con diferentes etiquetas en francés. También nota que, el pequeño monito capuchino que viera antes, esta plácidamente dormido en su regazo.
- Me parece que tu eres Luigi, ¿cierto?- le dice mientras lo acaricia y el animalito se despierta al escuchar su nombre y comienza a trepar por su cuerpo. Anthony se ríe pero el dolor lo detiene.
- Bonsoir, Anthony veo que ya has despertado – exclama el cirquero mientras se acerca por un lado seguido por su hija
- Si señor… – dice Anthony mientras se arma de valor- Discúlpeme que insista pero… como le dije ayer… me es imposible ir a Francia con ustedes, debo quedarme aquí en América con mi familia- susurra mientras siente que las piernas le tiemblan.
El cirquero camina hacia él con expresión grave. Se inclina para quedar al nivel de sus ojos y lo mira firmemente sin decir palabra alguna. Anthony se siente muy intimidado pero le mantiene la mirada con igual seriedad y convicción.
- Père, tal vez si… - intenta decir la chica pero su padre levanta el dedo índice y la hace callar.
Mira Anthony unos minutos más. Finalmente, bajando la mirada, suspira. Al levantar el rostro, esta sonriente.
- Très bien. Anthony, tú ganas, será como tú quieras. – Anthony no puede creer lo que le dice- Hagamos un trato. Te doy una hora, para que encuentres una persona de buen corazón, que se quiera hacer cargo de ti, hasta que mejores o hasta que tu familia venga por ti. Pero debes ir solo y no le debes decir a nadie tu nombre de acuerdo. Así veremos quien en verdad está dispuesto a cuidar de un extraño.- termino de decir mientras le tendía la mano
Anthony se la da feliz, ahora tiene una esperanza de volver con Candy. El cirquero se irguió de nuevo y llevándose a su hija dijo a la distancia
- ¡Estaré aquí en una hora!
Anthony espero hasta perderlo de vista y miro el muelle concurrido. Sus ojos brillaban con esperanza. Estaba confiado y no le importaban las condiciones del cirquero, sabía que debía da haber alguien por ahí que lo escuchara y lo ayudara por puro altruismo.
El tiempo estaba corriendo así que con un gran esfuerzo de su brazo derecho y de sus piernas adoloridas logro levantarse de la silla, pero sus costillas lo torturaron al clavarse en su cuerpo, por exigirles llevar el peso de este. El dolor era tal que casi se deja caer de nuevo en la silla pero al recordar que tendría que ir a Francia siguió adelante. Empieza dando pasos pequeños y suaves, pero el dolor solo aumenta. Le parece que no avanza pero sigue adelante.
Anthony intenta parar a los transeúntes de aspecto amable. La mayoría le dice que están apurados y se van sin importarles nada. Algunos, le lanzan monedas. Otros, se asustan por su apariencia desaliñada y enferma y se alejan de él. Anthony se descorazona pero la imagen de Candy en su mente lo impulsa a seguir a pesar del dolor. Sigue hablando con todo el que pueda, pero muchos no le ponen atención porque piensan que esta fingiendo para robar algo. Lo pocos que lo escuchan no creen su disparatada historia y por lastima le dan limosnas. Los niños pequeños se ríen de él por su colorido atuendo. Ve que otros jóvenes más grades y con aspecto de buscapleitos lo siguen con disimulo. Anthony empieza a desesperase. No sabe cuánto tiempo ha pasado. Nadie lo oye, todos están apresurados y nadie se detiene ni se interesa por él.
El esfuerzo ya es demasiado y sus piernas tiemblan amenazando con dejarlo caer. Le empieza a faltar el aire y se siente débil. Mira con ojos de suplica a cualquiera que pasa a su lado pero no obtiene resultados. Justo cuando sus piernas rehúsan sostenerlo más y su cuerpo empieza a caer, siente que unas grandes y fuertes manos lo sostienen y escucha una voz
- Descuida. No tengas miedo. Yo te cuidare y me encargare de ti hasta que vuelvas con tu familia.
Anthony bajo el rostro. Las lágrimas cegaban sus ojos. Reconocía esa voz y no se equivoco cuando vio que quien lo sostenía con delicadeza era el cirquero. Anthony no dijo una palabra solo lloro muy despacio y suave. Estaba muy cansado. El cirquero lo levanto en brazos y camino hacia el barco que ya estaba a punto de partir. Anthony miraba el muelle por encima de su hombro, tratando de plasmar esa imagen en su mente, para lo próxima vez que lo viera cuando volviera. Ya en el barco la chica los esperaba y el cirquero le dijo
- Si quieres nos podemos quedar aquí para que veas el barco partir- Anthony sonríe tristemente y este lo deja en el suelo con cuidado y lo ayuda a apoyarse en el barandal
En el cielo se ve un hermoso atardecer. El barco se mueve y todos se despiden de sus seres queridos. Anthony en un momento de delirio busca a Candy entre la multitud. Pero ella no está allí. Solo hay extraños a su alrededor. Mientras ve a las personas en el muelle alejarse y hacerse cada vez más pequeñas, piensa en que el cirquero tenía razón, nadie quiso ni tan siquiera oírlo. Solo él estaba dispuesto ayudarlo y hacerse cargo de él hasta que se recuperara. Anthony se sentía tan culpable, ya que se había portado muy mal con él. Que arrepentido estaba. Lo que más le dolía, era pensar en que no podía ni tan siquiera avisar a La Tía Abuela Elroy donde estaba, ni adonde se dirigía, nadie sabía nada. Ni tampoco sabía nada del paradero de Candy, ni si estaría bien. Desgraciadamente ya no hay nada que pueda hacer más que esperar el día de su regreso. Ahora debe ser fuerte y se dice a si mismo que Candy está viva. Tiene que estarlo, porque él volverá por ella. También pensaba en Stear y Archie y en cuando le hacía falta tenerlos a su lado.
Siente una mano en la espalda y escucha una voz:
- Par Dieu, me he dado cuenta de que no nos hemos presentado aun, ¿verdad?- Anthony se volteo hacia ellos con lentitud
- Si, tiene razón mi nombre es Anthony Brower Andry pero llámenme Anthony – le dice a ambos
- Mi nombre es Annette Laroque pero dime Annette.- le dice la chica con una reverencia
- Y mi nombre es Antón Laroque pero puedes llamarme Monsieur Antón.
